¿Tercera Guerra Mundial? (+ sanciones)

Cuando la Cámara Baja estadounidense aprobó una resolución que permite declararle la guerra a Rusia, muchos volvieron al interrogante existencialista sobre el fin de la humanidad como especie gracias al uso de armas nucleares.

Y cuando el Senado hizo lo mismo pero con sanciones a funcionarios venezolanos nos volvimos a preguntar qué tan cerca de ella estamos y cuál es nuestro desafío como chavistas, partes totales de un continente.

El globo antes que fuera metido en el logo de una marca internacionalizada ya era una guerra, la famosa lógica evolutiva "darwinista social" del fuerte se come al menos fuerte, nos ha llevado a nuevas formas bélicas y a lo que se ha denominado la guerra líquida o posmoderna, basada en las percepciones construidas desde lo mediático, los famosos tanques y cohetes informativos combinados con las revoluciones tecnológicas y las telecomunicaciones.

Ahora, la humanidad esconde la violencia debajo de la alfombra a través de esto, pero, como decía el embajador Roy Chaderton, detrás de eso viene la guerra propiamente, y ahí es donde surgen los interrogantes sobre el uso o no uso de las armas nucleares y el desafío del chavismo por no dejar pasar esa Tercera Guerra Mundial al continente como un deber patriótico, latinoamericano y sobre todo humano y de defensa de la vida.

Introducción a la Guerra Mundial ¿Qué saber? ¿Dónde estamos?

A lo largo de la última década, las cumbres presidenciales de países de la región han hecho énfasis en que América Latina es un continente de paz. En el marco de la inauguración de la sede de la Unasur en Quito, Ecuador, Lula Da Silva, el expresidente de Brasil, volvió a remarcarlo e hizo énfasis en que hay que terminar con el conflicto en Colombia y evitar que pase una guerra mundial al continente.

Sin haber sido el escenario de las últimas dos guerras mundiales, pero sí habiendo sido centro de agresiones imperialistas antes, durante y después la Guerra Fría, la realidad actual de América Latina se circunscribe a un complejo mundo que avanza hacia la agudización de múltiples guerras como expresiones de una disputa real entre el 1% anglosionista que no quiere ceder poder y los millonarios burocráticos chinos que avanzan en pintar el Nuevo Orden Mundial con ellos como centro del mundo, además de otros actores geopolíticos como polos de poder dispersos, como ya se ha explicado en tantas ocasiones.

Viendo que los conflictos, guerras, intervenciones encubiertas y disputas económicas no cesan (ni lo harán nunca), es natural que nos preguntemos hacia dónde vamos como especie y qué tan traumático va a ser esto hasta que los centros de poder se consoliden, así como sus áreas de influencia, lo que más o menos significa qué es lo tuyo, qué es lo mío y cuánto hay para eso.

Evidentemente, los proyectos de dominación mundiales son diferentes y el emergente fascismo como nueva fase de la humanidad no es un horizonte que erotice demasiado más que a los fetichistas de la catástrofe, si se entiende que es parte del mismo contexto de disputa e intervencionismo en la guerra mundial emergente donde también aparecen levantando sus paletas la guerra al barril de petróleo, el sancionismo económico, los conflictos deslocalizados en las periferias y otras realidades subterráneas de la guerra líquida.

Por eso la historia reciente, su marco de referencia y los datos sueltos pero esenciales son órganos vitales para acompañar el corazón de la racionalidad que moviliza el análisis, y sobre todo la acción, que es parte de una y de la otra, como elementos fundantes del nosotros como sujetos y sujetas de cambio en la multipolaridad aún no prevista en el tiempo corto, ni en el mediano, al menos sin violencia.

El nudo de las sanciones económicas

Este año vimos a Ucrania como un punto de quiebre y un salto bélico que no va a volver atrás, ya que formaliza (junto a otros hechos) que el libre comercio en el mundo, con las transnacionales anglosionistas gobernando teledirigidamente, no va a ser como querían que fuera y que Rusia tampoco se va a subordinar a este proyecto atlantista, sino que su baile es más en ser la puerta de entrada y aprovisionamiento energético entre Europa y Asia.

Así que Ucrania y su ingreso a la Unión Europea es en realidad la cortina de hierro que el 1% arroja encima de Europa para dividir lo que es suyo y lo que es del eje de Eurasia con China a la cabeza. En ese sentido es que hay que leer las sanciones y contrasanciones entre Rusia y la Unión Europea para entender la lógica sancionista que se intenta aplicar contra Venezuela desde el Congreso estadounidense luego de que las transnacionales y el poder financiero aplicaran un bloqueo de facto hacia el país en el veto a Venezuela en los mercados internacionales y la manipulación de sus índices exteriores, tales como el riesgo país y sus bonos de deuda, que valen menos que países con deudas que sobrepasan largo y tendido el PIB entero, mientras aquí ésta se encuentra en 42%.

Si entendemos que las sanciones a Rusia implican (e implicaron) una fuga de capitales de 125 mil millones de dólares, una devaluación y especulación con su moneda y la posibilidad de entrar en recesión con la combinación de la baja del petróleo, es que podemos comprender la tenaza que el 1% comienza apretar cada vez más en la patria de Bolívar y también cómo el mismo continente, el nuestro, comienza a ingresar en la etapa de las desestabilizaciones directas en los polos de poder regionales con más autonomía, como Argentina y el fondobuitrismo, los ataques al PT y los aviones que se caen en Brasil.

Es en esta lógica de guerra líquida, no diferente a la de otras épocas de intervención, que el Estado profundo estadounidense usa todo su poder para realizar un cerco económico-militar hacia Rusia y los países díscolos que fuerce el rumbo hacia un "cambio de régimen", ya sea a través de las quintas columnas internas o de los bloques dominantes desplazados por los soberanistas que responden al proyecto de dominación atlantista del anglosionismo, listos a aprovechar el "desencanto popular" por la "crisis económica" generada por las sanciones y las manipulaciones financieras.

En sí, la jugada de gran alcance del Estado profundo es golpear económicamente, asfixiar a lo interno, generar movimientos que capitalicen el descontento y generar una tensión en los gobiernos que estén cerca de pegar un viraje hacia Eurasia, como le sucede a la Unión Europea, donde hasta la elite alemana está comenzando a preguntarse qué tan viable es negarse a la realidad ante los ojos del ascenso de China y la creciente desdolarización del comercio energético con los acuerdos con Moscú de al menos 400 mil millones de dólares.

El Estado profundo estadounidense usa todo su poder para realizar un cerco económico-militar hacia Rusia y los países díscolos que fuerce el rumbo hacia un "cambio de régimen", ya sea a través de las quintas columnas internas o de los bloques dominantes desplazados por los soberanistas que responden al proyecto de dominación atlantista del anglosionismo

Y esta es sólo una de las caras de las guerras, pero es la que más permea en la cotidianidad de la población, sobre todo si se asocia a una burguesía parásita y financierista que esté sedienta de volver al viejo esquema de poder de la desregularización financiera y el regalo de los recursos naturales, como se lleva a cabo en la Alianza del Pacífico. Y vemos cómo van en México y Colombia, por ejemplo.

Desenlace ¿Guerra nuclear?

Con conflictos deslocalizados en las periferias energéticas y los yihadistas móviles dirigiéndose hacia más centros de paso de las Nuevas Rutas de la Seda, como son los "estanes" centroasiáticos, el mundo árabe y el estratégico Xinjiang (China), el sancionismo económico es un capítulo más que lleva a preguntarse cómo se va a resolver esta transición mundial.

Una posibilidad es que prevalezca la racionalidad humana y mágicamente los cuervos de la muerte se metan de nuevo en la galera del pentagonismo para zanjar las diferencias con una nueva arquitectura institucional a nivel internacional y una delimitación de áreas de influencia en la que nosotros como continente podríamos quedar como peones de un gran juego.

El creciente gasto militar, la aplicación de la doctrina de dominación de espectro completo y las intervenciones encubiertas de Estados Unidos demuestran lo que se observa con la inamovilidad de los pactos de la Segunda Guerra Mundial y el mundo unipolar hegemonizado por los bancos anglosionistas en el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la ONU (lo que incluso es lo que genera los BRICS y otras organizaciones parainstitucionales que emergen en este contexto, como puede ser el Banco del Sur, por ejemplo).

Descartada la posibilidad de negociación pacífica, como plantea la racionalidad Putin, sólo queda observar cómo el turbocapitalismo estadounidense intenta imponer su orden mundial para que su elite no pierda todo el poder acumulado por años y continuemos viviendo en el mundo de la desregulación financiera y su consecuente violencia represiva emergente, ya sea del paraestado narco o delincuencial o el Estado ultrapolicial que contiene el empobrecimiento de las poblaciones primeromundiales.

Este aparataje militar es la expresión aquella de que la guerra es la política por otros medios y apunta a conducir por la fuerza a la tropa anglosionista y ponerle la franela de Obey ("Obedece") a los díscolos, pero representa un peligro para las líneas rojas que pongan ambos polos (los euroasiáticos y sobre todo los atlantistas).

De repetirse la experiencia fría podremos observar cómo por arte de magia se puede caer una bomba nuclear en un país periférico y como luego se lo oculta mediáticamente y se enculpa al enemigo de "turno", como se hizo con la caída del avión de pasajeros del Malaysian Airlines en Ucrania que motivó, paradójicamente, las sanciones a Rusia.

Esto sin desconocer las amenazas de remakes de 11 de septiembres nucleares para legitimar nuevas invasiones.

Nosotros y la Guerra Mundial

La Guerra Fría dejó un largo historial de pulsos en las periferias similares a los que están sucediendo, pero las dos potencias (Estados Unidos y la Unión Soviética) utilizaron la amenaza nuclear como disuasión, no como acción, y pujaron militarmente en sus áreas de influencia o las que estaban en disputa, como sucedía con los países del Movimiento de No Alineados (China, Irán, Argentina, entre otros).

Si bien es verdad que el 1% anglosionista está desbocado y no necesita a una importante franja de la población por ser un nicho de conflicto a controlar, ¿qué tan real es que esté dispuesto a embarcarse en una guerra nuclear de destrucción mutua en sus centros de poder? Si fuera así, ¿valdría algo la "evolución humana" darwinista si se autodestruye?

Esta pregunta existencial tampoco abandona una realidad latente: a América Latina la defendemos los latinoamericanos y ninguna alianza en el sistema-mundo por fuerte que sea nos salvará de que el complejo anglosionista quiera disciplinar nuevamente su "patio trasero", si el cogeculo se abre a cielo abierto como así parece.

Como ha dicho en reiteradas ocasiones el presidente Maduro, Venezuela es la punta de lanza tanto en la construcción de un nuevo sistema civilizatorio denominado "Socialismo del Siglo XXI", como también de los movimientos de liberación en América Latina, los cuales en este momento tienen una tarea fundamental para el continente, que es la de consolidar la integración regional y evitar el ingreso a una Guerra Mundial.

Por eso es importante consolidar el nosotros como continuadores del chavismo con Maduro y largarnos a guerrear para evitar la guerra en estricto sentido, que viene detrás de la líquida y la económica impuestas desde fuera para quebrarnos y forzar un cambio de régimen.

De perder, incluso, el proyecto de dominación anglosionista dejará innumerables muertos con la persecución política y el ingreso irrestricto de Venezuela al mundo del fin de los estados nacionales y el nacimiento del Gobierno Mundial que adelanta el anglosionismo con el paraestatismo violento del modelo México, para saquear nuestros recursos naturales y conducir a control remoto a los muertos vivientes de esta fase superior del capitalismo.

Lo demás es cuento.

Tenemos que ganar construyendo y dejar de llorar.

No pasarán.

Notas relacionadas