Mié. 21 Octubre 2020 Actualizado 3:43 pm

Las agresiones contra Venezuela prepararon al chavismo ante el Covid-19

Con la violenta propagación del COVID-19 en todas las esquinas del planeta, los mecanismos de defensa y respuesta de todos los países están siendo puestos a prueba.

China fue un claro ejemplo de una movilización monumental de recursos tecnológicos y humanos para atacar un virus que no se había visto nunca.

Los gobiernos europeos cuestionaron las radicales decisiones que hubo que tomar en la República Popular para salvarle la vida a miles y millones de personas y ridiculizaron el impacto sanitario de la pandemia.

Estados Unidos acompañó la posición del viejo continente con un elemento adicional: aprovechar la adversidad por la que pasaba su principal rival financiero para activar su aparato propagandístico contra China e imponer matrices que lo dañaran aún más. Una dosis de la “sana” competencia estadounidense que estamos acostumbrados a ver.

Ahora, ambos actores geopolíticos son presas de la misma desventura que, semanas atrás, enfrentó China, pero además han visto menoscabado el control de la narrativa durante la pandemia, al tener que llegar a los extremos de recibir la ayuda humanitaria del gobierno de Xi Jinping.

La inoperancia y la tragedia son las imágenes que destacan en los casos de Europa y Estados Unidos, por más que la mediática internacional intente graduar los titulares de pánico para no dejar tan mal parados a los líderes de Occidente. Todo muy lejano al esfuerzo y el sacrificio que se hizo en la “zona cero” de la pandemia, Wuhan, para controlar la crisis.

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Esta pandemia ha develado, si ya no estaba lo suficientemente expuesto, la ineficacia del neoliberalismo para resolver las demandas actuales y crecientes de la salud mundial, en particular, y de los derechos humanos, en general.

Era inevitable que la enfermedad tocara a la puerta de cada uno de los países en el mundo, sobre todo porque la globalización ha impuesto el ritmo de fronteras incuestionablemente abiertas al comercio de las industrias transnacionales. En cuestión de horas, hasta los aeropuertos internacionales menos concurridos pueden recibir lotes de viajeros de decenas de países distintos.

Por eso, prestar atención a las medidas ensayadas por el gobierno de Xi Jinping, observadas y avaladas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), así como las de Corea del Sur, era vital para definir una estrategia propia con anticipación.

Medidas del chavismo para mitigar el impacto de la pandemia

No ocurrió en el llamado “primer mundo”, para sorpresa de quienes lo idealizan. Ocurrió en una de las pocas naciones que combaten las agresiones multiformes, permanentes y sistemáticas de Estados Unidos y sus satélites.

Venezuela ha diseñado un plan piloto para gestionar la crisis del Covid-19, apoyándose en los modelos de países asiáticos y los resultados efectivos que están teniendo en la contención de la enfermedad y en la protección de sus poblaciones.

Aún estamos en pleno desarrollo de la pandemia, por lo que este diseño nacional va aprendiendo de las particularidades del territorio, de su organización política, económica y social, para ir adaptándose en el camino.

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El gobierno de Nicolás Maduro tiene la experiencia de un lustro de embargos, bloqueos y conspiraciones golpistas que lo han puesto a trabajar con los mínimos recursos y con máxima alerta de seguridad.

Para sostener la estabilidad del país, constituyó nuevas instancias del chavismo nutridas por la disposición de la mayoría de la población venezolana que asumió el estado de resistencia permanente.

Los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) y el Carnet de la Patria son expresiones de ello, instrumentos que vinieron a completar el espectro de organizaciones del chavismo como los consejos comunales y las comunas. En esta coyuntura, reafirman el modelo de organización comunitaria y apoyo mutuo que ha sido fundamental para la supervivencia de los venezolanos en los últimos años.

El Estado y los actores del poder popular se están coordinando para mitigar el efecto económico y social de la pandemia, paralelo a los trabajos sanitarios que se realizan para proteger la salud de la población.

Ahora mismo en Estados Unidos, familias que decidieron confinarse por su propia cuenta deben estar preguntándose cómo van a pagar las facturas mañana. ¿Trabajar para estar al día con las hipotecas, el alquiler, los servicios públicos, arriesgándose a contraer el virus para luego tener deudas con los hospitales? Un debate interno al que no han tenido que recurrir los venezolanos.

Desde el sistema Patria, la asignación cotidiana de ayudas económicas se reconfiguró por la nueva medida temporal de cuarentena social, que hace que los trabajadores permanezcan en sus hogares para evitar la propagación masiva del nuevo coronavirus.

Además de garantizarles el salario a los empleados del aparato público, el Gobierno Bolivariano dispone recursos para las personas que laboran en el sector informal, identificados en la base de datos del sistema Patria. Igualmente, ha ofrecido protección social a los trabajadores del conjunto de pequeñas y medianas empresas privadas afectadas por el cierre de las actividades comerciales no esenciales.

En otras latitudes, la combinación de rumores, informaciones engañosas e incompetencia de los gobiernos ha generado un alto nivel de ansiedad en la población, que está respondiendo individualmente a la crisis tratando de resguardar y proteger a su círculo de personas selectas en detrimento del resto de su comunidad.

El pánico reina en las grandes urbes del mundo y la referencia cultural que tienen para superar este tipo de turbulencias reposa en películas apocalípticas de Hollywood, donde solo el malicioso come y sobrevive.

En un contexto así, hollywoodense, puede sonar ridículo afirmar que es posible sostener un modelo de trabajo comunitario, siguiendo los protocolos de distanciamiento social, pero manteniendo las redes de confianza y solidaridad.

Es lo que aplica Venezuela con la producción y distribución de alimentos en época de pandemia. En acción cívico-militar, el chavismo dinamiza planes para la reorganización de las comunidades en función de garantizar el alimento durante la contingencia, sin que esto signifique una ruptura con el esfuerzo nacional de limitar el contacto social para contener la expansión de los contagiados por Covid-19 en el territorio.

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Los CLAP le han proporcionado seguridad alimentaria durante cuatro años a seis millones de familias, aún siendo objeto de medidas criminales por parte del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos. Ahora, este músculo de base popular demuestra la capacidad que tiene para afrontar situaciones de de emergencia pública.

Pero también presta atención sintomatológica a los grupos familiares que están bajo su vigilancia.

La Red de Articulación y Acción Sociopolítica (RAAS), que es un método de organización popular coordinado por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), está levantando reportes diarios de las condiciones de salud de la población en todas las localidades del país donde operan los CLAP y las Unidades de Batalla Bolívar-Chávez (UBCH).

Esta sistematización de casos sospechosos y seguimiento a su evolución, realizada por las comunidades, sirve de apoyo al cuestionario que se responde en el sistema Patria para garantizar una atención integral de la pandemia.

Las escuelas también se reacondicionaron a la contingencia. El Programa de Alimentación Escolar (PAE) está atendiendo no solamente la alimentación de los niños que viven en la zona perteneciente a la unidad educativa, sino que amplió su atención a la población adulta mayor y vulnerable que así lo requiera.

El trabajo es gestionado por cocineras, maestras, madres, líderes comunitarios y milicianos que velan por que los protocolos de seguridad sanitaria sean cumplidos y entregan, casa por casa, las raciones diarias de alimento.

Todas las agresiones por las que ha pasado el país han preparado a la población venezolana y al Gobierno Bolivariano para enfrentar situaciones extraordinarias como esta. No es necesario salir a desbordar los comercios con compras nerviosas para tener suministros durante la cuarentena, porque la organización popular, impulsada por el chavismo, ha hecho más eficaz la articulación a lo interno del territorio.

El “enemigo” común global evidencia la falta de sentido común del capitalismo

Lo ha dicho Nicolás Maduro en varias ocasiones: “La vida no será la misma después de la pandemia”. Una reflexión que bien puede utilizarse para comprender que la expansión global de un virus estimuló aún más la crisis sistémica del capitalismo.

La moribunda hegemonía imperial de Estados Unidos y el mundo multipolar, del que Venezuela es representante en la región latinoamericana, son obligados por el desarrollo de los recientes acontecimientos a disputar su validez histórica sin apariencias.

Aquellos Estados que practican un modelo que responde a la influencia destructiva del capital no pueden esperar tener estabilidad. Pero lo más desolador es que están condenando a sus sociedades a la angustia de no saber qué tan desagradable puede llegar a ser el futuro, si tomamos en cuenta lo que ya están padeciendo en el presente.

Por otra parte, los Estados que eligieron el modelo que resguarda la vida por encima de cualquier otra aspiración prevalecerán cohesionados en el tiempo y estarán en la posibilidad de imponer un relato distinto al de las potencias occidentales.

De ese lado se encuentra Venezuela.

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