Jue. 01 Diciembre 2022 Actualizado ayer a las 1:45 pm

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A la oposición venezolana sólo le queda la indignación ante lo que desconocen (Foto: Vittorio Crobu / La Venta)

Marina, ¿a ti te gustan los tepuyes?

La búsqueda permanente de una figura que esté por encima del bien y del mal ha sido la pesadilla del antichavista promedio, por eso también detestan a los chavistas, no porque hayan construido un ídolo material desde la figura de Chávez, sino porque hay una conexión espiritual -no necesariamente religiosa- que ha trascendido la entidad para convertirse en capacidades tangibles en momentos claves: fortaleza, audacia, anticipación, ferocidad.

Porque si habláramos sólo desde la idolatría, hace tiempo el chavismo habría dejado de mantener el poder político, la espiritualidad chavista no serviría de nada frente a la guerra multiforme si hablarámos únicamente desde la inspiración, desde lo grande "que fue" Chávez. Por estas razones el chavismo es "otra cosa", un algo indescifrable.

Pero el antichavismo no puede negar que está en búsqueda de eso también, por eso obedecieron a Capriles cuando los mandó a descargar la arrechera, por eso se aferraron con todas sus fuerzas al mantra de Guaidó cuando se autoproclamó presidente, por eso hoy se aferran a la imagen de Maickel Melamed llorando en un tepuy luego de ser cargado por dos indios pemón la misma semana en que otro grupo de sus referentes culturales rumbearon en el Parque Nacional Canaima. Por eso repiten las justificaciones de Valentina Quintero, posicionando a Melamed como un dios de los tepuyes por haber hecho lo que cualquier discapacitado con sponsor millonarios haría.

La orfandad es tanta que el opositor promedio hoy solo tiene a Melamed para aferrarse y a Valentina Quintero para romantizar el alquiler de pemones

Los opositores glorifican a Melamed y despotrican contra Osmel, uno privó al otro del momento cumbre, porque más allá del logro personal, Melamed tiene que generar reacciones posicionando su propia épica, para eso lo financian, y también para lo que viene después: señalamientos contra la "dictadura", acusaciones sobre la "total destrucción" de los Parques Nacionales y la permanencia del Arco Minero, y lo hacen como si les importaran, como si su preocupación por algunas de estas realidades, llenas de múltiples matices que ellos prefieren obviar, fuese genuina y no un mero uso utilitario para ir contra el gobierno de Maduro.

La orfandad es tanta que el opositor promedio hoy solo tiene a Melamed para aferrarse y a Valentina Quintero para romantizar el alquiler de pemones por días conjugando espiritualidad, devoción por la naturaleza y positivismo tóxico, todo esto para hacer del ascenso un logro super increíble, digno de un ídolo, esa ausencia reforzada en cada fotografía bien enmarcada, en cada lágrima grabada para dejar constancia del hito, porque ¿a dónde irían los héroes sin la inmediatez de las redes sociales?

La verdad siempre es tendencia, por ello los opositores no tardaron en descubrir que no hay diferencias entre Capriles y Guaidó, por ello también van a descubrir que no hay ninguna diferencia entre la heroicidad de Melamed y el abuso de Osmel Sousa. Es la misma clase social, bien financiada y recompensada por la propaganda que despliegan cada uno desde su esquina y que esta vez solo coincidieron en un tepuy.

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