La(s) crisis en Grecia

A diferente nivel, el impago griego de su deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la supuesta ruptura de las negociaciones con la troika (Banco Central Europeo, FMI y la Comisión Europea) escenifican los distintos momentos críticos que atraviesa el actual modelo de acumulación, los fundamentos como tal de la globalización y la profunda crisis de la élite occidental para sostener todo esto sin cambios profundos, que terminen con su hegemonía y signifiquen un retroceso en su sistema civilizatorio: la globalización neoliberal.

La política

El "mundo" occidental atraviesa un profundo momento no político y no democrático que en las últimas décadas ha recibido frenos por parte de pueblos en rebeldía por el austericidio reinante, basado en el desarme de los Estados y la desregulación financiera. Las escenas más evidentes (aún frescas) ocurrieron en América Latina a fines del siglo XX y desde 2008 alcanzaron a la periferia del mundo "desarrollado" en Europa.

El ministro de Finanzas de Grecia, Yanis Varufakis, ha afirmado que el gobierno de Syriza sólo quiere un hecho considerado como "revolucionario" por la troika para salvar a Europa: la implementación de una masiva inyección de dinero en los países endeudados para que vuelvan a crecer y puedan salvar vidas y pagar sus deudas. Dice Varufakis que si este Plan Marshall reloaded (aquel con el que Estados Unidos mantuvo cooptada la Europa de la postguerra) no se aplica, el continente corre serio riesgo de desintegrarse, entonces hay que "salvarlo de sí mismo".

Este "reconstruir" el Estado de Bienestar no existe para la globalización y su plan de Estado global (del capital financiero y las corporaciones). Es en esto en lo que Syriza no se pone de acuerdo con la troika para refinanciar (supresión de la deuda) y extender el rescate a una Grecia que recibe dinero para pagar después más y más, bajo la obligación de eliminar cualquier restricción al capital financiero y trasnacional, sin más objetivo que abaratar costos humanos, maximizar las ganancias y la concentración de riqueza (al punto de que el salario griego está a niveles de los 80).

La escena más contundente que demuestra esta diferencia profunda ocurrió cuando Grecia presentó la semana pasada un plan económico para recibir más dinero (e inyección para su sistema financiero agobiado por las corridas bancarias) y el FMI se lo rechazó porque le cobraba más impuestos a los ricos y no hacía un duro recorte en las pensiones, que dejaría en la pobreza a un millón de personas en una sola firma.

Esta es la diferencia política sobre la "solución", y la apuesta de Syriza parece ser la búsqueda de más tiempo para esperar si a su "rebeldía" se unen otros países para lograr un cambio, y no quedar, simplemente, como la Cuba de Alemania en un continente reinado por el libre comercio corporativo, más de lo que ya está.

Moral (de negociaciones y tiempos)

En base a esto último, podemos decir que Syriza plantea una Unión Europea de "solidaridad" que cambie drásticamente su posición como organismo institucional para privilegiar una relación de iguales en vez de una desigualdad total, donde los países mandantes de la troika (y la oligarquía global) se chupe la sangre del resto: lo que ha sucedido desde que se puso en marcha el euro y se iguala económicamente los países ricos con los periféricos para que sus pueblos "compitan" en igualdad de condiciones por los empleos asignados por la división del trabajo de la Unión Europea.

Como se ve, su "mal ejemplo" de buscar oxígeno y un camino independiente fue boicoteado en cinco meses por la troika en pleno y ahora llega al referéndum para poner a prueba el nuevo ajuste propuesto por Bruselas con un bloqueo bancario para volcar la votación. Ya no sólo es el hecho de invalidar el supuesto modelo democrático occidental, arrastrarlo por la plaza pública y ejecutarlo simbólicamente, sino que el liderazgo occidental, su tecnocracia, su élite, está en profunda crisis interna para conducir el ingreso de Europa al Estado global, sin que haya una división, implosión interna o conflicto con uno de sus actores 

El liderazgo occidental, su tecnocracia, su élite, está en profunda crisis interna

Ante este hecho asquerosamente evidente, los pensadores, los políticos, académicos, se refugian en las discusiones técnicas, las formas, los él dijo y aquel otro respondió, porque se encuentran desnudos ante una realidad que se habían negado a ver: que el sistema de valores occidentales y el capitalismo neoliberal globalizado ya no respeta ni el viejo sistema de valores morales (democracia, "solidaridad", derechos humanos, "convivencia", humanismo, entre otros) con los que se valió para extorsionar a los demás y erigirse como "dueños de la verdad".

Porque el dato no es que Syriza utilice el recurso político, moral y retórico de la Europa "solidaria", sino que el sistema político, económico, social y de pensamiento dominante atraviesa una crisis profunda, en el mismo momento en que la élite europea negocia con la élite estadounidense la firma de los megatratados de libre comercio para terminar de poner la última piedra del reino corporativo en más de la mitad del mundo.

Eso es la canciller alemana Ángela Merkel amenazando con no negociar si los griegos votan por el "No" en el referéndum el domingo 5 de julio, donde se decide si el pueblo griego acepta, o no, el actual plan de la troika.   

Geopolítica

¿Por qué la necesidad de imponer los megatratados de libre comercio? Simplemente porque deben acelerar la puesta en marcha de la última fase económica y financiera de la globalización, y es imprescindible que esto se haga cuanto antes para que los países desarrollados y sus élites económicas pasen de una fase de concentración de riquezas hacia una nueva de acumulación y expansión para imponerse, principalmente, contra el eje de Eurasia (China, Rusia y el mundo Brics).

Hoy la UE no crece, Estados Unidos no crece, los centros tradicionales de la globalización no deslumbran y la única manera que encuentran de sostener su proyecto occidental es imponer el austericidio, el desarme del Estado y el reino de las corporaciones hasta en las periferias del centro mundial para (competir por) mantener su hegemonía a nivel mundial.  

En Grecia, esta crisis de élites se escenifica como nunca porque hasta Estados Unidos clama para que haya una supresión de la deuda y Grecia se mantenga en la UE, ya que lo que está en juego al final es la viabilidad de la puesta en marcha de este proyecto. De nada sirve que Atenas se vuelva un activo del mundo Brics con un gaseoducto ruso hacia Alemania y proyectos de infraestructura de su banco; y que así sean mal ejemplo para la influencia del resto de los países.

El consenso europeo no sólo se deteriora, sino que se acumulan descontentos de todo signo político contra el Alca europeo. Grecia es sólo uno de los focos que ya no se sienten contenidos ni por el proyecto occidental, ni por su pensamiento ni instituciones, cuando un nuevo sistema alternativo sale a la luz con los Brics y empieza a pensarse en "otro mundo", hasta dentro de la misma tecnocracia económica denominada heterodoxa o neokeynessiana, que aún cree que el Estado de Bienestar se puede rescatar de las fauces/entrañas de la globalización.

El pueblo griego y su expresión política más votada, Syriza, sufre la dicotomía "excluidos" e "incluidos" en clave política 

La racional y social

Pasaron más de 30 años del plan globalizador pregonado evangélicamente por Henry Kissinger, y en siete años la clase media europea de repente se choca de frente con el hecho de que ahora hay que trabajar terciarizado, con el ingreso personal pendiendo de un hilo y con unos supuestos servicios vendidos como derechos, totalmente privatizados (o en vías hacerlo). Y no le gusta lo que ven porque no es lo mismo un #PrayForLosNiñosDeSomalia que una colecta para, por favor, salvar al vecino hambriento o en camino a ser desalojado de su casa. O la simple y cruda realidad de que puedes ser el siguiente en la lista de "pobreza" y default.

Porque la magia de estos años ha sido que nadie ha querido ver lo que pasaba ante sus ojos, ni siquiera en la misma UE con Rumania y sus gitanos, o Bosnia y sus mercenarios y traficantes de órganos, sino que siempre (y ahora también) el único refugio ha sido mirar para otro lado racionalmente bajo la excusa de que los problemas de otros países eran dramas de "modelo", de "corrupción" o "crecimiento". No pensaron (piensan) que el cinismo ilustrado o la racionalidad académica actual es una negación de la realidad porque la cultura cosmopolita que ya no los representa ni contiene la tienen metida hasta en los tuétanos, y no hay manera de comprenderse sin destruirla, aunque se quiera deconstruirla.

Esta incapacidad también nace de otro hecho comprobable: la globalización de libre mercado, libre especulación financiera, masticadora de culturas, arriba con tanta parafernalia y luces de colores que se compra, revende y regenera en base a que una parte de la clase media tiene que ser abandonada a su suerte, junto a la considerada "pobre", pero otra queda bien instalada y masajeada en su zona de confort.

El pueblo griego y su expresión política más votada, Syriza, sufre esta dicotomía entre "excluidos" e "incluidos" en clave política, geopolítica, económica y social porque deben ser sacrificados y se resisten a serlo, frente a la militancia activa de la élite, su tecnocracia europea y la pasividad de la clase media europea "incluida", o "confundida", que los quiere dejar atrás.  

Con los dogmas de izquierda y derecha también cayéndose por su incapacidad de comprensión, Syriza se lanza al fangoso terreno de la política, la disputa de poder y la resistencia, dentro de una fase de alta impredecibilidad de la globalización, donde las situaciones traumáticas pueden marcar el y los desenlaces.

Nada de lo que digamos disfrazará la mierda a la que se enfrentan, ni serán refugio moral y ético de la clase media "desprotegida": lo sabemos porque los latinoamericanos pasamos por lo mismo y todavía frenteamos esta "crisis", bajo las mismas claves.  

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