Vie. 24 Abril 2026 Actualizado 4:21 pm

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Irán mantiene su apuesta máxima empleando el valor geoestratégico del estrecho de Ormuz (Foto: Giuseppe Cacace / AFP)
Informe especial

Irán redefine la arquitectura geoeconómica global

El conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán ha precipitado una crisis energética severa debido al control asimétrico del estrecho de Ormuz por parte del país persa. Por allí transita aproximadamente una quinta parte del petróleo y gas natural licuado (GNL) mundial, así como 30% de fertilizantes nitrogenados.

Es por esto que Irán ha logrado reconfigurar las dinámicas del sistema geoeconómico global, una vez que la guerra ha expuesto las limitaciones estructurales del poder militar estadounidense y ha generado condiciones de indeterminación a mediano y largo plazo que desafían los fundamentos del orden energético mundial.

ACUERDOS, DESACUERDOS, DESCONFIANZA Y DESAFÍOS

La falta de confianza constituye el obstáculo fundamental para cualquier acuerdo entre ambas naciones. Irán desconfía profundamente de las intenciones de Washington, particularmente de Trump, quien abandonó unilateralmente el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA, por sus siglas en inglés) de 2015 sin alegar violaciones iraníes.

El experto Karim Sadjadpour, del Fondo Carnegie para la Paz Internacional, subraya que "el nivel de confianza entre Estados Unidos e Irán siempre ha sido muy bajo, pero ahora es inexistente", percepción fundamentada en un patrón histórico de ataques estadounidenses durante procesos diplomáticos, incluido el bombardeo que causó la muerte del líder supremo iraní un día antes de una reunión programada en Ginebra en febrero de 2026.

Mientras el gobierno estadounidense prioriza la gestión de imagen política y la obtención de titulares favorables para consolidar su posición doméstica, Irán busca concesiones técnicas, verificables y escalonadas que garanticen la seguridad de la gobernanza ayatollah y reconozcan sus derechos soberanos, incluido el enriquecimiento de uranio y el control sobre el tránsito en Ormuz.

A pesar de las profundas divergencias, existen áreas donde podrían converger los intereses de ambas partes. El control del estrecho de Ormuz representa el punto central de cualquier negociación debido a que Irán busca reconocimiento fáctico de su jurisdicción sobre las aguas de dicho cuello de botella, mientras Estados Unidos requiere garantías de libre navegación. La crisis sin precedentes motiva a ambas partes a buscar soluciones y, adicionalmente, existe un consenso implícito sobre la necesidad de evitar una escalada nuclear.

Las negociaciones en Islamabad, realizadas en semanas recientes, evidenciaron desacuerdos fundamentales. Estados Unidos presentó 15 demandas que Irán rechazó masivamente contraproponiendo 10 puntos que incluían el reconocimiento del control iraní sobre Ormuz y el derecho al enriquecimiento de uranio bajo el Tratado de No Proliferación Nuclear.

Irán exige, además, reparaciones por los daños causados durante seis semanas de bombardeos, la devolución de 27 mil millones de dólares congelados en el extranjero, y el levantamiento completo de sanciones. La inteligencia estadounidense reconoció que la capacidad iraní para reponer armas sigue siendo considerable, lo que dificulta los objetivos militares originales de Washington, que incluían el cambio de régimen y la destrucción de la capacidad militar de Irán.

Internamente, la élite política estadounidense enfrenta tensiones entre la retórica belicista, la presión de los mercados energéticos y el costo político de una guerra prolongada. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, advirtió los riesgos sobre la "Operación furia económica" para asfixiar financieramente Irán, mientras sectores republicanos temen el impacto en los precios de la gasolina ante las elecciones de medio término.

En Irán, pese a narrativas externas sobre fracturas, el liderazgo mantiene cohesión en torno a la resistencia y la exigencia de garantías verificables antes de cualquier acuerdo.

ALTO AL FUEGO Y BLOQUEO: IMPLICACIONES INMEDIATAS

El estrecho de Ormuz operó durante más de seis semanas a menos de 10% de su capacidad, lo que generó consecuencias inmediatas en los mercados energéticos globales. Según análisis de Kpler, la pérdida acumulada de producción petrolera alcanzó 500 millones de barriles a mediados de abril, con proyecciones de superar los 650 millones para finales de mes. La producción saudita cayó desde 10,1 millones de barriles diarios en febrero hasta aproximadamente 6 millones en abril, mientras los ataques iraníes a infraestructura saudita afectaron el oleoducto Yanbu, las instalaciones de Manifa y los sitios de Khurais, lo que redujo la exportación desde el golfo desde aproximadamente 15 millones hasta solo 7 millones de barriles diarios.

La Agencia Internacional de la Energía (AIE) calificó la situación como "la mayor crisis energética de la historia", al superar los shocks de 1973, 1979 y 2022 combinados, dado que por Ormuz circula aproximadamente 20% del petróleo y gas global. Las pérdidas acumuladas de producción podrían alcanzar 700 millones de barriles para finales de abril, con una recuperación estimada en más de siete meses, incluso si el estrecho se reabriera inmediatamente.

Un fenómeno significativo radica en la creciente desconexión entre los mercados de futuros y la realidad física del petróleo. Mientras los futuros de WTI y Brent se mantienen alrededor de los 100 dólares por barril, los precios reales del petróleo físico alcanzaron los 140 dólares, con proyecciones de Kpler que sugieren que serían necesarios precios de 160 a 170 dólares para destruir suficiente demanda y reequilibrar el mercado. Los inventarios de gasolina de Estados Unidos se encuentran en sus niveles más bajos en casi 16 años, mientras el queroseno y el diésel ya registran precios históricos superiores a 200 dólares por barril equivalente.

Estados Unidos mantiene un bloqueo naval que impide tanto la entrada como la salida de petroleros desde puertos iraníes, aunque 34 tanqueros vinculados con Irán han logrado evadir las restricciones navales estadounidenses, según datos de Vortexa. La "Operación furia económica" del Departamento del Tesoro busca debilitar sistemáticamente la capacidad de Teherán de generar, mover y repatriar fondos amenazando con sanciones a cualquier persona o embarcación que facilite flujos comerciales iraníes. Sin embargo Scott Bessent, secretario del Tesoro, reconoció implícitamente las limitaciones al anunciar que en cuestión de días los depósitos de la isla de Kharg estarían llenos, lo cual evidencia que el bloqueo no ha logrado su objetivo de paralizar completamente la infraestructura petrolera iraní.

IMPACTOS GLOBALES A MEDIANO Y LARGO PLAZO

El control iraní sobre Ormuz está reconfigurando fundamentalmente el orden energético mundial. Aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de petróleo y gas natural licuado no tiene alternativas reales a corto plazo, lo cual otorga a Irán un poder de negociación sin precedentes. La guerra ha demostrado que el enfoque de la fuerza ha generado precisamente lo contrario: un Irán más fortalecido que antes, con un control efectivo del estrecho que podría remodelar drásticamente el orden mundial en detrimento de Estados Unidos.

Al convertir un cuello de botella marítimo en un instrumento de poder asimétrico, Irán fuerza una reevaluación de la seguridad regional y cambia la correlación energética basada en la dependencia de esta ruta crítica. Esto acelera tendencias hacia la regionalización de cadenas de suministro, la diversificación de fuentes energéticas y la búsqueda de mecanismos de pago alternativos al dólar, lo cual beneficiaría indirectamente a China y a bloques emergentes.

En los próximos meses, si persiste la escasez sostenida de petróleo, derivados y materias primas asociadas (GNL, úrea, azufre, helio) al estrecho, se generarán presiones inflacionarias persistentes, lo que limitaría la capacidad de los bancos centrales para estimular el crecimiento sin exacerbar la inflación. La combinación de deuda global elevada y tasas de interés altas podría desencadenar un espiral de restricción fiscal, contracción del crédito y estanflación, especialmente en economías importadoras netas de energía.

A largo plazo, la indeterminación estratégica favorece una reconfiguración multipolar. China, principal importador de crudo iraní, podría fortalecer alianzas energéticas con Teherán y otros productores del golfo, mientras Europa y Asia aceleran transiciones energéticas forzadas por la inseguridad de suministro. No obstante, la escasez de minerales críticos para la electrificación (cobre, níquel, tierras raras) limita la viabilidad de una sustitución rápida y mantendría una vulnerabilidad sistémica.

Por ahora, la proyección de reducción de inventarios indica una escasez acumulada de aproximadamente 1 400 millones de barriles que requerirá 7 meses para recuperar la producción y 18 meses adicionales para reponer inventarios, lo cual mantendrá precios elevados durante al menos dos años.

La escasez de productos derivados del petróleo, incluidos el diésel, queroseno y gasolina, junto con la reducción de producción de fertilizantes nitrogenados, generará presiones inflacionarias sobre los precios de alimentos a escala global. El déficit proyectado de cobre de 30% para 2035-2040, exacerbado por la escasez de ácido sulfúrico requerido para su extracción, representa un indicador adicional de la transformación estructural del sistema de comercio de materias primas.

¿CONTINUIDAD DE LA GUERRA? INCERTIDUMBRE Y ARISTAS CLAVES

El gobierno iraní percibe que Trump no quiere continuar la guerra a pesar de su retórica beligerante mientras la base política republicana se rebela ante un presidente que se convirtió en belicista y las perspectivas electorales caen mientras los precios del petróleo suben. Irán busca seguridad a largo plazo, no una tregua temporal, y está dispuesto a seguir soportando un enorme sufrimiento económico antes de ceder en intereses fundamentales. Las conversaciones de 16 horas en Pakistán fracasaron porque Irán quiso negociar, no capitular.

Irán entiende, pese al fortalecimiento del cerco económico en su contra, que el tiempo le favorece. Los persas apuestan a pasar meses de largo dolor, pero creen que sostener más semanas la situación actual podrían ser muy perjudiciales para la Administración Trump y su economía. En eso se basa la denominación política de su enfoque asimétrico. 

Las palabras de Trump en Truth Social reflejan la incapacidad de Washington para imponer sus condiciones: "dado que el gobierno de Irán está gravemente dividido, se solicitó suspender el ataque hasta que los líderes iraníes presenten una propuesta unificada". La falta de respuesta formal de Teherán a la invitación de negociaciones evidencia que el conflicto podría prolongarse indefinidamente. El profesor Robert Malley, exnegociador con Irán bajo las administraciones de Obama y Biden, advierte que la parte iraní insistirá en un camino lento, gradual y por etapas para cualquier acuerdo, verificando paso a paso si Washington cumple lo que firma.

El futuro de las negociaciones depende de factores contradictorios: la necesidad estadounidense de una salida política en la brevedad, la determinación iraní de obtener garantías verificables, y la presión de mercados energéticos al borde del colapso. Sin embargo, la ausencia de confianza mutua y la tendencia de Trump a cambiar los objetivos negociadores reducen la probabilidad de un acuerdo duradero.

La incertidumbre fundamental radica en si el poder estadounidense ha encontrado genuinamente los límites de la fuerza militar, lo que se presencia, quizás por primera vez, son los verdaderos límites de su proyección de ese poder. Nunca antes dicho poder ha sido expuesto como tan débilmente ineficaz a escala global. Que la inteligencia estadounidense ahora admita que aproximadamente el 70% del arsenal de drones y missiles iraní podría estar intacto, contradiciendo las afirmaciones iniciales de que el 70-90% había sido destruido. Esta realidad sugiere que la indeterminación geopolítica resultante del conflicto podría prolongarse durante años y que ha reconfigurado permanentemente las relaciones de poder en el sistema internacional.

En definitiva, el Estrecho de Ormuz se ha consolidado como el nuevo nudo crítico del sistema geoeconómico global, donde Irán ejerce control asimétrico que transforma coyunturalmente los flujos de materias primas, esto fuerza una reconfiguración de la geoeconomía multipolar y de la arquitectura energética mundial.

La crisis energética actual, calificada como la mayor de la historia por la AIE, genera presiones inflacionarias persistentes que limitan opciones de política macroeconómica global y debilitan políticamente a Estados Unidos y otros gobiernos occidentales.

Irán ha cruzado el Rubicón usando su carta geoestratégica más alta. Al imponerse en Ormúz, han adquirido una escala de poder coercitivo inédito, un poder al que, difícilmente, quieran renunciar. Esto podría cambiar la arquitectura de seguridad regional y las correlaciones de poder en Asia Occidental, con el colateral de la desfiguración del sistema energético tal como lo conocíamos antes de febrero.

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