Vie. 20 Febrero 2026 Actualizado 3:52 pm

buque el palito

La gente se baña en el mar mientras un petrolero se ve anclado en el muelle en las afueras de la refinería El Palito, estado Carabobo (Foto: Jesús Vargas / Getty Images)
Rearreglo de mercados, comercio opaco y desinformación

En torno al mito de que Venezuela vende petróleo a Israel

En las últimas semanas, un relato ha cobrado fuerza en ciertos espacios mediáticos: el supuesto reinicio de la comercialización directa de petróleo por parte de Venezuela hacia el Estado de Israel. La narrativa busca presentar una imagen de incoherencia ideológica quebrantada por intereses económicos. Sin embargo, un análisis detallado de la dinámica actual del mercado petrolero, marcada por un complejo entramado de licencias, intermediarios y cuellos de botella logísticos en Estados Unidos, revela una realidad mucho más matizada.

La presencia de crudo venezolano en destinos como Israel no es el resultado de una decisión soberana de Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA), sino una consecuencia indirecta de la reconfiguración del mercado energético global orquestada desde Washington.

cuello de botella logístico y Rearreglo en el Golfo de México

La reincorporación del petróleo venezolano al mercado estadounidense tras el secuestro del presidente Nicolás Maduro y la primera dama, Cilia Flores, el pasado 3 de enero, ha generado una congestión inesperada en la infraestructura refinadora de la Costa del Golfo. Según fuentes secundarias de la OPEP, la producción venezolana se situaba en 830.000 barriles por día en enero —cifra no vista desde mayo de 2024 y representando una caída desde los 917.000 barriles diarios de diciembre—, comenzó a desplazarse hacia refinerías estadounidenses que llevaban años sin procesar crudo pesado venezolano debido a las sanciones impuestas por el mismo Trump entre 2017 y 2019.

Valero Energy Corporation ha emergido como el actor más agresivo en este escenario. La compañía, que posee la segunda mayor red de refinación estadounidense capacitada para procesar crudo pesado venezolano, proyecta importar 6,5 millones de barriles en marzo próximo, equivalentes a aproximadamente 210.000 barriles diarios. Esta cifra representaría el mayor volumen procesado por la empresa desde el inicio del embargo petrolero estadounidense contra Venezuela, y podría posicionar a Valero por encima de Chevron como el principal refinador de crudo venezolano en territorio estadounidense.

El vicepresidente de Suministro y Comercio de Crudos de Valero, Randy Hawkins, confirmó durante la llamada de resultados del cuarto trimestre de 2025 que la empresa estaba en negociaciones con vendedores autorizados de crudo venezolano, anticipando que este constituiría una "parte bastante grande" de sus compras de crudo pesado durante febrero y marzo. La compañía ha aprovechado descuentos reportados cercanos a los 9 dólares por barril respecto al Brent, impulsando márgenes de refinación que ya mostraban una recuperación significativa: en el cuarto trimestre de 2025, Valero reportó ingresos operativos de 1.600 millones de dólares, frente a los 348 millones del año anterior.

Sin embargo, esta repentina afluencia de crudo pesado ha saturado las capacidades logísticas de la región. Las refinerías del Golfo de México, diseñadas para procesar una cesta diversificada de crudos, enfrentan ahora un desbalance entre la oferta disponible y sus capacidades de almacenamiento y transporte interno. El crudo canadiense pesado, que tradicionalmente competía con el venezolano por espacio en estas instalaciones, comenzó a cotizar con descuentos de 11 a 11,50 dólares bajo el Brent en la Costa del Golfo, aproximadamente 4 dólares más barato que el promedio del cuarto trimestre de 2025.

Esta presión logística ha obligado a las empresas comercializadoras a diversificar sus destinos de exportación, no por decisión de PDVSA, sino por la imposibilidad física de absorber los volúmenes adicionales en el mercado estadounidense.

Vitol y Trafigura, las dos principales casas comercializadoras (o de trading) que obtuvieron licencias especiales del Tesoro para operar con crudo venezolano, tras la reunión en la Casa Blanca, han comenzado a ofrecer cargamentos a refinadores en China e India para entregas en marzo. El CEO de Trafigura, Richard Holtum, declaró al presidente Trump durante una reunión en la Casa Blanca que la empresa estaba trabajando "para llevar ese petróleo venezolano a Estados Unidos", añadiendo que el primer buque "debería cargar en la próxima semana".

Otras gigantes como Phillips 66 y Citgo también han solicitado autorizaciones para comprar crudo directamente a Venezuela, buscando asegurar materia prima para sus complejos refinadores.

Diversificación de clientes vs desinformación

El mecanismo impuesto por Washington para la comercialización del crudo venezolano ha transferido el control operativo desde PDVSA hacia intermediarios privados bajo supervisión estadounidense. Vitol y Trafigura no solo facilitan la logística sino que determinan los destinos finales de los embarques.

Esta estructura ha generado una compleja red de reventas que desvincula al Estado venezolano de las decisiones comerciales finales. El secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, confirmó durante su visita a Caracas del 11 de febrero que "China ya ha comprado parte del crudo que ha sido vendido por el gobierno estadounidense", sin precisar volúmenes ni condiciones comerciales. Esta declaración evidencia que el crudo venezolano está siendo redirigido hacia mercados asiáticos como resultado de la estrategia comercial de las casas de trading autorizadas.

En este contexto, el reporte de Bloomberg del 10 de febrero sobre un supuesto envío de crudo venezolano a Israel debe analizarse con cautela. La información, atribuida a "personas con conocimiento del acuerdo" que solicitaron anonimato, sugería que aproximadamente 200.000 barriles del cargamento transportado por el buque Poliegos (IMO 9746621) —con destino inicial al puerto de Sarroch en Cerdeña, Italia— serían redirigidos hacia la refinería de Haifa operada por el grupo Bazan.

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Aproximadamente 200.000 barriles de un cargamento vendido por la empresa Vitol, y transportado por el buque Poliegos, habrían sido redirigidos de manera opaca hacia la refinería de Haifa de Israel (Foto: Vessel Finder)

El gobierno venezolano, a través del vicepresidente sectorial para la Comunicación y Cultura, Miguel Pérez Pirela, calificó el reporte de "falso" y "desinformación fabricada". La negativa oficial se enmarca en la ruptura diplomática con Israel efectuada en 2009 bajo la presidencia del Comandante Hugo Chávez, y en el histórico de solidaridad venezolana con la causa palestina. Fuentes consultadas por teleSUR enfatizaron que no existen registros oficiales de embarque ni confirmaciones gubernamentales que respalden la versión de Bloomberg.

La ambigüedad del caso radica en la opacidad inherente al comercio petrolero marítimo. Israel no divulga públicamente sus proveedores de crudo, y los tanqueros frecuentemente desaparecen de los sistemas de rastreo digital cerca de puertos israelíes, según reconoció la propia agencia Bloomberg. El grupo Bazan declinó hacer comentarios sobre el supuesto embarque, mientras que el Ministerio de Energía israelí mantuvo su política de no revelar fuentes de suministro, según Latin Times.

Lo que resulta evidente es que, de haberse concretado el envío a Israel, esta decisión no habría emanado de PDVSA ni del Estado venezolano, sino de la cadena comercial controlada por Vitol —accionista mayoritario de la refinería de Sarroch— y sujeta a la autorización del Departamento del Tesoro estadounidense. La Licencia General 48, emitida el pasado 10 de febrero por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), prohíbe explícitamente transacciones con entidades rusas, iraníes, norcoreanas, cubanas y chinas, pero no establece restricciones sobre envíos a Israel, dejando a las casas comercializadoras libertad para determinar destinos dentro del bloque occidental.

Perspectivas y cambios en la dinámica del mercado global petrolero

La reconfiguración del comercio petrolero venezolano "bajo supervisión" estadounidense plantea interrogantes fundamentales sobre la soberanía energética y la autonomía comercial del país. Wright ha declarado que el control estadounidense sobre las exportaciones petroleras venezolanas se mantendrá por un período "indefinido", condicionando el acceso de las autoridades de Caracas a los ingresos petroleros a la presentación de "solicitudes de presupuesto" sujetas a aprobación de Washington.

Hasta la fecha, los ingresos generados por este esquema muestran una brecha significativa respecto a las proyecciones iniciales. Mientras el presidente Trump anunció en enero un acuerdo emblemático por 2.000 millones de dólares correspondientes a 30-50 millones de barriles, funcionarios estadounidenses confirmaron apenas 500 millones de dólares depositados en cuentas controladas por el Tesoro en Qatar, con otros 300 millones adicionales esperados en febrero. El magnate presidente ha reconocido públicamente que Estados Unidos "mantendrá una parte" de estos ingresos, sin especificar porcentajes ni mecanismos de distribución.

PDVSA, por su parte, ha adoptado una postura defensiva frente a la nueva arquitectura comercial. Algunas fuentes indican que la empresa estatal se niega a vender directamente a compañías que no posean licencias individuales del Tesoro estadounidense, manteniendo una posición de cautela ante la incertidumbre regulatoria. Esto, sin embargo, resulta marginal en un contexto donde las decisiones de comercialización han sido efectivamente externalizadas hacia Vitol y Trafigura.

La estrategia geopolítica subyacente apunta a una contención de la influencia china en el hemisferio occidental. Algunos analistas, como Igor Collazos, interpretan la Licencia 48 como una operación de "marcado de territorio" por parte de Washington, diseñada para consolidar áreas de influencia en una "fase final de juego para confinar a China fuera del hemisferio occidental". Durante su visita a la Faja Petrolífera del Orinoco, Wright expresó que la cooperación entre empresas estadounidenses y recursos venezolanos tiene como límite "el cielo", en una declaración que subraya la naturaleza estratégica de la relación petrolera.

Para los mercados globales, la reintegración parcial del crudo venezolano representa tanto una oportunidad como una fuente de incertidumbre. India ha emergido como beneficiaria potencial del redireccionamiento de flujos, con empresas públicas como Indian Oil y Hindustan Petroleum sumándose a la refinería privada Reliance Industries para adquirir 2 millones de barriles de crudo Merey en las próximas semanas. Este realineamiento podría presionar los mercados de crudos pesados rusos y de Asia Occidental, tradicionales proveedores de la industria refinadora india.

La producción venezolana, que alcanzó el millón de barriles diarios en febrero según declaraciones de Wright, enfrenta todavía limitaciones estructurales severas. A pesar de las reformas legislativas que reducen impuestos y regalías para inversores privados, la infraestructura petrolera requiere inversiones masivas que las corporaciones estadounidenses, según el CEO de ExxonMobil, Darren Woods, consideran prematuras mientras el país permanezca "no invertible" desde la perspectiva del riesgo político.

En este escenario, la narrativa sobre exportaciones directas de Venezuela a Israel resulta funcional a una agenda de desestabilización política más que a la realidad comercial. La ausencia de control venezolano sobre los destinos finales del crudo, la opacidad deliberada del comercio marítimo y la intermediación obligatoria a través de casas trading autorizadas por Washington configuran un mercado donde las decisiones de destino obedecen a cálculos de márgenes y estrategias geopolíticas estadounidenses, no a políticas exteriores soberanas.

La denuncia por parte del gobierno venezolano del reporte de Bloomberg como "noticia fabricada" debe entenderse no solo como una afirmación factual, sino como una reivindicación de principios diplomáticos que la nueva estructura comercial impuesta desde el exterior pone en jaque.

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