Vie. 11 Septiembre 2026 Actualizado 4:46 pm

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(Foto: El Cayapo)

Ambiciones ocultas de personas sin poder

El once de febrero del 2026 en este mismo portal, publicamos un artículo titulado "¿En quién confiar en estos días difíciles?". Y seguimos sosteniendo el mismo argumento, porque los meses transcurridos solo han afianzado y confirmado lo que sostenemos. Lo demás son ambiciones ocultas, de personas sin poder, que se disfrazan, que se cobijan en panfletos, en consignas, en clichés, buscando que los esclavos nos confundamos y les apoyemos en sus viscerales miserias.

Nosotros estamos, mientras tanto, tratando de proponerle a la especie, en medio del respiro que nos permite este gobierno, después de quinientos años de sometimiento y creencia, el atrevimiento de crear nuestro propio pensamiento, tal y como nos lo propuso Chávez. Quienes nos quieran acompañar en la aventura afilen el cerebro. Lo demás es buche y pluma.

En medio de la tragedia mantenida por el humano-capitalismo, los únicos que tienen claro sus objetivos, desde el más pequeño hasta el más grande, del más fuerte al más débil, son los dueños de las corporaciones, que nos compran y venden diariamente, en las bolsas de valores en todo el planeta, quienes para obtener sus resultados no les importa invadir, saquear, asesinar, destruir, lo que sea y a quien sea.

Todos tienen definida su idea: hacer dinero, tener poder. Su enemigo fundamental es la vida, también conocida con el remoquete de naturaleza. A esa idea dedican con entusiasmo todas sus fuerzas e ingenios; a ellos no les importan negros, indios, pobres, mujeres, ríos, mares, montañas, humedales o cualquier otra forma en que se manifiesta la vida por la sencilla razón de que es su fuente de riqueza. Así funcionan, no tienen nada que ver con otra ética; así como son se sienten realizados; infelices serían si se preocuparan por la felicidad de otros, como pretenden los señores que exigen libertades, derechos, democracias, igualdades, sin arriesgarse a matar, robar y saquear, que es lo único que permite obtener esos botines, tal y como lo hacen los dueños. Ah no, pretenden ser dueños desde la falaz idiota y estúpida idea de la honestidad.

Ahora bien, esa misma idea está insertada como ideología en nosotros los esclavos, con el pequeño detalle de que, a diferencia de los dueños, nosotros no tenemos medios o modos de producción como sí lo tienen los dueños. Entonces, a nosotros lo que nos queda, para lograr cumplir con los ofrecimientos ideológicos, la ilusión de ganarnos la lotería, la quimera, es creer que trabajando duro obtendremos los beneficios. La ilusión de que robando, engañando y estafando al esclavo inmediato que conseguimos a diario en la calle saldremos de abajo, que sacándole provecho a las relaciones, a las amistades, a la familia, nos permitirá hacernos millonarios. Todo se nos convierte en objetivo inmediato de la ilusión, sin percatarnos de que todos en la familia, la amistad, la calle, también nos quieren joder. Porque todos tenemos la misma ilusión, entonces somos infinitamente divididos en función de la ilusión. Lo concreto, real, objetivo, palpable es que los dueños son los dueños y nosotros somos los esclavos. Mientras nosotros vivimos de ilusiones, ellos viven de nosotros.

En medio de ese trajín que tiene milenios, que se ha sistematizado a través de las fábricas, con la aparición del humanismo, los esclavos, al contrario de los dueños, nos dividimos. Los dueños se pueden matar entre ellos, pero su idea sigue siendo la misma siempre, no importa el que quede vivo, sigue con la idea. Ahí no hay división. Ellos sólo pelean por el reparto, por apropiarse de más, y más, y más, esa es su batalla. Pero esa batalla generalmente la pagamos nosotros, que somos los que ponemos los muertos en las calles, los que ponemos los muertos por el gobierno, los que ponemos los muertos por las fábricas, por el territorio, por la apropiación de los recursos. Toda guerra está alimentada por sudor y sangre esclava, cotidianamente, desde hace más de diez mil años.

De acuerdo con la dinámica del sistema y los intereses de los dueños, los esclavos estamos divididos en dos grandes bloques: el bloque minoritario, que es lo que llamamos el esclavo doméstico, y el bloque mayoritario, que es el esclavo manual. El bloque minoritario se agrupa en un efímero que se llama la clase media o pequeña burguesía, un estacionamiento para esclavos, donde se tragan y amasan todas las ilusiones que vende el aparato de propaganda corporativo, desde dios hasta la fuente de la juventud, potenciados por todos los medios que propagan ideologías.

Todos somos creyentes masivos, compulsivos, con niveles de enajenación muy altas, donde el miedo, el hambre y la ignorancia dejaron de ser alarmas naturales para convertirse en detonadores del pánico y el terror, llevándonos permanentemente al suicidio por gotas, ya que esta conducta permite que nos usen y desechen de acuerdo con la necesidades de los dueños.

Los esclavos domésticos solo entienden que su enemigo es el esclavo manual, porque nos visionan como portadores de toda la miseria a la que no quieren volver. Creen a pie juntillas que somos un peligro a eliminar, para obtener lo que tienen que obtener, para llegar a ricos más rápido que cualquiera, pero al final terminan siendo lo que siempre son: esclavos domésticos, esclavos que trabajan al amo y obtienen mejores salarios, obviamente, más que el esclavo manual.

Este esclavo está convencido de que servirle a las corporaciones le genera beneficios y trabaja en función de jodernos a todos los que somos esclavos manuales. En los esclavos domésticos podemos incluir científicos, artistas, médicos, profesionales en general, todos los que son universitarios, todos los que son políticos o religiosos, todos los que son artistas, los deportistas de alto rendimiento, del signo que sean, del nivel que sean.

Los esclavos, ya seamos manuales o domésticos, no tenemos dentro de las dinámicas del sistema posibilidad alguna de salirnos de la jaula, mejorar o cambiar nuestra condición. No hay manera de solución. Algunos pensamos que por medio de los sindicatos, los partidos, los títulos, los premios, las oenegés, y cualquier otro gremio, ya sean defensores de gente o de otros animales, de ecologías, de géneros, de color de piel, pudiéramos escapar, pero no entendemos que solo son instituciones creadas para remachar cadenas y robarnos la poca plusvalía que pueda quedarnos, manteniéndonos alienados en la creencia de mejores salarios, mejores condiciones de vida.

Los dueños de los sindicatos partidos y gremios nunca dejan de ser esclavos, bien sean manuales o domésticos, solo que se apropian de una porción muy mínima de la plusvalía que produce el esclavo manual y el intelectual, cerebral; eso es lo que es un sindicalista: ese sindicalista quizás comienza peleando honestamente en la fábrica por sus compañeros de trabajo, por mejores salarios, pero en la medida en que avanzan las negociaciones el patrón los compra, porque eso ya está establecido así. Hoy los patrones no tienen problema con los sindicatos, antiguamente sí mataban a los sindicalistas; hoy no, a menos que el sindicalista esté en un plan serio y lo asesinan, y se acabó.

El noventa y nueve por ciento de los sindicalistas actuales, sean de derecha o de izquierda, de ultraderecha o de ultraizquierda, de centro o no tengan ninguna afiliación política conocida de las tradicionales, se afilian al poder, obteniendo un porcentaje de plusvalía muy pequeño y hasta pueden llegar a ser presidentes de un país.

Todo funciona como está establecido. Y a ese nivel no hay forma ni razón de que el conflicto entre la élite y la especie esclavizada en su totalidad, sea del bando que sea, doméstico o manual, tenga solución.

En la perspectiva que plantea el humano-capitalismo a la especie, siempre seremos sus esclavos, incluido que el capitalismo, tal como hoy, entre en deterioro masivo en todo el planeta, se vuelva un bodrio, un desastre, una tragedia absoluta, fundamentalmente las consecuencias las pagaremos nosotros, la especie esclavizada que somos. Porque somos la única forma de obtener riquezas en cualquier condición que se encuentre el modo de producción. Ya sea en el estado ideal de los Supersónicos o el de Mad Max, y no tiene solución, porque los esclavos nunca hemos pensado todavía en ese sentido.

Hemos escrito poemas, relatos, canciones, música, hemos pintado y construido todo lo que está físicamente. Uno que otro esclavo, en uno que otro país, destaca como escritor, pintor, poeta, músico, militar, deportista, profesional o académico. A veces nos invitan a sus grandes salones y banquetes a que les alegremos sus egos. Pero nunca jamás hemos diseñado un modo de producir en donde no seamos esclavos.

Un esclavo doméstico asciende hasta una determinada posición en el andamiaje del sistema, pero no puede ir más allá de mayordomo de confianza, aunque le permitan tener acciones en la corporación como de hecho sucede, porque no controla los medios de producción, no hay forma que los controle.

Si somos esclavos manuales y trabajamos, robamos con confianza, con ahínco, podemos convertirnos en un esclavo doméstico. Si somos esclavos manuales y tuvimos el talento, la constancia, el trabajo duro, la disciplina, y el apoyo económico de los padres, podemos volvernos pintor, poeta, músico, escritor, deportista, gerente destacado, pero a lo máximo que llegaremos es a ser esclavo doméstico, que es hasta donde podemos ascender, incluso con premios, tarimas, micrófonos, agasajos, records.

La única opción que tenemos para salir del problema, implicaría una idea, o muchas, que aún no aparecen en el horizonte, y no aparecerán, porque el horizonte no piensa. Cuando el mar ni el cielo piensan como nosotros, es porque no tienen los problemas que nosotros tenemos.

La única manera de resolver el problema, es que los esclavos abandonemos al capitalismo, que nos separemos del capitalismo, para poder andar juntos, eso requiere de pensamientos que tengan como posibilidad real, objetiva, concreta, fuera de religiones, fuera de arte, fuera de ideologías, la creación de un modo de producción que resuelva el problema a todo el mundo, que piense un modo de producción en el que se piense en la vida o en la naturaleza como un todo, sin las separaciones odiosas que hoy conocemos.

Ahí está la clave de los juntos, que no es andar amuñuñaos, es pensar ideas colectivamente, para resolver el problema.

Repetir la idea como la tienen los dueños, es un sin sentido, porque su idea nos asume a todos como sus esclavos, ellos no se nombraron humanos con derechos, igualdades, fraternidades, democracias y libertades, para que nosotros los esclavos disfrutáramos esas condiciones, ellos entendieron desde su pensamiento, que para mantener y disfrutar la condición de dueños, implicaba mantenernos esclavos.

Los dueños en forma práctica crearon las condiciones para poder ejercer desde ese modo de producción dictatorial, su categoría de dueño, no hablamos de una mera declaración de principios, es un acto práctico, concreto, no son habladeras de bolserías, de intelectuales trasnochados, creyentes en pajaritos preñaos.

Debemos amasar ideas, pero estas ideas no deben ser para confrontar a los dueños. Ha habido una equivocación con el comunismo, con el socialismo, con el anarquismo, que piensan que lo primero que hay que hacer es destruir a los dueños, y ahí se han agotados, desde la partida de Marx, las ideas comunistas, anarquistas, o socialistas, en todas sus variantes, se estancaron, heredándonos panfletos, consignas, clichés, llevamos millones de trabajadores, campesinos, y pescadores, muriendo por esas ideas, enfrentados a una idea previamente establecida, que es el humanismo.

Por ahí, no hay camino, llámese socialismo, comunismo, anarquismo, religión, cristianismo social, como lo queramos llamar; todo está enmarañado, porque ninguna de esas ideas ha experimentado un modo de producción en el que podamos imbricarnos todos, para poder salir de la situación. ¿Por qué? porque esta especie no es posible ya, sin un modo de producción, ese modo de producción tiene que ser conceptuado, tiene que ser pensado, elaborado, no horizontes, ni utopías, ni pendejadas de sueños, ni guebonadas en el aire de cuando vivíamos felices, de cuando todos seamos depinga, de cuando ya no tengamos dueños, de cuando no exista el imperialismo, eso es pura paja, eso es religión.

Estamos obligados a pensar, a diseñar, algo que sea práctico, concreto, elaboración específica, qué sirve y qué no sirve. ¿Cómo vamos a hacer la casa? ¿Qué madera se va a usar? se va usar madera, se va a usar hierro, no se va a usar hierro, de dónde sale, ¿quiénes lo hacen posible, cuándo, dónde, con qué ideas elaborar esos detalles, desde el principio?

Así lo hicieron los humanos. Sólo que en función del interés de una élite y de sostener el poder tradicional, que es el poder que genera la guerra, por el cual ellos se hicieron la élite dominante.

Alimentar la idea, de que solo es posible salir del problema pensando en un modo de producción distinto al creado por los humanos, nos coloca en otra dimensión del pensamiento, la experimentación y el hacer, porque no se trata solo de otro modo de producción, sino, fundamentalmente, de uno creado por esclavos en contradicción, cuyos intereses son radicalmente distintos a los de los humanos.

Es obvio que una idea preexistente y poderosa, arraigada en la creencia de la superioridad y sustentada en las armas, sean estas ideológicas o sean físicas y el aparato de producción dictatorial impuesto, como el humano-capitalismo que en la actualidad vivimos, no va a permitir que se instaure otro modo de producción dentro de sus fábricas, sus edificios, sus barrios, sus urbanización, su sistema de producción agrario, pesquero, empresarial, corporativo.

Pero si desarrollamos experimentos a donde no llegue la mano del capitalismo, aunque llega a todo el planeta, pero hay territorios que el capitalismo no abarca, si no lo confrontas, guardas muchas fuerzas que puedes usar para los experimentos.

Esto nos lleva a cuestionar el concepto de la lucha de clases, es que, ¿a juro tenemos que caernos a coñazos? no es que no defendamos, y eso tenemos que pensarlo, ¿cómo vamos a defender una idea que es muy joven, que es recién nacida, ante una idea que está armada hasta los dientes?, esa es una discusión que tenemos que tener todos los esclavos del planeta, el otro es el problema del tiempo y del espacio en donde esa idea se va a construir, y cuando se va a construir.

Este modo de producción debemos concebirlo a partir del hecho cierto de que todos los días, vamos a tener hambre, miedo e ignorancia, porque son alarmas naturales sin las cuales no podemos vivir.

Este mundo por pensar y experimentar hasta lograr hacerlo cotidiano en la realidad y en la memoria, debe ir más allá de hoy, se debe concebir para dentro de siglos, milenios, donde el hambre, el miedo y la ignorancia, no sean usadas como mecanismos de esclavitud, sino como las alarmas naturales, que nos permiten estar vivos.

Que hay que salvar a los pobres, que pobrecitos nosotros los pobres, que nos tienen que dar el apartamento, y la comida, y la casa, pura paja, porque lo que hace es cosechar dueños. Es lo que hace que el dueño exista, el “pobrecito los pobres”, “¿coño, hasta cuándo nos joden?”, bueno, hasta que pensemos con cabeza fresca y original, si no es así nos van a seguir jodiendo, así como nos jode el vivaracho religioso que nos dice “pobrecito tú, que mereces el reino de los cielos”, y nos saca minino la taza de café, el plato de comida y la nueva camioneta del pastor. Y el que viene en nombre del comunismo, del liberalismo, de la tecnocracia, de cuanta basura ideológica haya y nos sacan la diputación, la concejalía, la gobernación, la presidencia; nadie en el mundo tiene problemas en robarnos, porque todo el sistema, sus leyes y principios están para robarnos como esclavos que somos.

Los esclavos manuales estamos obligados a pertenecernos, ¿y cómo se pertenece? teniendo ideas auténticas, nacidas del cerebro colectivo que debemos construir, entre todos. Donde no esperemos que el gobierno resuelva, que el empresario resuelva aumentar el salario, donde no esperemos que nos den casa, donde no esperemos más, donde las ideas o soluciones no estén sustentadas en esperanzas, utopías, ilusiones, quimeras, sino una idea con pies en la profunda tierra, concreta, específica.

El pensar no es una vara mágica. El gobierno es el resultado de quinientos años de historia en estas tierras, lo que logremos pensar, no es para exigirle al gobierno que lo realice, sino que es nuestra responsabilidad. Nosotros no podemos pedirle al gobierno, que piense por nosotros, ellos tiene sus propias responsabilidades, si las cumplen o no, es su problema ético, pero lo que aprendimos de Chávez, en su por ahora, fue a ser responsables de nuestros pensamientos, actos, gestos y palabras y sobre esa ética cimentaremos, lo por pensar.

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