Poder global y paraestado en Venezuela (y el mundo)

Como con tantas otras cosas, tenemos la mala costumbre de señalar, acertadamente, contra las acciones y operaciones financiadas y/o promovidas por esa entidad llamada "imperialismo", pero en muchísimos de esos casos (la mala costumbre), nos quedamos cortos en darle rostro y definición precisa.

Porque lo que acostumbramos a ver con mayor evidencia suele ser ya lo que luego de un tiempo en desarrollo alcanza el inevitable grado de evidencia, como producto de acciones acumuladas y precedentes, aunque mucho menos visibles.

1. Imperio e imperialismo en nuestros días: definición exprés

Lo mismo podemos decir en cuanto a cuáles son precisamente los objetivos estratégicos por los cuales actúa a lo largo del planeta. Son los mismos de siempre, sin duda. Pero no por eso no necesiten un repaso en cómo actúan y se despliegan hoy en día.

Primera premisa: si tomamos en cuenta aquella afirmación de Ludovico Silva, el capitalismo industrial, en esencia, no ha cambiado desde su etapa de industrialización en 1848, salvo por los avances tecnológicos, ahí donde hoy en día podemos hablar de uno post-industrial y que abarca espacios como el consumo superfluo y el simbólico, toda vez que el resto de su mecánica, ese "nacer con sangre chorreando por todos los poros" de Marx, permanece intacto.

Mercantilización del trabajo, fetiche de la mercancía, máximo uso de la fuerza de trabajo para acumulación del mayor grado de ganancia, esclavización vía el salario y el plusvalor, etc. De igual forma, segunda premisa, la lógica ulterior del imperialismo, sus modos de funcionar, no han cambiado desde su versión británica de los siglos XVIII y XIX. 

Fuera del evidente centro de poder, la metrópolis, trátese de Londres de esos momentos o el Washington de estos días, la composición del mismo requiere de vastas redes de operaciones e influencias que aborden y, a su manera, sean capaces de "gestionar" e influir sobre la actividad de un territorio específico, más allá del empleo del recurso de la fuerza (el ejército, la diplomacia de los cañones), que siempre estará a disposición de ser necesario para ejercer presión directa o destruir.

No obstante, esto requiere de una inversión y de un cálculo de consecuencias que tampoco escapa esa lógica. En tal sentido, la construcción de estas redes y un aparente distanciamiento de ese centro ha comprobado ser un modelo eficaz, exitoso y que ha permanecido en el tiempo.

"Como las ONGs de hoy en día, las redes administrativas del imperio británico fueron en muchos casos completamente dependientes de subvenciones de Londres, puesto que las contribuciones locales casi nunca eran adecuadas", apunta Tony Cartalucci.

Y en ese sentido, alude al vasto ejército civil que se encarga de esas tareas en un territorio periférico determinado. Esos elementos o activos que hoy en día también podemos llamar actores no-estatales, es decir, que en principio no dependen del Estado-nación que los aloje (sino, encubiertamente o no, de otros).

El otro dato esencial consiste en preservar precisamente la dinámica que al día de hoy tampoco ha variado sobre todo desde el siglo XIX: la lógica del mercantilismo: el aparato circulatorio que se encarga de extraer la materia prima de territorios de la perifieria, que luego son manufacturados o procesados en el centro, para finalmente inundar e imponer esos mismos mercados de donde extraen la base material para colocar los productos e instalar el esquema de ganancias para la minoría que lo opera, bien sea sobre el plano financiero o industrial.

Como es sabido, los problemas vienen cuando ese territorio decide asumir algún grado de independencia de esta mecánica, y en consecuencia será objeto de agresiones en todas sus variables posibles.

Si en el siglo XIX los agentes británicos mantuvieron un esquema de extorsión, compra o influencia en las nacientes naciones americanas vía la intriga, la conspiración o el soborno, lo que hoy atestiguamos es su actualización postmoderna a partir de otra serie de activos en apariencia autónomos e "independientes" como los medios, las ONGs de "derechos humanos" o las "compañías privadas de seguridad".

Pero como también señala Cartalucci, "el imperio británico mantenía un cuidadoso acto de equilibrio que asegurara que sus redes recibieran suficientes recursos para cumplir su propósito, pero nunca como para volverse independientes". 

Hoy en día, lo sabemos, tales tareas corren por cuenta de ese corretaje que en su fin último, trátese del International Crisis Group (ICG), Human Rights Watch, Reuters o expresiones locales y subordinadas, entrenadas por Freedom House, como el Foro Penal Venezolano aquí en Venezuela.

Todo este complejo esquema y entramado tiene, tal como lo resume lúcidamente el subtítulo del ensayo citado de Cartalucci, como operadores de un sostenido proceso en el cual "se destruyen naciones soberanas para sustituirlas por administradores del sistema global".

2. Definiendo el instrumental del Imperio en tiempos de globalización neoliberal

Thomas Barnett, estratega militar norteamericano, amén del ejemplo de Irak, en una conferencia de 2008 describe más o menos de qué va la distribución esquemática por el cual, a la luz del desastre iraquí, señala formas estratégicas no sólo para ganar la guerra, sino para "ganar la paz". Aquí el video, tiene subtítulos en español pero eventualmente pierde sincro:

Plantea Barnett que las acciones militares, en una variación postmoderna del garrote y la zanahoria, se deben componer de dos fuerzas específicas: 1) las "fuerzas habilitadas del Leviatán norteamericano", todo lo correspondiente al uso y empleo de la fuerza militar, y 2) los "administradores civiles", quienes se encargarían de gestionar propiamente el territorio en todos los aspectos que comprometen todas las esferas de la actividad social de ese territorio.

"En naciones donde las alternativas militares (...) no son una opción y pudiera ser difícil si no imposible siquiera justificarlas (...), todo el peso del apoyo de Londres y Wall Street se arroja sobre el sistema de administradores y los movimientos de oposición adecuados que serían los agentes adecuados si se apunta contra las redes soberanas para ser destruidas", detalla, de nuevo, Cartalucci.

Son estas las redes operativas, precisamente, que se encargan de ejecutar las acciones de socavamiento desde los distintos frentes procedentes para los actos de desestabilización política, económica, contra el socavamiento de confianza del liderazgo político o el cerco diplomático consecuencia de la narrativa que establezcan los medios de comunicación y/o las redes de "periodismo ciudadano". Los brazos operativos y en apariencia descentralizados de la política exterior de los centros de poder.

Sobre las acciones de estas redes es que luego pudieran sustentarse los mecanismos formales como las sanciones contra funcionarios, o la justificación de algún tipo de casus belli bien sea empleando a naciones subordinadas o cuerpos armados irregulares y privatizados. Puesto que vivimos en un mundo privatizado y la guerra también pasa por el mismo redil.

Y una de esas vías pasaría por vertebrar estructuras de poder paralelas insufladas de aire y sentido por la vía de los mismos corretajes financieros y promocionales emitidos desde el centro del poder. Una estructura privada, y manejada con el mismo nivel de arbitrariedad y hermetismo.

3. Perder la fe y la confianza: poder global contra política local

Otra perspectiva para abordar analíticamente la lógica geopolítica detrás de estos esquemas de preservación de la circulación desde y hacia el Imperio la ofrece el mismo Thomas Barnett mencionado más arriba, puesto que él distingue la distribución en el mundo entre "territorios globalizados y no globalizados".

Puesto en contexto, recordemos que la conferencia toma al Irak post-invasión 2003 por referencia, podemos entender esa relación de cuándo un país se puede entender "globalizado" según ese dictamen, y cuándo no.

Y aquí, una vez más, la Libia post-Gadaffi brilla en todo su esplendor: fue "globalizada" luego de la guerra por delegación y con asistencia de la OTAN. Hoy en día, con tres capitales y tres seudogobiernos distintos, la nueva normalidad, luego de ser asimilada globalmente, se sintetiza en los mercados de subasta de esclavos en plena plaza pública.

Y todo empezó cuando desde el extranjero, luego del salto que de "revolución de colores" pasó a insurgencia armada, simultáneamente se congelaban las reservas soberanas del país mientras se creaba un "gobierno en el exilio", con una figura de las corporaciones petroleras, que finalmente asumiría, por un corto período, el "mandato" nacional. Sobre un país que dejó de existir como tal.

Hay una lección profunda dentro de todo esto. El poder -propiamente- se globalizó, mientras que la política permanece siendo local. Y si seguimos por ese camino, la imposiblidad política, el fracaso de resolver problemas globalizantes que impactan en lo local al obstruir soluciones concretas, se socava la confianza política de los liderazgos.

Esto último siempre y cuando no se instale, luego de la desestabilización por la vía que fuera, una clase "gobernante" globalizada que gestione la entrada y salida de recursos, donde un Michel Temer o un Mauricio Macri brillan con todo.

Esa seguridad o capacidad de respuesta integral contra el fenómeno globalizador terminó de quebrarse al momento de esa prótesis política que llaman la MUD alcanzó una franja de poder en la Asamblea Nacional a finales de 2015, abriendo el boquete.

4. Los Estados-nación como fachada del poder líquido

Entendámonos con otro elemento: podemos hablar todo lo que queramos de Estados Unidos, Inglaterra como naciones, o de la Unión Europea presuntamente como una instancia que reúne a un cúmulo de países, pero en el fondo opera el sistema profundo del poder de las corporaciones. Transnacional, desterritorializado, con alcance global y con un solo proyecto.

El reflejo "estatal" de ese sistema se manifiesta en los llamados Estados profundos, en esa continuidad del poder esté quien esté "gobernando", pero en el fondo, el mismo esquema esclavizador, precarizador y opresivo actúa contra su propia ciudadanía, vista igualmente como mercancía. O como la misma biomasa homologada como mano de obra, preferiblemente barata.

Las líneas maestras de la política doméstica, la exterior y de los esquemas de asesoramiento respecto a otros países y territorios se siguen diseñando desde la puerta giratoria de las corporaciones, ahí donde los mismos funcionarios pueden ocupar cargos de gobierno, puestos corporativos o lugares dirigenciales en alguna ONG de calado mundial.

El dinero que alimenta a toda la maquinaria proviene del mismo entramado, ese complejo que no sólo es militar e industrial, sino que también involucra a los grandes medios de comunicación occidental, los think-tanks, el aparato de propaganda que es Hollywood/industria del entretenimiento y las "redes ciudadanas" que tienen en George Soros su financista más expresivo, el común denominador son los servicios de inteligencia que permean todo el corretaje.

Volviendo una última vez a Cartalucci y al trabajo de marras, es de notar cómo en el período que va de 2008 a 2011, se han levantado ejércitos literales de ONGs y redes de comunicación que finalmente se han venido poniendo en práctica ahí donde sea necesario. Bien sea Siria, Filipinas, Ucrania o Venezuela.

El objetivo sigue siendo el mismo, y están a la ofensiva. Demente, a veces torpe, a veces fallida, pero no menos a la ofensiva por eso. Por lo tanto, no menos peligrosa.

Al contrario.

5. La red en ejecución

Un contundente ejemplo de ese poder global, su capacidad de acción y su voluntad destructiva lo encontramos en la investigación realizada por la periodista búlgara Dilyana Gaytanzhieva para el medio búlgaro Trud.

En él, la periodista detalla cómo, desde 2014, existe una red de tráfico de armamento que tiene como punto de partida la misma Bulgaria, cuya ejecución distributiva la lleva a cabo la línea aérea Silk Way Airlines, radicada en Azerbayán, teniendo como destino final Siria, Irak, Pakistán y el Congo. Y es financiada, principalmente, por Estados Unidos.

Armamento de fabricación serbia, búlgara, croata o estadounidense, que luego aparece en manos de Al-Qaeda en el este de Alepo (Siria), el Estado Islámico en Mosul (Irak) o en fuerzas alzadas en armas contra el gobierno de la República Democrática del Congo.

Pero el detalle más expresivo radica en que estos vuelos atraviesan diversos espacios aéreos con cobertura diplomática, teniendo países cómplices en toda Europa. ¿Cuánto puede diferenciarse esto del complejo de cárceles secretas de la CIA en todo el planeta? ¿O de las redes del narcotráfico en América Latina? ¿O de los corredores humanos que desde Turquía pasan armas y personal al lado sirio intensificando la guerra?

¿Qué impide que lo ejecuten del mismo modo en otras latitudes?

5. Estupidez ciudadana y suicidio nacional

Y entonces llegamos, de lleno, al caso venezolano. Aquí donde la transparencia en cuanto a objetivos y subordinación de la "clase política" que compone a eso que llaman "oposición" (con sus nuevos fichajes) y que se sigue confundiendo en materia de clases con una "burguesía" cuando no pasa, siquiera, de un grupo de gestores de la renta y su circulación obediencial al extranjero.

"Un sector desnacionalizado y definitivamente antidemocrático" lo caracterizó acertadamente José Vicente Rangel. Un sector que se nutre de otro relativamente más numeroso que no logró impedir su declive desde el corralito bancario del 93-94, cuyo pacto convivencial sigue el miedo entremezclado con el nuevo esquema fantasmagórico de "oferta" en lo global y que en la realidad, ya lo vienen siendo, mano de obra de la nación maquila en otras latitudes.

Hizo falta un descomunal vacío cultural que facilitara el levantamiento de una economía sumergida, un sistema de corrupción (público y privado) que atrofiara y facilitara el desarrollo de una financiarización paralela y, por sobre todas las cosas, una descomunal ignorancia sustentada en la ilusión de superioridad y la agitación superflua del entretenimiento como mecanismo de producción simbólica es todo lo que necesitó CNN y compañía para fabricar contexto y consenso, y proyectar lo necesario.

Lo demás fueron y han sido los pasos políticos foráneos frente a una mezcla fatal de ausencia de cuestión nacional, realidad global (la verdadera demanda contra la ilusoria oferta del ascenso: los espejitos de siempre), que se sintetizan en la generación de políticos más mediocres de la historia del continente, porque, precisamente, es una cuestión regional.

"Desde el plebiscito, la oposición venezolana ha dado pasos hacia el establecimiento de un gobierno paralelo. Esto pudiera permanecer como una iniciativa simbólica. Pero si la oposición continúa por este camino, pronto estará buscando reconocimiento internacional y financiamiento, y podría, al menos implícitamente, reafirmar el reclamo del uso legítimo del monopolio de la fuerza. Después de eso buscará lo que cada gobierno desea: armas para defenderse. Si lo logra, Venezuela pudiera caer en una guerra civil que llevará el actual conflicto a una pelea de secundaria", escribe David Smilde para The New York Times el pasado 26 de julio, encubriéndolo como una manifestación de preocupación que debe evitarse.

Pero es imposible, dado el registro del NYT, tomar tales palabras como una lectura que va en una sola dirección. Personal administrativo de esa red, tal como Phil Gunson, relator "senior" del International Crisis Group afirma lo mismo, "alertando" de un peligro por el cual su propia ONG diagnostica el problema a sabiendas de qué elementos han venido provocando dicha "situación". Una amenaza latente, y practicada en otros lugares, que bien reconoce el gobierno ruso alertando sobre tal peligro.

Para quien quiera creer que la nueva ronda de sanciones fue producto del "gobierno" estadounidense, bien podría revisar el informe del Brookings Institution sobre Venezuela de finales de abril cuando exactamente lo que sugiere son sanciones contra figuras del Gobierno, el Presidente y la industria petrolera. Es el poder global moldeando la "política" estadounidense.

Brookings Institution, el International Crisis Group, etc., reciben financiamiento precisamente del llamado Big Oil (Exxon, Chevron) y de las corporaciones de armamento (Raytheon, Northop Grunman, etc.). No son decisiones "soberanas", son corporativas.

Los presuntos "cascos blancos" como sustituto de Protección Civil, el Foro Penal Venezolano como portavoz en materia de detenciones, Provea como vocero autorizado en materia de derechos humanos o el Instituto Prensa y Libertad como el ente competente sobre la "libertad de expresión" ya eran señales incipientes sobre esto.

Néstor Francia, con cierto escepticismo, se pregunta en uno de sus análisis: "El monstruo de Frankenstein creado por la derecha es un mamotreto que no puede ser llamado gobierno. ¿Gobierno sin Fuerza Armada, sin Pdvsa, sin presupuesto nacional, sin control mayoritario del Estado (solo controlan la Asamblea Nacional y ahora la Fiscalía General de la República, ambas instituciones en situación de desacato)?".

Lo descrito hasta ahora certifica, precisamente, que no necesita nada de eso para ser existir. En las "cuatro propuestas hacia la transición" de María Corina Machado, como siempre, queda completamente evidenciada la metódica.

Intentar fabricar un movimiento de "amplia base", eso que llaman astroturfing, no es más que otro paso necesario. Visto así, ¿se entiende mejor el papel de Luisa Ortega Díaz, el "chavismo crítico" y demás infelices variaciones políticas, incluyendo la MUD y la "resistencia" en la vía abierta hacia el nacionalicidio?

¿Se entiende mejor cómo todo apunta a que funcione mejor el punto 1 de esta nota?

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