Mar. 06 Octubre 2026 Actualizado 3:15 pm

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Entendemos que la yunta con aquellos que quieren compartir la conversa descarnada sobre la realidad es la tarea inmediata (Foto: El Cayapo)

Los aplausos de los muertos

El discurso del señor Trump en la ONU, con su echonería de matón de barrio, con sus gritos destemplados, ofreciéndole plomo a todo el mundo, apostando al topo a todo, declarando la guerra sin más ni más: el mundo es para el más fuerte, quien gane se lo lleva todo.

Pero detrás de esas declaraciones altisonantes solo hay debilidad, nadie con poder real de hacer lo que dice lo pregona; nadie con cincuenta y uno y la mano en ajiley o con el perico y la perica, la reservada en el truco, tiene necesidad de pegar gritos, es decir, estamos en presencia de una caña para cazar incautos. El capital financiero-especulativo está envuelto en graves problemas y busca el respiro de la guerra como única salida conocida.

La realidad es que el pensamiento humano llegó a su fin y solo se repite en la inercia de sus construcciones físicas, basándose en la guerra para sostenerse en el poder, pero definitivamente no saldrá del tremedal, su destino, el basurero de la historia, aunque siga existiendo como un bodrio.

Mientras tanto, en esta mina escuchamos, vemos, leemos a gente en angustia, con ansiedad, exigiendo que le acomoden las cosas, queriendo, añorando volver al pasado, el de cualquier novia o novio que supuestamente alguna vez les quiso, a su graduación, a la celebración de sus quince años, con la orquesta La Billos o Los Melódicos; de cuando una vez les dijeron que serían importantes en la vida, porque su inteligencia se perdía de vista; los más antiguos, a la bonanza del "ta’ barato dame dos" o "de cuando Chávez", cuando todos fueron al exterior a raspar cupos y les pagaban a campesinos y obreros para que fueran también a raspar sus cupos, mientras se quedaban en su viveza clase media con una tajada.

Todos quieren volver a esa miserable gloria del consumo exacerbado, donde nunca les importó si el país fue vendido, hipotecado, sancionado, bloqueado, invadido, violado y obligado de nuevo, previo secuestro del presidente Maduro y de la compañera diputada Cilia, a negociar en condiciones de chantaje.

Ahora el desespero no es si se rescata al presidente, sino para cuándo son los reales, cuándo los veremos en las calles, o mejor dicho en nuestras cuentas para repetir nuestra mediocridad consumista. Ahora todos queremos volver a ser chavistas, cada uno está preparando sus maletas para ser de nuevo clase media en positivo, ya se están regresando algunos para reclamar lo que por derecho es su gota de petróleo, y los más agayúos, su barril, para luego venderlos como buhoneros que son.

Ya ninguno celebró a Trump, con su gorrita de MAGA y su banderita al estilo 4 de julio, ya nadie gritó "muera Maduro", y si lo gritó dirá: "Eso fue en un momento de mucha euforia, sabes, y uno dice cualquier tonteriíta de esas".

Todos los del Doral desean que Delcy les envíe aunque sea una carreta para que los salve de la deportación a África. Ahora juran por lo más sagrado que tienen, que es su cartera, que nunca más hablarán mal de la presidenta y tampoco le desearán la muerte a los chavistas, porque "lo juro, que seré clase media chavista, siempre y cuando el ICE no me agarre por los moños y me batuquee contra el suelo delante de todo el mundo. Si Delcy lo hace, por mi madre que seré antimperialista y odiaré a Trump y nunca más seré fan de María la loca".

Así son todos los esclavos domésticos, están convencidos de que el modo de vida impuesto es lo que debe ser. Para nada les interesa cambiarlo, solo cuando se ven afectados en su comodidad mediocre creen que el humano-capitalismo debe ser mejor administrado para que siga funcionando, que se necesita gente como ellos para que los hospitales, las escuelas, las fábricas, las calles, las urbanizaciones, las juntas de condominio, los partidos, los sindicatos o el gobierno marchen como debe ser. No se percatan que son ellos como profesionales, como políticos, artistas, académicos, científicos, quienes cumplen esas funciones en su mediana posición social.

Estos individuos creyentes en nubes de algodón nunca podrán entender que "una cosa piensa el burro y otro el que arriba lo arrea". Son tontos al querer que las cosas funcionen como ellos creen, en su dogma ilusorio. No entienden que una cosa es administrar y otra muy distinta ser dueño. No comprenden que a los dueños le conviene el funcionamiento tal y como está, y no nos referimos al dueño individual, sino al social, al sistémico.

Los esclavos manuales no podemos afiliarnos a esas creencias, porque en nada contribuirán al cambio de nuestra realidad.

Cuando se le habla a los muertos, zombis o moribundos, cualquier demagogia es válida; ya sea religiosa, utópica, mágica, mitológica, o por vía de discursos, canciones, poesías, sean de izquierda, derecha, centro, cóncavo o convexo, porque estas personas solo quieren estar como les dijeron o educaron para existir, son los no-vivos, los que pretenden que la vida se detenga para ellos mantener sus migajas.

Esta gente es la que cree que el cambio, lo distinto, la vida en su movimiento, son solo palabras que se pueden usar a conveniencia. Estas personas siempre abogarán en la añoranza por mantener las tradiciones y las costumbres creadas por la explotación, y aunque lo disfracen con palabras bonitas remacharán lo existente, consumiéndose la vida en nombre del progreso. Toda esta gente no entiende que somos maniquí sin contradicción, la gente pensante y viva debe comprender que los aplausos de los muertos que somos solo durarán hasta la puerta de la urna.

Nada se puede hacer por nosotros y nada podemos hacer por nosotros. Intentar comprender ese detalle nos lleva a otros niveles en el pensamiento, porque cuando escuchamos a Chávez decir "a nosotros nos robaron el futuro", no importa si él después dijo "voy a construir casas y haré que los muchachos jueguen pelota, etc.", a partir de ahí le está hablando a los muertos, es decir, miles de millones de muertos a los que nos han robado el futuro, porque lo importante es "a nosotros nos robaron el futuro". Y si el futuro fue robado, por muchos años que vivamos, nunca lo tendremos, nadie lo devolverá, no cambiará la realidad en lo absoluto, ni que lloremos, brinquemos o digamos consignas, panfletos, marchas, nadie devolverá ningún futuro, porque se lo consumieron desde hace 10 mil años, y se lo seguirán consumiendo hasta que dejemos de aspirar migajas. No hay rezo religioso, liberal, chavista, ni comunista que nos lo devuelva.

¿Qué toca hacer después que ese hombre nos dice tamaña verdad? ¿Desear morir en un botiquín, ahogando el despecho en música y ron? Pudiera ser, y cabe en el marco de la demagogia, pero la respuesta es pensar juntos, no para nosotros; pensar en cómo construir un futuro, y para quién ese futuro; porque la obviedad nos enrostra que no lo podemos pensar para nosotros, para quienes nos rodean, ni para las generaciones x o y; el futuro hay que pensarlo para gente que no sea como nosotros, que no desee, que no imagine como nosotros; el futuro tenemos que concebirlo desde un modo de producción donde viva la gente con comida, calzado, agua, casa, gente no carente, en otras condiciones y otras posibilidades.

Todo lo que intentemos resolver en el hoy será tragado por la vorágine del capitalismo, porque es el verdadero problema a resolver, porque toda esa carencia las genera para producir sus riquezas en un ciclo interminable.

Pensar para resolver problemas de este tiempo es un sinsentido, porque los problemas fueron creados antes de que nosotros existiéramos, y no podemos resolverlos 8 mil millones de enfermos, hambrientos, sin casa. Tenemos en la cola deseando tener y no ser, y nunca nos daremos cuenta que el que añora tener, no le importa el cómo, es lo mismo que querer salvar el río, el árbol, el mar, mujeres, obreros, campesinos, pescadores o cualquier otro gremio, en los que nos divide el humano-capitalismo pretendiendo reformular el cuadrado.

Lo que debemos comprender es que mientras exista el humano-capitalismo no habrá soluciones a los problemas que nos aquejan, porque si bien para nosotros son problemas, para el sistema imperante son una bendición, porque los necesita para existir.

De una vez por todas debemos entender los esclavos que somos mercancía vital para que el anciano sistema se regenere permanentemente. El problema tendría que plantearse desde esa perspectiva, el pensamiento hay que concebirlo, no se puede contaminar tratando de salvar pobres, negros, mujeres, niños, indios, porque somos consecuencia de una causa muy antigua. Nosotros no creamos la miseria, no creamos el deseo, pero habitan en nosotros.

Los gestos de buena voluntad terminan empantanados en la demagogia política, se tornan hipócrita en la religión; la propuesta de salvar esclavos termina por vivir de nosotros, sin explicar el origen de las cosas. En estos momentos somos papagayos sin rabo, al garete, brizna de paja, un cuerpo, estadística en el tumulto, vulgares individuos destruidos en medio del caos controlado por el sistema del humano-capitalismo, sin sentido de pertenencia, creyentes en derechos inexistentes, sin entender que los derechos los ejercen en este sistema quienes tienen poder.

No podemos seguir aterrados gritando estupideces al imperialismo como que no siga masacrando o cometiendo genocidios contra la vida, sin entender que ese comodín antiguo, en todas las épocas, ha sido usado para ocultar las atrocidades del poder. Ese es su deber ser, aunque camine hacia la tumba arrasando con todo a su paso.

Nosotros, por el contrario, debemos preguntarnos cuál es nuestro deber ser. No podemos seguir exigiéndole al gobierno que haga tal o cual cosa por nosotros. Hay una responsabilidad que debemos asumir, nadie nos puede obligar o inyectarnos el cerebro para que pensemos, nadie tiene un fosforito para iluminar el pensamiento colectivo, porque el pensamiento distinto debe ser creado; porque, de paso, lo por pensar no puede ser obra de simples individuos, sino que se necesita que millones de esclavos usemos el cerebro.

La juntura de los individuos, para lograr en primer lugar separarnos del humano-capitalismo, es una decisión muy personal, que no puede ser producto de prédicas alienantes donde se nos ofrecen mundos cargados de maravillas. Lo que nos decida a la juntura debe estar precedido del estudio de la realidad. Es un soñar despierto, es complicado, porque ya no tenemos una idea prestada; ya no es ni izquierdas o derechas, socialismo, anarquismo, religiones, comunismo, liberalismo, democracia, libertad, progreso, a lo que aferrarnos enajenadamente, ya que esos son juegos y reglas de los dueños, y ninguna de sus herramientas nos sirve a las grandes mayorías esclavizadas para superar la condición de sometidos.

Entendemos que la yunta con aquellos que quieren compartir la conversa descarnada sobre la realidad es la tarea inmediata. No desear el pensamiento, el pensamiento no es un añoro, porque la realidad no se inventa, es, la podemos ficcionar, ideologizar, pero la realidad al final debe ser pensada por la gente desde un íntimo ético, porque sabemos lo que podemos respetar y lo que no.

Esas exigencias de mis derechos, de mi lealtad, de mi libertad, de mi democracia, es pura paja, porque no sirve de nada, le sirve al que negocia, al que trafica. Pero si no estamos ganando, ¿para qué traficar de gratis, qué estupidez es esa de "viva la libertad" pa arriba y pa abajo? Pero, ajá hermano, ¿cuánto estás cobrando? Eso está bien para María Corina o José Patines, que están monetizando en serio cada vez que dicen viva tal o cual pendejada de esas.

Esas idioteces tienen que ser cuestionadas, y crear mecanismos para encontrarse en formas orgánicas que lo permitan. Así es que son las cosas, no son de otra manera, no van a ocurrir de otra manera, porque si ya estuviera estructurada una idea distinta al capitalismo, a la cultura capitalista, a la cultura humana, no tendríamos mucho que pensar, solo afiliarnos y ya; nos acomodamos, nos sentimos bien y lo único que debemos respetar son esos códigos.

Para pensar necesitamos el desprendimiento absoluto, sin esperar nada a cambio, porque los aplausos de los muertos de nada servirán en el futuro.

Un buen día

cuando los humanos ya no estén

este planeta viajará tranquilo

en medio de su caos permanente

y nosotros como especie

estaremos allí

para vivirlo

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