Lula y el expediente de asedio contra la región

Esencialmente el poder en capitalismo es corrupto porque se basa en detentar un aparato de poder a través de acumulación de capital, control e intermediación de medios de producción y como consecuencia: territorios, instituciones y también medios militares, entre otros.

Desde esta perspectiva podemos desmitificar la confusión en jerarquizar el robo politiquero, el de la salvación individual en detrimento de la mayoría, de lo que realmente sucede cuando en América Latina se arman expedientes no sólo contra los liderazgos y sus figuras de recambio sino también contra los aparatos y resortes de poder que sustentan la proyección de poder de nuestros países en el mapa geopolítico global.

Porque, precisamente, nos encontramos con que:

  • La detención e interrogatorio a Lula se basa en la causa conocida como Operación Lavadero de Autos. Ésta es llevada por el juez Sergio Moro, respaldado por medios y con cursos sobre lavado de dinero en el Departamento de Estado, quien investiga a una red de corrupción y prebendas entre la petrolera estatal Petrobras, el Partido de los Trabajadores (PT) y empresas como la constructora Odebrecht. El juez Moro, sobre la base de este mismo caso que ha sido sobreexplotado extensivamente por medios nacionales e internacionales, sentenció a 19 años de prisión al presidente y dueño de esta empresa constructora con grandes operaciones en toda Latinoamérica.
  • El modus operandi de Moro, inspirado en la depuración del sistema político italiano en los 90 a partir de la corrupción del partido de la Democracia Cristiana, se basa en, primero, filtrar información a los medios de comunicación, luego armar un expediente contra un involucrado, después detenerlo y, por último, ofrecer la figura jurídica de delación premiada para que confiese y reciba una pena menor a la de ser enjuiciado.
  • No sólo el juez Moro ha utilizado a O Globo, la revista Veja y Folha de Sao Pablo, miembros de la Sociedad Interamericana de Prensa (fundada por la CIA), para filtrar información sino que todo su caso se ha basado en depurar al sistema político y la élite brasilera de un solo actor político: el PT. Así como esto es cierto, también lo es que durante la Operación Lavadero de Autos la cotización y valor de Petrobras y Odebrecht, dos de las empresas más globalizadas por el modelo Brasil Potencia, han sido disminuidos cuando se encontraban compitiendo contra empresas del 1%. La presión por medio político, económico y financiero es tal que la presidenta Dilma Rousseff debió ceder ante el Congreso brasilero para que se aprobara una ley en la que se permite el ingreso de empresas internacionales a la riqueza energética de la Cumbre Pre Sal, como pretendía Chevron.

  • El juez Sergio Moro fue declarado por la revista farandulera Época de Brasil como una de las 100 personas más influyentes de Brasil. Además, recibió la medalla al mérito parlamentario el año pasado por el Partido Popular Socialista, partido opositor a Dilma y a Lula y ha sido portada de la misma revista Veja que difama la imagen de Lula. El juez Sergio Moro es un producto mediático, hollywudense y el supuesto paladín estilo James Bond que lucha contra "la corrupción" en Brasil.
  • En los últimos tiempos, además, la Operación Lavadero de Autos tomó también un rumbo regional porque Moro ordenó la detención del publicista Joao Santana y su esposa, Mónica Moura, quien habría acusado a Odebrecht de pagar la última campaña de Chávez en 2012. Como vemos, la causa también intenta intoxicar la atmósfera regional y también tiene también una parada obligatoria en Argentina, de acuerdo a lo que informara en enero el columnista político Carlos Pagni en el diario El País de España.  
  • El mismo modus operandi judicial de la delación premiada, además, pretende ser usada en Argentina con la sanción de una reforma judicial y el denso dato de que en la oficina Anti  Corrupción del gobierno de Macri está Laura Alonso de la ONG Poder Ciudadano, auspiciada por los fondos buitres de Paul Singer y la embajada estadounidense. Esta estrategia en los últimos días ha sido probada con la citación de Cristina Fernández de Kirchner en una causa por una maniobra financiera del Banco Central para evitar la devaluación durante su gobierno. También con la reflotación de la hipótesis de homicidio del fiscal Alberto Nisman por parte de la Justicia y de la declaración del agente de inteligencia argentino, Jaime Stiusso, culpándola de la muerte del fiscal. El detalle es que después de la muerte de Nisman, un fiscal con nexos a los fondos buitres, Stiusso escapó a Estados Unidos cuando fue señalado como sospechoso.

Estos datos duros también están en sincronía con la filtración de un supuesto tráfico de influencias por parte de una amante de Evo Morales, el constante bombardeo sobre corrupción en el alto funcionariado de Ecuador y el armado de expedientes de corrupción contra dirigentes de la Revolución Bolivariana. El descaro es de tal tamaño que la orden ejecutiva firmada por Barack Obama establece que "la corrupción pública por funcionarios de alto nivel en el Gobierno de Venezuela como una razón para bloquear bienes e intereses".

Hay una ofensiva regional por parte del enemigo que golpea los sistemas políticos refundados

El modus operandi y el objetivo: desmantelar aparatos de poder y Estados

Como Misión Verdad informó cuando fue revelado el espionaje a Pdvsa, estos expedientes de corrupción, presuntantamente, tuvieron una fase de armado cuando esta estatal y Petrobras, por citar algunas, fueron infiltradas y luego sus funcionarios, inmediatamente, criminalizados con la Operación Lavadero de Autos y luego el affaire Banco de Andorra, aún en pleno desarrollo, contra el ex presidente de Pdvsa, Rafael Ramirez.

Y en todos estos expedientes nos encontramos que:

  • El núcleo directo de esta acción es contra la dirigencia, la militancia y los seguidores de los movimientos políticos contrarios, pero también las empresas estatales y privadas con proyección global. Tal es el caso, por ejemplo, de Petrobras y Odebrecht, quienes forman parte fundante del proyecto de poder de Brasil dentro de la égida Brics, hoy duramente asediada desde los centros de poder financiero y mediático transnacional.
  • Más allá de lo concreto de la Guerra contra la Corrupción, la mampara publicitaria de Estados Unidos para operar expedientes afines a su interés geopolítico, se encuentren tres poderes visibles aprovechándose de la estrategia para fortalecer sus posiciones de mercado. Hablamos de Chevron, Exxon Mobil y los fondos buitres en Argentina, entre otros bancos e industrias occidentales. El de la primera, Chevron, es tan evidente que, como informó Misión Verdad, financió la ley de sanciones contra Venezuela. Mientras que el descaro de los fondos buitres es tal que hasta armaron un grupo de tareas, la American Task Force Argentina, para presionar al país.
  • Además, todo apunta en varias direcciones: la primera en minar la confianza y el lazo de los políticos con su población a partir de proyectarlos como una clase privilegiada en un contexto de recesión global y local; la segunda, en construir una narrativa para atacar directamente los aparatos de poder que sustentan en términos reales a estos movimientos frente al orden único global. Otro ejemplo de esto es el ya citado ataque constante contra la institución militar en Venezuela.

Con la particularidad local de cada caso, lo cierto es que la conjunción de mecanismos de presión, contemplados todos dentro de la Guerra No Convencional y también en la operatividad de poderes autónomos, muestran un cuadro completo de ofensiva estructural para depurar los sistemas políticos de todos los movimientos y partidos que durante los últimos 20 años fueron la vanguardia de la creación y puesta en marcha de órdenes constitucionales contrarios a lo que dicta el excepcionalismo global.

Por último, en términos reales la operatividad del famoso Partido Judicial como pivote autónomo, junto a la mediocracia local y global, representa en América Latina un punto de quiebre similar al que en Venezuela se vivió en 2002, cuando el chavismo comprendió la naturaleza real de la disputa local y global al revelarse ante todos esa supuesta división de poderes institucionales como un enorme terreno para injerencia, la acción destituyente y el desconocimiento del Estado.

La realidad, nuevamente, demuestra que es una cuestión de fuerza.

Notas relacionadas