Sáb. 28 Enero 2023 Actualizado ayer a las 2:39 pm

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La identidad venezolana migrante lleva siempre el tricolor venezolano adonde va, bajo la creencia de que ello implica preferencias y darles entrada rumbo a Estados Unidos (Foto: Agencias)

La diáspora contra la diáspora

¿Qué decir de las diásporas venezolanas en Estados Unidos? Para empezar, que no se puede hablar solo de una, sino de varias, muchas. No se puede hablar de estas como si fueran idénticas a las que han ido a dar a otros países, pues en este caso el viaje no es el viaje en sí mismo, es el destino. Este tema implica un punto y aparte.

El Darién dejó de ser noticia. Ahora será el lugar que siempre ha sido, de migrantes que van desde varios países latinoamericanos, donde algunos o muchos pueden morir, pero no nos enteraremos.

Las grabaciones de videos de TikTok desde el Darién ya dejaron de ser, pues quienes siempre cruzaron y seguirán cruzando, que no son venezolanos, no se molestan en grabarse y hacérnoslo saber. Ni nos enteraremos.

Las últimas medidas migratorias del gobierno de Joe Biden dirigidas a la migración venezolana, dieron al traste con una tétrica comparsa que ese mismo gobierno propició una vez que el Status de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglés) favorable a venezolanos, aupara una oleada rumbo a ese país bajo una falsa promesa de acogida. Pero además la migra se encargó de recibir y encarcelar migrantes, hasta que los gobernadores republicanos del sur "gustosamente" los llevaran a estados gobernados por demócratas.

Del Darién ya no hablamos, pero sí nos quedan las múltiples opiniones a favor y en contra de esa medida y la diáspora que terminó o en Times Square o en el Río Bravo.

Primera apreciación: todo lo que queda en el aire como objeto de ese "debate" da a pensar que hay venezolanos que se odian entre sí, que la inmensa mayoría de ellos, antichavistas, se odian entre sí.

"Venecos" acomplejados

¿Han visto el video de unos venezolanos obreros "pobres pero en Estados Unidos", que se comen una hamburguesa de McDonald's de 1 dólar en un parque en su rato de descanso alardeando de su status? Hay un TikTok de un carajito delivery que supuestamente va a repartir en un Mercedes Benz. Hay otro caso de un venezolano en Gringolandia que celebró que no dejaran entrar "la basura" a ese país.

¿Recuerdan el video de la señora (probablemente vivía en una casa de INAVI en Cabudare) que estaba enlodada en medio del Darién que dijo que Biden ya no los iba a dejar entrar porque encontraron escupitajos de chimó en Times Square y "qué pena con esa gente, Dios mío"? ¿Qué decir del video de la muchacha llorando porque no pudieron entrar "al país de las hamburguesas"?

Bueno, casi todo el mundo sí logró ver el video de Yoaibimar "la tierrúa en niu yol", la misma que salió con su hijo discapacitado, que se hizo viral, más que por la misma puesta en escena, por las reacciones que generó. Nunca un video recibió tantos comentarios de parte de l@s chic@s Visa venezolanos. Nunca jamás.

Una imagen fresca es la de un grupo de venezolanos tratando de cruzar el Río Bravo con una bandera tricolor, siendo recibidos a perdigones, para luego correr de vuelta al agua y al lado mexicano.

Solo dos veces en la historia reciente se han visto banderas venezolanas cruzar (o más bien intentando cruzar) una frontera para terminar humilladas en una escena de derrota televisada y ampliamente difundida. El día en que venezolanos intentaron entrar con "ayuda imaginaria" en los puentes entre Colombia y Venezuela, y este hace días, entre México y Estados Unidos.

La triste épica es la misma. Venezolanos tratando de tomar algo a la fuerza guiados por un ímpetu político y/o personal, pero humillando una bandera que solía cruzar fronteras solo para derrotar a España y fundar naciones.

Fijémonos en lo que nos han querido convertir. Esto empezó desde el robo de Capriles a la gorra tricolor de 8 estrellas de Chávez y evolucionó a ser la gorra opositora. Pero pasó a ser símbolo de la identidad migrante. Inclúyanse también en este pack los bolsos tricolor que deberían estar en hombros de un carajito estudiando en Venezuela.

Nótese que los que migraron con la gorra comenzaron a odiar a los de los bolsos tricolor, porque los segundos seguramente son más pobres (o aparentan serlo) que los primeros. El odio comenzó a tomar forma política cuando se comenzó a decir que esos venezolanos pobres (con bolsito tricolor) que afuera vomitan la serpiente contra el país o contra Maduro, supuestamente "son chavistas". Pero no nos caigamos a mentiras, no son chavistas un carajo.

Poco generó tanta indignación entre la diáspora como cuando le tomaron una foto al famoso bolso escolar frente a la Torre Eiffel en París.

Las redes se volvieron un campo de fuego cruzado indiscriminado. L@s chic@s Visa, versus los que cruzaron el Darién, venezolanos blancos mayameros, versus venezolanos negros en un refugio para indigentes en Nueva York, pero más allá de ellos, venezolanos en Colombia, Perú o Chile, versus venezolanos en Estados Unidos.

No olvidar que muchos que se fueron rumbo al corazón del imperio vía Darién ya estaban fuera de Venezuela. Así que no huían de la "crisis humanitaria" chavista, sino que se iban de las "prósperas" economías vecinas, y que cualquier intento en cruzar una selva llena de sádicos, narcos, paracos, cocodrilos y afines, es mejor que el "tablas en la cabeza" back to home.

No olvidar que si un venezolano "negrito" con "pinta de reguetonero" (eufemismo policial para "malandro") es visto en algún lugar del "país de las hamburguesas", podría ser "un bochorno, Dios mío", pues qué irá a pensar esa gente civilizada de la primera potencia mundial.

Miremos a fondo, que el nudo central y sentimental de toda locura está en lo acomplejada y ridícula que son las diásporas venezolanas, entre ellas la única en toda la historia que transmitió su paso por el Darién. Pero también la que vive en "los yunaited", la que no logró entrar, todas, incluida la que regresa a Venezuela en un vuelo desde México por el Plan Vuelta a la Patria, pero que ya no tiene internet y por eso no lo publica.

Los que ya vivían en Gringolandia son más insólitos. Para poner solo un ejemplo, hablo del complejo de creer que unos "negritos de Petare" van a "afear" la cosa en Nueva York.

Amigos y amigas que siguen leyendo, en Nueva York hay gente que se caga dentro del tren del Metro. Las ciudades de Estados Unidos están abarrotadas de carpas en plena vía pública y refugios abarrotados de personas sin hogar e indigentes.

En Estados Unidos hay "calles de drogas", o donde hay cientos de "zombies" a simple vista en un espectáculo degradante y tolerado. Estados Unidos es el país sede del estilo rapero y centro de referencia de la imagen "urbana" que ha uniformado a un segmento del hampa a escala global. Y para ponerlo más preciso, Estados Unidos es la capital mundial de lo chabacano, del mal gusto, de gente ridícula, que conviven en tensas relaciones sociales por su diversidad racial. Allá viven las Kardashians. Dense cuenta.

Entonces, para ser honestos, un "negrito de Petare" ni se va a notar entre millones y millones de estadounidenses e inmigrantes coloreados y uniformados con la usanza urbana gringa que impuso la globalización.

Pero para ponerlo en perspectiva profunda, no es el "negrito", es el clasismo, el racismo, el complejo, la atorrancia.

"Buenos contra malos"

El imaginario antichavista hecho diáspora estadounidense, o aspirante a ello, hace nuevamente alarde de esa lógica binaria que impusieron en Venezuela desde los "mejores" tiempos del oposicionismo político. En aquellos tiempos, era "la clase educada y pensante del país" versus el "chavismo criminal y chabacano".

La lógica hoy entre esas diásporas es de "buenos contra malos", "gente bien", contra "gente mala". Los que ya estaban adentro versus los que llegan o quieren entrar. Los que "se portan bien" versus "los que se portan mal".

Pero esa es una disputa endeble, sin ánimos de generalizar, pues colocan a ese "lumpen" migrante como la gente "mala" que quiere ingresar, así sea ilegal, mientras que hay otros venezolanos que "han hecho las cosas bien", tratándose de papeleo.

Es como si hablaran de "gente honesta" para referirse a tantos venezolanos que han ingresado a Estados Unidos en años anteriores, bajo la condición de "perseguidos políticos" y "refugiados", cuando sabemos que 99% de ellos emplearon la categoría de la "persecución política" para bypassear el sistema migratorio estadounidense, ganar preferencias y tener una Green Card, sin ser objeto de presión alguna, requerimiento de la justicia u objeto de alguna amenaza a su vida en Venezuela. Son unos farsantes.

A los venezolanos con años en "el país de las hamburguesas" les irrita que un venezolano pobre y diezmado gracias a un bloqueo económico que ellos aplaudieron ingrese allá sin haber hecho el papeleo. Ellos llevan la "meritocracia" desde 2002 adonde van y sigue siendo el cristal con que siguen mirando todo.

A fin de cuentas, hablando de "gente buena", hay que mirar cómo se compone buena parte de la comunidad de venezolanos en Florida: banqueros prófugos, empresarios fuga divisas (estafadores del cadivismo), narcos, corruptos de las dos últimas repúblicas, "modelos" (o más bien prostitutas high class) y para colmo media Mesa de Unidad Democrática y los séquitos más allegados de Guaidó. ¿Pueden haber peores referentes hamponiles entre esa "gente de bien"? Al lado de ellos, cualquier "malandro" salido del Darién es un niño de pecho.

La lógica de "unos contra otros", "buenos contra malos", en suelo venezolano se fundaba sobre un país que no existía, pero que algunos sentían arrebatado. "Opositores decentes" versus "chavistas marginales". Pero fuera de Venezuela es una disputa desbocada, donde en términos reales concluye entre un gentilicio que tiene en común un desprecio por el chavismo que a veces es extensivo al país.

Pero el centro de esa disputa ya no es Venezuela, ahora es el "sueño americano", ese país y su "derecho a estar", el "derecho" de algunos a poseer una miga del sueño, el mérito, el logro. Es el discurso de "los que se pueden adaptar" y "los que no podrán". Otra vez el repetido discurso de "los formados" versus "los que tienen el rancho en la cabeza". Y por ahí se decanta esa narrativa.

Cuando l@s chic@s Visa culparon a los harapientos en el Darién de los cambios en las medidas migratorias, no se molestaron en afirmar que Trump, haciendo campaña política por las elecciones de medio término, afirmó que Maduro estaba "liberando presos de las cárceles para llevar violadores y asesinos" a ese país.

También obviaron que Marco Rubio señaló que la migración a Estados Unidos "era creada por Maduro para perjudicar" a su país.

A los venezolanos con visa poco o nada les interesa que los políticos gringos estigmaticen a su gentilicio y a ellos mismos, porque lo importante es el comentario descabellado antichavista en la ramplona campaña estadounidense.

Entre las diásporas hay escaso o nula reflexión sincera sobre si bloquear la economía venezolana tiene o no un vínculo con la migración fuera del país, aunque haya una matemática contundente. Venezuela dependía en más de un 90% del ingreso de divisas por vía del petróleo y el bloqueo a las exportaciones de crudo menguó enormemente la base de las finanzas públicas, donde dependía de todo, desde los servicios públicos hasta la nómina del Estado.

El propósito de bloquear a Venezuela era precisamente fabricar "gente jodida". Claro, había la esperanza de derrocar al chavismo, pero a fin de cuentas la "gente jodida" dentro y fuera de Venezuela es una colateralización de esa mal llamada "diatriba política" llevada a niveles aberrantes. En la oposición al día de hoy, nadie se hace responsable. Nadie dice "yo fui a pedir sanciones". Pero todos siguen explotando políticamente a la gente que jodieron.

Pocos han sido más usados que los migrantes. Los han explotado para todo, para sostener la narrativa del "gobierno interino", para pedir dinero a nombre de ellos, para alimentar mafias y fraudes, coyotes, comparsas, shows políticos, paremos de contar.

Otros que miran desde afuera al país, e incluso a sus iguales que están afuera, suelen hacerlo con desdén. No les importa la gente, les importa el "argumento" y fundar una supuesta "razón" política, un "sentido común". Les interesa la diatriba, el estigma, señalar, vilipendiar. ¿A quiénes? A todos "los demás". A quienes viven en Venezuela, a quienes migran si son "tierrúos", si son "malandros", si son "gente mala", si escupen chimó en Nueva York. Pongan miles de etcéteras.

Un segmento del país fue amaestrado para odiar automáticamente. Todas las derivas del trato de una diáspora contra otra es de odio con distintos tipos y niveles de matices.

Los estigmas, la instrumentalización y/o explotación de la gente jodida, la burla y la supuesta superioridad moral de unos frente a los otros, son expresiones de odio. El clasismo y el racismo son odio en su más pura denominación. Explotar la migración es otra forma de odio. El supuesto "sentido común" del mal llamado "debate" de los venezolanos afuera es viral y visceral porque permite desahogar el odio. Todo coincide en el odio.

La raíz del odio está en el propio antichavismo y la construcción de su subjetividad política. La oposición se hizo oposición gracias al vehículo del odio al chavismo, pero luego fueron contra sí mismos, dividiéndose, confrontándose entre sí, llegando al punto de pedir el bloqueo a un país entero aunque sus propios compañeros opositores, gente común, lo sufriría igualmente. Eso explica cómo unos "que llegaron primero" odian a "los otros".

El odio es una fuerza que sabe cambiar de forma y que goza de capacidades de adaptación tremenda, de manera tal que su deriva toma forma de bucle, es inagotable y puede ir en cualquier dirección, en cualquier momento.

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