Volkswagen y la guerra intestina del 1%

El 1% más rico del planeta ha iniciado una guerra a muerte que busca reducir al máximo la cantidad de membresías y afiliaciones a lo interno de su selecto club. En la arena del mundo financiero comienzan a caer como moscas algunos gigantes de la economía global.

Lo que no se dijo sobre el "escándalo Volkswagen"

Según una publicación del año 2013 de la revista Forbes, Volkswagen figura(ba) como la empresa automotriz más grande del mundo con enormes ventas en 153 países y un valor financiero por el orden de los 254.000 millones de dólares.

Ahora bien, más allá de la ola de indignación mediática que se levantó luego de que el 18 de septiembre pasado la Agencia de Protección Medioambiental Estadounidense (EPA) publicara un informe donde se evidenció que algunos modelos diesel de Volkswagen (Volkswagen Jetta, Beetle, Audi A3 y Golf, principalmente) habían manipulado los datos sobre contaminación ambiental a través de un software instalado en la computadora de esos vehículos, el cual hacía creer que en vez de óxido nitroso botaba flores por el tubo de escape, sin lugar a dudas la estrategia de boicot hacia este gigante alemán escapa de lo meramente automotriz.

Ya en el año 2013 la Reserva Federal de Estados Unidos se había negado rotundamente a la solicitud realizada por el Banco Central de Alemania para que se le permitiera repatriar su oro (casi la mitad del total de sus reservas) depositado en las bóvedas de Fort Knox. Semejante cachetada a las autoridades políticas y financieras alemanas marca el punto de partida de un conjunto programado de ataques diseñados para extirpar (y humillar en el trayecto) a la crema y nata de la oligarquía con más poder político, económico y financiero después de la norteamericana.

Por su parte, el poderoso banco de negocios estadounidense, Goldman Sachs, especula, revende y trafica con títulos de valor basados en los gigantescos reservorios de oro alemán que tiene bajo su mando.

A casi un mes del publicitado "escándalo Volkswagen", la principal industria automotriz alemana (y ya no del mundo en un futuro cercano) tiene prohibido vender sus vehículos en suelo norteamericano, ha perdido alrededor de 15.000 millones de dólares en el mercado financiero internacional por concepto de multas y amonestaciones en varios países del mundo, las acciones de la empresa han caído 20% y Bank Of America (de sus majestades los Rockefeller) convida a sus multimillonarios clientes a comprar barato dichas acciones para luego revenderlas a los gigantes automotrices de Estados Unidos.

Estados Unidos no sólo consiguió barrer con la competencia en su mercado interno para aumentar las ganancias de sus Dos Grandes compañías automotrices (antes del 2008 eran Tres Grandes, pero Chrysler fue destartalada y absorbida con fines monopólicos durante 2008), sino que, además, lograron que Volkswagen cerrara sus concesionarios en España y Francia.

Palabras más, palabras menos: a punta de sobreexponer trapos sucios y manipulando el mercado bursátil a su favor, a General Motors y Ford se le abre el mercado automotriz europeo sin competidores a la vista.

Estados Unidos está desmantelando el poder de la oligarquía europea

Nada es colateral dentro de la estrategia del 1%

La rentabilidad de la bolsa europea depende en buena parte de la estabilidad financiera que patrocina Volkswagen. Aunque si bien la estrategia de aniquilarla quirúrgicamente intenta forzar la (re)apertura de mercados a empresas automotrices estadounidenses, no es menos cierto que la agresión transnacional en cuestión también promueve en simultáneo el desplome sostenido del sistema financiero europeo, la inestabilidad de sus principales bancos, el deterioro en el precio de sus activos y, en consecuencia, la caotización de la Unión Europea como proyecto supranacional pegado con saliva de tortuga.

Las bolsas europeas, por sólo referirnos a un detalle, han mostrado pérdidas abismales desde que Estados Unidos inició los ataques contra Volkswagen.

Deutsche Bank, principal entidad financiera de Alemania y el banco de inversión más importante de Europa, es quizás el suceso reciente que confirma mejor esta hipótesis, puesto que la poderosa institución mencionada está registrando pérdidas por el orden de los 6.2 mil millones de euros, dada la sobreexposición que realizó Wall Street sobre sus movidas especulativas en bancos privados internacionales (como si Wall Street no hiciera lo mismo) y la reducción en la calidad de sus activos casi rozando el default. Además tuvo que pagar una fuerte multa impuesta por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos de 2 mil 500 millones de dólares, lo cual ha resultado en el despido de 15 mil trabajadores, el cierre de filiales y el cese de sus operaciones en diez países. Cuatro de ellos (México, Perú, Nueva Zelanda y Chile), no por casualidad, acaban de firmar recientemente el Tratado Transpacífico con Estados Unidos. Ya se comienzan a observar las maniobras laterales del megatratado.

Estados Unidos está desmantelando poco a poco los andamiajes del poder político y económico de la oligarquía alemana y europea. Proyectar y movilizarse seriamente hacia la quiebra de su principal industria y de su principal banco así lo confirman. Ya la banca estadounidense y las corporaciones transnacionales comienzan a afilar sus colmillos, y será precisamente el TTIP que está en plena negociación, la mordida final.

Por su parte, la constelación de empresas medianas y grandes de origen alemán, francés, español e italiano que dirigen sus negocios nacionales e internacionales desde allí, no tardarán mucho en ruborizarse ante los coletazos de este torbellino de chicotes.

Y fue así, bajo esta misma espiral, que el ex presidente del Grupo Volkswagen, Michael Horn, tuvo que disculparse ante el Congreso de Estados Unidos, donde más de un representante republicano no perdió tiempo en pedir fuertes condenas para toda la directiva y multas mucho más severas. Todo esto televisado en vivo y con una cobertura mediática posterior impresionante.

Así es como se le reduce la moral a cero a la competencia en el violento mundo de los negocios.

Esta guerra intestina se trata de absorber contratos y privatizar servicios

A sangre y fuego se firman los mejores ¿acuerdos?

Durante los últimos meses y días, se han venido suscitando compras significativas en varias corporaciones transnacionales de origen norteamericano. "Compras" se nombra desde la opacidad armoniosa del lenguaje especializado en materia financiera, cuando en realidad el proceso bajo el cual se "acuerdan" está repleto de extorsiones comerciales, sabotajes en la venta de activos y en los balances financieros de lado y lado, además de la fuga mediática de informaciones secretas que vinculen a la corporación que se desea absorber con algún "escándalo" o hecho "indignante".

Hace poco más de una semana se oficializó la compra más grande en la historia del sector tecnológico global: la corporación Dell compró a uno de sus principales competidores, la gigantesca EMC, por 67.000 millones de dólares, creando así la compañía transnacional líder en productos y servicios tecnológicos en más de 150 países.

Sin embargo, el prólogo de esta megacompra no escapa de las características que amasaron el "escándalo Volkswagen".

Luego de que a mediados del año 2013, el agente Edward Snowden filtrara documentos confidenciales de la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos (NSA, por sus siglas en inglés) sobre actividades de espionaje a líderes y gobiernos del mundo mediante el proyecto Prism, los conglomerados más importantes del sector tecnológico fueron brutalmente afectados (a excepción de Dell): RSA (filial de EMC), IBM, Cisco Systems y Oracle Corporation estuvieron implicadas como contratistas de dicho proyecto.

Tanto fue así que autoridades del gobierno chino, meses después, se encargaron de impedir por distintas vías que el sector público en su totalidad contratara servicios tecnológicos con empresas vinculadas con el "escándalo", perjudicando las ventas y la participación en el mercado chino por parte de estos conglomerados. En consecuencia, la reducción del valor de la empresa se hizo sentir rápidamente y fue el momento preciso para que Dell hiciera gala de su cartera de extorsiones comerciales, ofreciendo un monto muchísimo más bajo para concretar la compra de EMC.

Y quizás es hasta secundario que ahora Dell posea la gigantesca porción en el mercado chino que hasta hace un año gozaba EMC o que pueda señorear con mayor facilidad la aguda competencia a lo interno de Estados Unidos. Lo realmente importante de toda esta guerra intestina (al menos en el sector tecnológico) es quien absorbe los multimillonarios contratos de seguridad del gobierno estadounidense y quien privatiza (y utiliza de acuerdo a sus intereses) los innumerables datos y secretos de inteligencia política y financiera global que desde ahí emanan. Dell ganó la carrera y pudo ahorrar capital en el trayecto. Sin lugar a dudas tiene mucho que agradecerle a Edward Snowden.

Guerrilla financiera, datos colaterales y cómo el capitalismo global niega tranquilamente sus basamentos ideológicos

  • La empresa HP ya comenzó a expresar temor por la megacompra de Dell. Su directora principal, hace tan sólo una semana, asumió que el camino será "muy difícil" para competir contra este nuevo gigante tecnológico. Apple es la única corporación que tiene el suficiente músculo financiero para contener el renovado poderío de Dell en el apetitoso mercado asiático.
  • Lenovo, empresa tecnológica de capital chino, compró una parte importante de los servicios digitales de IBM por el orden de los 2 mil 300 millones de dólares a principios de año, restándole capacidad de influencia internacional al oligopolio norteamericano. IBM, tratando de sobrevivir a la guerra incentivaba por Dell y aprovechada por Lenovo, compró en 1 mil millones de dólares una empresa dedicada a capturar imágenes médicas. Y durante esta última semana, precisamente, fue el sector salud el que llevó a números rojos los cierres en Wall Street.

En el proyecto del 1% no existen Estados y poblaciones, sino consumidores globales de una sola marca

  • El cartel Monsanto ofreció hace dos meses 47 mil millones de dólares a Syngenta (de capital suizo) para comprar el 100% de sus acciones y así convertirse finalmente en el monopolio internacional del agronegocio. No es casualidad que recientemente los balances financieros de Syngenta estén siendo manipulados abiertamente por los lobos de Wall Street, comprometidos en bajarle el valor a la empresa con el propósito de forzar una "compra necesaria" a futuro por parte de Monsanto.
  • La reciente visita del presidente de la República Popular China, Xi Jinping, al Reino Unido, protagonizó la firma de importantes acuerdos financieros aprovechando el punto de equilibrio geofinanciero que representa Londres. Al verse vapuleado por los constantes vaivenes programados de Wall Street y por los constante ataques contra el sedimento financiero de Europa, la libra esterlina busca apoyarse en la internacionalización del yuan para respirar en medio de los bombardeos. Los chinos, sumando movimientos tácticos en su interés estratégico de derribar al dólar como reserva monetaria hegemónica, se aprovechan inteligentemente de la situación y ponen los yuanes necesarios (5 mil millones en bonos) para quitarle oxígeno a su principal oponente.
  • Producto de la caída de los precios internacionales del petróleo, los principales bancos estadounidenses comienzan a mordisquearse para ver quién va a pagar los platos rotos del endeudamiento financiero ligado al fracking.

El monumental banco de inversión Goldman Sachs, que según el historiador ruso Andréi Fursov está ligado a la poderosa oligarquía global de los Rothschild, viene sufriendo la peor parte tanto por las abismales caídas del 38% que ha registrado en su último trimestre (1 mil 300 millones de dólares aproximadamente), como también por las movidas de Bank Of America (de sus majestades los Rockefeller) en el paraíso de la desregulación financiera conocido como ETF (Exchange Traded Fund), donde pueden especular, vender y definir el precio de bonos, acciones y activos, en el momento y hora que les plazca, sin que Wall Street, el Departamento del Tesoro y los bancos competidores establezcan ninguna barrera al principio o al fin de la jornada bursátil.

Mientras Goldman Sachs, Wells Fargo y JP Morgan pierden gigantescas cantidades de capital producto de que Exxon Mobil (también de los Rockefeller) y otros gigantes petroleros se negarán a pagar los créditos provenientes de estas instituciones, Bank Of America sale ileso de la guerra intestina y aprovecha el contexto para dirigir la mirilla hacia aquellos que comienzan a caminar forzosamente a la quiebra.

El capitalismo globalizado, a la luz de los datos acá presentados, poco le importa respetar los principios que economistas y tecnócratas de aquí y allá repiten cual biblia. La mano invisible del mercado, la competitividad y la no intervención del Estado en la economía pasaron de ser máximas incuestionables a obstáculos para los intereses dictatoriales del 1% más rico a nivel planetario.

El capitalismo está negando la famosa y publicitada competencia cuando en su seno se está presentando una cruenta guerra por ver cuál empresa (de las pocas que existen ya) domina en solitario el mercado mundial en determinado sector. El capitalismo está negando el "libre mercado" cuando define el precio y el intercambio comercial sin prestarle atención a los eufemismos de la oferta y la demanda, y sí prestándole mucha atención a sus ganancias. El capitalismo está negando "la no invertención del Estado en la economía" cuando los sobornos y los contratos públicos sirven de pivote para triturar a la competencia, imponerle multas y restringir sus actividades en mercados estratégicos.

Y tiene que ser así en el proyecto de mundializar aún más su tiranía sobre todos los órdenes de la vida. En ese proyecto a largo plazo no existen Estados y poblaciones, sino consumidores globales de una sola marca producida por una misma corporación omnipotente, infranqueable, supranacional y sacrosanta, que extrae toda la energía (humana y natural) del planeta en pro de su ilimitado beneficio.

Mientras siguen los disparos y aumentan las bajas en el violento mundo de los negocios, Leonardo Di Caprio se encuentra produciendo una película sobre el "escándalo Volkswagen". El 1% no deja cabos sueltos. No se hicieron dueños del planeta siendo honestos o solidarios.

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