Lun. 15 Agosto 2022 Actualizado Viernes, 12. Agosto 2022 - 13:58

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Gustavo Borges Revilla, director de Misión Verdad (Foto: Ismael Francisco / Cubaperiodistas)
La Habana, 15 de marzo de 2022

Intervención de Gustavo Borges Revilla en el Coloquio Internacional Patria

El texto que publicamos a continuación es una transcripción del discurso realizado por Gustavo Borges Revilla, director de esta tribuna, invitado por la Unión de Periodistas de Cuba al Coloquio Internacional "Patria" celebrado en la ciudad de La Habana, Cuba, los días 14 y 15 de marzo de 2022, coauspiciado por la Casa de las Américas y Resumen Latinoamericano.


Quisiera iniciar mi intervención saliéndome un tanto del foco que nos convoca a este encuentro, porque la radiografía de los retos que tenemos por delante en el ámbito informativo y de la comunicación, se hizo con bastante precisión en las intervenciones que me antecedieron. Por ello, por el valor que doy al análisis que hicieron mis colegas, me voy a permitir no redundar, por el contrario, intentaré sumergirme en algunas profundidades de lo que creo es el problema de fondo.

Podemos convenir que estamos ante un escenario global tremendamente complicado, algunos analistas insisten en marcarlo como el tiempo más peligroso desde la crisis de los misiles en 1962. Y cualquier discusión que nos propongamos para encarar cualquiera de nuestros problemas está determinada inevitablemente por un presente que me permitiré repasar ahora, de forma superficial, por razones de tiempo.

El ritmo de los acontecimientos y la escalada de las tensiones entre potencias con poder de destrucción nuclear es cada vez más alarmante. La dependencia de Estados Unidos hacia su propia lógica militarista ya es irremediable, y Europa sigue demostrando que no tiene intenciones de marcar un límite a su abusivo hermano mayor. La peligrosa burbuja económica creada por la Reserva Federal de Estados Unidos, con la impresión a mansalva de millones y millones de dólares, no para de crecer y anuncia una crisis mayor a la de 2008. La manipulación descarada de la realidad por parte de las grandes empresas de la comunicación está en su pico de cinismo más alto.

En la supuesta era de la democracia informativa, las mentiras más escandalosas se diseminan como verdad incuestionada entre una comunidad global de consumidores dramáticamente ignorantes. Los gigantes tecnológicos de la información, la denominada Big Tech, vitrinas del "mundo libre", ya se erigen abiertamente como censores globales, dueños de la verdad y del pensamiento único. La política de sanciones, bloqueo, embargo, saqueo, asfixia y chantaje se ha salido de todo control imaginable. En fin, no es difícil concluir que el orden internacional que conocimos ya es parte de la historia.

Mientras tanto, los pequeños países del Sur Global, por separado, libramos nuestras propias luchas existenciales, en algunos casos con el único propósito de mantenernos con vida. Y es ante este escenario de dificultades que somos arrastrados por los análisis inmediatistas de la realidad, reflexionando solo a partir de pequeños fragmentos de ella e ignorando la complejidad total del problema.

Lo expresado a partir del último episodio de censura en las redes sociales contra todo lo que esté relacionado de una forma u otra a Rusia, a su gentilicio y hasta a su cultura, es quizás la evidencia más cercana y más escandalosa que tenemos a mano para describir el problema de fondo. Porque no se trata solo de una censura limitada a las redes sociales, sino de una violenta ofensiva contra toda forma de pensamiento que se atreva a contrastar alguna opinión distinta a la cartelizada por Estados Unidos y Europa, en cualquier ámbito de la vida. Todo ha sido arrasado en nombre de la legalidad y de la protección de los supuestos consensos morales y éticos del "mundo libre". No hay derecho, ahora mismo, ni siquiera a presentar un análisis matizado o construido a partir de nuestros propios criterios y de nuestros propios estudios de lo que está pasando en el mundo.

Han borrado del mapa valiosos proyectos de comunicación alternativos sin ningún pudor alegando razones propias del pensamiento supremacista. La llamada cultura de la cancelación es promovida y aceptada tanto en la banalidad habitual de las redes sociales como en las más prestigiosas universidades con sus académicos. Elementos de valor histórico de la multiculturalidad rusa han sido condenados y estigmatizados con argumentos infantiles propios de la mentalidad más mediocre que el mundo ha visto. Música, arte, escultura, estudios, libros y hasta el idioma ha sido prohibido. Se ha estigmatizado absolutamente todo lo que no encaja en el relato de Estados Unidos y Europa, al punto de prefigurar un nuevo apartheid. Y es justo aquí donde quería llegar con el análisis, porque si lo pensamos bien, concluiremos que este fenómeno es básicamente el fin de lo que se nos dijo que eran los valores occidentales.

Está claro en este punto que ya no estamos hablando exclusivamente de los asuntos de la información y de la comunicación, sino de algo mucho más profundo y más amplio. Estamos hablando, repito, del descalabro de los llamados valores occidentales, pretendidamente globales, fundados en las ideas que inspiraron profundos cambios culturales y sociales en la época de la Ilustración y que hicieron posible una nueva idea del mundo que es la que nosotros y generaciones anteriores a nosotros conocimos. La libertad, la fraternidad, la igualdad, la supuesta confianza absoluta en el razonamiento humano, el combate a la ignorancia, las odas al conocimiento, la razón y al criterio propio. Todo este grupo de ideas que prefiguraron al mundo como lo conocemos, básicamente están en un colapso probablemente terminal.

Es decir, lo que creo que tenemos ante nuestros ojos en este lado del mundo es un descalabro de lo que se nos dijo que era la "civilización". Y a partir de aquí, ahora lo que queda es el esqueleto desnudo de la bestia, arrasando con todo lo que no coincida con su nueva dictadura de criterios, de pensamiento uniformado y de pretendidos consensos éticos que ya no significan nada para nadie.

Este último conflicto de alta intensidad en Ucrania nos está dando la oportunidad de ir al fondo del análisis. Y la comprensión de esto debería ser materia obligada para todos los pueblos y países víctimas de las mismas provocaciones. El asedio criminal ocultado durante ocho años consecutivos a los pueblos del Dombás en el este de Ucrania, pueblos de profundos vínculos con la cultura rusa, obtuvo una respuesta obligada. La Federación Rusa, movida por circunstancias históricas y de seguridad, decidió proteger a esta población de más de 2 millones de personas, cuyas súplicas de ayuda llegaron como consecuencia de una larga lista de humillaciones ignoradas a conciencia por el resto del mundo. Y por eso me permito hablar de la crisis de los valores de la Ilustración, porque justamente son Europa y Estados Unidos quienes le están negando a los pueblos del Dombás su derecho a la autodeterminación, su derecho al razonamiento propio, a la búsqueda de sus raíces, a la valoración de su cultura y a la vida, finalmente.

Entonces, cuando las familias del Dombás deciden ejercer su derecho a la autodeterminación y buscan protegerse de un paraestado claramente gobernado por elementos de ideología nazi, ese reconocimiento a la legítima búsqueda de la libertad y a la protección de la vida simplemente no existe para Estados Unidos y Europa. Y los grandes medios, respondiendo a la misma lógica criminal y a los mismos intereses económicos, silencian todas las voces contrarias a su relato abarcante, ocultan la cruda verdad y a las más de 14 mil víctimas de ese conflicto iniciado en el año 2014, producto de un golpe de Estado también de lógica criminal.

Se nos muestra entonces, una vez más, la realidad falseada, manipulada, alterada. Se nos pretende sensibilizar a partir de imágenes trucadas, de noticias falsas, de grandes eventos culturales e intelectuales a favor de los victimarios. Es la industria de la guerra, en todos sus niveles, tratando de imponerse. Pero paradójicamente, eso que Estados Unidos y Europa intentan mostrar como fuerza ejerciendo la brutalidad y la censura, no son más que signos de su propia debilidad, porque si realmente estuvieran en un momento de fuerza inobjetable, de hegemonía total, no habrían tenido que apelar a la destrucción de sus propios valores fundacionales. En cambio, lo estarían haciendo, como siempre, por la vía menos costosa, la de la seducción, la persuasión, el chantaje y el acoso, pero no es así, hoy lo están haciendo con absoluta brutalidad.

En definitiva, nos encontramos en un momento clave de la historia humana, que a los ojos de algunos desprevenidos pudiera parecer una afirmación tremendista o exagerada, pero la velocidad de los acontecimientos en el mundo se está encargando de demostrarlo una y otra vez, aunque las grandes mayorías decidan ignorarlo. Por esta razón, compañeros y compañeras, creo que vale la pena insistir siempre en ir al fondo del problema, porque frente a un momento de crisis global ninguna acción local o aislada tendrá un efecto significativo ni resolverá las consecuencias que pueden venirse sobre nosotros de no encontrar alternativas creíbles y realizables frente al descalabro del sistema capitalista.

Me permito decir también que es en nuestros países del Sur Global donde florecerán las respuestas a la crisis civilizatoria. Porque es a nosotros a quienes nos preocupa la preservación de la vida en todas sus formas, el equilibrio de las relaciones entre culturas diversas y la valentía de la verdad frente a la gran máquina de mentiras y manipulaciones.

El marco de ideas que configuró este mundo y este sistema de profundas aberraciones está colapsando, y con ello el futuro de las élites que lo sostienen. Resulta evidente entonces que solo un marco de ideas nuevas, pensadas por nosotros, los ninguneados del mundo, podría prefigurar otra forma de vida, otra forma de relacionarnos y de entendernos sin la cultura de la guerra. Una alternativa es posible solo si decidimos pensarla a partir de la conciencia del presente y no por la sola necesidad de resistir. Por esa razón estamos aquí hoy en La Habana, convocados por la audacia de Fidel y de Chávez, cuando nos propusieron pensar globalmente y no aislados en nuestras pequeñas realidades. Solo juntos es posible parar la tragedia y la mentira.

Muchas gracias.

— Somos un grupo de investigadores independientes dedicados a analizar el proceso de guerra contra Venezuela y sus implicaciones globales. Desde el principio nuestro contenido ha sido de libre uso. Dependemos de donaciones y colaboraciones para sostener este proyecto, si deseas contribuir con Misión Verdad puedes hacerlo aquí<