¿Venezuela el país más miserable? Y mira quién lo dice

Acaba de publicarse en Venezuela un "estudio" que nos coloca en el primer lugar entre los países más miserables del mundo. Así como lo oye o lo lee. Detrás de nosotros en esa lista abominable figuran Irán, Serbia, Argentina, Jamaica, Egipto y España, en ese orden.
 
Esa lista se publica en un momento en que le cae de maravilla al conglomerado de neuróticos que esperan con ansias este tipo de reportes: los que lo atornillan en la tesis de que estamos peor que Haití y que Sudán.
 
Pero el chiste no es ese, sino la clase de personajes que han emitido ese dictamen. Se trata del Cato Institute. Instituto Cato pues. ¿Sigue sin sonarle el nombre? Habrá que echarles un cuento entonces, o dos.

Más neonazis, imposible

Usted nunca va a encontrar a nada ni a nadie, ni a persona ni a organización, más ultracapitalista, nazi-fascista ni repugnantemente anticomunista y antipueblo que este Cato Institute. Estos perros se ubican tan a la derecha del espectro político que en 2008 entraron en discordia con los dos candidatos a la presidencia de EEUU, Barack Obama y John McCain, porque consideraban que la tendencia de ambos era algo así como comunistoide. Usted seguramente creía que a la derecha del Partido Republicano gringo sólo había una pared. Pues asústese: Cato Institute está más a la derecha que Obama, Bush, Reagan, los cuáqueros, el gobierno israelí y la pared.
 
Este club de momias, cuyo mérito más universal ha sido diseñar las políticas neoliberales que aplicó a punta de desaparecidos y torturas el dictador Augusto Pinochet, se autodefine como una organización sin fines de lucro cuyo objeto es promover un estado de cosas donde reinen la "libertad individual, el gobierno limitado y el libre mercado".
 
Esto, en el papel; en la vida real es un poderoso grupo hegemónico cuyas fuentes de financiamiento son un agujero negro del que sólo una vez trascendieron datos fidedignos: la Phillip Morris y Exxon Mobil le aportan candela y gasolina a esta maquinaria de destruir países y abrirles paso a las hegemonías.

Financistas del terror y la guarimba

Esta misma organización le dio un "premio" (el Milton Friedman: tributo y reconocimiento al hombre que ayudó a Pinochet a destruir a Chile con la excusa de salvarlo del comunismo) en 2008 a aquel pazguato nombrado Yon Goicoechea, quien recibió en esa oportunidad 500 mil dólares "por haber derrotado a Hugo Chávez en el referéndum por la Reforma Constitucional" (esa fue la fantasía del año para la escualidera). Pero ¿en realidad los recibió él solo?
 
"Premio" fue la palabra que le dieron a un gesto que en realidad representó un financiamiento directo de esta corporación de corporaciones ultraliberales a los factores de la conspiración activados en 2007. Goicoechea, la figura más visible de un movimiento conspirativo ejecutado en defensa de las empresas 1BC, que se negaba a perder la concesión del canal RCTV, fue ungido como protolíder anticomunista y pichón de dirigente, algo así como un presidente del futuro en formación.
 
Transcurrieron unos pocos meses, el glorioso ganador del "Milton Friedman" se zambulló en la arena política (para eso fue que le pagaron) pero fue echado a patadas de Primero Justicia por pretender darles órdenes a Borges, a Capriles y a la plana mayor del partido de los partidos de derecha.
 
"Usted tiene que aprender primero a no arrecharse si alguien opina distinto a usted", le dijeron. El pobre Goicoechea se desencantó en tiempo récord y se largó a Estados Unidos, donde todavía deben estar lamentándose de la forma en que perdieron esos dólares tratando de estimular a un paladín que no aguantó ni un año la mecha del vaporón político.
 
Ese es, en líneas generales, el club que vuelve a meter las pezuñas en Venezuela, por cierto, justo unos pocos días después de haberse largado del país uno de sus disertadores consentidos: el Vargas Llosa. Qué casualidad.

 

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