El enviado de Donald Trump para misiones especiales, Richard Grenell, aseguró que el mandatario de su país "no tiene intenciones" de generar un cambio de régimen en Venezuela y que el enfoque de su labor está en realizar una gestión en favor del beneficio de Estados Unidos.
Durante una entrevista en el marco de la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC), Grenell indicó que "estamos claros sobre el gobierno de Maduro y Venezuela", pero descartó que busquen atizar cambios políticos en el país.
"Donald Trump no es alguien que quiera hacer cambios de régimen. Él es alguien que quiere hacer a los estadounidenses cada vez más fuertes, más prósperos", remarcó.
El funcionario recordó su reciente visita a Caracas y detalló que se encontró cara a cara con el presidente Nicolás Maduro para intentar tener una conversación en la que hubiera una "relación diferente" con él.
Dijo que, aunque el presidente venezolano tenía una lista de demandas, le comunicó que Estados Unidos no contemplaba cumplirle peticiones. Agregó que su visita, pública y comunicacional, era un "regalo" de su gobierno.
Dichas nuevas declaraciones trascendieron por su relevancia al sugerir una posición más clara del gobierno estadounidense y su relación con el gobierno venezolano.
Desde la visita que realizó a la nación caribeña a finales de enero ha habido una reconfiguración del cuadro político, en la que se han expresado ciertas correlaciones diferentes, especialmente en el frente externo.
DERIVACIONES Y PERSPECTIVAS
Durante la conversación con el medio The Epoch Times, Grenell también refirió cómo el nuevo gobierno estadounidense ejecutaba sus relaciones exteriores mediante "los embajadores de Trump", empleando el mecanismo de enviados especiales.
Estos apoderados del gobierno en diversos ejes de relación claramente socavan o reducen la capacidad de influencia o maniobra de Marco Rubio y de la burocracia del Departamento de Estado, y los ha dejado fuera de la construcción de políticas.
Las declaraciones del diplomático esclarecen un poco más la estrategia de Washington sobre Caracas, que parece encuadrarse en la táctica discrecional de Trump de entablar relación con gobiernos específicos sin la participación de los "halcones", posiblemente para evitar obstáculos a sus decisiones, tal como ocurrió durante su primer periodo.
Sobre esto es necesario recordar que el presidente tuvo graves enfrentamientos con sus funcionarios claves de entonces, provenientes del viejo establishment, entre ellos John Bolton, Mark Esper, Rex Tillerson y Mike Pompeo.
El mandatario ahora parece más dispuesto a desarrollar el enfoque "MAGA" de manera mucho más directa. Ello explica por qué la vocería a detalle sobre la relación con Maduro recae en Grenell mas no en Rubio o Mauricio Claver-Carone, responsable del Departamento de Estado para América Latina.
Un elemento no menor en las últimas declaraciones del diplomático estadounidense es que nuevamente ofreció explicaciones de forma extendida sobre su periplo en Venezuela sin mencionar la supuesta reunión con María Corina Machado, tal como ella declaró que ocurrió durante esa visita.
Hasta ahora no hay ningún elemento de prueba de tal encuentro pero, suponiendo que se hubiera realizado, los estadounidenses no han querido referir a Machado como interlocutora relevante de la oposición en el país.
Grenell tampoco ha aludido a Edmundo González ni ha mencionado nada sobre el reconocimiento formal que la administración Biden le dio como "presidente electo".
Estos aspectos sugieren que los vínculos entre el ala opositora representada por Machado y González con la Casa Blanca son prácticamente nulos.
En el ámbito de los mensajes públicos hay un contraste enorme entre los gestos reales de la administración Trump y las declaraciones de Machado. La supuesta "vicepresidenta" ha afirmado que sigue entablando relaciones con el gobierno norteamericano y articulando "fuerzas externas".
Pero las declaraciones de Grenell derriban la credibilidad del autoproclamado "gobierno electo" dentro y fuera de Venezuela, y reducen las posibilidades de apoyo y alcance para este grupo en su propósito de inducir un quiebre institucional y otras agendas insurreccionales.
Las palabras del enviado especial podrían resonar en otras latitudes ya que diversos gobiernos en América Latina y Europa se ciñeron a la agenda de desconocimiento que la administración Biden hizo de la elección del presidente Maduro en julio. Aunque la mayoría de estos tampoco ha reconocido a Edmundo González.
Ahora, algunos países podrían imitar el enfoque pragmático de Washington, el primero de los cuales ha sido Chile, cuyo gobierno había retirado a su embajador en Venezuela en la víspera del 10 de enero.
Ahora, voceros del gobierno de la nación austral indicaron que entablarían relaciones diplomáticas con Caracas en razón de la población venezolana que emigró a ese país.
Finalmente es notable que, al menos por estos momentos, la cuestión venezolana no está entre las prioridades del gobierno estadounidense. No al punto de querer inducir un cambio de régimen —según lo dicho por Grenell—, lo cual no significa que sea absolutamente cierto.
Lo único que puede confirmarse en el plano de los hechos, por ahora, es que existe nueva etapa de la relación fáctica entre Washington y Caracas.
Es ejercida mediante un canal directo entre Trump y Maduro. Y está signada por una lógica pragmática, basada en el principio de que el mandatario venezolano ejerce el poder real en el país.