Lun. 27 Mayo 2024 Actualizado 7:12 am

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(Foto: El Cayapo)

Los cinco consensos

Cuando se quiere todo se puede. Podemos pensar muy bien y ser grandes técnicos, intelectuales, artistas, políticos, deportistas, profesionales, pero si construir un país no es un objetivo, lo que somos de nada le servirá.

La gran incógnita de ser pueblo empieza a despejarse con la propuesta de los cinco consensos del presidente Maduro. En ese esqueleto de propuesta caben todas las ideas para llenar de carne la construcción de un anhelo de los antepasados que lucharon por quitarse de encima el yugo de los invasores y diseñar un pueblo distinto a lo heredado.

En distintos escritos hemos expresado la necesidad de tener una idea que nos mancomune, que nos constituya como pueblo. Para ser el país que soñamos. En más de un oportunidad hemos expresado que, en 500 años, a pesar de la propuesta de Rodríguez, Miranda, Bolívar, Zamora, que nos invitan a que nos fusionemos como un pueblo, con decisiones propias, con independencia de criterios con respecto a los poderes del mundo, no ha sido posible una idea, un impulso, un plan, una estrategia, una táctica que nos conduzca a lo largo del tiempo en este territorio a convertirnos en un pueblo con perfil, con interés propio, un pueblo que se autonombre y no ser nombrado o denominado desde lejos.

Por el contrario, las élites empresariales, gobernantes, intelectuales, académicas, técnicas, artísticas solo se han conformado con ser vulgares imitadores, perros falderos de los intereses extranjeros, al punto de proponer sin que nadie les obligara la entrega del país a cambio del usufructo de migajas en distintos tiempos y con diversos actores de esa elite, que se trasmite la misma ideología entreguista, vendepatria, de generación en generación y que usa los mecanismos de propaganda e ideología como las iglesias, las escuelas, las universidades, el espectáculo para transmitir los mismos valores al resto de la población en todo el territorio, lo que nos indica que, desde el más rico al más pobre, tenemos los mismos pensamientos o ideologías sobre lo que somos, lo que es el territorio y su posible futuro, atado a los amarraderos que siempre nos mantendrán en un presente minero, hamaqueado por los vaivenes del capitalismo depredador, cuyos hilos y controles se manejan desde afuera.

Parafraseando al presidente Maduro, en su encuentro con los diputados chavistas: es importante estar juntos y unidos en el propósito de construirnos como pueblo, basando esta unión en la querencia por el territorio, combustible necesario para la energía que necesitamos para inventarnos como pueblo, teniendo claro cuáles son nuestros intereses y cuáles los intereses de un sector de oposición donde la maldad concentrada, la violencia, el deseo de venganza, de quienes aquí y en el extranjero cultivan el espíritu antipatria, vendepatria, esa oposición extremista, arrodillada, colonizada, cipaya, con dependencia absoluta a las órdenes de Washington, jamás deciden nada, nunca con mente propia en territorio nacional.

Conociendo los intereses de los opositores al servicio del invasor, estamos obligados a conectarnos y anclarnos con los grandes propósitos. Construyéndonos en una nueva ética del poder ser en colectivo, teniendo claro que esta arquitectura requerirá del esfuerzo colectivo de quienes nos propongamos a diseñar este territorio y nuestra existencia, desde otra concepción artística, ética, política, productiva, en donde nos identifiquemos y nos nombremos como gente con querencia real, intra-cultural, amalgamada con el territorio al que debemos pertenecer y no el que nos pertenece, creando así una nueva visión de lo que es el territorio y de lo que seremos con conocimiento de causa. Afincándonos en fortalecer los valores colectivos, despojándonos de los valores individualistas, egocentristas, egoístas y mezquinos que promueve el capitalismo. Despejando así las mentes y los corazones de quienes construirán y vivirán el futuro.

Quienes asumamos estas tareas debemos reconocernos como gente al servicio de una causa histórica, al servicio de un proyecto trascendental que no es otro que el proyecto del Libertador Simón Bolívar, traído al siglo XXI por nuestro amado Comandante Hugo Chávez, al servicio de un proyecto superior, de una causa histórica superior a cualquiera de nosotros, por muy importante que pueda ser alguno de nosotros. Todos tenemos que vernos como militantes de una causa histórica, como soldados de un ejército que defiende, que conversa, que experimenta, que diseña una idea de patria, que nos reivindica en un proyecto colectivo.

En 2023 han surgido cinco consensos dinámicos y dialécticos que hoy por hoy recogen una visión nacional de unión entre los venezolanos. Esos cinco consensos no vienen de la nada, vienen de la batalla de estos años y en buena parte y en buena medida esos cinco consensos han surgido porque la sociedad empieza a recomponerse, a recuperarse y tiene un norte. La sociedad venezolana, hoy 24 de enero de 2024, tiene un rumbo, tiene consensos, tiene un modelo, tiene una visión sobre los cuales hay que perseverar, de aquí en adelante, para encontrar nuestro propio camino, para andar con pies propios, para pensar con cabeza propia y para construir nuestro país de la única manera que se puede construir con manos propias, con trabajo propio, con sacrificio propio, con visión propia.

Jamás un país dependiente, sin visión, arrodillado a los intereses de los extranjeros y del imperio gringo, jamás encontrará su propio camino de dignificación, de construcción y de desarrollo pleno del bienestar y la prosperidad. Jamás ni nunca hemos encontrado nuestro camino.  (Aquí agregamos nosotros) siguiendo el paso extranjero que siempre nos invita a la imitación, la copia, la creencia en lo extraño, que nos somete a la adulación desmesurada, negándonos a poner en marcha los briosos músculos de la invención colectiva.

La unidad y la juntura

Las distintas y grandes culturas del mundo han pasado por procesos largos y dolorosos, donde pocos líderes visionarios las han conducido a la glorificación, al asentamiento, a ser una cultura practicada por las elites y las mayorías. Sin dejar de tener estas culturas el carácter expoliador que hasta los momentos las elites han decidido, en función de la acumulación de las riquezas.

Todo eso se debe a estos visionarios que educaron con sus ejemplos a estas elites para que entendieran que la única manera de ser grandes y poderosos era en la unidad de las facciones, tribus, genes, comarcas, Estados, regiones, colores de piel, datos religiosos y mágicos, que amalgaman en un momento dado a las personas, y en esa unidad van las alianzas en donde cada uno entrega parte de sí para ganar en el futuro y a sus pequeñas ambiciones se sobreponen los grandes propósitos, ideas, planes que les conducen a convertirse en las culturas que han llegado a ser, en tiempos históricos determinados por nuevas ideas que, con el esfuerzo unitario de las elites de la época, se convierten en hechos físicos, perdurables en el tiempo, en conjunto con imaginarios que les hacen pertenecer al territorio al cual van a defender con uñas, vísceras, ideas, planes y construcciones físicas. Logrando en los tiempos difíciles las junturas necesarias para salir airosos de las dificultades. Todo ello independiente de ideologías o creencias de cada grupo o sector elitista.

Toda esta verdad de Perogrullo la repetimos como un abreboca que nos introduzca en los vericuetos del quiénes hemos sido, el quiénes somos y el quiénes debemos ser en adelante.

Entrémosle al conflicto del quiénes hemos sido fuera de ideologías baratas, nacionalismos trasnochados o deseos incumplidos. Desde hace 500 años la verdad verdadera del quiénes hemos sido, es que no hemos sido, porque tanto las elites que debieron ser constructoras, moldeadoras de pueblos, así como nosotros los esclavos al servicio de estas... (Y usamos el término esclavo porque la verdad, aunque duela, debe ser dicha con todas sus letras y sin disfraces. Aunque a la mayoría no nos guste o nos desagrade que nos digan la verdad y preferimos dejarnos llevar por los cantos de sirenas, de académicos, intelectuales, artistas, profesionales y políticos al servicio del mejor postor extranjero, pero insistimos, la verdad es que esclavos somos y lo seguiremos siendo si no somos capaces de entendernos colectivamente para salir de esta condición miserable a la que nos ha conducido desde hace más de 500 años el capitalismo minero y expoliador.)

Aclarada el agua, continuemos. En este territorio inicialmente invadido por los europeos, tanto los recursos como la gente, la traída desde afuera, como la original, se nos ha considerado mercancía que produce y reproduce mercancía-riqueza, que llena las arcas del capitalismo elite en el mundo, sin importar su asentamiento, porque como lo definiera Marx: el capitalismo no tiene ni defiende patria.

Las élites que se formaron en estos rumbos nunca se plantearon constituirse como tales en estos predios, por cuanto su ambición era estar al lado de sus dueños como unos pares, y su única tarea propuesta era la de saquear todo tipo de recursos sin construir bases futuras de país o pueblo autonombrándose, por el contrario, fueron acumulando, producto de sus miedos, frustraciones y taras traídas de allende los mares, un odio solapado contra el territorio y los habitantes que no tenían nada que ver con su origen europeo, porque tanto los africanos, los indios, como los pobres blancos y sus descendientes, nada tenían que ver con sus ilusiones de nuevos ricos que pretendían borrar con plata sus orígenes maulas, por el contrario, el desparpajo de estas personas les recordaba los chiqueros y porquerizas de donde partieron y a las que nunca más quisieron volver, sino como señores de la alcurnia, a codearse de tú a tú con sus antiguos amos.

Estas elites se escondieron en su propio caparazón mantuano y entendían que su única tarea era aumentar la propiedad sobre el territorio y la gente que lo habitaba. Jamás se les ocurrió pensar y menos aún pensar el diseño de un país en el cual fundar una cultura distinta a la de donde partieron, y entender que era desde allí desde donde podían relacionarse de tú a tú con sus antiguos amos, porque tenían un territorio, una cultura, una idea, un plan de ser poder, amalgamándose como un pueblo y cumpliendo las máximas que hicieron grandes a las distintas culturas que se asentaron y se hicieron poderosas. Estas personas ordinarias, de bajo intelecto, asesoradas por curas ignorantes y oscurantistas, cargados de muchos vicios, se conformaron con ser mandamases de haciendas que las perdían en partidas de dados o ajiley. Estas elites que negociaban a sus hijas, por cargos en la Corona, no pasaron de ser los mismos tahúres de puertos y botiquines de mal trago.

En 300 años nunca pudieron pensar, jamás se les ocurrió una idea para ser pueblo, solo miserearon el territorio saqueándolo y entregándoselo a parte de quienes bien quisieran pagar y en su depravación. Envilecieron a la gente con la que bien pudieron haber construido un pueblo fuerte y culturalmente formado para grandes causas, como a lo largo de la historia se ha demostrado, al salirse de los controles de estas elites pervertidas.

Esto nos explica que proyectos como la Colombeia de Francisco de Miranda, secundado por Simón Bolívar, formado bajo los preceptos filosóficos de Simón Narciso Rodríguez, fracasaran dolorosa y estruendosamente hasta Ezequiel Zamora, no sin antes sacrificar en la hoguera de lo posible a miles de vidas de esclavos y jóvenes mantuanos que se afiliaron a las nuevas ideas, que sonaban y se hacían realidad en toda Europa.

En adelante, este territorio y su gente siguieron sufriendo a las mismas elites remozadas con generales que ganaron sus fortunas, robando territorio y bienes asignados a los soldados después de la guerra de independencia.

Ya en las postrimerías del siglo XIX, este territorio sufre una nueva invasión silenciosa, llevada a cabo por los representantes del nuevo imperio que había anunciado Simón Bolívar como el destinado a plagar de hambre y miseria a este continente, agregamos nosotros: y al mundo, con la anuencia casquivana de las elites que nuevamente solo se conformaron con la migajas. Toda su conducta miserable se desarrolló durante todo el siglo XX absorbiendo la nueva cultura saqueadora y arrabalera de las compañías petroleras, que nuevamente se nos trasmitió a los esclavos.

Luego, los gobiernos y las elites de académicos, intelectuales, religiosas, artistas, profesionales y políticos que se sucedieron solo se prestaron a mantener la ordinariez cultural de las petroleras saqueadoras. De nuevo, las elites sin ideas propias, con burlas descaradas sobre lo que éramos, repitiendo el mismo cuento de que lo extranjero es lo mejor, imponiendo proyectos o planes que solo beneficiaban a estafadores locales y extranjeros y habitualmente asesinando o encarcelando a toda persona que se les opusiera o denunciara la acción saqueadora de las empresas dominantes. Incluso, las excepciones avalaban la idea de lavar la sangre trayendo alemanes a estas tierras, superar la cultura importando educadores que nos enseñaran cómo comportarnos, y hasta los imitadores de poetas realizaban cenas destapando latas que contenían aire parisino, en restaurantes de Sabana Grande, para mantener una atmósfera parisina de la auténtica bohemia. Esto era llevado a cabo por una corte que no diferenciaba entre derechas o izquierdas en la llamada República del Este.

Esto duró hasta la llegada de Chávez al poder del Estado. En adelante, por primera vez a los esclavos y a sectores de las elites que no comulgaron con el saqueo y la conducta entreguista y cobarde de las elites tradicionales, se nos propone un plan de país al cual hay que meterle el cerebro para pensarlo, para diseñarlo, y el cuerpo para construirlo, para experimentarlo. Pero eso no es posible sin pasar por el atormentado proceso de descubrirnos y curar las llagas infligidas en 500 años de despreciarnos.

Este es el primer consenso, tal y como lo entendemos, un puente tendido a los que, por voluntad propia, aun cuando no compartamos las mismas ideas, hemos decidido constituirnos en este territorio, seamos chavistas o de oposición. Para cruzar desde la desidia y el entreguismo ramplón a la maravillosa invención de un país por los unidos en contradicción dialéctica que al final lo heredarán a los juntos, y estos, en los momentos difíciles, les será fácil la defensa de lo construido en conjunto. Porque tendrán una historia, una raíz común, y donde nunca más en este territorio los vendepatrias tendrán el poder de venderla.

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