Más de 30 heridos por pelea de almohadas en West Point

El 20 de agosto del presente año los hijos de Robert E. Lee, Douglas MacArthur, George S. Custer y Ulysses S. Grant demostraron de qué están hechos. Para la guerra, no importa de qué tipo, de seguro lo están.

En un ejercicio de heroísmo sin precedentes, cadetes de la Academia Militar de West Point sufrieron contusiones y otras heridas de mediano y pequeño rigor en la tradicional guerra de almohadas que año tras año celebra la cuna de Dwight D. Eisenhower.

Se cuentan 30 los heridos en la despedida de cadetes del 20 de agosto. The New York Times reseñó con la baba propia en el suelo, no sabemos si por perplejidad o simple morbo, que la pelea se saldó con al menos una pierna rota, varios hombros dislocados y decenas de traumatismos en el coco. En un siglo de reyerta plumada que organiza la academia para cerrar los entrenamientos veraniegos para sus hijos de la libertad, resulta ésta la primera vez que decenas de ellos tienen que pasar por Enfermería y rayos X.

Habitualmente se les exige a los mimados cadetes usar cascos para proteger la testa de cualquier evento inesperado, dijo un portavoz de West Point, el coronel Christopher Kasker, pero en esta ocasión algunos rebeldes decidieron usarlos como arma. Asimismo, las almohadas pasaron de ser aquellas que cobijan y cachetean con plumas a las famosas reprendedoras de la película Full Metal Jacket. Al parecer, dentro de las fundas había objetos como jabones, relojes, monedas, objetos de plástico. "Esto para sazonarle un picantico a la cuestión", declaró un cadete que decidió permanecer en el anonimato.

En su cuenta de Twitter, el analista Tom Antonov mostró algunas imágenes en las que se muestran los erotizados rostros lavados en sangre como muestra de sádica voluntad de los hijos de la libertad para aniquilar insurgencias y crear falsos positivos sin miedo ni vacilación:

 

 

Es de conocimiento público que la academia militar más longeva de Estados Unidos no acostumbra a formar hijos de escuelas públicas, plazas públicas, cocinas públicas, miserias públicas. Cada uno de los aspirantes es propuesto y convocado por senadores y viejos padrotes de la guerra cotidiana. Lo que indica la -alta- clase de operadores y líderes que requiere el Congreso gringo para aprobar sus anchos presupuestos de armamento y personal a Siria y Ucrania. Sólo que esta vez el código de honor, que se resume en el lema "Un cadete no mentirá, no engañará, no robará, ni tolerará que otros lo hagan", fue tirado a la basura junto con el contenido de las fundas de almohada para reemplazarlos por un ensayo de Maidán, capítulo jardín de infancia.

La investigación sobre los hechos ocurridos está en curso. Cada interrogatorio al estudiantado, comentan diversas fuentes, termina en el sonido tendencioso del río Hudson en señal de complicidad entre los rebeldes de ojos azules. Sin embargo, los videos tienen las pruebas del delito académico.

Hasta el cierre de esta nota, ningún cadete ha sido castigado. No vaya a ser que Roberta Jacobson se entere que su hijo haya sido reprendido en algún pasillo de la institución educativa más importante del país.

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