Mié. 20 Enero 2021 Actualizado 2:12 am

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Está sonando el tiempo de la democracia real y callejera (Foto: Verónica Canino)

Rumbo a otra democracia

(Esto es una continuación de nuestro artículo de septiembre de 2020: Pueblo Legislador: combustible de la Revolución)

1. Los creadores del Estado burgués crearon también el sistema electoral de elección de autoridades. Hoy están en quiebra ambas creaciones: el sufragio y el Estado. Ambas reposaban sobre algo llamado "confianza", o la fe ciega de la población en lo que sus conductores hacían, decían y juraban. "Juro ante Dios y ante el pueblo": aquellos tiempos en que la palabra tenía algún valor.

2. Lo que está ocurriendo en Estados Unidos y en Bolivia revela que esa confianza o fe en las instituciones se quebró irremediablemente en todo el mundo. El espectáculo del momento está llevando a la gente a pensar, al menos, en el tiempo y energía que tuvimos que perder haciendo una cola para que al final el poder no quedara en manos del más votado, sino en manos del más fuerte. Está a punto de ocurrir en Estados Unidos y ya ha ocurrido centenares de veces en los países donde este centro de poder ha impuesto y proclamado presidentes. En Venezuela hicieron la tarea por la mitad, pero la intentaron completa.

3. Ahora más gente sabe que el voto es el espejismo institucional mediante el cual mucha gente cree tener control sobre la elección de los poderes públicos. Ojalá las mayorías entiendan que el derecho al voto no es garantía de democracia. Que la democracia reside, se manifiesta y se ejerce en otra parte, lejana y distinta a los centros de votación y en la fiesta de las campañas.

4. En Venezuela hemos dictado cátedra en "jugar caribe": ah, ¿el Estado burgués quiere elecciones? Bueno, entonces toma elecciones. Una dosis para caballos les hemos inyectado de su propio invento o medicina, en 22 años de Revolución. Y mejor no contemos la profusa, profunda e innumerable práctica de elección de autogobiernos en Consejos Comunales y Comunas.

5. Las elecciones no son una necesidad del pueblo sino de los gobernantes y aspirantes a gobernar. Los pueblos sobreviven, inventan, construyen y proponen al margen de los rituales electorales.

6. Las formas de organización del pueblo son complejas y enigmáticas: los liderazgos son naturales y espontáneos, no necesitan de elecciones para legitimarse, y muchas veces tampoco de la fuerza bruta o poder de fuego, como suele pensarse. Un sujeto o banda armada en un barrio no siempre ejerce el poder, a veces solo logra ejercer el terror. El poder es ese asunto intangible que se manifiesta en el verbo, en el carisma, en la capacidad para crear y resolver. Las armas por sí solas no pasan de ser un elemento instrumental.

7. Caso Estados Unidos: su ejercicio del terror por medio del chantaje de su poderío militar, su capacidad de intimidación y de destrucción, se llama poder sostenido por métodos rudimentarios. Amenazar a un país con destruirlo y secuestrar a sus autoridades (y no lograrlo en varios años de acoso), y al mismo tiempo ser incapaz de mantener la majestad de su institución clave (Poder Electoral) significa o evidencia que no se es poderoso sino simplemente criminal. Triunfe el modelo electoral o la brutalidad, ya el mundo conoce mejor a Estados Unidos y conoce también la debilidad de los sistemas electorales. Alguien aparte de Cuba tendrá que dar unas clases hemisféricas de organización de países, a partir de la organización del pueblo. El creador de instituciones y modelos no puede seguir siendo el mismo figurín de toga, birrete y pergamino. Está sonando el tiempo de la democracia real y callejera.

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