La peligrosa realidad de una guerra con Irán

Tras semanas haciendo ruido señalando a Irán como el "Estado terrorista número uno" en el mundo, la administración Trump pareciera haberle bajado un poco el volumen a su retórica.

Sin embargo, aquí, en el Medio Oriente, donde todo ruido o asomo que salga de Washington es escrutado a morir, los partidos interesados no han cesado de especular sobre una confrontación de los Estados Unidos con Irán. A cincuenta días de su mandato, la dirección de la política exterior de Trump sigue siendo un enigma. Jura que en relación a Irán "todas las opciones" están sobre la mesa. ¿Pero lo están?

Ya existen algunas acciones tempranas que dan pistas de la dirección de la política de Trump -y sus limitaciones- en el Medio Oriente. En tres teatros militares, en los que las fuerzas estadounidenses están involucradas actualmente, ya se han tomado varios giros: 

  • Al norte de Siria, los aliados kurdos de los Estados Unidos cedieron territorio al ejército sirio y las fuerzas rusas para evitar una confrontación directa con Turquía, otro aliado de los Estados Unidos y la OTAN. Washington ha descartado un papel turco en la liberación de Raqqa, a sabiendas de que tampoco Ankara toleraría que la capital del Estado Islámico cayera en manos kurdas. Se vuelve cada vez más probable que la fórmula ganadora verá a la ciudad y sus inmediaciones siendo entregadas a una autoridad amistosa con el gobierno sirio, bajo paraguas ruso. 
  • Al norte de Irak, se ha acelerado la batalla por retomar Mosul, con las fuerzas iraquíes liberando la mitad del oeste de la ciudad en tan sólo veinte días. Bajo la dirección del gobierno central de Bagdad, estos combatientes se componen pesadamente de milicias chiíes, muchas de las cuales reciben equipos y entrenamiento de fuerzas iraníes.
  • En Yemen, donde titulares occidentales alarmistas advierten sobre chapuzas militares y excesos, los medios ignoran una noticia mayor. En realidad, los ataques aéreos estadounidenses -no hipotéticamente, como alguna vez lo fue- apuntan contra terroristas de Al-Qaeda, trabajando junto a fuerzas de los Emiratos Árabes Unidos (EAU) contra milicias islamistas que todo el mundo sabe que son aliados de facto de los saudíes. Justo la semana pasada, los EAU, según consta, aumentaron las apuestas exigiéndole a los saudíes que abandonen a su presidente títere Abd Rabbuh Mansur al-Hadi; en teoría, la autoridad yemení "legítima" por la que la coalición saudita apoyada por Occidente luchaba por reinstaurar.

En pocas semanas, Trump partió de un hachazo al estilo Obama de postergarse en los puntos calientes del Medio Oriente; bien sea tomando acciones directas o dejando de impedir las acciones de otros.

Lo que es notable es que todos estos avances sirven, al pie de la letra, a los intereses iraníes en la región y socavan aquellos de los aliados estadounidenses Turquía y Arabia Saudita.

Pero no se dejen engañar. Este es apenas el salvo de apertura de Trump. Tiene mayores y desconocidas ambiciones, y los movimientos recientes no remueven necesariamente a Irán de su mira.

La República Islámica, sus aliados y sus detractores seguirán siendo parte del juego geopolítico de Trump. Puede usarlos para enfrentar o castigar objetivos aún más vitales como Rusia o China, dos grandes poderes que han forjado relaciones estratégicas con Teherán. Irán también sería un instrumento útil para comprometer o persuadir a aliados como Israel, Turquía y varias de las monarquías árabes, a tomar las posiciones elegidas por Trump.

Las opciones de Trump contra Irán son limitadas

Ya han sido empleadas varias posiciones agresivas estadounidenses -sus principales objetivos permanecen desconocidos- con Irán como centro. Se murmura sobre una "OTAN árabe" liderada por los saudíes que pudiera asociarse con Israel apuntando a Irán. Y llamados a Damasco y Moscú para expulsar a Irán de Siria han sido escuchados en varias capitales occidentales o alineadas en el Medio Oriente.

Las rutas marítimas: una confrontación "accidental"

A pesar de la narrativa de Irán como el coco, es poco probable que Trump lance cualquier ataque directo contra Irán. Este es un presidente que ha manifestado su rechazo por los 6 billones de dólares malgastados en guerras e intervenciones en el Medio Oriente. Más confrontación en la región sería costoso, y probablemente lo llevaría a chocar con los grandes poderes con los que prefiere hacer negocios.

Aunque insista en que "todas las opciones" siguen sobre la mesa en relación a Irán, las opciones de Trump son bastante limitadas. Las sanciones nunca funcionaron y el acuerdo nuclear ha asegurado que otros jugadores globales no necesiten participar en acuerdos futuros. Bajo presión de los aliados, ha reculado en sus amenazas de escabullirse del acuerdo nuclear, por el cual pareciera entender que eso aislaría a los Estados Unidos, y no a Irán. Las actividades subversivas -tales como tramas de revoluciones de color, propaganda o ciberguerra- han demostrado ser inútiles dada la vigilancia histórica iraní en sus fronteras y dentro de ellas. La guerra convencional requiere una provocación iraní sustancial y es improbable que sea sancionada por el Consejo de Seguridad de la ONU.

Pero existe un teatro en el que una confrontación Estados Unidos-Irán podría fácilmente encender la chispa: las diversas rutas navegables alrededor de la República Islámica y su vecindario.

Ambos países tienen bastantes embarcaciones navales y de transporte en muy cercana proximidad unas de otras. Las tensiones están altas, la retórica permanece inflamada, y los enemigos de Irán en el Golfo Pérsico y Washington se encuentran en una gran posición para provocar un evento, y luego avivar las llamas.

James Mattis, el Secretario de Defensa, un comprometido halcón anti-iraní, casi lo hace varias semanas atrás cuando consideró permitirle a fuerzas estadounidenses abordar una embarcación iraní en las aguas internacionales del Mar Arábigo, de acuerdo a una mención de pasada del incidente en el New York Times. Pero The Intercept comprendió la importancia del encuentro cercano y lo tituló "El 'moderado' Secretario de Defensa de Trump ya casi nos lleva al borde de la guerra".

La guerra, ciertamente, es una posibilidad visible si los Estados Unidos realizan una maniobra agresiva. Irán no es una república bananera. Resistió una guerra de ocho años con Irak, que fue alentada, financiada y armada, por igual, por los grandes poderes y Estados regionales. La República Islámica ejecutó una recuperación formidable del asalto y siguió avanzando hasta acumular capacidades convencionales y asimétricas para disuadir ataques futuros. 

Así, cuando Trump encontró oportuno lanzar sanciones contra Irán por la prueba de misil balístico el 29 de enero, los iraníes se aseguraron de lanzar más, justo un día después de haber sido anunciadas las sanciones. Y las respuestas iraníes continúan, un recordatorio de que cualquier confrontación con Irán es altamente impredecible. La República Islámica se asegura de recordarnos de sus capacidades abiertas y encubiertas a través de públicas y rutinarias pruebas misilísticas, demostraciones de defensa aérea avanzadas y juegos de guerra, como los recién concluidos Velayat 95, maniobras en el Estrecho de Ormuz, el Mar de Omán y el Océano Índico. 

Guerra de EEUU contra Irán podría ser una catástrofe para el Imperio

Al incrementarse las tensiones entre los Estados Unidos e Irán, también se ha incrementado el número de golfos, estrechos, mares y océanos en donde ahora operan embarcaciones militares y comerciales. El Pentágono insiste en que su presencia en tantas rutas marítimas alejadas en Asia occidental es vital para enfrentar el terrorismo y la piratería. Pero este es el patio trasero de Irán, y la República Islámica necesita pocas justificacioens para vigilar las vías navegables regionales contra exactamente el mismo tipo de amenazas; y proteger sus fronteras marítimas y territoriales. 

En una visita a Teherán el pasado noviembre, le pregunté al Dr. Sadolá Zarei, director del think-tank Instituto Andisheh Sazan Noor y un experto del Medio Oriente y el Norte de África, cercano al Cuerpo de Guardias Revolucionarias de Irán (IRGC, por sus siglas en inglés) sobre esto. "Las acciones de los Estados Unidos nos ofrecen un precedente de conducta de nuestro alcance naval", dijo. La presencia naval estadounidense en las aguas vecinas de Irán "nos otorgan aún más derechos a estar activos en el Golfo Pérsico, el Golfo de Adén, y otras aguas". Como resultado, explicó Zarei, "ahora estamos en el Golfo de Bengala y en el Océano Índico".

¿Está Zarei preocupado por un Estado adversario que ostenta su vasto poderío militar a tan poca distancia? Sonríe y explica con calma: "Cuando los Estados Unidos están ahí, la concentración y disciplina de Irán mejora. De esa forma son útiles. Nos une, y crea apoyo a las fuerzas de seguridad, a nuestro ejército y a nuestras fronteras".

Del otro lado de la reja, Washington continúa alimentando esta disciplina y cohesión iraní elevando los "incidentes" recientes en sus rutas -la mayoría sin guardar relación con Irán- hacia la histeria de los medios sobre Irán.

El periodista de investigación Gareth Porter ha trabajado en la separación de los hechos de la ficción en torno a las acusaciones estadounidenses de que Irán le envía armas a los rebeldes hutíes de Yemen por algunas de estas rutas. En resumen, Porter demostró que la mayoría de las acusaciones del Pentágono parecen ser demostrablemente falsas. Y gracias a los cables del Departamento de Estado de 2010 publicados por Wikileaks, ahora sabemos que -al menos en privado- los oficiales estadounidenses también se demuestran escépticos de sus propias acusaciones públicas.

La impredictibilidad de una guerra de las rutas marítimas

En enero de 2016, dos barcos adscritos al comando de la armada estadounidense entraron en aguas territoriales iraníes -no queda claro si consciente o involuntariamente- y fueron retenidos por la Guardia Revolucionaria iraní. Los estadounidenses vieron mientras la televisión iraní transmitía la captura de 10 marines estadounidenses arrodillados, con las manos detrás de sus cabezas. La República Islámica apoyó sus acciones en las regulaciones marítimas y la legislación internacional, y poco tiempo después liberó a los oficiales. Pero el incidiente llevó a casa, en technicolor, lo impredecible de las operaciones en las vías navegables contra este voluntarioso adversario de los Estados Unidos.

Por décadas, el Pentágono ha desarrollado juegos de guerra contra Irán para probar sus suposiciones y afinar sus respuestas. Pero un conocido que ha participado en tales ejercicios del Centcom me dijo el año pasado que "el ejército estadounidense rara vez derrota a Irán en juegos de guerra asimétricos, a menos que haga trampa o los amañe".

Sorprendida, me vi conminada a investigar más a profundidad y descubrí el "Millenium Challenge", un juego de guerra de las fuerzas armadas de los Estados Unidos en el Golfo Pérsico entre los Estados Unidos (equipo azul) y un adversario sin nombrar en el Medio Oriente (equipo rojo), que se cree que es Irán.

Irán tiene la línea de costa más larga sobre las rutas marítimas en el Golfo Pérsico

De acuerdo al Teniente General retirado del Cuerpo de Marines, general Paul Van Riper, quien dirigió la respuesta asimétrica de los rojos -y renunció porque las reglas fueron cambiadas a mitad de juego para constreñir las maniobras de su equipo- los rojos esquivaron el sistema de vigilancia electrónico de los azules usando mensajeros motorizados, enviados a la línea del frente y con métodos de señalización del estilo de la Segunda Guerra Mundial, destruyendo luego 16 naves de guerra estadounideneses y un pedazo significante de su flota naval, todo esto al segundo día de un ejercicio de tres semanas.

En un artículo titulado "¿Juegos de guerra amañados?" publicado en los portales web de las revistas militares Navy, Marine y el Army Times (que pareciera haber sido removido y luego publicado aquí), Van Riper criticó duramente el juego de guerra de 250 millones de dólares: "Fue en realidad un ejercicio que casi en su totalidad tuvo un guión elaborado para asegurar una 'victoria' de los azules".

Explica Van Riper: "Nos ordenaron mover las defensas aéras para que las unidades del ejército y la marina pudieran aterrizar exitosamente. Sencillamente nos ordenaron apagar [el sistema de defensa aéreo] o moverlo... Así que fue escrito para que fuera lo que quisiera el grupo de control".

En vez de aprender del ejercicio, el ejército estadounidense pareciera estar más interesado en confirmar la doctrina existente y mantener la fachada de la invencibilidad. Estas son actitudes peligrosas que, en escenarios de combate en la vida real, pueden llevar a los comandantes a malinterpretar sus capacidades y realizar avances imprudentes. E Irán sabe esto muy bien.

El precio de la primacía

A todas estas, ¿por qué hay fuerzas armadas estadounidenses en el Golfo Pérsico? Roger Stern, de la Universidad de Princeton, calcula que entre 1976 y 2010, Washington ha gastado la asombrosa suma de 8 billones de dólares para proteger el flujo de petróleo en el Golfo Pérsico. A partir de 2010, los Estados Unidos solamente recibieron el 10% de esos envíos. Los principales receptores fueron Japón (20%), seguido de China, India y Corea del Sur. 

Trump debería tomar nota: si el verdadero objetivo de la presencia de los Estados Unidos en el Golfo fuera el acceso al petróleo, Washington podría haberlo alcanzado con una fracción de ese precio al construir oleoductos que esquivaran esas rutas marítimas.

En su lugar, el estancamiento de la misión se ha sobrellevado a la política estadounidense en el Golfo Pérsico, estableciendo una trayectoria política que pocos presidentes se han atrevido a desafiar. De los ocho Estados litorales del Golfo Pérsico, Irán tiene la línea de costa más larga sobre las rutas marítimas, casi el doble de extensión que sus siete vecinos combinados.

Mientras los halcones de Washington continúan insistiendo con que a Irán no se le tiene permitido desafiar la hegemonía estadounidense en el Golfo Pérsico, deberían primero ponderar las consecuencias potenciales de otra guerra evitable; antes de que una catástrofe los humille hasta el silencio.


Originalmente publicado el 15 de marzo en The American Conservative, la traducción para Misión Verdad la realizó Diego Sequera.

Notas relacionadas