¿Traer la OTAN a Suramérica?

Venezuela: la última calumnia de Washington

La administración Trump acaba de acusar al recién nombrado vicepresidente venezolano Tareck El Aissami de estar involucrado en el tráfico de drogas, poniendo sobre la mesa la vociferante charla criminalizadora: sanciones ilegales contra un dignatario extranjero, prohibición de entrada a los Estados Unidos e incautación de activos. Este es el comportamiento abyecto de los Estados Unidos en su máxima expresión, como lo son tantos otros de la misma naturaleza a lo largo del mundo.

Por ello, permítanme decirlo de una vez: podemos protestar todo lo que queramos. Al Imperio anglo-sionista en Washington y sus vasallos europeos no les importa ni un poquito. Al contrario, mientras más protestas desventuradas hay, más ríen entre ellos: "¡Bingo! Lo hicimos de nuevo. Caso cerrado". Y las sanciones permanecen. Nuevas se inventan cada día según su voluntad, dónde y cuándo le plazca al Imperio. Porque no pasa nada de parte de quienes se le oponen, aparte de calenturas.

Sanciones económicas, como la mayoría, pueden mantenerse y ser exitosas, en la medida en que los países que se resisten a los dictados de Washington permanezcan atados al esquema monetario fraudulento y basado en el dólar de Occidente. El sistema está totalmente privatizado por una pequeña élite dirigida por sionistas. La Reserva Federal, Wall Street, Bank for International Settlement (BIS) son todas instituciones privadas, en gran parte controladas por los clanes Rothschild, Rockefeller, Morgan, etc. También son apoyados por las instituciones de Breton Woods, el FMI y el Banco Mundial, convenientemente creados bajo la Carta de la ONU.

Pocos economistas progresistas comprenden cómo esta estafa piramidal basada en la deuda está manipulando todo el sistema económico occidental. Mientras que en un mundo justo debería ser lo contrario, siendo la economía la que configura, diseña y decide el funcionamiento del sistema monetario y su política.

Incluso Rusia, todavía con atlantistas al mando del Banco Central, así como de buena parte de su sistema financiero, en gran medida, no es totalmente independiente del dominio del dólar; por ahora.

Los "renegados" del Estado profundo globalizado estadounidense deben desdolarizarse y migrar hacia la economía oriental basada en la Organización de Cooperación de Shanghai (SCO, que incluye a Rusia, China, la mayor parte de Asia Central, Pakistán, Irán y, para bien o para mal, India, que es un contendiente). Es aquí donde se encuentra el futuro, donde emergen enormes y honestas posibilidades de desarrollo económico; especialmente la Nueva Ruta de la Seda lanzada por China, que prefigura un boom industrial, tecnológico y de infraestructura, conectando Vladivostok con Lisboa y Shanghái con Hamburgo y todo lo que está en el medio). El presidente de China Xi Jinping ha abierto la puerta para que todos se unan. Nada forzado, pura invitación.

Esto también significa romper con los tentáculos de la deuda del FMI, del Banco Mundial y el resto de los gángsters monetaristas occidentales. Esto no sucede de la noche a la mañana, pero los pasos hacia la recuperación de la soberanía deben ser iniciados más temprano que tarde para mitigar, denunciar y anular las dañinas consecuencias de las sanciones. Para Rusia, a pesar de los atlantistas, las sanciones eran una bendición. "Son lo mejor que le pudo pasar a nuestra economía", dijo Putin. "Nos empujaron a promover una economía autosuficiente, especialmente en agricultura y desarrollo industrial". En 2015, Rusia fue el principal exportador mundial de trigo.

¡La otanización de América Latina! ¡Qué panorama!

De vuelta a las drogas y la lucha contra los barones de la droga

El Plan Colombia, que inició en el año 2000 y desde entonces ha costado unos 20 mil millones de dólares, fue oficialmente diseñado para combatir las plantaciones de coca de la mafia de la droga y los cárteles. Sin embargo, desde que comenzó el Plan, la superficie de las plantaciones de coca en Colombia se ha más que duplicado, la eficiencia de producción actual es casi tres veces más de la que había en el año 2000.

Las falsas acusaciones y ultrajantes calumnias de Washington hacia el vicepresidente de Venezuela Tareck El Aissami son totalmente absurdas. En primera instancia, apuntan a fortalecer la propaganda negativa sobre Venezuela ante el desinformado y público cerebralmente lavado, es un ejercicio de los medios de comunicación internacional. Es propaganda de "noticias falsas" (fake news) que busca involucrar a Venezuela en la "guerra" contra las drogas en la que participan Colombia, México y Perú; todo esto fomentado por Washington.

Hasta su reciente designación como vicepresidente, El Aissami fue ministro de Interior y Justicia, luchando con éxito contra las mafias de la droga, la última promovida de manera encubierta por la DEA y la CIA. Tomando medidas de presión contra el nuevo vicepresidente podría ser un castigo por su inquebrantable lucha contra los narcotraficantes respaldados por Estados Unidos mientras era ministro de Interior y Justicia.

De hecho, durante su tarea ministerial, Tareck El Aissami, un hombre de integridad plena, golpeó duramente a los cárteles internacionales, capturando 102 narcos, de los cuales 21 fueron extraditados a los Estados Unidos. Para hacer las cosas aún más ridículas, aparentemente, Tareck El Aissami ni siquiera tiene una visa  ni tiene ningún activo en los Estados Unidos que pueda congelarse, como se afirma.

La agenda de mayor escala detrás de este último plan de difamación puede ser un intento monstruoso de llevar la OTAN a Suramérica. Sí, ha leído bien: la rama militar europea del Pentágono, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN, sus siglas en español). No tienen absolutamente nada que hacer en América Latina, pero mientras nadie grite asesinato alguno y actúe en su contra, la impunidad del Imperio no tendrá final.

El hecho poco divulgado es que el presidente Manuel Santos de Colombia ha invitado recientemente a la OTAN a venir a Colombia para ayudarle a "combatir el crimen organizado", es decir, probablemente una nueva guerra contra las FARC, fácilmente reactivada con unas cuantas banderas falsas; como ya ocurrió recientemente.

Esta jugada está en preparación desde 2012/2013, desde el inicio de las negociaciones de paz entre el Gobierno de Santos y las FARC. Comenzó con un denominado "Acuerdo de asistencia técnica de mejores prácticas" entre la OTAN y Colombia, ampliable a tropas reales y movimientos de arsenal en Colombia, lo que significa automáticamente el despliegue de la OTAN en toda América Latina. ¡La otanización de América Latina! ¡Qué panorama!

Venezuela, con Hugo Chávez, fue el único país que podía verse protestando durante las negociaciones iniciales de Colombia con Bruselas/OTAN. Actualmente, a excepción de Venezuela, no conozco ningún otro país latinoamericano que protestara. No es que importaba, ya que nada importa a la "nación excepcional". Pero sí ayudaría a difundir conciencia sobre lo que Washington tiene reservado como su última atrocidad opresora en América Latina.

¿Podría ser este uno de los principales propósitos de esta intimidante difamación lanzada contra Venezuela y su Vicepresidente, cuya integridad ética está probada sin lugar a dudas?


Peter Koenig es economista y analista geopolítico. Trabajó en el Banco Mundial y de forma extensa alrededor del mundo en el campo del medio ambiente y recursos acuíferos. Participa en conferencias universitarias en Estados Unidos, Europa y Suramérica. Es colaborador regular de Global Research, Information Clearing House, RT, Sputnik, PressTV, Telesur y el blog de The Saker, entre otros. Autor de varios libros.

Publicado originalmente el 17 de febrero en la versión en inglés de The Saker. La traducción para Misión Verdad la realizó María Luisa Salazar.

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