Mar. 20 Octubre 2020 Actualizado 9:50 am

A 20 años de la salida incondicional de Israel del Líbano: ¿qué se ha logrado? (y III)

En el Medio Oriente, cada evento agresivo de importancia ha provocado la creación de un contrapoder para enfrentar al agresor. No sorprende, por lo tanto, que luego de la invasión israelí al Líbano en 1982 Hezbolá anunciara su nacimiento y se convirtiera en una fuerza disuasiva más potente que muchos ejércitos en el Medio Oriente.

Cuando Israel y Estados Unidos deciden desinflar los pulmones de Hezbolá y quebrar el “Eje de la Resistencia”, se le declaró la guerra a Siria, con al-Qaeda y combatientes takfiris extranjeros como la herramienta sectaria para alcanzar los objetivos de Estados Unidos. Una nueva resistencia siria nació, e Irán y Hezbolá establecieron una de sus bases más sólidas en el Levante.

Luego de 2003, cuando Estados Unidos decidió rodear a Irán al invadir Irak y amenazó a Siria de ser el próximo en la fila de países a ser invadidos, una nueva fuerza emergió para unirse al Eje de la Resistencia, temido por ambos Estados Unidos e Israel: Hashd al-Shaabi, las “Fuerzas de Movilización Popular”. Veinte años después de la salida incondicional de Israel del Líbano, Hezbolá extendió su actividad a Irak y esto pasó a ser el cambio de paradigma. Israel y los Estados Unidos son las fuentes que crearon el Eje de la Resistencia.

Irán hizo el voto, en su constitución (artículos 2 y 3), de apoyar a todos los pueblos oprimidos. Comenzó con los palestinos cuyos líderes fueron informados por Irán que “no se permitirá que ninguna sanción reduzca el apoyo financiero y el entrenamiento de Irán a los palestinos para recuperar su territorio robado”. Irán apoyó a los libaneses cuando Israel invadió su país. Apoyó a Siria cuando Arabia Saudita, Qatar, Turquía y una combinación de países occidentales permitieron que yijadistas crearan su emirato islámico en el Levante, provocando una potencial situación de estado fallido. Y apoyó a los iraquíes cuando los Estados Unidos ocuparon Irak y permitieron que ISIS arrasara con un tercio del país.

Los políticos iraquíes chiíes apoyaron que Estados Unidos removiera a Saddam Hussein. La resistencia suní se quejó con Hezbolá sobre la falta de unidad nacional contra las fuerzas estadounidenses, en particular los chiíes que favorecían al ocupante. La posición de Hezbolá fue claramente anunciada por su Secretario General, Seyyed Hassan Nasrallah, antes de la invasión de Estados Unidos.

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A pesar de las atrocidades de Saddam Hussein contra los iraquíes en general y los chiíes en particular, para Hezbolá, oponerse contra los Estados Unidos era la prioridad por encima del derrocamiento de Saddam Hussein. El mandato de Saddam estaba llegando a su fin antes de la invasión de 2003. Una década de sanciones en su contra habían incapacitado su poder y la resistencia chií -apoyada por Irán- ya estaba ganando momentum cuando Estados Unidos decidió entrar con aquel falso pretexto: eliminar las inexistentes “armas de destrucción masiva”.

A pesar del apoyo de los chiíes a los estadounidenses, Estados Unidos no ocultó sus intenciones agresivas contra el Eje de la Resistencia ni su objetivo de dejar a Irán sin aliados. Irán fue a Irak a apoyar primero a la resistencia suní y entrenó a aquellos pocos chiíes dispuestos a pelear contra las fuerzas de ocupación estadounidenses. Hezbolá se volvió atractivo tanto para chiíes como suníes.

Muchos políticos chiíes de Irak se quejaron con Hezbolá por el entrenamiento que le proveyeron al Jaish al-Mahdi de Sayyid Muqtada al-Sadr en los primeros años de la ocupación. Hezbolá mantuvo relaciones cercanas con políticos iraquíes que pedían mediación para formar su gobierno y reducir la brecha entre ellos. Se dieron reuniones sin fin en Beirut entre oficiales de Hezbolá y políticos suníes y chiíes antes de la formación de cualquier gobierno.

Cuando ISIS ocupó un tercio del país, Irak encontró en Hezbolá -que había forzado a Israel a retirarse y la derrotó en 2006- un aliado adecuado y confiable a quien volver durante la invasión estadounidense a su país. El primer ministro Nuri al-Maliki contactó a Seyyed Hassan Nasrallah pidiéndole asesores y entrenadores para frenar el avance del ISIS. 24 horas después, Hezbolá envió docenas de oficiales que comenzaron a entrenar a aquellos iraquíes dispuesto a tomar las armas, detener al ISIS y defender a su país.

Estados Unidos se negó a ayudar e ignoró más de seis peticiones escritas y verbales del Primer Ministro pidiéndole a Washington que entregara todas las armas que Irak le había comprado; debían haberse enviado mucho antes del ataque de ISIS. Luego del testimonio del general Michael Flynn, Estados Unidos vio el crecimiento y el cruce de ISIS de Irak a Siria para establecer un califato en ambos países. Irak forzó una salida de Estados Unidos en 2011 y Siria no se sometió a las exigencias amenazantes de Collin Powell de dejar de apoyar a Hezbolá y los grupos de la resistencia palestina. Estados Unidos quiso alcanzar sus objetivos por todos los medios y los yijadistas ofrecían la solución más viable y barata para dividir el Medio Oriente y aliviar el peligro a Israel. La segunda guerra del Líbano de 2006 demostró claramente que Israel es impotente cuando se enfrenta a Hezbolá.

Al hacerse a un lado, Estados Unidos le dio a Hezbolá la oportunidad de moverse a Irak en 2014 y llevar a la Marjaiya a llamar para la formación del Hashd al-Shaabi, una fuerza popular lista para tomar las armas y defender su país.

Irán fue el único que ayudó tanto a Bagdad como a Irbil: suníes, chiíes, cristianos y kurdos fueron armados por Irán contra el ISIS, bajo la mirada de Estados Unidos. Estados Unidos permitió la creación de Hashd al-Shaabi y le permitió tanto a Irán como a Hezbolá echar raíces fuertes en Irak. El entrenamiento estadounidense al ejército iraquí demostró ser inefectivo. El ejército iraquí carecía de convicciones patrióticas y espíritu de combate. Hezbolá tenía ambas, pero también le dio uso a su experiencia para fortalecer su capacidad de guerra, combatiendo en espacios abiertos en el desierto, una experiencia diferente a la de Líbano y Siria.

En 2020, el Eje de la Resistencia ganó todas las guerras que combatió en Palestina, Líbano, Siria y Yemen; Hezbolá estuvo presente en todos esos teatros. El asesinato de Qassem Soleimani, el líder de este Eje de la Resistencia, fue moralmente doloroso pero no degradó los compromisos ni las obligaciones financieras de Irán con sus aliados.

En Yemen, Sayyid Abdel Malek al-Huti le propuso a Arabia Saudita intercambiar un piloto y nueve oficiales saudíes que capturó durante sus bombardeos a Yemen por Mohamed al-Jodary, antiguo representante de Hamas y otros 60 jordanos y palestinos presos en Riad, señalando cómo el vínculo del Eje de la Resistencia está unificado en todas las fronteras.

“Es mucho más fluido negociar un intercambio de rehenes con los israelíes o los estadounidenses que negociar con los saudíes cuyos responsables no tienen consideración alguna por la vida de sus propios oficiales capturados”, dijo un líder del Eje de la Resistencia.

La posición de Hamas ha cambiado: de combatir contra el presidente Assad a creer por completo que la única manera de recuperar los territorios usurpados de Palestina es a través de una unidad robusta con el Eje de la Resistencia. El llamado al “Día de Jerusalén” -celebrado el viernes pasado en el mes del Ramadán convocado por el Imán Jomeini- está unificando, más que nunca, a todos los miembros del Eje. Teherán le informó a los palestinos que la campaña de “máxima presión” de Estados Unidos es irrelevante para Irán respecto a sus compromisos con Palestina, y la causa será apoyada siempre y cuando los palestinos estén dispuestos a pelear por su territorio.

Israel y los Estados Unidos no se rendirán, y están recelosos del crecimiento e influencia de Hezbolá. Intentan contrarrestar sus apoyos en el exterior, poniendo a Hezbolá en la lista de terroristas del Departamento de Estado, una maniobra completamente sin efectos. Estados Unidos cree que la actual crisis financiera global presenta una oportunidad para ganar lo que era imposible mediante la guerra. Se puede esperar que devuelvan el fuego, pero, mientras tanto, el Eje de la Resistencia continuará resistiendo y encontrará más formas de reducir la influencia estadounidense en el Medio Oriente.

Esto viene en un momento en el que China y Rusia están listas para demostrar una aproximación más amistosa y económicamente agresiva a favor de los países del Medio Oriente. El éxito regional de Hezbolá opaca los desafíos globales del poder de los Estados Unidos. Muchos líderes del Eje de la Resistencia morirán sin que eso impacte irreversiblemente en los objetivos y las estrategias del campo que resiste a la hegemonía israelí y estadounidense. El objetivo y los logros del Eje de la Resistencia se han vuelto irreversibles.


Este artículo fue traducido por Diego Sequera. Puede seguir a Elijah J. Magnier a través de su cuenta Twitter @ejmalrai y de su blog personal elijahjm.wordpress.com

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