La mitad de la OEA no apoya la Carta Democrática contra Venezuela

El pasado 3 de abril fue realizada una sesión extraordinaria ilegal del Consejo Permanente de la OEA para discutir nuevamente la situación de Venezuela, apuntando esta vez, al igual que en anteriores oportunidades, a sumar los apoyos necesarios para aplicar a corto plazo la Carta Democrática Interamericana contra Venezuela.

La reunión que empezó con un gran signo de ilegalidad tras despojar de la presidencia del Consejo Permanente a Bolivia para entregársela a la delegación hondureña, transitó entre una seguidilla de discursos demagógicos y cortinas de humo para, en el marco de este aturdimiento, hacer ver, ahora sí, que la OEA mayoritariamente está de acuerdo con aplicarle la Carta Democrática a Venezuela y que por consecuencia lógica apoyó masivamente la resolución.

Pero nada más alejado de la realidad. Aunque la votación fue hecha por aclamación y la mayoría de los discursos se centraron en dar una imagen de cohesión del organismo contra Venezuela, lo cierto es que en la sede del Consejo Permanente de la OEA sólo había 21 países.

De esos 21, 17 apoyaron la resolución y cuatro se abstuvieron de secundarla (Barbados, Belice, República Dominicana y El Salvador). Sin embargo el dato que desmonta que la agenda por la aplicación de la Carta Democrática contra Venezuela tuvo un apoyo total del organismo, es que 13 países desconocieron la sesión extraordinaria del Consejo Permanente, la presidencia ilegal de Honduras, la resolución y por ende la intención de aplicar la Carta Democrática.

La mitad de la OEA no está de acuerdo con atacar a Venezuela

Y si sumamos los cuatro que aún estando presentes en la sesión se abstuvieron de colocarse a favor de la resolución, encontramos que el número de países que comparte esta agenda es de 17, la mitad de los países que integran la OEA. Un número insuficiente, por ahora, para los verdaderos objetivos estratégicos de los aliados de Estados Unidos, aplicar un cerco diplomático contra Venezuela y prolongar el asedio económico sobre su población, después de tanta inversión mediática y financiera para llevarla a cabo.

Sin embargo, esta polarización de la OEA en torno a la situación de Venezuela devela un dato mucho más profundo: los países que apoyan ir con todo contra Venezuela son los países arrodillados y devastados a las corporaciones y bancos gringos, como el caso de Colombia, México, Perú, Paraguay, Brasil, entre otros. Todos gobiernos serviles a los dictámenes empresariales que han hundido a la miseria a estas naciones.

Los países que desconocieron esta reunión y no prestaron sus apoyos a la resolución, fueron países pobres caribeños y centroamericanos, quienes han sufrido la explotación y la esclavitud más violenta por parte del poder económico estadounidense por más de 100 años, contrario al resto de países arrodillados que venden su voto por su permanencia como peones de primera línea.

La reunión dibujó una imagen sobre el conflicto de clases en la región, entre aquellos que creen en serio que son amigos de Estados Unidos y que estarán algún día a su altura, y entre quienes que aún siendo explotados y esclavizados hasta el hartazgo, apoyaron a Venezuela, el aliado que, en contraposición a Estados Unidos, los ha tratado con respeto y ánimos de cooperación.

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