La deuda se ha convertido en una de las formas más extendidas de dependencia económica de las sociedades contemporáneas. En Argentina, como en otros países de América Latina, el endeudamiento de las familias expone una contradicción cada vez más difícil de ignorar: sostener las condiciones básicas de vida exige recurrir a compromisos financieros que reducen los ingresos futuros.
Para el sociólogo y filósofo francoitaliano Maurizio Lazzarato, autor de "La gran violencia. Por qué la guerra y no la revolución", este fenómeno obliga a mirar más allá de las dificultades económicas individuales y preguntarse por las relaciones de poder que organizan el sistema. En una entrevista con Tiempo Argentino, publicada el 10 de octubre, Lazzarato conecta esa realidad con una transformación histórica del capitalismo y con las tensiones que atraviesan el orden internacional.
La economía de la deuda
Lazzarato sostiene que el endeudamiento de las familias forma parte de una transformación estructural del capitalismo que se intensificó a partir de la década de 1970. En la entrevista con Tiempo Argentino, el filósofo explica que desde 1971 la economía occidental se ha organizado progresivamente alrededor del crédito, que pasó a ocupar un lugar central en el acceso a bienes y servicios.
"En lugar del salario, en lugar del bienestar social, los bienes y servicios deben adquirirse a crédito", afirma. La expansión del endeudamiento está vinculada, en su análisis, con el deterioro de los salarios y la reducción de la protección social. Cuando los ingresos no alcanzan para cubrir gastos de salud, educación, pensiones o alimentación, las familias recurren a préstamos que comprometen sus ingresos futuros. Los intereses convierten esas obligaciones en una fuente continua de transferencias hacia los acreedores.
El filósofo extiende este mecanismo a las finanzas públicas. Los Estados recurren a acreedores privados para cubrir sus necesidades de financiamiento y destinan una parte de sus recursos al pago de intereses. De este modo, la deuda condiciona tanto la economía doméstica como la distribución de la riqueza nacional. "La deuda es una forma de explotación que se suma a la salarial", resume Lazzarato, quien considera que la relación entre acreedores y deudores se ha convertido en un componente central del funcionamiento económico contemporáneo.
Para explicar el origen de este modelo, el autor sitúa un antecedente decisivo en Chile: "El primer experimento de la economía de la deuda se llevó a cabo en el Chile fascista de Pinochet y luego se impuso al Sur global". Su interpretación vincula la expansión del neoliberalismo con las transformaciones económicas impulsadas durante los años setenta en un contexto de represión política y debilitamiento de las organizaciones populares. La violencia estatal aparece así como parte del proceso histórico que permitió reordenar las relaciones económicas y sociales.
Ante este panorama, Lazzarato propone la condonación de las deudas que considera impagables. Reconoce, sin embargo, que una medida de ese alcance enfrenta la resistencia de los acreedores y de los Estados que respaldan sus intereses. "Para condonar unas deudas impagables [...] se necesitan relaciones de poder favorables a los deudores que no existen", advierte. La posibilidad de modificar el sistema depende, según su planteamiento, de construir una fuerza social capaz de disputar esas relaciones de poder.
disputa por la hegemonía mundial y expansión de la guerra
El análisis de las relaciones económicas se extiende hacia el escenario internacional, donde Lazzarato identifica una disputa por el control de los recursos, las finanzas y las estructuras de poder. En su interpretación, la crisis del capitalismo y el declive relativo de Estados Unidos alimentan una política exterior cada vez más agresiva. La guerra ocupa un lugar central en ese proceso, como expresión de las tensiones entre las potencias y de las dificultades para sostener el orden internacional existente.
El dólar constituye una pieza fundamental de esa hegemonía. Su papel como moneda de reserva y de pagos internacionales permite a Estados Unidos proyectar su influencia más allá de sus fronteras. Por eso, Lazzarato descarta que el aislacionismo pueda convertirse en una salida duradera para Washington. "El dólar es un instrumento del imperialismo y del colonialismo globales", dice. A su juicio, la defensa de ese privilegio financiero explica parte de la presión estadounidense sobre otras potencias y regiones, incluida América Latina, donde Washington busca conservar su influencia frente al avance de China.
El filósofo también cuestiona las posibilidades de una reindustrialización estadounidense capaz de revertir esa tendencia. Décadas de desplazamiento de capacidades productivas han debilitado los conocimientos técnicos y los oficios industriales necesarios para recuperar ese terreno. Como ejemplo, menciona el traslado de fábricas taiwanesas a Estados Unidos, que requirieron también la participación de trabajadores especializados. La centralidad adquirida por las finanzas y la especulación limita la capacidad estadounidense para reconstruir una base industrial a la altura de sus ambiciones estratégicas.
En ese escenario, Lazzarato observa en los BRICS un intento de construir alternativas a la hegemonía financiera occidental. Destaca especialmente la búsqueda de mecanismos descentralizados para realizar pagos entre países y financiar inversiones, con el propósito de reducir la dependencia del dólar. También atribuye al acercamiento entre China, Rusia e Irán un papel relevante en la configuración de esa disputa. El autor considera que las guerras en Ucrania y en Irán forman parte de un escenario internacional marcado por el enfrentamiento entre bloques de poder, aunque advierte que la capacidad destructiva de las potencias occidentales sigue siendo considerable.
Europa ocupa un lugar particular en su diagnóstico. Lazzarato cuestiona la subordinación de sus dirigentes a la estrategia estadounidense y vincula el aumento del gasto militar con el deterioro de la industria, las dificultades energéticas y el debilitamiento del Estado de bienestar. "Europa se ha suicidado una vez más", sostiene al describir las consecuencias que tendrá la apuesta por la economía de guerra. Su crítica apunta a las decisiones políticas que subordinan otras prioridades económicas y sociales a la preparación militar.
A lo largo de la entrevista, la deuda y la guerra aparecen como dimensiones conectadas de una misma interpretación del capitalismo contemporáneo. La primera compromete los ingresos de las familias y condiciona las finanzas de los Estados; la segunda expresa la disputa por sostener o transformar las relaciones de poder que organizan el orden internacional. El diagnóstico de Lazzarato deja planteada una pregunta política de fondo: qué capacidad pueden construir las sociedades para intervenir en esas relaciones y abrir alternativas frente a la concentración de poder económico y militar. La respuesta, según el propio filósofo, exige recuperar el pensamiento estratégico y construir relaciones de fuerza capaces de disputar el rumbo de la economía y de la política mundial.