Mar. 09 Junio 2026 Actualizado 10:16 am

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Insistimos: la mesa del pensamiento distinto está servida. ¿Quiénes se agrupan en torno a ella? (Foto: El Cayapo)

El exilio y el regreso de la derrota

"Esto no es un problema de Maduro, sería muy sencillo si fuera un problema mío; se lo digo a nuestro pueblo que tanta conciencia tiene. Es un problema de un país entero que tiene derecho a vivir, a soñar un futuro esplendoroso. Hace falta una gran rectificación profunda, hace falta un reaprendizaje profundo, hace falta hacer las cosas de nuevo, más allá de la consigna y del aplauso. No estamos haciendo las cosas bien y tenemos que cambiar a este país".

Las personas pueden cometer errores, equivocarse, tomar decisiones erradas, una vez, tal vez dos o hasta tres, en diferentes circunstancias, pero cuando se cometen repetidamente entonces es un patrón, es una obstinación, es una necedad, es un nunca cambiaré.

Los actos equivocados siempre estarán afectando a las demás personas para dañarlas. Hagan lo que hagan, digan lo que digan, siempre estarán repitiendo el patrón, porque están convencidas de que no hay otra cosa que hacer.

Nunca la ficción podrá superar la realidad. Por redes observamos a un hermano que odia a otro y usa a su sobrino para justificarse. Pobre Tarantino, no tener a ese sobrino para un próximo Óscar.

Desde el mismo momento en que el presidente Chávez gana abrumadoramente las elecciones de 1998, ya los opositores habían montado un golpe de Estado, no esperaron para evaluar si gobernaría bien o mal.

Desde entonces el ataque no se ha detenido. Ya estamos en 2026 y la derrota campea en los lados del cada día más escuálido grupo dirigente opositor, no por flacos, sino por lo poquito que son.

Hoy regresan del exilio auto-impuesto, sin reflexión, sin análisis, sin planes, sin ideas, sin proyectos de país. Nadie propone como mínimo un partido, una organización, así se deben hacer las cosas; solo vienen por la revancha.

Con sus caras mal lavadas, llegan aplicando las mismas artimañas con las que ya fueron derrotados, con las mismas consignas, con las mismas mentiras, con el mismo terrorismo de siempre, con el pensamiento mágico del triunfo, con las mismas amenazas de los vamos a exterminar, de los te odio, de los no te quiero negro zarrapastroso, de los váyanse todos de Venezuela malditos gorgojeros, de los haremos comer las alfombras, de los no les daremos agua ni comida, de los asesinos y torturadores; con sus mismos chous baratos de "me están persiguiendo, Nicolasito dio la orden de torturar a mis hijos, claro que no tengo pruebas, es solo un ejemplo, pero como ya dije que eran asesinos torturadores, deben creerme, apóyenme, no me dejen solo, que me está esperando en el camino".

En fin, la amargura, la rabia, el desconcierto, el desatino en cada acción y cada verbo es lo que vemos, escuchamos, sentimos en estas personas que, durante su exilio o su heroica lucha, lo que hicieron fue engordar sus arcas sin ser gobierno, siquiera de sus casas.

Es inexplicable cómo estos honorables luchadores exiliados se hicieron millonarios, denunciando una persecución atroz en su contra. ¿Cómo unas personas perseguidas y en clandestinidad, pudieron acumular fortunas? ¿Con qué tiempo lo hicieron? ¡Claro, gracias por aclarar! Se entiende, en Venezuela estaban ahogados con su libertad constreñida y en el exilio la plata se consigue botada en las calles, con un poco de trabajo honesto aquí y allá todo el mundo se hace rico, en medio de tanta prosperidad.

¿Verdad? ¿Y entonces por qué se devuelven a pasar roncha a esta mina? Muy sencillo: para recordarnos cómo se vive mejor con los adecos y sus descendientes, para compartir el altruismo que les brota por los poros, porque su don de buena gente no los deja vivir en paz y quieren salvarnos de la atroz dictadura contra la que se pueden montar todos los chous que les dé la gana sobre desaparecidos aparecidos, sobre torturados sin rasguños, sobre hambrientos más gordos que un cochino capón, sobre presos moribundos que luego atraviesan en lanchas rápidas el mar diciendo que se fueron en avión, sobre mochilas azules, sobre drogadictos asesinados en burdeles donde se reparte ayuda humanitaria, sobre embajadas donde los asilados son extraídos por platillos voladores o luces misteriosas de políticos que invaden embajadas para saber el estado de salud de los diplomáticos extranjeros, de gente que matan en las cárceles y luego se embarazan por las redes, no de la prisión, sino del blutú, de gente que canta fraude, con cajas, con primarias, con teléfonos, con actas, con micrófonos y nunca presentan pruebas, engañadores de oficio, incapaces de administrar lo que sea apenas agarran unos realitos y ya los andan fanfarroneando en ropa, viajes, carros, pádel, tenis, yates, burdeles, restaurantes, drogas.

Pero lo peor de ellos son sus intelectuales, sus transmisores de información, seres sin ideas propias, corta y pega, plagiadores compulsivos, donde el palangrismo y los apretones de bolas son una acción respetable que se tasa muy bien de acuerdo con el estatus del apretador o palangrista, que de paso nada tiene que ver con la respetable profesión de la pesca. Aclaremos: el palangre es una técnica donde se usa una cuerda con cientos de anzuelos y carnadas que se colocan a lo largo de la cuerda y se sueltan en el mar mantenidas sus puntas por bollas, allí se engancha el pez. Es una técnica laboriosa que la ejercen todos los pescadores artesanales del mundo.

Estos escritores de telenovelas, estos popis y payasitas nifú nifá (que jamás llegarán a ser respetables payasos profesionales) periodistas, comunicadores, locutores, animadores, son es mercenarios de la palabra y la imagen, donde el grito destemplado, la falsa noticia, el mal teatro y el manipular de los titulares son lo importante a la hora de engañar al incauto.

Estos aspirantes a políticos son el último ripio que nos ha dejado la Cuarta República, personas que el deterioro cultural del sistema humano-capitalista ha llevado a la política, buscando en este medio cómo ganar sin invertir, son empresarios de maletín lleno de papel tualé que buscan medrar en torno al Estado.

Su inteligencia, su esfuerzo, su constancia solo se usa para mantener la posición mediocre en todo lo que realizan, eso sí, evitando siempre que alguien supere la mediocridad que les habita como tuétano en los huesos. Pero si no fuera por el daño causado, se les pudiera tomar como gente estúpida y banal que hacen lo que hacen porque piensan que son importantes y nadie los ve.

Se acaba el pensamiento y el mediocre se hace cargo de la inercia arropando a todas las élites con una sola idea: mantenerse en el poder sin importar consecuencias, gritando a todo pulmón que todo debe ser de ellos. Los empresarios que un día fueron capitanes de empresas, hoy sin ideas, no son más que vulgares estafadores, simples emprendedores mediocres, incapaces de hacer evolucionar nada, lo que es aplicable a las demás esferas del hacer social y cultural existente.

Como los mediocres no crean ideas, sino que solo repiten panfletos, son creyentes, conformistas. El mediocre cree que es superior, cree que tiene derechos, cree que hay democracia para él, cree que lo deben proteger porque es humano, cree en dios, la magia, el bien, el mal, la brujería, la ciencia, quién se comió mi queso; es, en fin, un creyón que mientras consume es feliz. El mediocre no sabe por qué razón debe gobernar o dirigir, solo lo hace para mantenerse en el poder, toda su inteligencia la usa para sostenerse y sostener el poder, su existencia no tiene otra razón de ser.

Los mediocres gobiernan el mundo, acumulan peretos, no piensan. Así es la historia del mediocre: el mediocre sigue al mediocre; no crea, cree; no genera, siempre está consumiendo; y su gran deseo en el mundo es que lo dejen solo consumiendo, sin que nadie lo moleste.

El mediocre es un adicto compulsivo, un gobernante mediocre le deja el cargo a uno más mediocre para que no lo supere. Son muy inteligentes para crear madejas organizacionales, para controlar el poder que proponen cambiar para que nada cambie. El mediocre cree en su propio relato porque otros mediocres lo hacen posible con sus dogmas, aplausos y acciones.

Pero estos mediocres no solo están en Venezuela, no señor, usted los consigue repartiendo premios nobeles y recibiéndolos, los consigue juntos en trenes dándose un pase, ordenando asesinatos de niños, genocidios, invadiendo países, robando petróleo; en los archivos Epstein los consigue por carretadas, y ante las cámaras se presentan como un dechado de virtudes.

Estos empresarios, artistas, académicos y políticos son quienes gobiernan el mundo, pero nadie los denuncia ni condena, porque todos aspiramos a estar en la posición que ellos están, porque todos trabajamos en las mismas empresas, en las mismas oficinas, en las mismas iglesias, en los mismos cuarteles, en las mismas academias, en los mismos estadios, museos y casas de cultura, en los mismos ateneos, estudiamos en las mismas escuelas, liceos y universidades, medramos en los mismos centros académicos, porque de alguna manera en el imaginario ideológico nosotros somos ellos, porque todos somos humanistas compulsivos y queremos siempre llegar al tope de la popularidad. Pero como los ocho mil millones de esclavos no podemos, nos conformamos con los laik y los me gusta de las redes, mientras soñamos que alguien que no sea yo me quite de encima la mediocridad que me habita.

Eso somos y en eso estamos, nadie nos salvará de nada, todos pretendemos que alguien, en este caso los gobiernos, nos arreglen las cosas, ninguno se percata de que es un sistema que sostenemos y que no tiene arreglo. Ejemplo: no es posible parar el genocidio en Gaza porque los señores empresarios y la caterva que medra en su entorno necesitan esas tierras para apoderarse del gas y el petróleo que la circunda, pero además necesitan la tierra para construir mundos bonitos donde la mayoría no estará sino como el esclavo que somos; a nosotros nos invadieron no fue para librarnos de Maduro sino para robarnos mejor, no solo el petróleo, sino todos los demás recursos; a Irán y a los pueblos árabes los están intentando masacrar para igualmente despojarlos de sus recursos. Ningún relato lo justificará pero lo creeremos.

Está bien, los señores y señoras regresan con su misma cantaleta, con su mismo son. ¿Le haremos el coro o nos dedicamos a construirnos nosotros? Porque solo haciendo lo distinto podemos salir del atolladero.

Claro que no basta con el "dejen tranquilo al loco", porque su manía es fija, cree que todos lo queremos joder y él siempre estará atentando contra esa fijación. La lógica es que debemos estar pendientes.

Pero nosotros, quienes imaginamos otro mundo desde la contradicción de ser esclavo y querer dejar de serlo, debemos pensar en otra manera de vivir, donde la mediocridad no sea cotidiana y sea la excepción. Insistimos: la mesa del pensamiento distinto está servida. ¿Quiénes se agrupan en torno a ella?

— Somos un grupo de investigadores independientes dedicados a analizar el proceso de guerra contra Venezuela y sus implicaciones globales. Desde el principio nuestro contenido ha sido de libre uso. Dependemos de donaciones y colaboraciones para sostener este proyecto, si deseas contribuir con Misión Verdad puedes hacerlo aquí<