La cultura de la intervención

Homeland y el eje del mal

La serie aclamada por Obama y los Clinton reproduce el mismo fetiche consumista de la intervención y lo empaqueta en clave sionista para meter en la misma bolsa del mal a Irán, Venezuela, Hezbollah y Al Qaeda, como si ésta última fuera un todo y no estuviese enfrentada con el resto.

Homeland ("patria" en criollo) fue conocida en Venezuela por filmar tres capítulos relacionados con la Torre de David, pero su densidad va más allá de un solo dardo mediático hacia la Revolución Bolivariana. Representa un imaginario en permanente construcción, que mezcla el claro racismo negativo y positivo contra los árabes y aquel que no sea catirito judeo-cristiano con el relato descarnado de la intervención en los países del eje del mal, previamente especificado por Washington y la CIA-Mosad. 

Legitimando las acciones encubiertas de la actual doctrina de la Casa Blanca, Obama la recomendó al público estadounidense por ser una de sus series favoritas e incluso recibió a los productores, guionistas y actores principales para conversar sobre la ficción (reedición de la israelí Secuestrados), que según uno de sus creadores "aspira a traer el mundo árabe del Medio Oriente a la sociedad estadounidense por primera vez". 

Fase uno: mentir consecuentemente

Bajo esta consigna es que la presentación parte de una cascada de discursos de la guerra contra el terror de la mano de Ronald Reagan, Bill Clinton, George Bush y Barack Obama, en la que se deja en claro la línea de fondo de la serie, que empieza con: 

  • Un sargento de la marina es encontrado en una guarida del grupo terrorista de la serie, que a partir de ahora denominaremos Al Qaeda (ya que el relato no lo identifica claramente con la intención de confundirnos). Luego de unos años de cautiverio y ser torturado, el sargento, Nicholas Brody, vuelve y es recibido como el símbolo de la "Guerra contra el Terror", pero la agente de la CIA Carrie Mathison le monta un seguimiento porque un informante en Irak le pasa el dato de que uno de "los suyos" va a volver "convertido" y realizará un atentado en su país. Comienza el Terror.
     
  • Al entrar la CIA en el combo, aparecen retratados su director, David Estes, y el judeo-norteamericano Saul Berenson, como jefe de la sección de Lucha contra el terrorismo, además de los personajes de la cola que hacen a los agentes y la familia de sueño americano del sargento Brody, que comienzan a verlo como un extraterrestre cuando se dan cuenta de que se ha convertido a la religión musulmana (no se sabe de qué tendencia), mientras es reclutado por el vicepresidente de Estados Unidos, William Walden, para ser el candidato a congresista de la "Guerra Global contra el Terror" y su posible fórmula presidencial. 
     
  • En el primer nivel del relato, la cuestión es simple: no se sabe si Brody es o no es, la agente Carrie Mathinson se obsesiona con que sí es y paralelamente comienza a aflorar el relato de fondo con Abu Nazir (el Bin Laden de la serie) como eje articulador del atentado inminente, que cuenta con colaboradores relacionados con el mundo saudí de un príncipe y un diplomático del país aliado de Estados Unidos. Ese es el momento en que la emisión parece salir de la visión hegemónica antiiraní, pero vuelve convenientemente cuando los trata de elementos aislados, bien especificados por el judeo-norteamericano Saul Berenson, mandamás moral de Carrie Mathinson entre lo que está bien o mal. Hasta ahí llega algo parecido a la verdad.
     
  • Sin embargo, la conspiración del Bin Laden de la serie comienza a crecer y Brody entra en la escena como protagonista de un atentado suicida cuando un francotirador (otro soldado convertido en agente del fundamentalismo islámico) asesina a una operadora política de la Casa Blanca, lo que apunta a encerrar en un búnker al exmarino con el vicepresidente y los altos mandos militares y de inteligencia para que active los explosivos que carga encima y vengue la muerte del hijo de Abu Nazir, quien era discípulo de Brody y murió por el ataque de un dron, ordenado por Walden y los que estaban en ese búnker. La premisa movilizadora de su "conversión". ¿Pero qué pasa? Brody se echa para atrás y tensiona previsiblemente la historia para que continuemos con el consumo cocainómano de la serie.

Fase dos: asentar la mentira

  • Ahí se podría decir que es cuando comienza la conspiranoia más densa, ya que tiempo después, Carrie Mathinson (que dicho sea de paso, obviamente, tiene una historia de piquitos con Brody) logra volver a la CIA, luego de ser echada por revelarse el seguimiento que le hacía al antihéroe, y participa en un operativo en Beirut, Líbano, que buscaba asesinar a Abu Nazir con la información de la esposa de un alto mando de Hezbollah, a quien erróneamente se lo relaciona con Al Qaeda, cuando son enemigos en cada palmo del mundo árabe.
     
  • El asesinato, obviamente, falla por un mensaje de Brody a Abu Nazir, enviado desde la sala de operaciones de la Casa Blanca, pero el saldo que queda es un video que recupera Mathinson de la computadora del alto mando de Hezbollah, en el que el símbolo de la "Guerra Contra el Terror" reconoce la autoría del fallido atentado al vicepresidente.

En esta etapa, ya las líneas políticas de fondo sobre Hezbollah igual Al Qaeda han sido lanzadas, pero su densidad todavía no ha sido develada hasta que la historia se quiebra en un giro en sí mismo para continuar en dirección recta hacia el eje del mal:

  • Brody es apretado por un interrogatorio moral y con el "poder inteligente", formato Obama de tortura psicológica, rápidamente se desconvierte de congresista y posible candidato a vicepresidente a espía de la CIA infiltrado en la estructura de Abu Nazir para evitar ese atentado, que todos saben que sucederá ante sus ojos. 
     
  • El sargento lo toma como una especie de redención y desbaratan un atentado bomba planificado por una periodista del mainstream de Washington y alineada con Abu Nazir, pero no puede ir más allá cuando secuestran a Carrie Mathinson y lo amenazan con matarla si no pasa los datos del marcapasos del vicepresidente. Amorosamente termina por hacerlo, y desde el despacho de la casa del droneador compulsivo envía la clave del aparatito y Abu Nazir ordena a un hacker que lo desactive. Pero, ojo, no hay tiempo para reflexionar sobre la muerte del droneador, porque Bin Laden es asesinado desde el mismo lugar donde da la orden maquiavélica, y la narrativa se prepara para tirarse a la piscina justificadora de la intervención.

A partir de aquí, la narrativa, convenientemente, pega un salto de Hezbollah hacia Irán y Venezuela.

Se termina legitimando una intervención encubierta para "un cambio de régimen" en Teherán y se instala en el sentido único que Irán-Hezbollah y Venezuela forman parte de la órbita islámica que realiza decapitaciones y atentados bomba

Fase tres: ser como Obama, moralizar la mentira

En este momento, los guionistas ya tienen preparada la última línea de perico y sus consumidores se preparan para ver que:

  • El vicepresidente es asesinado, pero ni Brody ni Mathinson confiesan nada, así que se le hace un funeral en la sede de la CIA, en la que entre piquito y piquito de los enamorados explota el carro del exmarino y asesina a toda la cúpula militar y de inteligencia de Estados Unidos, lo que, nuevamente, realza la premisa creadora del 11 de Septiembre de que ese día nadie vio nada, nadie se dio cuenta, sino que todo fue consecuencia de una cadena de errores del aparato militar gringo, percepción que refuerza la retórica movilizadora de la "Guerra Global Contra el Terror".
     
  • Obviamente nuestro héroe negativo pierde cualquier tipo de fachada (o arreglo con la CIA para ser un ciudadano de "bien", ya que se le acusa de algo que supuestamente no hizo) y escapa de Estados Unidos, mientras la inteligencia se lava sus culpas publicando el video en el que se hacía cargo de otro atentado que nunca ocurrió para ponerlo de enemigo número uno, muerto Bin Laden. ¿Pero hacia dónde se escapa?

Exactamente es aquí en la que los destinos de la historia individual se cruza con la línea densa de la serie, bajo el libreto reproducido por el padre de los Contras nicaragüenses, Roger Noriega, que dice que el suelo veneco es utilizado como plataforma del "terrorismo islámico" en América Latina ya que:

  • Por un lado, Brody llega a Venezuela herido por el ejército de Colombia (que lucha contra el "terrorismo" de la mano del Mosad, si uno profundiza la narrativa) y más precisamente a una Torre de David plagada de símbolos chavistas y previsible pranismo marginaloide, como le gusta a los angloamericanos ver la "pobreza exótica" del "Tercer Mundo".
     
  • Por el otro, nuestro paladín de la moralidad, Saul Berenson (ahora jefe de la CIA y responsable de recomponer la imagen de la agencia), emprende una ofensiva asesinando, drones en mano, a los supuestos responsables tácticos del atentado bomba y comienza un doble juego al hacer una minuciosa investigación financiera que "comprueba" que el número dos de la Guardia Nacional Revolucionaria (Javadi) lavó dinero en un club de fútbol venezolano para financiar a Al Qaeda y, por supuesto, el atentado bomba.
     
  • Aquí es donde Mathinson se faja para hacerse pasar por una agente a punto de romper con la CIA para que el iraní se le acerque y extorsionarlo directamente con que Berenson sabe que le está robando dinero a la Guardia Revolucionaria al lavar más dinero de lo conveniente (léase robar) en Venezuela, donde Brody está a punto de entrar en acción para su redención final después de que la inteligencia gringa se diese cuenta de que no tuvo nada que ver con el atentado en la CIA.  
     
  • Convenientemente, Berenson da un vuelco a la política de intervención directa y paradójicamente levanta la bandera de acciones encubiertas (marca registrada de la administración de Obama) al obligar a que Javadi se convierta en hombre de la CIA y escale a máximo jerarca de la Guardia Revolucionaria para que se alcance un acuerdo con el fin de que Irán y Estados Unidos negocien el plan nuclear de Teherán.
     
  • Claro, para ese fin tiene que haber una intervención en los asuntos internos de otro país: así que Berenson mete a su caballo de Troya en Irán, nada más y nada menos que Brody, quien tiene como encargo hacerse pasar por héroe asesino del Islam y feroz antiimperialista pro Irán, y luego visitar al máximo jerarca militar iraní para asesinarlo con un arma que dos agentes del Mosad le pasaron por entremedio de la custodia del iraní, controlada por Javadi, el nuevo papá de los helados, que en el plan de Berenson apunta a "desencadenar un cambio de régimen" en última instancia.
     
  • Épicamente, Brody cumple con su plan al engañar a todos y sobre todo al jerarca iraní, quien le confiesa que en su oficina planeó el atentado a la CIA. Pero como la intervención se come a sus hijos, el sargento termina ahorcado sin juicio por el atroz "régimen de Teherán", quien anuncia pasos después, que está dispuesto a emprender un acuerdo nuclear con Estados Unidos y deja abierta la segura demostración de que con Irán no hay nada que negociar, próxima a ser consumida en la cuarta temporada.

Así es como se termina legitimando una intervención encubierta para "un cambio de régimen" en Teherán y se instala en el sentido único que Irán-Hezbollah y Venezuela forman parte de la órbita islámica que realiza decapitaciones y atentados bomba.

Los verdaderos financistas del Terror, paradójicamente, quedan lejos del arma, y la CIA es en realidad un lindo jardín de niños en lo que la moralidad baña cada línea de fondo del verdadero objetivo de la serie: la intervención necesaria y humanitaria para "salvar el mundo". El discurso excepcionalista.

Sólo se trata de acercar Medio Oriente a la sociedad estadounidense, nada más y nada menos.

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