Mar. 06 Diciembre 2022 Actualizado 4:30 pm

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El retorno a los momentos de mayor tensión durante la Guerra Fría es un hecho, y las constantes alusiones al uso de armas nucleares implican un escalamiento catastrófico de la coyuntura internacional (Foto: Ronald Gutridge / U.S. Navy)
Perspectivas y antecedentes

¿Es posible una guerra nuclear entre Rusia y la OTAN?

La escalada del conflicto en Ucrania luego de la incorporación de las regiones de Donetsk, Lugansk, Zaporozhie y Jersón a la Federación Rusa, mediante referéndums y posterior ratificación del presidente Vladímir Putin el pasado 30 de septiembre, ha puesto el tema de un eventual choque nuclear con Estados Unidos y la OTAN en el primer plano de las narrativas alrededor de la guerra en curso en Europa del Este.

El retorno a los momentos de mayor tensión durante la Guerra Fría es un hecho, y las constantes alusiones al uso de armas nucleares implican un escalamiento catastrófico de la coyuntura internacional, cuyos canales institucionales de seguridad estratégica, vulnerados a propósito en los últimos años, lucen agotados para ofrecer una ruta creíble de estabilización en el corto plazo.

UNA NUEVA LÍNEA ROJA

El pasado 21 de septiembre, como parte del anuncio de movilización parcial de las reservas militares de la Federación Rusa para modificar el estatus de la Operación Militar Especial (OME) llevada a cabo en Ucrania, el presidente Vladímir Putin ofreció un discurso donde aseveró que "en caso de una amenaza a la integridad territorial de nuestro país, para la defensa de Rusia y nuestro pueblo, sin duda usaremos todos los medios disponibles". Putin remató diciendo: "Esto no es un bluff".

Este fragmento de su discurso fue tomado por las elites anglo-europeas como un giro narrativo encaminado a insinuar el uso eventual de armas nucleares, en vista del recrudecimiento de la guerra en Ucrania en las últimas semanas con la contraofensiva ucraniana sobre Jersón y Járkov y la decisión de Donetsk, Lugansk, Zaporozhie y Jersón de realizar referéndums para incorporarse a la soberanía rusa, lo cual terminó ocurriendo a finales del mes pasado.

Este cambio cualitativo en la ecuación de la guerra ha llevado el campo de batalla a una lógica superior de confrontación: los avances militares ucranianos, acompañados por unidades mercenarias de la OTAN y nutridos por un ingente flujo de armas donde debe considerarse el letal sistema de misiles tácticos HIMARS (con el que fue posible la toma de Izium), sobre estas regiones serán entendidos como ataques contra la soberanía de Rusia.

Ciertamente el discurso de Putin del 21 de septiembre fue una continuación de otros que, con anterioridad, han ido insinuando la cuestión nuclear dentro del abanico de opciones eventuales a ser tomadas si la escalada atlantista se sale de control y pone en peligro real la integridad de Rusia.

Pero, contrario a lo que ha sido asumido arbitrariamente desde los medios hegemónicos, Putin no ha sido el primero en poner esto sobre la mesa. Fue más bien una respuesta decidida a una seguidilla de amenazas nucleares que con anterioridad ha lanzado Estados Unidos contra Rusia, por lo que lo significativo de su discurso es la voluntad de disuadir en un contexto de alta temperatura de la guerra, y así remarcar las líneas rojas puestas por la Federación ante un intento de progresión catastrófica en el campo de batalla hasta sus fronteras.

DOCTRINA, TIPOS DE ARMAS Y ESTRATEGIAS

Más allá de la narrativa estadounidense que ha intento proyectar falsamente a Putin como un belicista irracional que nos acerca al holocausto nuclear, es necesario aclarar un conjunto de puntos para despejar dudas y así evaluar su declaración con arreglo a elementos reales y comprobados.

Para empezar, la doctrina nuclear de Rusia se enmarca en la categoría de "No First Use" (NFU, por sus siglas en inglés), un principio que, dentro de la teoría de la disuasión aceptada mundialmente, supone el uso defensivo de armas nucleares como represalia ante un ataque equivalente. Por consiguiente, la doctrina limita el uso ofensivo de estas armas.

Hay que distinguir entre armas nucleares estratégicas y tácticas, también llamadas no estratégicas o de campo de batalla. Sobre esta última fue la insinuación de Putin, según una interpretación forzada hecha desde Norteamérica y Europa. Su capacidad de impacto es menor (entre 1 y 50 kilotones) a las estratégicas que existen, pero aun así es superior a las lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki en 1945.

Rusia tiene un arsenal estimado de 2 mil unidades de este armamento (Estados Unidos tiene un arsenal inferior), lo cual no refleja algún tipo de vocación belicista específica. Ha sido la forma que ha tenido Rusia de compensar, en términos de disuasión, las ventajas estadounidenses en otro tipo de sistemas de armamentos más avanzados.

  • El arsenal ruso llegó a 2 mil unidades tras una disminución continua desde la década de 1980, cuando contaba con 13 mil.

Estados Unidos tiene sus armas nucleares tácticas desplegadas en diversos países de la OTAN, lo cual ha sido tomado por Rusia como una permanente señal de tensión y escalamiento.

En total, la Fuerza Aérea de Estados Unidos mantiene desplegadas 100 bombas nucleares no estratégicas distribuidas entre las bases de Incirlik (Turquía), Kleine Brogel (Bélgica), Volkel (Países Bajos), Büchel (Alemania) y Aviano & Ghedi (Italia), como parte del desplazamiento de armamento nuclear estadounidense al que están obligados los países miembros de la Alianza Atlántica.

ANTECEDENTES Y SOCAVAMIENTO DE TRATADOS DE CONTROL DE ARMAS

El estado de alarma comunicacional en torno a la cuestión nuclear alcanzó un nuevo pico con la declaración de Putin, pero es necesario afirmar que tal sobresalto ha sido fabricado mediante un tratamiento particularizado de su discurso.

En realidad, Estados Unidos viene posicionando peligrosamente la posibilidad de un armagedón nuclear desde hace un tiempo atrás, al tiempo que ha atacado los instrumentos diplomáticos establecidos para controlar la proliferación y el despliegue de estas armas.

En abril de año 2021, el Comando Estratégico de Estados Unidos, la institución que controla todo lo relacionado a armas nucleares, tuiteó: "El espectro del conflicto actual no es ni lineal ni predecible. Debemos tener en cuenta la posibilidad de que un conflicto conduzca a condiciones que podrían llevar muy rápidamente a un adversario a considerar el uso nuclear como su opción menos mal".

Este desafortunado tuit puede ser interpretado como una forma de justificar su uso, atemorizando al mundo con la posibilidad remota, y no demostrada, de que los adversarios de Washington las utilicen.

En 2018, Estados Unidos presentó su Nueva Postura Nuclear y puso a Rusia como su competidor estratégico en este sentido, incorporando a la revisión un cambio doctrinal y técnico dirigido a modernizar el sistema de armas nucleares tácticas, con nuevos canales de transporte y de despliegue, como parte de la estrategia de disuasión contra Rusia.

En 2019, Estados Unidos se retiró unilateralmente del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF, por sus siglas en inglés) suscrito por Ronald Reagan y Mijaíl Gorbachov en 1987, cuyo objetivo fue prohibir los misiles con rangos entre 500 y 5 mil 500 kilómetros. El retiro de Washington implicó una nueva luz verde para una carrera armamentística nuclear.

El hecho fue de tal gravedad que, en su momento, el secretario general de la ONU, António Guterres, aseveró que la suspensión formal del tratado le quitó "un freno invaluable a la guerra nuclear".

Por su parte, el tratado New START, firmado en 2010, fue prorrogado por cinco años más en 2021, ante la negativa de Washington de volver a sentarse con Moscú para discutir una actualización del mismo.

La negativa norteamericana también favorece la carrera armamentística y la voluntad de chantaje nuclear, en tanto no parecen interesados en discutir los límites establecidos hace más de una década: 1 mil 550 cabezas nucleares y 700 sistemas balísticos es el tope establecido para ambos países.

POSIBILIDADES Y ESCENARIOS

Aunque es difícil, en este punto, pensar en cómo terminará definitivamente la situación en torno al tema nuclear, es posible proyectar la relación costo-beneficio (desfavorable) si Rusia decidiera utilizar estas armas.

Lo más importante es el nivel de amenaza que tiene que percibir Rusia para utilizar estas armas. Y como ya se ha dicho, tendría que ser proporcional y equivalente, es decir, de tipo nuclear o mediante ataques con misiles de largo alcance que pongan el peligro real de la soberanía rusa e impliquen un giro de 180 grados en el juego estratégico, lo cual no ha ocurrido aún.

En caso de que se utilice sobre territorio ucraniano o sobre las regiones incorporadas, lo que implicaría una revisión doctrinal que lo autorice (improbable hasta ahora), el rango de impacto de la radiación y la contaminación sobre el aire, el suelo, el agua y las reversas de alimentos, afectaría también a Rusia. Un gol en contra que no parece probable, ya que sería replicar una versión más terrible de Chernóbil, según algunos analistas.

Un ataque en este sentido implicaría una probabilidad casi segura de intervención directa, frontal, de la OTAN, aunque la adhesión de Ucrania a la Alianza Atlántica luce cuesta arriba hasta los momentos. Un cambio en este sentido cambiaría sustancialmente el escenario, por lo que estaría descartado su uso en territorio amparado por el artículo 5 de la Alianza.

No obstante, aun sin Ucrania formalmente dentro de la alianza, Rusia se arriesgaría con una acción de este tipo a un ataque destructivo contra su flota en el Mar Negro y otros puertos clave de su armada, que han sido fundamentales en el despliegue de la OME en el sureste de Ucrania.

Aunque la relación costo-beneficio podría indicarnos que Rusia perdería más de lo que ganaría con el uso de armas nucleares tácticas, no puede descartarse, en vista de lo comentado, que Estados Unidos busque llevar el conflicto en Ucrania hasta las últimas consecuencias y lo lleva a amenazar a Rusia hasta el límite de lo que podría ser aceptado.

En definitiva, y esto es muy importante, la humanidad se salvó del holocausto nuclear durante la Guerra Fría en buena medida por un factor de suerte, como indica la periodista australiana, especializada en este tema, Caitlin Johnstone. Para la autora, la aniquilación estuvo asegurada en distintos episodios (el de la crisis de los misiles fue el más peligroso), hasta que, en el último momento, la cordura, los canales estables de comunicación y la madurez de los líderes de las potencias impidieron el desenlace fatal. Estas tres premisas o condiciones no pueden darse por seguras hoy en Washington.

Sin embargo, como explica Johnstone, la seguridad en torno a las armas nucleares depende de una delicada red de supervisión, sistemas de operación en múltiples niveles y canales de comunicación frágiles entre altos mandos militares y políticos. Basta una mínima confusión, un dislate de Biden o un error de interpretación de ambas partes para que se consume evento tan infernal e indeseado. Ese peligro sigue latente, nunca desapareció, y es el más fundamental de la humanidad en este instante.

Por último, que la guerra nuclear nos parezca improbable depende más de sesgos y mecanismos de preservación psicológica que de la realidad en sí. El sesgo de normalidad, de paz y calma, nos impone una falsa creencia de que la posibilidad de la aniquilación es lejana, aun cuando esa hipótesis no tiene sustento real en vista de la capacidad destructiva de estas armas y el frágil raciocinio de quienes las manejan en Washington y la OTAN.

El politólogo ruso Serguéi Karaganov explica el peligro nuclear de hoy y estos mecanismos psicológicos de subestimación de la siguiente forma:

"Durante 70 años, las armas nucleares sirvieron como garante de la paz. Pero, lamentablemente, ahora nos encontramos en una situación que puede caracterizarse con el término parasitismo estratégico: todos están tan acostumbrados a la paz que están convencidos de que no puede haber una gran guerra. Y esto no es así. Puede pasar. Este es el primero. Y segundo, ahora la probabilidad del uso de armas nucleares es mayor que en cualquier otro momento desde la crisis del Caribe. Pero realmente espero que no llegue a eso. Este es un camino directo al infierno".

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