En términos geográficos, el estrecho de Ormuz es un paso marítimo vital, ubicado entre el Golfo Pérsico al noroeste y el Golfo de Omán al sureste. Separa la costa sur de Irán de la península de Musandam en Omán. El estrecho tiene una longitud de aproximadamente 190 kilómetros y su ancho varía entre 56 kilómetros en su punto más amplio y 33 kilómetros (18 millas náuticas) en su punto más estrecho, con canales navegables de solo 3.7 kilómetros de ancho para el tráfico entrante y saliente.
Desde un punto de vista comercial es una ruta que conecta el Golfo Pérsico con el Mar Arábigo y el resto del mundo, lo que posibilita el transporte de mercancías de una zona que históricamente se ha mostrado multicultural y por la que diversos poderes regionales y extrarregionales se han disputado su control a lo largo de los siglos, entre ellos persas, romanos, otomanos, portugueses y británicos.
Su ubicación estratégica le otorga una importancia trascendental no solo en lo comercial sino también en lo que atañe a la seguridad regional, pensando sobre todo al Golfo Pérsico como una zona geohistórica que ha sobrevivido a esas disputas, en especial a las que sobrevinieron durante y después del proceso colonial europeo.
El control soberano del estrecho de Ormuz le corresponde a la República Islámica de Irán y al Sultanato de Omán, este último a través de la Gobernación de Musandam, exclave del sultanato que se encuentra ubicado en la parte más angosta del estrecho de Ormuz en la rivera omaní.
Sin embargo, en el siglo XX, con el boom energético que significaron los grandes yacimientos hidrocarburíferos (petróleo y gas) en toda la zona del Golfo Pérsico, su importancia geopolítica se potenció y, al igual que en el pasado, la intervención de las grandes potencias es frecuente.
Recordemos que es en la zona del Golfo Pérsico, conformada por las costas de Irán, Irak, Kuwait, Arabia Saudita, Baréin, Catar, Emiratos Árabes Unidos y Omán, en donde se encuentran los principales yacimientos petrolíferos y gasíferos del mundo.
Importancia geopolítica en el contexto actual
Como se mencionó, el estrecho constituye un paso obligado para que todo lo que se produce en las riveras del Golfo Pérsico pueda llegar al mercado mundial a través del Mar Arábigo y el Golfo de Omán. De ese modo, la geopolítica del accidente geográfico se conjuga con las lógicas comerciales de la antigüedad y la actualidad.
El Estrecho de Ormuz, calificado por la U.S. Energy Information Administration como un cuello de botella o punto de estrangulamiento crucial, se posiciona como una de las arterias fundamentales para la seguridad energética mundial. En 2025, un promedio de 20 millones de barriles por día (mb/d) de petróleo crudo y productos petroleros se exportaron a través del estrecho, lo que representa alrededor del 25% del comercio mundial de petróleo por vía marítima y aproximadamente el 20% del consumo global de líquidos de petróleo. Este estrecho alberga el tránsito de una cantidad significativa de petróleo y gas, lo que lo convierte en un eslabón indispensable en las rutas marítimas globales.
Cerca de 100 buques de carga atraviesan el estrecho diariamente en 2026, de los cuales entre 60-70% son petroleros y gaseros.
La obstrucción temporal o permanente de un cuello de botella importante en el transporte de petróleo puede generar consecuencias significativas en la cadena de suministro global, con repercusiones en los precios de la energía a nivel mundial. Los retrasos en el suministro y el aumento en los costos de envío son factores producto de tal situación, lo que, en última instancia, implica un incremento en los precios de la energía para los consumidores finales.
Si bien algunas rutas alternativas pueden mitigar temporalmente tales efectos, estas suelen implicar un aumento considerable en el tiempo de tránsito, lo que a su vez genera costos adicionales y dificultades logísticas. En casos extremos, la falta de alternativas prácticas puede agravar la situación, generando un impacto aún más severo en el mercado energético global.
El estrecho de Ormuz no es el único cuello de botella existente en la actualidad, aunque sí el más importante en materia energética global; el estrecho de Malaca en el sudeste asiático, el canal de Suez o el de Panamá son ejemplos de este tipo de área estratégicas para el comercio global.
Para dimensionar un poco el rol geoestratégico que juegan, recordemos la crisis del Canal de Suez cuando el Ever Given, un portacontenedores gigante, se quedó atascado en dicho paso durante seis días en marzo de 2021 y paralizó el transporte marítimo mundial, congelando casi 10 mil millones de dólares de comercio al día.
O la recientemente relacionada a problemas hídricos, asociados al cambio climático, que sufre el canal de Panamá y que obligó a las autoridades a limitar el paso de buques por el estrecho, ocasionando los problemas de atraso de mercancías y pérdida de los dividendos correspondientes.
En ambos ejemplos no intervienen intereses geoestratégicos directos, como sí ocurre en el estrecho de Ormuz, una región geopolíticamente sensible en donde diversos actores, fundamentalmente potencias mundiales y regionales, así como empresas transnacionales con intereses contrapuestos, buscan garantizar sus agendas en materia de seguridad.
Datos del estrecho de Ormuz
En 2025, el flujo promedio de petróleo a través del estrecho alcanzó los 20 millones de barriles por día, manteniéndose estable en comparación con 2024. Durante el primer trimestre de 2025, el promedio fue de 20.1 millones de barriles por día. Esta cantidad representa alrededor del 20% del consumo mundial de líquidos de petróleo y casi el 34% del comercio global de petróleo crudo.
Entre 2022 y 2024, los volúmenes de petróleo crudo y condensado que transitaron el estrecho disminuyeron en 1.6 millones de barriles por día, aunque esto fue parcialmente compensado por un aumento de 0.5 millones de barriles por día en cargamentos de productos petroleros. Esta disminución refleja parcialmente la decisión de la OPEC+ de reducir voluntariamente la producción de petróleo crudo varias veces comenzando en noviembre de 2022, lo que redujo las exportaciones de Arabia Saudita, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos.
En 2025, casi 15 millones de barriles por día de petróleo crudo (incluyendo condensados) pasaron por el estrecho, mientras que alrededor de 5 millones de barriles por día correspondieron a productos petroleros refinados.
Además, aproximadamente el 20% del comercio mundial de gas natural licuado (GNL) también transitó por el estrecho de Ormuz en 2024-2025, principalmente desde Qatar, que es el segundo mayor exportador mundial de GNL con más de 112 bcm exportados en 2025.
Según los datos de seguimiento de petroleros publicados por Vortexa y Kpler, Arabia Saudita mueve más petróleo crudo y condensado a través del estrecho de Ormuz que cualquier otro país. En 2025, las exportaciones de petróleo crudo y condensado de Arabia Saudita representaron el 38% del total de flujos de crudo por Ormuz (5.5 millones de barriles por día).
Se estima que el 84% del petróleo crudo y condensado que se movió por el estrecho de Ormuz se destinó a los mercados asiáticos en 2024, mientras que el 83% del GNL también tuvo como destino Asia. China, India, Japón y Corea del Sur fueron los principales destinos del petróleo crudo que se mueve rumbo a Asia, representando el 69% de todos los flujos de petróleo crudo y condensado de Ormuz en 2024.
Solo en 2025, China e India combinados recibieron el 44% de estas exportaciones, mientras que aproximadamente el 90% del GNL de Qatar y Emiratos Árabes Unidos se destinó al mercado asiático.
Aproximadamente 3.000 buques transitaban el estrecho mensualmente.
Rutas alternativas
Solo Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos cuentan con oleoductos operativos que podrían potencialmente redirigir los flujos para evitar el estrecho de Ormuz, con una capacidad disponible estimada de entre 3.5 y 5.5 millones de barriles por día.
- Arabia Saudita - Oleoducto East-West (Petroline). Conecta Abqaiq con Yanbu en el Mar Rojo. En marzo de 2025, Aramco reportó que había aumentado su capacidad a 7 millones de barriles por día, aunque se estima que entre 3 y 5 millones de barriles por día de capacidad estarían disponibles como respaldo.
- Emiratos Árabes Unidos - Abu Dhabi Crude Oil Pipeline (ADCOP). Conecta los campos petroleros onshore con la terminal de exportación de Fujairah en el Golfo de Omán, con una capacidad de 1.8 millones de barriles por día.
- Irán - Oleoducto Goreh-Jask y terminal de Jask. Inaugurado oficialmente en 2021 con una capacidad reportada de 1 millón de barriles por día, sin embargo, el oleoducto y el puerto efectivamente permanecen no operativos. Aunque se exportó un cargamento de prueba desde Jask a finales de 2024, no se ha exportado más petróleo desde entonces, por lo que actualmente no se considera una opción viable de exportación.
En la crisis actual (febrero-marzo 2026)
El 28 de febrero de 2026, ataques coordinados entre Estados Unidos e Israel contra Irán bajo las Operaciones Epic Fury y Roaring Lion desencadenaron represalias regionales iraníes en todo el Golfo, incluyendo ataques contra objetivos en Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Baréin y Arabia Saudita.
Entre el 1 y 2 de marzo de 2026, al menos tres buques comerciales sufrieron daños por proyectiles sospechosos en el estrecho de Ormuz, según el Centro de Operaciones Marítimas del Reino Unido (UKMTO). Para el 1 de marzo de 2026, los flujos de petróleo cayeron un 86% en comparación con el promedio de 2026 de 19.8 millones de barriles por día, con más de 700 petroleros haciendo cola.
A partir del 4 de marzo de 2026, las fuerzas iraníes declararon el estrecho "cerrado", amenazando y llevando a cabo ataques contra buques que intentaban transitar. Irán afirma tener "control completo" del estrecho de Ormuz, aunque posteriormente aclaró que no ha cerrado oficialmente el estrecho pero que los buques vinculados a Estados Unidos o Israel no tendrán permitido pasar.
Para el 2 de marzo, los pasajes de buques a través de Ormuz habían disminuido sustancialmente, indicando una interrupción creciente en los flujos globales de petróleo y gas natural licuado. Hasta ocho buques comerciales fueron alcanzados o afectados entre el 28 de febrero y el 2 de marzo en el estrecho de Ormuz, Golfo de Omán y Golfo Pérsico.
Las principales navieras, incluyendo Maersk, comenzaron a redirigir el tráfico vía el Cabo de Buena Esperanza a partir del 1 de marzo. Los aseguradores retiraron o recalcularon la cobertura para los tránsitos a través del estrecho, y las tarifas de los petroleros del Golfo Pérsico se dispararon.
El precio del petróleo Brent aumentó 13% durante las operaciones tempranas del 2 de marzo, mientras que los precios del gas natural europeo saltaron 24% ante la preocupación por la interrupción del suministro. En adelante, el precio solo tiene perspectiva de subir mientras no haya signos de aminoramiento de las hostilidades.
Un anuncio el 1 de marzo por ocho países de la OPEC+ (Arabia Saudita, Rusia, Irak, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Kazajistán, Argelia y Omán) de que aumentarían la producción para intentar estabilizar los mercados no logró calmar los mercados, dada la capacidad limitada para compensar la interrupción relacionada con el tránsito.
El estrecho de Ormuz en la geopolítica iraní
Como venimos mencionando, el estrecho de Ormuz es el escenario donde potencias regionales, la República Islámica casi de forma exclusiva, así como potencias extrarregionales como Estados Unidos con su Quinta Flota, disputan el control del estratégico paso. Incluso en conflictos anteriores, como en la guerra entre Irak e Irán en la década de 1980, los tanqueros petroleros fueron blanco de ataques.
La República Islámica ha manifestado en diversas ocasiones que, ante las amenazas de Estados Unidos o Israel y un posible escalamiento militar, podría cerrar el estrecho y afectar el suministro global de hidrocarburos. Washington, por su parte, justifica su presencia militar en la zona con la excusa de defender la libre circulación del estrecho y garantizar el suministro de hidrocarburos proveniente del Golfo Pérsico.
El impacto potencial de una interrupción prolongada sería notable, por decir lo menos. Una interrupción sostenida del tráfico por Ormuz no solo suprimiría los ingresos de hidrocarburos del Golfo, sino que también generaría presiones inflacionarias en los mercados globales, erosionando la competitividad industrial y complicando la estabilidad fiscal y política de economías socio clave.
Los precios elevados del gas natural también ejercerán presión sobre los costos globales de fertilizantes (dado el papel pivotal del Golfo en la producción de fertilizantes nitrogenados) elevando el riesgo de inestabilidad en los precios mundiales de los alimentos con efectos concomitantes sobre la estabilidad política en regiones dependientes de importaciones.
Países como Bangladesh, India y Pakistán importaron casi dos tercios de sus suministros totales de GNL a través del estrecho de Ormuz en 2025, lo que los hace particularmente vulnerables a posibles interrupciones. El gas natural domina el sector eléctrico de Bangladesh y Pakistán, con la generación a gas representando el 50% y 25% de su mezcla de suministro eléctrico, respectivamente, en 2024.
Más allá de la veracidad de los argumentos esgrimidos y de la importancia geopolítica del estrecho, la irrupción de China como actor global, con un destacadísimo rol de mediador en conflictos regionales, pudiera darle un nuevo significado a la zona toda vez que el gran país asiático es el primer destino del petróleo que cruza por Ormuz. En el primer trimestre de 2025, China importó el 37.7% de los flujos de petróleo del estrecho.
En este escenario geopolítico complejo, donde se entremezclan intereses energéticos, estratégicos y de seguridad, el futuro en el estrecho de Ormuz se presenta particularmente incierto en marzo de 2026. La creciente influencia de la República Popular de China en la región podría abrir nuevas perspectivas para la zona. Sin embargo, la guerra actual entre Estados Unidos, Irán e Israel representa un factor clave que ya está desencadenando consecuencias de imprevisibles alcances.
Según otros análisis, una desescalada diplomática rápida en el corto plazo (próximas cuatro semanas) probablemente revertiría los aumentos recientes en los precios de la energía y permitiría la restauración gradual de los patrones normales de navegación.
Sin embargo, si la inestabilidad persiste en el corto plazo (uno a seis meses), el impacto económico y estratégico se profundizará, sosteniendo o potencialmente elevando los precios globales del petróleo y gas, generando inflación generalizada en sectores industriales y ejerciendo presión aguda sobre los países en desarrollo dependientes de importaciones de energía.
Así, la diplomacia y el diálogo constructivo se muestran cruciales para evitar la escalada militar y garantizar la estabilidad regional en una zona tan importante para el suministro energético mundial. Pero son variables que parecen estar fuera del tablero por los momentos.