Vie. 19 Abril 2024 Actualizado 8:53 pm

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El bloque viene aumentando su incidencia a nivel geoeconómico y geopolítico de forma constante (Foto: VCG)

¿Por qué EE.UU. ve a los BRICS como una amenaza?

La discusión que se genera en torno a los Brics y las pasiones que despierta su abordaje son amplias, sobre todo en estos últimos años cuando se ha hecho más evidente la confrontación Occidente–Oriente aupada de forma explícita por Estados Unidos desde las presidencias de Barak Obama —contra Rusia— y Donald Trump —contra China—.

Aspectos concretos que se han venido materializando desde su primera reunión formal realizada en la ciudad de Ekaterimburgo, Rusia, en 2009, cuestionan y disputan el liderazgo que Occidente en general, pero particularmente Estados Unidos, está ejerciendo desde el fin de la Guerra Fría. Dichos aspectos se pudieran sintetizar en dos áreas en las que se hacen más evidentes las disputas al liderazgo de Occidente por parte de los Brics (Brasil, Rusia, India, China y Suráfrica) en estos ya casi 15 años de funcionamiento: una en la dimensión económica–comercial y la otra en la política–diplomática.

Recordemos que estos logros surgen de los objetivos que el bloque se planteó en esa primera reunión en la ciudad rusa y que se plasmaron en la Declaración Conjunta de los líderes del BRIC —sin Suráfrica— enfocados en: a) reforma del sistema financiero internacional (párrafo 3), y b) la reforma de la Organización de las Naciones Unidas y del relacionamiento internacional (párrafo 14).

Por mayor representación: Reforma del Sistema Financiero Internacional

Contextualicemos. Tras la crisis financiera de 2008, la economía mundial presentó desafíos complejos de recuperación, los países emergentes —con China a la cabeza— tenían fortalezas que podían impulsar, como efectivamente ocurrió, la recuperación económica mundial.

No obstante, dado su peso en la economía global y la incidencia que tuvieron en los primeros años luego de la crisis, los Brics solicitaban cambios dentro del sistema financiero internacional, fundamentalmente en el Fondo Monetario Internacional (FMI) y en el Banco Mundial (BM). En términos generales, las reformas estaban direccionadas a modificar la estructura de cuotas y de gobierno del FMI y del BM, y eran exigencias reiteradas de parte de los miembros del bloque.

Si bien las medidas se adoptaron dentro del FMI durante el año 2016 y los Brics alcanzaron parte de las demandas que venían exigiendo, el grupo apostó no solo por la reformulación de lo existente sino también por la generación de una arquitectura financiera propia, adaptada a las realidades de financiarización, comercio exterior e inversión intragrupo:

Entre las reformas alcanzadas dentro del FMI destacamos:

  • Aumento de las cuotas de los 188 países en los Derechos Especiales de Giro (DEG) —477.000 millones, equivalentes a unos USD 659.000 millones—.

  • Una redistribución de más de 6% de las cuotas relativas hacia los países de mercados emergentes.

  • Cuatro países de mercados emergentes —Brasil, China, India y Rusia— se incorporaron entre los 10 principales países miembros del FMI.

  • Ingreso del yuan Chino (CNY- 元) al grupo de divisas que el Fondo Monetario Internacional toma como referencia para calcular el valor de su DEG, equivalente a una moneda virtual con la que la institución internacional gestiona sus pagos.

No obstante, no hubo avances importantes en la estructura de dirección de los ejecutivos del fondo y las reformas han sido mínimas o muy tenues; por ejemplo, Europa sigue, hasta la fecha, controlando la Dirección del organismo mientras que Estados Unidos domina la del BM.

Sin embargo, lo más disruptivo, y se presenta como el avance más sólido y visionario que ha tenido el grupo, es la creación de una institucionalidad financiera y de inversión propia, fuera de las lógicas del sistema financiero internacional surgido de los acuerdos del Brettom Woods. Nos referimos, específicamente, al Nuevo Banco de Desarrollo (NBD), cuyo objetivo es movilizar recursos para financiar proyectos de infraestructura y desarrollo sostenible no sólo en los países Brics sino en otras naciones emergentes; y al Fondo de Reserva, pensado como mecanismo preventivo y de apoyo a la liquidez de balanza de pagos de los países miembros. Ambas instituciones constituyen un aporte para enfrentar la volatilidad y promover la estabilidad financiera del grupo y de la misma economía global.

El Fondo de Reserva y el Banco ya están operativos y, aunque sus alcances siguen siendo modestos, representan importantes avances en la consolidación de estructuras financieras propias, alejadas de los condicionamientos y mandatos de Occidente. Además, la posibilidad de que países extrabloque puedan participar en estas experiencias, como actualmente lo hacen algunos Estados árabes en el NBD, se constituye en opciones ciertas más allá de los nefastos condicionamientos impuestos por la institucionalidad financiera actual.

Mención particular merece el Mecanismo de Cooperación Interbancaria Brics, por medio del cual, durante los últimos 13 años, los bancos miembros han firmado acuerdos de acción multilateral en áreas como el crédito en moneda local, desarrollo sostenible y financiamiento de infraestructura, fintech y finanzas responsables. Esta realidad se ha traducido en una sólida fuerza impulsora para la cooperación financiera Brics y la facilitación del comercio y la inversión.

Disputando la narrativa: por un nuevo orden internacional

Quizá menos palpable, pero con un impacto geopolítico igual de potente, junto a la creación de nuevas estructuras financieras internacionales encontramos el cuestionamiento que la plataforma está realizando al orden internacional que se estableció luego de la caída del Muro de Berlín y el fin de la Guerra Fría, enarbolado por el Occidente Colectivo con la promoción del llamado "orden basado en reglas" como brújula de navegación.

"Orden" que, dada la ambigüedad de su definición, solo puede interpretarse como la materialización de los intereses de Estados Unidos y su séquito occidental a escala planetaria. Sobre esto, comentaba el viceministro de Relaciones Exteriores de China, Xie Feng, durante sus conversaciones con la Subsecretaria de Estado estadounidense Wendy Sherman en 2021, que ese "orden internacional basado en reglas" era "un intento de un número pequeño de países occidentales, incluido Estados Unidos, de empaquetar sus ‘preceptos familiares y reglas de bando’ como normas internacionales".

Un análisis minucioso de las distintas declaraciones realizadas por los Brics últimamente en el marco de sus reuniones anuales permite asegurar que el bloque apuesta por un enfoque que muchos catalogan de neowestfaliano (Brosig, 2021 y Villamar, 2016), expresado en el énfasis por la igualdad soberana de todas las naciones, la integridad territorial, la no intervención, un estilo no coercitivo de diplomacia internacional y el rechazo del comportamiento neoimperial.

En pocas palabras, un retorno al concepto de la soberanía como valor y la no intervención como principio amparado en el respeto al derecho internacional y a la Carta de las Naciones Unidas, según el cual la aplicación de medidas coercitivas unilaterales, ampliamente empleadas por Occidente contra países incómodos para sus intereses, no tiene cabida.

De allí el interés que despierta este espacio para futuras adhesiones, una agrupación intergubernamental que valora el diálogo y la concertación intramiembros, se ocupa de los asuntos en los que hay encuentro de intereses y que no discute sobre política interna. Ello luce atractivo en un contexto donde las sanciones y la diplomacia coercitiva se imponen.

Resalta, además, el grado de cooperación y dialogo político que ha logrado establecer el grupo a pesar de las diferencias tan profundas que existen entre sus miembros y que a pesar de eso se apueste por seguir profundizando los espacios de encuentro y la construcción de posiciones comunes, todo potenciado con la presencia de India y Brasil en el Consejo de Seguridad durante el período 2021–2022 y 2022–2023, que podrán incidir en las discusiones del foro al contar con casi un tercio de los votos.

Nuevas tareas para próximos logros

Pareciera que dos son los temas que coparán la agenda de la próxima cumbre Brics a celebrarse en Johannesburgo, Suráfrica, a finales de agosto de 2023: 1) la viabilidad —o no— del uso de una moneda del grupo con miras a la desdolarización del comercio y la economía del bloque; 2) la ampliación de la membresía del grupo. Asuntos correspndientes, como iniciamos esta nota, con el área económica–comercial y con el área política–diplomática, respectivamente.

Sobre la desdolarización y el uso de una moneda para las transacciones económica–comerciales del grupo, más allá de que se alcance o no, la realidad que viven miembros del bloque como Rusia y China, objetos de sanciones económicas por parte del llamado Occidente Colectivo —en especial Rusia—, los empuja a buscar soluciones que proporcionen mecanismos que evadan estas medidas, materializadas fundamentalmente en las restricciones al Swift y al uso del dólar como moneda de intercambio. Es importante señalar que estas alternativas ya existen fuera de los Brics —como bloque—.

A pesar del escepticismo que algunos think tanks imprimen a los esfuerzos de esta instancia por alejarse del predominio del dólar debido a lo complejo de desacoplar el comercio internacional, hoy dominado en un 90% aproximadamente por esta moneda, lo cierto es que los Brics han demostrado una capacidad de alcanzar acuerdos en aspectos tan complejos como los que supusieron el NBD y el Fondo de Reserva, por lo que podríamos estar a las puertas de una nueva moneda de intercambio, al menos en el comercio de los Brics, como lo refiere Joseph Sullivan.

Por otro lado, lejos de ser menos complejo, la ampliación de la plataforma no se puede dar por sentada, implica una oportunidad a fines de que el grupo exponga toda su capacidad para consensuar posiciones que coadyuven a su fortalecimiento, tomando en cuenta las áreas de influencia por región, el ejercicio soberano e independiente especialmente en política exterior de los Estados aspirantes

Es probable que de la reunión surja una hoja de ruta que los países aspirantes deban seguir como paso previo a su incorporación, o que veamos nuevos miembros en las instituciones financieras que han creado y que son un acervo para el bloque como el NBD y el Fondo de Reserva. Lo cierto es que, independientemente del resultado concreto de esa posible ampliación, la intención expresada por más de 30 países de ser parte de estas iniciativas da cuenta del peso y prestigio que los Brics van adquiriendo en el diseño del nuevo orden internacional, que va surgiendo con un ritmo y dinámica propia.

En todo caso, se avance o no en las propuestas planteadas previamente a la cumbre de Johannesburgo, no hay duda de que el bloque viene aumentando su incidencia a escala geoeconómica y geopolítica de forma constante, y seguirá así en el futuro mediato.

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