El infierno desconoce la furia de un Sultán de teflón

Turquía: Erdogan da un vuelco geopolítico con el contragolpe

Cuando el presidente/aspirante a Sultán Recep Tayyip Erdogan aterrizó en el aeropuerto Ataturk en Istambul el sábado temprano en la mañana, declaró que el intento de golpe contra su gobierno había fracasado. Y que fue "un regalo de Dios".

Al parecer, Dios usa Face Time. Fue vía este icónico registro de iPhone, desde una locación desconocida, transmitido en vivo por CNN Turk por una desconcertada ancla, que Erdogan se las arregló para llamar a su legión de seguidores a irse a la calle, a desencadenar "el Poder del Pueblo" y derrotar a la facción militar que había tomado la televisora del Estado proclamando que ellos estaban a cargo.

Así que, efectivamente, Dios obra de formas (móviles) misteriosas. El llamado de Erdogan incluso fue atendido por los jóvenes que ferozmente habían protestado contra él en el Parque Gezi, que fueron bombardeados con gases lacrimógenos y cañones de agua por su policía, que creen que el gobernante AKP (el partido de Erdogan) es repugnante, pero que lo apoyarían en contra de un golpe "militar fascista". Sin mencionar que virtualmente todas las mezquitas a lo largo de Turquía replicaron el llamado del presidente turco.

La versión oficial de Ankara dice que el golpe fue perpetrado por una pequeña facción militar dirigida a control remoto por el clérigo Fethulah Gulen, exiliado en Pensilvania; él mismo es un activo de la CIA. Pero mientras las responsabilidades permanezcan debatibles, lo que queda claro es que el golpe fue un remix de Los Tres Chiflados; de hecho, los tres chiflados actuales pudieran ser los ya arrestados general Adem Huduti, Comandante del 2do Ejército; Erdal Ozturk, comandante del 3ro; y el ex jefe del Estado Mayor de la fuerza aérea, Akin Ozturk.

Mientras en los canales norteamericanos resonaban de forma sobre-excitada los ex operadores de la CIA –y ellos saben una o dos cosas sobre cambio de régimen– la regla número uno en un golpe es apuntar, y aislar, a la cabeza de la serpiente. Pero la astuta serpiente turca, en este caso, no se encontraba por ninguna parte. Sin mencionar que ningún general de alto nivel que sonara convincentemente patriótico apareció en TRT, el canal televisivo del Estado, para explicar detalladamente las razones del golpe.

El amor (de Erdogan) está en el aire

Los golpistas sí apuntaron contra los servicios de inteligencia, cuyas principales posiciones se encuentran en el aeropuerto de Istambul, el palacio presidencial en Ankara y cerca de los ministerios. Contra estos objetivos emplearon helicópteros Cobra, con pilotos entrenados en los Estados Unidos. También apuntaron contra el alto mando militar, que en los últimos 8 años ha sido designado por Erdogan, por el que existe desconfianza por parte de muchos oficiales de mando medio.

Al ocupar los puentes del Bósforo en Istambul, parecían estar en contacto con la policía militar, que está desplegada por toda Turquía y que tienen un sólido esprit de corps (espíritu de cuerpo). Pero al final no tenían ni los números, ni la preparación necesaria. Todos los ministerios claves, al parecer, mantuvieron comunicaciones entre sí mientras se desenvolvía el golpe, al igual que los servicios de inteligencia. Y en lo que respecta a la policía turca como un todo, en la actualidad son una suerte de guardia pretoriana del AKP.

Mientras tanto, el Gulfstream 4 vuelo TK8456 de Erdogan despegó del aeropuerto de Bodrum a la 1:43 am y voló por horas sobre el noreste turco con el transpondedor encendido, sin perturbación alguna. Fue desde el avión presidencial, todavía sin despegar, que Erdogan salió por Face Time, y luego, desde el aire, se las arregló para controlar el contragolpe. El avión nunca abandonó el espacio aéreo turco, y estaba totalmente a la vista de los radares civiles y militares. Los F-16 de los golpistas podían fácilmente rastrearlo y/o incinerarlo. En vez de eso, enviaron helicópteros militares para bombardear la residencia presidencial en Bodrum, mucho tiempo después de que Erdogan abandonara el edificio.

Erdogan al controlar los cielos de Ankara terminó el juego golpista

La cabeza de la serpiente debió haber estado 100% seguro de que abordar su avión y permanecer sobre el espacio aéreo turco era tan seguro como comerse un baklava. Lo que es aún más deslumbrante es que el Gulfstream pudo aterrizar en Istambul con absoluta seguridad a tempranas horas de la mañana del sábado, a pesar de que prevaleciera la idea de que el aeropuerto estaba ocupado por los "rebeldes".

En Ankara, los "rebeldes" desplegaron una división mecanizada y dos comandos. Alrededor de Istambul había todo un ejército: el 3er comando está actualmente integrado por las fuerzas de reacción rápida de la OTAN. Suplen al cuerpo de Leopardos, posicionado en puestos claves de Istambul, que, por cierto, no abrieron fuego durante el golpe.

Pero todavía los dos destacamentos posicionados en las fronteras siria e iraní permanecieron en modo "esperar y ver". Y luego, a las 2 am, el mando del también clave 7mo ejército, apostado en Diyarbakir –a cargo del combate contra las guerrillas kurdas del PKK–, proclamó su lealtad a Erdogan. Este fue el exacto, crucial momento en el que el Primer Ministro, Binali Yildırım, anunció una zona de exclusión aérea sobre Ankara.

Esto significó que Erdogan controlaba los cielos. Y que el juego terminó. La historia ciertamente se mueve en formas misteriosas; la zona de exclusión aérea tanto tiempo soñada por Erdogan sobre Alepo o la frontera turco-siria terminó materializándose sobre su propia capital.

Reúne a los sospechosos habituales

Desde el principio, la posición de los Estados Unidos fue extremadamente ambigua. Al darse el golpe, la embajada norteamericana en Turquía lo llamó "el alzamiento turco". El Secretario de Estado, John Kerry, en Moscú discutiendo el tema sirio, también hizo su apuesta. La OTAN estaba muda. Sólo cuando quedó claro que el golpe fue efectivamente destrozado fue que el presidente Obama y los "aliados de la OTAN" oficialmente declararon su "apoyo al gobierno democráticamente electo".

El Sultán volvió al juego y resuelto a vengarse. Inmediatamente salió en vivo por CNN Turk exigiendo que Washington entregara a Gulen, sin siquiera tener alguna evidencia de que él hubiera organizado el golpe. Y eso vino con una amenaza incorporada: "Si quieren conservar el acceso a la base aérea de Incirlik (donde está apostada la OTAN), tendrán que entregarme a Gulen". Es difiícil no recordar la historia reciente, cuando el régimen de Dick Cheney, en 2001, exigió a los talibanes que entregaran a Osama Bin Laden a los Estados Unidos sin ofrecer prueba alguna de que haya sido el responsable por el atentado del 11 de septiembre.

Así que la sorprendente posibilidad número uno es viable: los servicios de inteligencia de Erdogan sabían que se estaba macerando un golpe, y el astuto Sultán permitió que sucediera a sabiendas de que iba a fracasar, ya que los golpistas tenían un apoyo verdaderamente limitado. Tambíen sabría con seguridad –y de antemano– incluso que el pro-kurdo Partido Democrático del Pueblo (HDP, por sus siglas en turco), a los que Erdogan está tratando de expulsar del parlamento, apoyarían al gobierno en nombre de la democracia.

Dos hechos adicionales le agregarían credibilidad a esta hipótesis. A principios de la semana pasada, Erdogan firmó un decreto que le confiere inmunidad a los soldados mientras hacían parte de las operaciones domésticas de seguridad –es decir, contra el PKK–, lo que describe una mejora en las relaciones entre el gobierno del AKP y el ejército. Y luego, el principal cuerpo judicial de Turquía, el HSYK, destituyó a 2 mil 745 jueces en una reunión extraordinaria post-golpe. Esto sólo puede significar que la lista fue elaborada con antelación.

El proyecto neo-otomano sigue activo, pero ahora bajo una enorme reorientación táctica

La principal e inmediata consecuencia geopolítica post-golpe es que ahora pareciera que Erdogan, milagrosamente, ha reconquistado su "profundidad estratégica", de acuerdo a cómo lo concebiría el desplazado primer ministro Ahmed Davutoglu. No sólo a lo externo –luego del miserable colapso de sus políticas para el Medio Oriente y los kurdos–, sino a lo interno. Para todo efecto práctico, Erdogan ahora controla el poder ejecutivo, el legislativo y el judicial, y no está tomando prisioneros en su purga definitiva contra el ejército de una vez por todas. Damas y caballeros, el Sultán está en la casa.

Esto quiere decir que el proyecto neo-otomano sigue activo, pero ahora bajo una enorme reorientación táctica. Ahora, el verdadero "enemigo" son los kurdos sirios, ni Rusia ni Israel (y tampoco ISIS/ISIL/Daesh; pero ellos nunca lo fueron en primer lugar). Erdogan va por el YPG, que para él es una mera extensión del PKK. Su orden del día es evitar por todos los medios que se consolide una entidad estatal al noreste de Siria, un "Kurdistán" conformado como una segunda Israel apoyada por los Estados Unidos. Para eso, él necesita alguna suerte de entente cordiale con Damasco, entendiéndose como una forma de insistir en que Siria debe preservar su integridad territorial. Esto significa también, por supuesto, un diálogo renovado con Rusia.

¿Entonces en qué ha andado la CIA?

Sobra agregar que ahora Ankara y Washington se encuentran en un certificado rumbo hacia el choque. Si el Imperio del Caos tiene una mano oculta en el golpe –ninguna prueba a la vista, por ahora–, esta provendría con toda seguridad del eje CIA/neoconservadores de Washington, no de la Administración Obama de cartón. Por el momento, el apalancamiento de Erdogan sólo suma el acceso a la base de Incirlik. Pero su paranoia está por los aires: para él, Washington es doblemente sospechoso porque aloja a Gulen y apoya al YPG.

El infierno también desconoce la furia de un Sultán subestimado. Todos sus recientes disparates geopolíticos, el balet simultáneo de Erdogan para reconectar con Israel y Rusia, son eminentemente pragmáticos. Él sabe que necesita a Rusia para el gasoducto Turkish Stream y para construir plantas nucleares; y necesita del gas israelí para consolidar el papel de Turquía como esencial para la encrucijada energética oriente-occidente.

Cuando crucialmente nos enteramos de que Irán apoyó la "valiente defensa de la democracia" en Turquía, tal como tuiteó el Canciller Zarif, queda claro cómo Erdogan, en tan sólo unas semanas, reconfiguró todo el cuadro regional. Y esto enuncia la integración con Eurasia y una Turquía profundamente conectada con las Nuevas Rutas de la Seda, y no con la OTAN. No extraña que Washington –para quien de forma abrumadora Erdogan es el proverbial "aliado desconfiable y errático"– entre en pánico. Al menos en el futuro previsible, aquel sueño de coroneles turcos bajo órdenes directas de la CIA se acabó.

¿Y qué con Europa? Yildırım ya dijo que Turquía podría reinstaurar la pena de muerte, para aplicársela a los golpistas. Esto quiere decir, en esencia, adiós a la Unión Europea (UE). Y adiós a la aprobación, por parte del Parlamento Europeo, de un régimen libre de visas para los turcos que visiten Europa. Después de todo, Erdogan ya obtuvo lo que quería de la Canciller Merkel: aquellos 6 millardos de euros para contener la crisis de refugiados, que él, básicamente, desencadenó. Merkel le apostó todo a Erdogan. Ahora ella habla sola, mientras que el Sultán es capaz de llamar a Dios por Face Time. 


Publicado originalmente en la versión en inglés de Sputniknews el 17 de julio. La traducción para Misión Verdad fue realizada por Diego Sequera.

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