Sáb. 18 Mayo 2024 Actualizado 11:34 am

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En el andamiaje financiero más allá de las tasas de interés o las primas de riesgo, el factor geopolítico toma relevancia (Foto: Maravillas Delgado)

¿Vamos hacia un nuevo ciclo de recesión global?

Hace unos días, el periodista Jake Tapper para CNN le preguntaba al presidente Joe Biden si los estadounidenses deberían prepararse para una recesión, a lo que respondió: "No creo que haya una recesión. Si es así, será una recesión muy leve. Es decir, bajaremos un poco".

Pero el director ejecutivo del banco JPMorgan Chase, Jamie Dimon opina distinto a Biden, ya que considera que la economía estadounidense y mundial se dirigen a una recesión a mediados del próximo año, afirmando que "Europa ya está en recesión, y es probable que pongan a los Estados Unidos en algún tipo de recesión dentro de seis a nueve meses".

Kristalina Georgieva, la gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), considera que aproximadamente un tercio de la economía mundial experimentará al menos dos trimestres consecutivos de contracción este año y el próximo. Incluso, Georgieva informó que el FMI rebajaría su pronóstico de crecimiento global de 2,9% en 2023.

A esto se le suma el reciente informe publicado por el Banco Mundial (BM), que a grandes rasgos explica que, como los bancos a nivel global están aumentando simultáneamente las tasas de interés como respuesta a la creciente inflación, el mundo podría estar acercándose a una recesión mundial en 2023. Asimismo, el BM estima que pueden desarrollarse crisis financieras en las economías de mercados emergentes.

El presidente de esa entidad bancaria, David Malpass, comentó que en cuanto al desarrollo económico actual, se experimentarían obstáculos considerables para diversificar la producción mundial de energía y así no depender de Rusia, lo que podría llevar años, prolongando el riesgo de estanflación o la aceleración de la inflación.

Según el Buró Nacional de Investigación Económica (NBER, sus siglas en inglés), una recesión implica una disminución significativa en la actividad económica y dura algunos meses. Estas alarmas empiezan a sonar, en primer lugar, por el contexto geopolítico actual de agresión financiera y provocaciones bélicas por parte de Estados Unidos y Europa en contra Rusia; en segundo lugar, porque en junio la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos publicaba que la inflación en ese país había alcanzado un aumento interanual de 9,1% en los precios al consumidor, siendo el nivel más alto en 40 años. Esto último se debió a un salto en los precios del combustible y de la electricidad.

En ese mismo mes, la Reserva Federal de Estados Unidos (FED, sus siglas en inglés) aumentó las tasas de interés de los préstamos bancarios en 0,75%. Según economistas, este movimiento financiero es el más grande que ha hecho esa instancia desde 1994.

Para ilustrar mejor, una tasa de interés indica qué tan alto es el costo de pedir prestado dinero, o también qué tan altos son los beneficios por ahorrar. Es decir, si solicitas un préstamo a un banco y tardas en pagar la cuota de la deuda, los intereses serán más altos y endeudarse saldría más caro, limitando así la actividad económica del consumidor y hasta del inversionista.

Es conocido que la FED se apoya en costos de endeudamiento más altos para frenar la demanda e intentar detener una inflación de forma más rápida. Es su receta. Sin embargo, a pesar de estas medidas monetarias impuestas por la FED, la inflación en Estados Unidos se mantuvo en el rango de 8% para agosto de 2022, reflejando que no reduce la inflación pero sí se contrae la economía, provocando a largo plazo la inminente recesión.

Desde una perspectiva histórica, el mundo tiene una lista de crisis bursátiles documentadas, por ello cada crisis financiera es estudiada para poder predecir, evitar y/o disminuir los daños de otras crisis. Por lo general, a un paso antes de un escenario crítico, los mercados retroceden o el comportamiento cambia bruscamente, muchas veces durante días consecutivos.

La recesión más larga de Estados Unidos después del "Crack del 29" sucedió a principios de la década de 1980, y se debió a las subidas de las tasas de interés de la FED, que estaba presidida en ese entonces por Paul Volcker. La política monetaria actual de la FED en manos de Powell es el espejo de la de Volcker, temiendo así decantar las acciones a una recesión mundial.

Cabe destacar que, respecto al "Crack del 29", esta caída del mercado de valores contribuyó indirectamente al ascenso al poder de los nazis en Alemania y al desarrollo en adelante de la Segunda Guerra Mundial, pues los años 1920 y 1946 se caracterizaron por una caída masiva del gasto militar, lo que provocó una desplome significativo del PIB y de los beneficios de las empresas.

Esas dinámicas del mercado pudieran ser similares a lo que sucede hoy en el tablero geopolítico, pero la gran diferencia es que el financiamiento militar a Ucrania es enorme y no se ha detenido en todo este período de contracción económica, debido a que los grandes ganadores en este conflicto son las empresas armamentistas. Así lo informó el Departamento de Estado norteamericano, al anunciar un nuevo paquete de asistencia militar a Kiev de unos 725 millones de dólares, registrando un total hasta ahora de 18,3 mil millones de dólares.

No es aislado que las organizaciones financieras mencionadas estén publicando proyecciones económicas que apuntan a una recesión. En estos últimos meses pareciera que no es la intención de la FED evitar lo que tanto anuncian, se trata de posponer y salpicar el impacto a las llamadas economías emergentes.

En el andamiaje financiero, más allá de las tasas de interés o las primas de riesgo, el factor geopolítico toma relevancia, porque a medida que ocurran eventos de choque con consecuencias globales, éstos permean los esfuerzos de algunos líderes mundiales que buscan frenar otra catástrofe financiera del sistema, sobre todo desde el eje multipolar.

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