Mientras apuntan a Venezuela

México: todas las masacres que no le importan a Luis Almagro

Aunque dueños de medios, los jefes norteños del Comando Sur y Luis Almagro insistan con equiparar a Venezuela con el peor de los escenarios posibles, la verdad sale a flote por la falta de gravedad de sus argumentos.

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Foto tomada de Noticias Oaxaca NVI

La realidad dicta que la campaña contra el chavismo tiene pocos asideros en la realidad, sobre todo al comparar nuestro país con el resto de las naciones que sí arrastran consigo "crisis humanitarias" que son sobre todo estructurales, apéndices del monopolio corporativo y la violencia terrorífica como sucede en México.

Mientras la MUD alucina con que la Carta Democrática "está activada", y los medios despliegan una propaganda absurda con respecto al bodrio acontecido en Washington DC, se esclarece cada vez más que el ensañamiento de Almagro contra Venezuela es una campaña para aislarnos de la comunidad internacional. A conciencia, sabemos que esto es fantasía pura de quienes pretenden doblegar por todas las vías la voluntad política del chavismo.

La crisis, que es global y repercute en todos los sectores socioeconómicos del país, toma asiento y hace gala de sus consecuencias en países que tuvieron el capricho sumiso de declarar sobre Venezuela y sobre todo de legitimar las acciones y decires del Secretario General de la OEA. No es de extrañarse que algunos países hayan sucumbido ante la orden imperial, debido a la toma por los cuatro costados de Estados-naciones por parte de corporaciones aliadas al aparato burocrático de los Estados Unidos.

Tal es el caso de algunos países de Centroamérica. Poco se habla del desmantelamiento del Estado mexicano como si fuera una cosa normal, que no resulta provechosa para vender periódicos ni discursos que elogien la privatización hasta del agua, a menos que sea The Economist el que reseñe el asalto corporativo. México representa el fin de la política, consecuencia del manejo privado tanto de todas las empresas que en algún momento fueron públicas como de las decisiones en torno a salarios y condiciones de vida básicas del mexicano de a pie.

Pero esta es una esfera que apenas puede dilucidarse, ya que no se promueve tanto en el discurso propagandístico en torno a México. No tanto como los 43 normalistas desaparecidos en Ayotzinapa, cuyo caso fue explotado hasta la saciedad por la masmediática para encontrar a Almagro con micrófonos y cámaras encima hablando de la situación de derechos humanos en Venezuela.

El descaro tiene patas cortas, sobre todo cuando se habla de la libertad de expresión en casi todos los rincones del planeta. En Venezuela el libertinaje comunicacional es de esquizofrenia crítica. Sin embargo, el supuesto golpe a la democracia propagandística por parte del Gobierno Bolivariano mantiene en vilo al espectador promedio de CNN mientras en México, desde el año 2000 hasta la actualidad ha habido más de 80 periodistas asesinados sólo por ejercer el oficio.

Lo que nos lleva a la tabla rasa por parte del narco mexicano sobre las instituciones del país azteca, "política" que define a los restos del aparato estatal como aliado principal de las líneas de la droga. Un terrorismo de Estado no confeso pero ampliamente demostrado por periodistas, artistas e investigadores de la realidad mexicana. Las películas de Luis Estrada muestran ese México profundo en el que conviven los habitantes del territorio con el terror de la narcopolítica en el poder, una violencia que Luis Almagro (cómo no) prefiere callar.

Ante las grandes masacres en México los Almagros no dicen nada

Las grandes masacres, desde Tlatelolco en 1968 hasta la más reciente en el sur de Oaxaca, parecen afianzarse como política de Estado. Sin embargo, no hemos visto hasta ahora ninguna petición por parte de secretario general alguno de la OEA u otro organismo neocolonial de la activación de la Carta Democrática para México. Precisamente porque la tarea de aislar a la gente de la política es un hecho consumado a través del terror de las armas y de las corporaciones.

Recientemente, en una sesión ordinaria del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, es decir, en el corazón de Nueva York, se denunció la grave situación de derechos humanos en México. 47 organizaciones mexicanas y de otros países señalaron que en Guerrero "al igual que en otras entidades, 'se han descubierto fosas con cientos de restos humanos', dieron cuenta del saldo de la 'crisis estructural': al menos 100 mil muertes, 27 mil desapariciones, detenciones arbitrarias y desplazamientos forzados, entre otras violaciones a derechos humanos".

Las cifras expuestas en Nueva York en recientes días están dentro del saco de las masacres que tienen nombres y fueron poco referidas o totalmente ausentes en los discursos de los Almagros del mundo. Sin contar con las recientes en Oaxaca (2016) y Ayotzinapa (2014), el Ejército mexicano ha venido afilando el tema de los asesinatos masivos sin escrúpulos.

22 personas asesinadas en Tlatlaya el 30 de junio de 2014 -15 de ellas ejecutadas por el Ejército- no tuvieron eco alguno en los organismos multilaterales como la OEA y la CIDH, así como 8 miembros de una familia en Ciudad Juárez el 17 de noviembre de 2013. También pasaron adrede debajo de la mesa el hallazgo de 49 torsos humanos en el municipio de Cadereyta, estado de Nuevo León el 13 de marzo de 2012. Esto es apenas un pequeño prontuario de un verdadero Estado fallido o forajido.

La lista de masacres por parte del Ejército y el narco es abultada, y Misión Verdad no pretende sacar los trapitos teñidos de sangre por la simple voluntad sensacionalista. De acuerdo con esta fundación, 16 grandes masacres han sucedido en México desde el año 2010 hasta la gran comentada ocurrida en Ayotzinapa en 2014. ¿Almagro, Obama, Kerry? Mutis por el foro, por si alguien lo dudaba.

Nada de esto saldrá de la boca de presidente norteamericano alguno, muchos menos de sus súbditos diplomáticos y ONGs expertas en encubrir atrocidades y promover intervenciones como Amnistía Internacional y Human Rights Watch. Luis Almagro tiene un objetivo claro, y es disparar, aunque sea a lo loco, contra Venezuela.

No resulta, entonces, cosa extraña ni mucho menos aleatoria que el representante diplomático de Estados Unidos ante la OEA, Michael Fitzpatrick, declare en estos días que "apoyamos la consolidación de la democracia representativa en Venezuela". Afrenta directa contra la Constitución, puesto que todos los venezolanos y venezolanas saben de antemano que la democracia en nuestro país es participativa y protagónica. Hugo Chávez así la defendió, solo y entre lo más granado de la sumisión diplomática, en Quebec durante la III Cumbre de las Américas en el año 2001.

Con cuchillo de goma made in USA, la favorita de Almagro, no se hiere a Venezuela.

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