Segunda vuelta electoral en Colombia: choque de aparatos

El uribismo salió bien parado de la primera vuelta y llega al escenario electoral en el que mejor se mueve con sus operaciones psicológicas, el del miedo y la tensión permanente.

Los resultados

La democracia modelo de la Alianza del Pacífico otra vez registró un nivel de abstención del 62%, que arrojó como ganador al juguete de Uribe, Zuluaga, con 29% (3.759.928 de votos), y segundo al presidente Juan Manuel Santos con el 25% (3.301.427).

Más atrás, la conservadora guerrerista y ex ministra de Defensa de Uribe, Martha Lucía Ramírez consiguió el 15% (1.995.657), seguida de la izquierda del Polo Democrático Alternativo, Clara López-Aida Avella con 15% (1.958.371), y los Verdes de Enrique Peñalosa con 8% (1.065.132).

De este resultado, se desprende una vertiente de análisis cortos:

  • Entre Santos y Zuluaga sumaron 7 millones de votos y si se juntan los del resto hay cerca de 5 millones, que se vuelven indispensables para los dos.
     
  • El Uribe-Zuluaga gana en el centro del país (principalmente en las grandes urbes) y Santos lo hace en las periferias y la costa, en los que hay bastantes lugares afectados por la guerra crónica contra el pobrerío.
     
  • La maquinaria-aparato de Santos perdió votos en sus principales zonas fuertes y ahí se le abre una yaga en la que el uribismo va a intentar meter una cuña para que no se cierre, ya que hay muchas de esos lugares (El Atlántico, Magdalena, Córdoba, la Guajira) que son feudos narcoparacos y el aparato está alquilado.

El escenario que esperaba el uribismo

El uribismo logró lo que quería: llegar a un escenario de confusión o paridad en que pueda neutralizar o absorber a una parte del aparato de Santos, que en esta segunda vuelta pondrá a jugar su tercera carta clave, la plata pareja del Estado para comprar voluntades.

En esta disyuntiva, los paras y políticos tradicionales están en una situación de poder frente a Santos, ya que éste tendrá que volverse una opción viable que le asegure su victoria, y si no les parece, tienen la opción de decir que sí, recibir el dinero y jugar para Zuluaga en silencio.

Si bien es cierto que Santos tiene un mayor margen para crecer con los votos izquierdosos, progres light o anti-uribistas, también lo es que Zuluaga arranca como favorito en una elección en la que tiene asegurado casi el 45% de los votos (si se le suma el voto conservador y algo de los Verdes) y el Presidente tiene que lograr convencer que es la garantía de paz y continuidad de lo que pasa en La Habana.

Santos tiene una tarea bastante compleja para ser de una familia oligárquica asexuada en lo social, como lo es movilizar a una parte del 62% que no fue a votar porque considera que “todos son lo mismo”, sinónimo de una democracia controlada selectivamente y “abierta al mundo”, como le gusta a los gringos.

La posibilidad de, y las operaciones psicológicas

En términos políticos-estratégicos, los movimientos sociales, los partidos de la izquierda y los progres light (a lo Petro) tendrán una gran capacidad de inclinar la balanza que hará que Santos les negocie bajo el único objetivo estratégico que los une: vencer al narcoparaco de Uribe y su alianza con el pentagonismo del Comando Sur.

Está claro que el Zuluaga y su jefe actuarán en un doble rol: el primero como precursor del orden y progreso de los valores conservadores para resolver los problemas “cotidianos” de los colombianos (seguridad, salud, educación) y el segundo como punta de lanza psicólogica para terminar de romper la figura que desmadró con el escandalete de Rendón y el narco contra un Santos que sobrevuela por derecha e izquierda y es el abuelo de Heidi resolviendo guerras crónicas a las que su familia invisibilizó en su diario El Tiempo.

En esa tónica, el uribismo ahora tirará sus misiles mediáticos más potentes contra el gobierno actual y Juan Manuel Santos, que tiene bastante para ganar pero mucho para perder cuando el narcoparaco saque la lengua. Con este factor pasivo-agresivo, el santismo sí que está complicado: su ya mencionada condición de oligarca asexuado que está cerca de que sus resortes de poder se les vayan de la mano y el uribismo sabe cómo trabajar eso, como lo demuestra el papel del Ejército denunciando un ataque de las FARC un día antes de las elecciones.

Así que si Santos no logra romper el rol pasivo-agresivo de Zuluaga (que cala en las ciudades y los despolitizados de centro) y movilizar bajo el eje guerra versus paz, bastante estudiado estará el caso de este presidente que arrancó diez puntos arriba y terminó pidiendo la cuenta en un debate presidencial en la recta final de la primera vuelta.

Mirarlo desde afuera

Más allá del escualidismo tuitero que festejó el triunfo del uribismo y se relame para la desestabilización permanente en Venezuela, esta elección se da en un momento en la que confluye una realidad global que la vuelve la más estratégica de la región después de las elecciones presidenciales en julio en Brasil.

La confluencia de intereses entre los narcoguerreristas y el Comando Sur no es casual, no sólo por factores históricos sino por motivos inmediatos en los que el pentagonismo agudiza la puesta en marcha de su doctrina de Dominación de Espectro Completo y guerra infinita en todo el mundo para controlar las periferias energéticas de China.

La firma del acuerdo entre China y Rusia para transportar gas de Siberia al Lejano Oriente saltea cualquier tipo de territorio que pudiera ser controlado por Estados Unidos, lo que lo obliga prácticamente a patear la mesa mundial y buscar el caos global para evitar que su hegemonía de petrodólar se ponga en peligro con el aumento del comercio con otras monedas, escenario que se perfila con lo firmado por Pekin y Moscú.

En ese panorama es que la vanguardia neoconservadora en el Senado, la Casablanca y el Pentágono saben que si no es ahora que extorsiona, el futuro cercano le sacará su principal fuente de ingresos ilimitados para mantener el caos global, el petrodólar.

Y para controlar eso hay que avanzar en la caotización de su patio trasero y el avance firme y acelerado contra Venezuela, y todos los que tengan algo que aportarle a su alicaída economía y su reacomodo global.

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