Sáb. 28 Noviembre 2020 Actualizado 11:27 am

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En Venezuela se están reorganizando los factores revolucionarios alrededor de un bloque histórico (Foto: Wilfrido Berrío)

Consideraciones sobre el Bloque Histórico: resignificar lo popular

En Venezuela el presidente Nicolás Maduro lidera una significativa y necesaria intención política, en varios lapsos. Se trata de la construcción del Sistema de Gobierno Popular, un esfuerzo multinivel, para promover y ejecutar nuevas metodologías en la política de gobierno y vincularlas directamente con las comunidades.

Para esto, pero también por el objetivo de promover nuevos términos en la política nacional como un todo, ha sido convocado el Congreso del Bloque Histórico, que consiste en un esfuerzo político para unificar todas las propuestas posibles, avanzando "en todas las definiciones teóricas y políticas" en un avance por lo popular, indicó el mandatario, en el marco de un primer debate de este evento que tuvo lugar el 30 y 31 de octubre pasado.

Maduro trazó la ruta para que este evento sea prolongado hasta el 4 de febrero de 2021, para resignificarlo en esta emblemática fecha para el chavismo, pero también para extender y profundizar en todas las áreas posibles las discusiones y levantamiento de una vía programática para la construcción del Sistema de Gobierno Popular y la conformación "de un nuevo Bloque Histórico" al largo plazo.

En este Congreso participan más de 300 delegados nacionales y 52 delegados internacionales. Será de largo aliento. También participan candidatos y candidatas del chavismo que el próximo 6 de diciembre irán al ruedo electoral por el parlamento venezolano.

En simultáneo, confluye la propuesta de que el próximo parlamento discuta dos proyectos, sobre Ley de Ciudades Comunales y la Ley del Parlamento Comunal. Ambas iniciativas, entre varias que conforman un paquete de leyes, fueron transmitidas por el Ejecutivo venezolano a las candidaturas chavistas.

Todos estos elementos indican que el momento es idóneo para ir al debate de propuestas. La apuesta del chavismo es ambiciosa: consolidar un Sistema de Gobierno Popular como una vía política concreta, programática, para cambiar las relaciones de poder y apegarse al objetivo de fondo del Bloque Histórico, que es construir hegemonía, en términos gramscianos.

En virtud de estas oportunidades, siguiendo aportes anteriores que hemos hecho al tema, desde estas líneas haremos otras modestas consideraciones y propuestas.

El país en remodelación

El presidente Maduro ha llamado insistentemente a la conformación de un nuevo Bloque Histórico, desde y más allá del chavismo, e inspirado en todas las circunstancias actuales que componen nuestra realidad y nuestra identidad.

Desde este punto y en términos señalados por Gramsci y acorde al marxismo, la infraestructura (o el conjunto de relaciones materiales) están cambiando, a expensas de las nuevas condiciones objetivas que impone el bloqueo estadounidense contra el país y el marco de asedio total. Hay una desfiguración y asfixia sobre el Estado rentista petrolero, que es el denominador del sistema capitalista nacional y que ha moldeado la materialidad nacional en los últimos 100 años.

En consecuencia, nuestra superestructura, nuestras relaciones existenciales, nuestra subjetividad, también está cambiando. Lo sabemos por todas las expresiones socioculturales que han surgido en cada etapa del asedio económico, primero interno y ahora con gran énfasis externo.

Ante esta tolvanera de nuevas relaciones, transversales y profundas en todos los ámbitos de la vida nacional, hay que hacer un alto para repensar al país. El país está en remodelación y ese es un hecho inevitable. Hay nuevas reglas, hay nuevos imperativos y no podemos eludirlos.

Muchas de las circunstancias propias del bloqueo y el asedio están fuera del control de los venezolanos y de nuestro gobierno. Pero no por ello debemos asumir una posición pasiva. Maniobrar el cuadro de asedio imponiendo nuevos términos en nuestro ámbito de poder y acción, se convierte para Venezuela en una emergencia. Maduro lo ha entendido así.

La resignificación de lo popular

Convocar y, especialmente, construir un nuevo Bloque Histórico, debe incluir una hoja de ruta programática y concreta, que una aspiraciones y sentidos comunes, en múltiples sectores, en múltiples niveles y con objetivos afines, pese a la disparidad de intereses e imaginarios.

Entiéndase con ello diseñar y consensuar líneas para resignificar las nuevas relaciones materiales del país, para recalibrar la visión y misión económica del país y, por ende, el tipo de relaciones existenciales que heredaremos de ello.

Los estremecimientos que impone la coyuntura nacional traen consigo nuevas inercias. Pero las mismas circunstancias que nos impulsan a la regresión también nos pueden empujar hacia adelante, aunque haya que maniobrar en el timón entre turbulencias y espasmos.

Sin embargo, las agendas multisectoriales e intergremiales, habiéndolas en la construcción de un nuevo Bloque Histórico, aunque son necesarias, no son capaces por sí solas de territorializar y aterrizar en lo cotidiano los ímpetus y líneas de acción.

Consideremos que los sujetos políticos más idóneos son aquellos que hacen política en el fragor de lo cotidiano. Son quienes constituyen la avanzada, la primera línea y parte medular del tejido social del chavismo y del país. Los Consejos Comunales, CLAP y UBCH son esenciales para territorializar procesos en el país profundo.

Lo contrario sería una nueva "república aérea" (Bolívar dixit), pensada en foros y eventos, pero sin asidero con la realidad de lo cotidiano (tal como sí ocurre con las desfiguraciones del asedio). De ahí que la construcción de un Bloque Histórico y al corto plazo, el lanzamiento de un Sistema de Gobierno Popular, pasan por resignificar a lo popular y mirar a los sujetos políticos que pueden hacerlo posible.

Asambleas ciudadanas, mesas de gobierno popular, gestión comunal de recursos, gestión comunal de políticas públicas y sociales, son todas estas áreas en las que el chavismo ha avanzado en algunos espacios de manera muy modesta, en otros de manera más profunda. Son esfuerzos para impulsar comunas, para extender los brazos de la gestión de gobierno en espacio abierto. Son evidentes mecanismos para continuar la senda, pero hay que repensar sus métodos, considerando más y nuevos actores, pregonando a lo profundo de las comunidades el cambio de relaciones en el país.

Mirar una aspiración nacional

Lo importante en toda intención política es mirar su horizonte político. Ello demanda una visión panorámica de las condiciones objetivas y subjetivas, o más aún, las encrucijadas y aristas en todos los plazos.

Una forma de entender la viabilidad de erigir un nuevo Bloque Histórico en Venezuela pasa por la revisión de conceptos y su posible encaje con las piezas que hoy tenemos para avanzar.

Siguiendo a Gramsci, consideremos los siguientes elementos:

  • Infraestructura. Venezuela heredó el modelo económico rentista, sin embargo el bloqueo y el fin progresivo del Estado rentista petrolero son parte de las nuevas realidades materiales. Ellas traen consigo nuevas derivaciones. Las formas en que producimos y consumimos, dolarización, bodegones y una economía de lo cotidiano que lidia con adversidades, privaciones y oportunismo en grandes capas sociales.

    El chavismo avanzó sobre la estructura rentista para democratizar formas de empoderamiento económico, aunque ello ocurrió de manera desproporcionada, por las inercias propias del capitalismo rentista. Pero esto también está cambiando. La gestión material del Estado, y luego la sociedad, guardan rasgos de desfiguración a expensas del asedio. De esta manera el Estado venezolano acude a nuevas fuentes de recursos, a nuevas exportaciones no petroleras, al fomento de otras actividades que diversifiquen la economía y sostengan el flujo de recursos, en medio de grandes dificultades.
  • Superestructura. Nuestra ideología dominante, luego de 100 años de ideología capitalista rentista, sigue consolidada en los imaginarios del rentismo, sigue heredando los rasgos de esa materialidad que hasta hace unos pocos años moduló nuestras relaciones existenciales. Pero eso está cambiando. Ahora no hay un Estado paternal en las formas que lo conocimos. En lo social, vemos nuevas prácticas y la profundización de otras que estaban solapadas.

    Las formas de dolarización y arraigo de nuevas cotidianidades económicas, permearon la cultura y aceleraron degradaciones éticas y sociales. El emprendimiento y una economía del día a día son formas que están cambiando nuestra subjetividad.

    Venezuela es ahora un país de imaginarios donde la fragmentación familiar, la migración, las remesas, son ingredientes de nuevo tipo. Podríamos hablar de una fractura de las identidades nacionales como las conocíamos y es oportuno idear maneras de reafirmarnos desde la resiliencia y la superación.
  • Crisis orgánica. Un Estado rentista petrolero y una economía privada parasitaria y dependiente de la renta están en desmantelamiento a simple vista. Ambos sectores del país mantienen rasgos de las viejas prácticas heredadas, pero están cambiando. Las relaciones materiales y subjetivas también están cambiando. Irrumpe un Estado emergente, que no termina de nacer.

    Es un Estado que promueve el socialismo de variantes mixtas, hace gestión sobre los desmanes del bloqueo y las amenazas, con el imperativo de la cohesión nacional e instituciones fuertes, al mismo tiempo promueve la organización social y la solidaridad. El modelo que no termina de nacer tiene 20 años posicionándose en la vida nacional permeando la subjetividad.

    Hay un cambio en proceso de las relaciones históricas entre el Estado y los privados, entre el Estado y la sociedad. El punto que nos concierne es en qué dirección y en cuáles términos.

    La crisis orgánica no puede ser resuelta por la modificación del país desde el extranjero, concretamente desde Washington. Por el contrario, por las demostradas expresiones de fuerza del poder público y social nacional, es en Venezuela donde deben resolverse los dilemas, maniobrando las nuevas realidades e imponiendo una definición.
  • Construir un Bloque Histórico. El chavismo apuesta a edificar un Sistema de Gobierno Popular como método para las relaciones de poder y gestión, desde las instancias de gobierno y por los factores sociales organizados en el territorio.

    Pero ello por sí mismo apunta a una apuesta superior. Que es unificar fuerzas sociales desde lo popular para tomar nuevos impulsos.

    Ello se inspira en construir un Bloque Histórico, para lo cual es inapelable unir fuerzas desde el chavismo y más allá de él, desde una fuerza política heterogénea y nacionalista, para consolidar las nuevas formas de gestión económica y de gobierno, construir el socialismo mixto con variantes venezolanas, hechas a la medida de las nuevas realidades de bloqueo y asedio.

    Es indispensable hacer un ejercicio real del poder. Por lo tanto, debe promoverse una nueva institucionalidad política y jurídica, construir nuevos sentidos comunes y nuevas relaciones existenciales, desde las realidades impuestas en la base material y el cuadro todo de crisis, para ir al rescate de la prosperidad en nuevos términos, de la estabilidad política, la cohesión social y la felicidad.

    Pregonar y territorializar esta intención, a lo profundo del país, demanda delegarlo en sujetos políticos concretos y altamente probados para la labor. Las fuerzas celulares del chavismo, Consejos Comunales, CLAP y UBCH, son idóneas y a la altura de las circunstancias.
  • Una nueva hegemonía nacional. La construcción de un nuevo Bloque Histórico dará paso a una nueva "hegemonía", una nueva ideología dominante erigida sobre las nuevas bases materiales, políticas, jurídicas y subjetivas del país. Ese sería el resultado dialéctico de esta gran apuesta. Implica la superación del punto actual de crisis orgánica, en los términos en los que los venezolanos los impongamos.

    La agenda estadounidense contra Venezuela se basa en avasallar a nuestro Estado-nación, tanto en sus bases materiales como existenciales. Nuestra procedencia y continuidad en el nuevo Estado bolivariano fundado hace 20 años ha servido de muro de contención. Pero construir una nueva hegemonía, siguiendo a Gramsci, es otra cosa, pues implica más avanzar que sostenerse. Una nueva hegemonía nacional, ideológica, política y programática será una garantía para blindar al país desde el presente y hacia el futuro. Consiste en erigir una ideología dominante, material y existencialmente practicada.
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