Los cowboys de la cocaína

Películas como Caracortada y seriales de televisión al estilo Miami Vice son apenas meros retratos de lo que ocurrió al sur del estado de Florida entre las décadas de 1970 y 1980. La realidad es más cruenta que la ficción.

En este documental dirigido por Billy Corben y lanzado en el año 2006 cuenta los inicios de la historia del negocio de la cocaína en Miami, con los testimonios de sus sobrevivientes y capturados protagonistas. Entre ellos, distribuidores, sicarios, contrabandistas, abogados y oficiales de la DEA que estuvieron involucrados en la sucursal mayamera del cartel de Medellín.

"Una ciudad virgen", así describen Miami a mediados de la década de 1970. Este es el punto de partida cronológico para comprender el desarrollo que tuvo la comunidad de Florida, que servía de puerto estadounidense libre de la droga proveniente de Colombia y otros países de Latinoamérica.

Primero fue la marihuana la más importada, pero la cocaína terminó siendo un producto más lucrativo. La clase pudiente de Miami consumía líneas blancas por toneladas, lo que hizo aumentar el flujo de dólares en los nuevos bancos de la región que sostuvieron el crecimiento de la ciudad.

Nuevas infraestructuras a gran escala como edificios y centros comerciales, urbanizaciones de clase media alta y pudiente, clubes y centros de recreación, en resumen, todo lo referido a la industria de la construcción durante los años 70, 80 y 90 está manchada de narcodinero, y aunque las autoridades estadounidenses se muestren reacias a confesar algún tipo de envolvimiento en el asunto, sin duda la complicidad por omisión es un llamado de atención en el documental de Corben.

En todo caso, tanto los narcotraficantes de la familia Ochoa y Pablo Escobar se beneficiaban del negocio tanto como los inversionistas en bienes raíces.

Para esta película se tomaron los testimonios audiovisuales de Jon Roberts, distribuidor de no menos de lo equivalente a 2 mil millones de dólares en cocaína proveniente de Colombia. Él mismo afirma que con el beneplácito del dictador Manuel Antonio Noriega, a todas estas un agente outsourcing de la CIA, se lavaba a placer el dinero proveniente de la droga con el depósito de los billetes en los bancos de Panamá, cuestión que se confirmó en 2010 por parte de la justicia francesa.

También se presenta a Mickey Munday, quien confirma haber transportado más de 38 toneladas de coca desde Colombia a los EEUU. Se dice en el documental que el 80% de la cocaína que se distribuía en aquel entonces a lo interno del país norteamericano tenía las huellas del cartel de Medellín.

Al día de hoy se han confirmado los lazos entre el cartel de Medellín y la CIA, sin dejar de salpicar en el escándalo a la propia DEA, la agencia antidrogas del gobierno estadounidense. Jon Roberts cuenta que por su contribución en metálico al Partido Republicano, sin importar de dónde provenía el dinero, fue invitado a la Casa Blanca por Howard Baker, quien fue jefe de gabinete del entonces presidente Ronald Reagan. Durante la presidencia de Reagan aconteció el caso Irán-Contra, donde se descubrió el envolvimiento de los EEUU en el negocio de la droga para financiar a la contrarrevolución en la Nicaragua sandinista.

Aunque el documental se centre en los cowboys, es decir, en los sicarios asesinos protagonistas de la guerra de la cocaína en los años 80, entre carteles colombianos y cubanos en Miami, el fondo del documental no queda en entredicho. Más bien hace pensar qué tanto está involucrado el gobierno de los EEUU en el negocio del narco.

Porque se conoce que ha ascendido el consumo de drogas a lo interno de los EEUU. En vista de que la DEA desmanteló ese aparato de narcotráfico, ¿ahora quién lo controla? ¿Quién mete y saca actualmente la droga en ese país, de cuyo dinero ha salvado incluso a los grandes bancos de Wall Street luego de la crisis de 2008?

¿Acaso EEUU es un narcoestado?