El manual del 1% mundial para mantener su lujosa vulgaridad

La dominación descentralizada y globalizada del ébola

África continúa siendo el experimento a cielo abierto para saquear recursos naturales y deshacerse de los "indeseables” pobres del mundo.

En la sociedad del espectáculo el consumo artificial y el ultradeseo por "lo último" se hacen necesarios para mantener prendida la maquinita de billetes y el "crecimiento virtuoso", que en muchas ocasiones se basa en lo terrorífico, en el miedo al colapso, a ser devorados por la industria de la muerte en forma de cinta fordista con una trituradora al final.  

El ébola es terror, miedo y muerte a la vuelta de la esquina en el mundo líquido noticioso, pero a la vez es lo suficientemente real en el quinto coño de África para volverla un fetiche de "última onda" (paralelo al Estado Islámico), lo que cumple con la funcionalidad transversal de ida y vuelta para dar manija a la maquinaria de control social, ventas farmaceúticas y obligar a aumentar aún más el control transnacional en Sierra Leona, Liberia y Guinea Conakry.

Tres países disparadores de una región a ocupar y disputar por el control de sus recursos naturales bajo una lógica en la que la muerte invisible y lejana también se vuelve necesaria para continuar invadiendo descentralizadamente con el Africom (pentagonismo en estado puro) y las ONG intervencionistas, que adquieren la noción de paco bueno y paco malo para convertirse en actores en el terreno y construir una nueva normalidad africana para consumo masivo del 1% más rico del mundo.

El lujo es vulgaridad y la muerte su conquista.

Guerras civiles pasadas, ébola presente

De los 4 mil muertos invisibles que podíamos tocar en la pantalla como si estuviéramos en una sala virtual rodeada de televisores táctiles, la mayoría eran personas de Guinea, Sierra Leona y Liberia, éstos dos últimos con un largo historial de violencia en forma de guerras civiles en las que las potencias centrales, las transnacionales mineras y sus bandas de mercenarios hicieron parte en el golpeteo de la piñata ajena.

De estos tres, resalta Liberia por haber sido creada por ex esclavos de Estados Unidos, tener una bandera a imagen y semejanza de Washington, y en esta línea, haber vivido golpes y contragolpes militares que desencadenaron dos guerras civiles en las que fue central el papel de la Casa Blanca para apoyar y desapoyar a Charles Taylor, por ejemplo, expresidente sangriento de esos lares donde quedó una estela de 200 mil muertos.

De ahí, de la mano de Taylor, podemos subir a Sierra Leona, donde éste financió una guerrilla, el Frente Unido Revolucionario, para robarse los famosos "diamantes de sangre" y desencadenar una guerra que duró una década, con un saldo de 75 mil muertos, sólo limitado por la contratación de mercenarios británicos y surafricanos (también metidos en el negocio de la minería) para evitar el asalto completo del país mina.

En ese entorno es que se encuentra Guinea Conakry, otro país en actual turbulencia política y listo para ser devorado por la pobreza y un desmembramiento del Estado, que lo convierte en lo mismo que los otros tres: países factorías donde las bandas armadas que cambian de nombre artístico les hacen el juego a las transnacionales que por la vía legal e ilegal se apropian de sus recursos ricos en diamantes, oro, bauxita y coltán (entre otros). Éste último clave para el salto tecnológico en pleno desarrollo en forma de baterías electrónicas, celulares, computadoras portátiles y demases.  

Así que estados desmembrados, con niños soldados, con mujeres y hombres en carga espiritual de sus muertos inmediatos, se vuelven terrenos fértiles para inseminar un virus y soltarlo con una escopeta para expandir hacia dentro y fuera la proyección del Estado Profundo anglosionista.

Sobre todo si tienes un laboratorio de bioguerra estadounidense en Sierra Leona y Liberia, y el virus llega volando desde la República Democrática del Congo cuando se llamaba Zaire, a miles de kilómetros de distancia y a centímetros de espesor de las preguntas sobre lo que está pasando.  

La descentralización oenegística que supimos conocer

En esas respuestas es que llegan los 3 mil militares estadounidenses a Liberia, los infectados de Guinea se lanzan contra un centro de Médicos Sin Fronteras por "haber traído el ébola al país" y ciudades y pueblos son dejados atrás con custodias militares para que aíslen al falso ejército "zombie", que viene desde el menos allá para inundar de muerte viral a los vivos.

¿Por qué Guinea y Sierra Leona no tienen nada más que un par de médicos e insumos de las ONG? ¿Y la supuesta "caridad", monedita de sencillo en baja denominación, de George Soros, la USAID y Médicos Sin Fronteras?

¿Cómo se entiende que un país como Liberia, inundado de supuesta ayuda exterior, tenga un sistema sanitario que no pueda separar a los enfermos para no propagar el ébola? ¿Por qué Guinea y Sierra Leona no tienen nada más que un par de médicos e insumos de las ONG? ¿Y la supuesta "caridad", monedita de sencillo en baja denominación, de George Soros, la USAID y Médicos Sin Fronteras?Los campos de concentración se convierten en necesarios y marcan la raya entre el vivir descondenado y pobre y malvivir condenado y pobre, mientras que otras preguntas del subsuelo sublevado emergen sobre la buenas hechorías realizadas por Estados Unidos en su intervención militar en Liberia y el papel de las ONG en estos países.

Si estas ONG ocupan el papel del Estado para controlar más el territorio con fines prácticos, dónde está el supuesto maquillaje que hace a la Miss Universo impoluta e inofensiva de la fealdad incólume del ébola, y por qué planifican ampliar sus servicios con "médicos comunitarios" si no resuelven un problema básico de salud pública que parece salido de una historia de humo y pestilencia de la vieja época de la Edad Media en la que millones murieron por la peste bubónica.

Sustituyendo estados en la era de la globalización es que su control se vuelve caridad de última instancia, pero los espejos de contención sanitaria del ébola en Nigeria, Senegal y Togo, por ejemplo, muestran la diferencia entre ser más o menos saqueado por las transnacionales y su capitalismo desastre para el consumo ultradeseoso de lo último, lo nuevo, el fetiche del miedo.

Unas fichas más grandes de un tablero cada vez más pequeño

En estos bordes hacen que los africanos caminen sobre el abismo cargando los costos de sus minerales, al mismo tiempo que las transnacionales, sus mercernarios, las ONG y su nave nodriza de la intervención, Estados Unidos, funcionan como para-Estados que sustituyen a sus débiles gobiernos títeres y se autodeclaran como la quincalla en la que el pobrerío se supone que se deshará de sus miserias con el consumo de los productos del mismo vendedor-comprador, vieja metáfora esclavista de los almacenes a cuenta de las compañías extractivistas en las que, como ahora, abundaba la mano de obra y no escaseaban los látigos mortales para los sobrantes.

Es la vorágine del 1% más pudiente del mundo que come caviar recogido con smartphones y tiene un plan claro para este fin: esparcir su modelo descentralizado y globalizado hacia el resto de África, y la lista después sigue, por ejemplo, con Nigeria, top ten en reservas de crudo (y la mayor población del todo el continente), sigue con Senegal y Mali, dos países con los minerales necesarios para el consumo electrónico, y se esparce al resto de África en el mismo momento en que China ingresa con su colonialismo de baja intensidad por el otro lado.

Así que señor Rockefeller, ojo que vienen los chinos, los rusos e iraníes a robarse nuestros negocios, mande "botas sobre el terreno" y ahí está Libia, las tropas francesas en Mali, la República Centroafricana, la intervención encubierta en Túnez y Egipto con los Hermanos Musulmanes, y la aparición repentina de los fundamentalistas islámicos en los gigantes energéticos, como Nigeria, donde Boko Haram pica suave y finito la otra muerte viral, la de los Estados-nación proveedores de energía a Asia y Europa.

Es la nueva normalidad en forma de Africom e intervención antiterrorista y humanitaria en los países en que Beijing avanza con construcción de infraestructura, servicios y deudas a tasas bajas a cambio de que sus transnacionales ingresen al negocio de los energéticos y los minerales, y se abra el mercado a sus productos para que sean engullidos por la nueva clase media africana.

Son 54 países, la mayor reserva de minerales del mundo, grandes yacimientos petrolíferos y gasíferos, el 15% de las tierras arables, el segundo pulmón vegetal y un tercio del potencial hidroeléctrico utilizable. Muchas razones para los ultradeseos, las ultradisputas, los ultralamebotas, las ultraenfermedades y las ultraconsecuencias para los pelabolas.

El ébola está ahí y para allí amenaza con viralizarse.

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