Paraco Bama y el gran Estado paramilitar global

Los consensos políticos en Estados Unidos no son idénticos hoy a los que hubo poco luego del 11 de septiembre de Nueva York. Y esto explica la estrategia paramilitar, mal llamada "política exterior" norteamericana.

El rostro más visible del paramilitarismo a escala planetaria, es el de Barack Obama, un gran paraco con un largo brazo de proporciones globales, que a expensas del redimensionamiento de la estrategia belicista gringa, está actuando de manera concreta en diversos frentes de una tercera guerra mundial no declarada.

El "manufacturing consent" de Bush

La administración de George W. Bush se caracterizó por la incursión militar de las fuerzas regulares gringas en Afganistán e Irak, ampliando así sobre el terreno su sostenida "política" estratégica de control sobre el oriente medio y sus fuentes de energía. Contemplada en su "política integral de seguridad para el medio oriente", la incursión abierta gringa tuvo su punto más alto en era reciente apalancando la industria militar, que, sistemática y conjuntamente con los lobbys petroleros han patrocinado y controlado la política estadunidense.

EEUU manufacturó el "consenso" político y social a expensas del 11 de septiembre a los fines de ampliar la base de apoyo al Estado militarista imperial. Mediante una afinada estrategia mediática, la sublimación de la islamofobia, la generación de estadios de miedo generalizado contra el terrorismo y mediante "la necesidad" planteada en la opinión pública gringa de "proteger" a los aliados norteamericanos en el oriente medio, la expansión militar sistémica norteamericana en un contexto abierto de la política, tuvo un desarrollo y una fluidez indiscutible durante la pasada administración republicana en la Casa Blanca. Pero sobre tal marco político, sobrevino la crisis.

Obama, el presidente de la crisis

Obama recibe la presidencia norteamericana en simultáneo a una crisis económica que estalla al reventar la burbuja inmobiliaria y de fraude fiscal, que ha comprometido la estabilidad de los Estados nación y más todavía, las condiciones de vida de la clase media en los países de Europa occidental y el propio EEUU. Caracterizada por el enorme e insostenible endeudamiento, los aumentos sostenidos del techo de endeudamiento, la quiebra bancaria, hipotecaria y la destrucción del empleo en los países desarrollados, los presupuestos públicos sencillamente no soportarían nuevas y costosas cruzadas de fuerzas regulares de occidente en el oriente medio.

El menguado respaldo electoral y la debilitación de la base de apoyo político han signado la administración de Obama, pasando a la historia como uno de "los peores" presidentes en la historia norteamericana. Incapaz de reformar sustantivamente el sistema de salud gringo (como gran promesa electoral), acusado de favorecer la precarización del empleo, acusado de "incapaz" de hacer reflotar la economía en su conjunto, y empantanado en demás cuestiones de la política doméstica gringa, Obama ha lidiado con muy adversas condiciones políticas que se han traducido con la pérdida de espacios de los Demócratas en los estados y en los parlamentos, debilitando en consecuencia su margen de maniobra política.

Boicoteados los proyectos de presupuesto a manos de los mismos Republicanos, la administración Obama ha tenido al "default" como lugar común en la administración federal, llegando incluso a la paralización temporal de muchas actividades del Gobierno por razones presupuestarias, lo que en esencia se resume en inéditas crisis de gobernabilidad que pocas veces se han visto en EEUU.

El quiebre sistémico del estándar de vida amasado en el sueño del American way of life ha traído consigo que la administración Demócrata de la Casa Blanca se vea señalada por los estragos sociales de una crisis que estalló en 2008 y que no termina de superarse. En consecuencia, son los Republicanos quienes están captando el mayor saldo político, radicalizando más todavía a la sociedad norteamericana, empujándola aún más a una ideología de derecha donde grupos como el "Tea party" han tenido roles protagónicos en la política gringa.

En definitiva: el coste político es muy alto para continuar al mismo ritmo y desde las mismas estrategias, la política belicista y expansionista de los gringos en el mundo, especialmente en sus regiones de interés, como es el caso del oriente medio y los países poseedores de petróleo.

El cambio de estrategia

Siempre hemos mal llamado "política exterior" norteamericana a lo que ha sido, especialmente desde luego de la Segunda Guerra Mundial, una arremetida belicista a escala global que nada ha tenido que ver con la diplomacia. Son los poderes del complejo industrial-militar, los lobbys petroleros, los lobbys financieros (sionistas muchos de ellos) y las cofradías de la gran mediática, los que han regido los destinos de la Casa Blanca, y en consecuencia, las estrategias del Estado hegemónico global norteamericano.

La consolidación de un supraestado militarista y corporativo global ha sido el objetivo medular de EEUU. La Casa Blanca es administrada cada cuatro años por un personero designado que atiende servilmente a los grupos de poder que rigen verdaderamente los destinos de la nación imperial. No hay margen de maniobra para el ejercicio de la política real. A manos de un presidente gringo, su gestión es absolutamente condicionada a los intereses del poder fáctico, siendo un hecho que la política "estratégica" norteamericana no se define en la Casa Blanca, sino en las oficinas del Departamento de Estado, que en contradicción a su nombre, asume como cuestiones del Estado imperial gringo, lo que en esencia es la agenda exterior norteamericana.

El Estado norteamericano está diseñado como un buró político de asuntos imperiales globales, donde la política doméstica está supeditada a configurar la base de apoyo y los presupuestos con los que se envían a los marines a "imponer la democracia" en el hemisferio.

La estrategia gringa se ha redireccionado en años recientes al retomar viejos conceptos que ya habían tenido lugar en épocas en que los consensos políticos se encontraban bastante débiles. Para nombrar un caso, luego de la guerra de Vietnam y con una gran debilidad en su base de apoyo, el Departamento de Estado de EEUU actúa en Nicaragua apoyando a los Contras, una fuerza paramilitar fascista, plagada de mercenarios, para deponer a la Revolución Sandinista.

EEUU ha rediseñado su concepto táctico sobre el oriente medio, lanzando no una invasión abierta, sino una intervención "quirúrgica, sin tropas en el terreno" sobre Libia, con el propósito de destruir su proceso político y capturar sus reservas de petróleo liviano. La mercenarización de la estrategia militar gringa vino también en simultáneo con la privatización de la guerra, pues mientras los mercenarios financiados y armados por EEUU se acercaban a Trípoli, al mismo tiempo las "contratistas de seguridad" o ejércitos empresariales de las transnacionales se quedaban en Irak "resguardando" los intereses de occidente.

EEUU redireccionó su política creando situaciones marco, donde en lo político y en lo jurídico, la Casa Blanca no se asume responsable por la guerra y por sus crímenes. Ya no es el Estado norteamericano y sus fuerzas regulares las que intervienen sobre los países, son las fuerzas del paramilitarismo y sus variantes las que están haciendo "el trabajo sucio". EEUU ha llegado al colmo de armar y financiar a Al-Nusra, la rama siria de Al-Qeda, para derrocar a Bashar Al-Assad.

Creadores del Estado Islámico y complacientes del patrocino de príncipes sauditas a esa rama del yihadismo, EEUU amplía su estrategia en el oriente medio "creando al monstruo", y a su vez, las condiciones para movilizar la maquinaria bélica a zonas sensibles del mundo consolidando su lugar en el tablero.

Otra variante de la estrategia paramilitar gringa tiene lugar en Ucrania, donde por medio de la acción de un seudo Estado lacayo paramilitar y fascista, EEUU y la OTAN pretenden colocarse a 500 kilómetros de Moscú.  Intentando colocarse sobre las áreas de influencia de la Federación Rusa, Obama, al servicio de la OTAN, está empujando a Europa occidental al uso de las fuerzas regulares y al empleo de la guerra camuflada en una guerra en Ucrania, de resultados poco previsibles.

La guerra paramilitar en América Latina

En América Latina el historial de acciones abiertas y encubiertas de EEUU es largo. Una de sus variantes más recientes es la desarrollada desde el Plan Colombia, donde por medio del financiamiento al Estado colombiano, se apoyó de manera indirecta el aparataje bélico de las autodenominadas Autodefensas Unidas de Colombia, la más cruenta organización paramilitar de era reciente en nuestra región.

EEUU continua desarrollando estrategias de "recaptura" de su "tradicional área de influencia", si bien pueden emplean los mecanismos de intimidación y chantaje económico, lo cierto es que la estrategia paramilitar no está descartada, pese a ser la región latinoamericana una consolidada zona de paz en el mundo.

Siendo Venezuela un blanco declarado de EEUU, las guarimbas de 2014 y 2015 demostraron ser una actuación cuasi-paramilitar que contó con abierto apoyo estadunidense. De la misma manera en que iniciaron las acciones mercenarias en Libia y Siria, en Venezuela tales actuaciones no prosperaron en el escenario armado, pero tal probabilidad sigue latente y ha sido seriamente denunciada. La consolidación de una guarimba armada, mercenarizada y apoyada logísticamente desde Colombia, sigue siendo una carta que EEUU podría jugar contra la Revolución Bolivariana.

Estudiando las posibilidades de una actuación gringa sobre Venezuela, luego de que Obama la declarara "amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad de EEUU", creando el mismo marco jurídico con que armó a Al-Nusra en Siria y a los mercenarios de Libia, las posibilidades están planteadas más en dirección de asumir una estrategia paramilitar contra Venezuela, que en la de una actuación abierta de las fuerzas regulares gringas, dado que, los consensos políticos en EEUU y en la región latinoamericana y caribeña, inhiben el desarrollo de la guerra abierta.

La actuación paramilitar imperial constituye en esencia una destrucción de los conceptos tradicionales de guerras abiertas, y en consecuencia, de la actuación regular de los estados nación en conflictos. Adquiere consistencia la configuración de un supraestado paramilitar global, que suprime el derecho internacional y da carta verde a la potencia belicista del norte, a actuar, de cualquier manera, en cualquier lugar, en pos de cualquier objetivo concreto. Este es el estado de excepción global.

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