Hechos y datos sobre la guerra en Siria (y II): El tatequieto ruso a Estados Unidos

Desde cierto punto de vista -el del resto de la humanidad que no comulga con la guerra y que no es un super halcón neocon corporativista de la industria de las armas- la jugada diplomática rusa le salvó la vida a Obama. Y frenó, quién sabe hasta cuando, la amenaza de intervención directa y el desencadenamiento de la mamá de las guerras regionales.

Ya la tenía bastante difícil a lo interno en el Senado y la Cámara de Representantes, a pesar del apoyo manifestado por los sospechosos habituales (los senadores guerreristas tipo John McCain o Lindsey Graham). Tampoco la tenía muy fácil respecto a sectores militares. La jugada también frenó (¿postergó?) una crisis política imperial. De igual forma, aunque eso no haya importado mucho en los EEUU, ninguna encuesta alcanzaba el 30% la opinión favorable a la intervención militar. La calle gringa tampoco estaba a favor de la guerra en Siria. Aunque esto no haya sido antes un obstáculo. De lo que no salvó Putin a Obama, o el canciller Lavrov al secretario del Departamento de Estado, Kerry, es del desempeño lamentable que han tenido al parir una intervención militar que no convencía a nadie, salvo al gobierno francés (que le rivaliza en quién ha hecho más ridículo aún), y el Primer Ministro británico, que se quedó solo frente al congreso.

Otros que temporalmente quedaron vestidos y alborotados con el ataque norteamericano fueron el gobierno sionista de Israel, Arabia Saudita y las petromonarquías del golfo (Emiratos Árabes, Qatar). Lo cierto es que el tatequieto diplomático es una jugada magistral del gobierno ruso y su política internacional, pero no desbarata la posibilidad de una agresión de ese tamaño a mediano plazo. Así hayan desistido en lo inmediato, tanto Obama como Kerry han insistido en no descartar un ataque a Siria, sino que agrega a Irán en un guiño a los halcones israelíes.

La jugada de la cancillería rusa

La brecha para encauzar la vía diplomática la proporcionó el mismo jefe de la diplomacia gringa, John Kerry. Medio en serio, medio en broma, Kerry en una conferencia de prensa en Londres el pasado 9 de septiembre, alegaba que era inevitable el ataque, porque así existiera la posibilidad de que el gobierno sirio revelara y entregara su arsenal químico, todo, en manos de la comunidad internacional, la cosa sería distinta, "pero no lo hará", agregó el canciller gringo. Y por ahí se abrió la brecha: a partir de un chiste malo. El pelón dio luz verde a Rusia para proceder, y prácticamente de inmediato, bajo mediación Rusia, el gobierno sirio manifestó a estar dispuesto a revelar todos sus arsenales, entregarlos a las Naciones Unidas y suscribir la Convención sobre la Prohibición del Desarrollo, Producción, Almacenaje y Uso de Armas Químicas y sobre su Destrucción, dejando en el aire la "inevitabilidad" de una intervención directa y la guerra incalculable.

Pero esto agrega un detallazo más que no puede pasar debajo de la mesa. Siria no ha suscrito la Convención contra Armas Químicas porque su "vecino" y fuerza ocupante (en los Altos del Golán), Israel, tampoco lo ha hecho, y por supuesto que cuenta en su haber con las mismas, lo que de alguna forma o de otra podría traer el tema de las armas químicas israelíes, que según el especialista Thierry Meyssan, se trata de un programa de armamento que se remonta a los convenios con la dictadura surafricana del apartheid.

El imperio cantinflea

Lo triste es que después del favor que Rusia le hizo a todo el mundo, Obama y Kerry asuman el crédito, aduciendo el primero, por un lado, de que se trató de un planteamiento que él mismo asomó en la cumbre del G20 (versión que el Kremlin no ha corroborado), y por el otro, a Kerry diciendo que fue el ser superpotencia militar lo que disuadió el conflicto y abrió paso a la vía diplomática. El cuento aquel de la gracia y la morisqueta. Bombardeos de clichés, lo llamó el periodista inglés Robert Fisk.

Sendo ridículo, viniendo del hombre que explicaba en la misma rueda de prensa que se trataba de un ataque "increíblemente limitado" (sic), que comparó a Al Assad con Hitler, que primero dijo estar ultraseguro, luego no tanto pero ahí estaban las pruebas y reportes de inteligencia, y luego, portavoz mediante, que era un asunto retórico. Así que ahora Obama y Kerry hacen malabares para no quedar tan mal con la plutocracia belicista de los EEUU y el lobby sionista. El declive definitivo, al menos moral, de la administración Obama.

Pero la guerra continúa. Al corte de caja, hoy 16 de septiembre, la ONU confirmó un ataque con armas químicas el 21 de agosto en la periferia de la capital siria, Damasco, en la localidad rural de Ghuta. El asunto es que la investigación propiamente se limitó a confirmar o negar si hubo un ataque, y no quien lo realizó, manteniendo la posiblidad de que las presuntas pruebas sean objeto de manipulación y que la intoxicación mediática occidental y la guerra psicológica arrecien. Se habla del empleo de misiles tierra-tierra en las agresiones, de tres puntos distintos, y en esa retórica, que se trate del gobierno ya que, los "rebeldes", supuestamente, no cuentan con la artillería para eso. Pero ya trascendió la posiblidad de que el ataque fuera perpetrado con material bélico del ejército turco, que apoyan abiertamente a los grupos jihadistas.

Lo mismo el apoyo logístico gringo-israelí desde Jordania, así como mediante los auspicios de Bandar Bin Sultan, jefe de la inteligencia saudita, y principal operador de los grupos salafistas (extremistas) en el mundo árabe, el mundo musulmán, y sus fronteras.

En términos geopolíticos y diplomáticos, se alcanzó una rara especie de pausa en el aspecto internacional del conflicto y la intervención directa. Por el otro, la guerra continúa. Y continúa, por supuesto, la intervención "indirecta". Y la muerte de civiles.

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