Guerra Global contra las Drogas: disolver las fronteras, controlar territorios, criminalizar naciones

En el último año, tanto la justicia norteamericana como la mediocracia global y la Administración Obama han estado enfocadas en elaborar un expediente contra Venezuela para criminalizarlo como un narcoestado. De Diosdado Cabello hasta el presidente Nicolás Maduro, los funcionarios y altas autoridades del Estado han sido calificados de narcotraficantes sin prueba alguna, e incluso han llegado al extremo de relacionar al ministro Néstor Reverol a confesos delincuentes detenidos durante su gestión como jefe de la Guardia Nacional Bolivariana, demostrando el interesado cáracter político e intervencionista de toda esta campaña. 

Desde el año pasado Misión Verdad viene desmontando uno a uno estos expedientes en los que se intenta crear la matriz de que en Venezuela existen carteles con nombres de ficción como el de Los Soles y el de Los Flores, entre otros tantas invenciones de los operadores de esta campaña. Debido a que esta acción ha ido in crescendo y que ante una nueva etapa de asedio se ha radicalizado para criminalizar a la nación, nuevamente volvemos a poner en contexto este tipo de agresiones con la historia de la estrategia de la Guerra Global contra las Drogas como mecanismo de intervención, y que en este punto de la historia latinoamericana y venezolana busca tanto criminalizar como despedazar y disolver naciones enteras del continente, como Estados Unidos, profundamente ligado al narcotráfico a lo largo de su historia moderna.

Historia, coincidencias y ocupaciones territoriales

No es "novedad" que el fin de los Estados-nación sea útil a su absorción por parte del gobierno global (tan teorizado por el estratega norteamericano Henry Kissinger), como tampoco lo es que la "Guerra Global Contra las Drogas" haya comenzado en paralelo a los aviones militares que iban a Vietnam y volvían con heroína del famoso Triángulo Dorado (Vietnam, Laos, Tailandia y Myanmar) para regarse en los barrios norteamericanos durante la década de 1970 y disolver toda iniciativa revolucionaria que viniera de las organizaciones juveniles de toda índole que protestaban contra la invasión a Vietnam y el cuestionamiento abierto al status quo del momento. En especial los movimientos comunitarios radicales que capitaneaban las Panteras Negras.

Esta "coincidencia" es la misma de cuando Ronald Reagan llega a la presidencia a principios de los 80, lanza este paradigma de seguridad junto a la primera versión de la "Guerra contra el Terror": la que también se da con la sincronía entre los aviones de la CIA que enviaban con armas para la Contra nicaragüense y volvían con drogas para los barrios de Los Angeles con el objetivo de financiar la contrarrevolución, como comprobó el periodista Gary Webb con el escándalo Irán-Contras, plan armado por el combo Oliver North, Roger Noriega y John Negroponte. El mismo grupo ultra que está hoy acordemente enfocado sobre Venezuela.

Igual, en los 90, y sin despeinarse, el Comando Sur emprendió esta "heroica y titánica lucha" para terminar con el narcotráfico y la drogadicción: otra vez lo hizo, casualmente, desde su por entonces base en Panamá cuando, enfrente de sus ojos, por ejemplo, los carteles de Medellín lavaban sus dólares en los bancos de Ciudad de Panamá con la colaboración del presidente Manuel Noriega, hasta que de repente "se dieron cuenta" e invadieron el país para apresar a este narcopolítico que también, convenientemente, había apoyado a la Contra nicaragüense. Todo redondo.

La mutación post 11 septiembre de 2001

Así fue como este paradigma de seguridad tomó más fuerza todavía en los 90 cuando tenía ya que sustituir a la amenaza "comunista" por el fin de la Guerra Fría: en esta oportunidad la Administración Clinton, nuevamente, reutilizó el nombre para justificar la presencia en la región y potenciar la ayuda al Estado colombiano al borde de la derrota contra las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que ya en la neolengua intervencionista comenzó a ser llamada una organización "narcoterrorista" y ser "combatida" por los mismos paramilitares formados por militares estadounidenses e israelíes.

Durante este plan, para todo efecto práctico, Salvatore Mancuso, Carlos Castaño y sus Autodefensas Unidas de Colombia se financiaron con la venta de cocaína frente a los ojos de los militares colombianos y estadounidenses, quienes ya con la DEA habían armado el grupo denominado Los Pepes ("Perseguidos por Pablo Escobar") para que estos mismos paramilitares y los jefes narcos de ese entonces terminaran con Escobar y el Cartel de Medellín. Había que buscar culpables y uno que se enfrentara a ellos era conveniente, por lo que la "Guerra Contra las Drogas" tuvo que caerle encima de manera simbólica y física.  

Así que con este paisaje, y la presentación del término "narcoterrorismo", ya se veía venir una simbiosis entre la Guerra Global Contra las Drogas y su hermana, recién ascendida en importancia, Contra el Terror. Ante este piso dejado por Clinton, George W. Bush sólo tuvo que explicar esta mutación post 11 de septiembre y presentarla a la sociedad estadounidense y latinoamericana para hacer lo mismo que sus antecesores: justificar la presencia estadounidense y ampliar su influencia.

Esta vez, su caballo de batalla fue el Plan Colombia, y su paladín de la justicia Álvaro Uribe Vélez, quien comenzó en los 80 como el Director de Aeronáutica Civil en Medellín que permitía los vuelos narcos de Pablo Escobar (una de las tantas cosas por las que fue incluido en una lista de narcos buscados por la DEA) y terminó siendo el presidente de Colombia con los mismos padrinos de la Contra nicaragüense, Otto Reich y Roger Noriega, como aliados y miembros de la Casa Blanca. Síntesis y acción en una sola relación.

Las Guerras Contras las Drogas y el Terror tratan de justificar la presencia estadounidense por doquier y ampliar su influencia

De resultados y efectos

La Administración Obama agarró este legado y no hizo nada muy distinto, por ejemplo, al mantener a Afganistán como el principal proveedor de heroína del mundo, al punto de que el Estado Islámico controla la mitad de esta distribución según la inteligencia rusa, y por supuesto amplía la presencia estadounidense en América Latina para combatir el narcotráfico. El epicentro ya no fue Colombia sino México durante la gestión de Felipe Calderón, en la que en vez de terminar con el problema se agudizó bajo el disfraz de la "guerra contra el narco" y su antifaz de la Iniciativa Mérida, mejor conocido como el Plan Colombia mexicano.

Así que, prácticamente, el territorio mexicano se caotizó, la frontera con Estados Unidos se borró (lo que en definitiva se pretendía con la firma del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica), ingresaron sus militares, sus contratistas y se lanzó también la Iniciativa de Seguridad Regional para América Central (Carsi), y su gemela Iniciativa de Seguridad de la Cuenca del Caribe (CBSI) con el fin de atajar la supuesta huída del narco mexicano hacia los países centroamericanos. Paradójicamente, estos carteles no tenían una presencia total en Guatemala, El Salvador y Honduras, pero sí las pandillas conocidas como Maras, cuyo núcleo fundador, otra vez "casualmente", fueron deportados de los barrios estadounidenses cuando hacían vida de inmigrantes y delincuentes en este país.

Ante esta realidad y la llegada del narco mexicano, los Zetas, el cartel de Sinaloa y demás organizaciones, la presencia militar estadounidense aumentó en la región para colaborar y "formar" a las fuerzas de estos países para supuestamente contener la "criminalidad", los Estados fallidos en curso y evitar los envíos de cocaína de Perú, Colombia y Bolivia que pasan por América Central y el Caribe. Y por sus "magníficos" resultados, Colombia fue nombrada la encargada de formar unas Fuerzas de Operaciones Especiales de otros países para esta lucha,como manera de tercerizar el control y los costos, según afirmaron.

Bajo este panorama, en 2012, el Comando Sur organizó una coalición militar entre los países de Centroamérica más Colombia, Gran Bretaña, Francia, Holanda y Canadá. Esta fue denominada Operación Martillo, la que en su segundo año de vida fue un fracaso, ya que los flujos supuestamente se movieron de las rutas habituales y aumentaron en un 14%, de acuerdo a los datos suministrados por el Comando Sur en su balance realizado en 2013.

La militarización, consecuente ocupación territorial vía directa, indirecta o por cooptación de agentes de seguridad de estos países, no cortó ni el 80% del flujo de drogas que pasan a Estados Unidos, ni tampoco evitó que Colombia y Perú, dos de los países con más bases del continente, dejaran de ser grandes productores de cocaína (incluso el primero ahora es consumidor, según los informes de la ONU). Y por supuesto que la supuesta disminución de consumo de ésta en Estados Unidos no es por menos drogadicción sino porque ahora la moda son las sintéticas y también la heroína, que proviene, como dijimos, de zonas controladas por Estados Unidos (Afganistán). El deporte drogadicto está en pleno auge y nada como contener la crisis sistémica del Imperio con toneladas y toneladas de narcóticos, legales e ilegales.

Criminalidad, caso Venezuela y los culpables convenientes

Entonces lo que tenemos son más de ochenta bases para luchar contra las drogas, su consecuente "efecto positivo" en aumentar el poder del narco, su también resultado de minar a los Estados-nación, como ya hemos dicho, los superávit económicos en venta de armas a los narcos, como se vio en México con la operación Rápido y Furioso, y su indudable acumulación de capital en los bancos occidentales con el lavado de dinero y activos provenientes del narco, cuyo punto alto actual se encuentra en el caso del banco HBCS.

La lapidaria frase de la presidenta argentina, Cristina Fernández ("Ustedes consumen las drogas y se llevan las ganancias, y nosotros compramos las armas y ponemos los muertos") pareciera tener hasta sus mecanismos de control y expansión administrada, si analizamos que el Comando Sur actúa, cuando lo hace, para correr las rutas del narco y en el último tiempo su acción ha tenido una consecuencia: que uno de los lugares de tránsito sea Venezuela y que los paramilitares que nacieron con su formación en Colombia tengan una fuente de acumulación de ganancias primarias para ser autosuficientes y expandirse.

El deporte drogadicto, marca EEUU, está en pleno auge

El financiamiento de la contra, su consecuente efecto multiplicador y el pretexto ejemplar para amplificar y justificar el relato del narcoestado y los gastos (y presencia logística) del Comando Sur para la supuesta "lucha contra las drogas" en esta parte de la región, como lo afirman desde la Escuela de Inteligencia y Contrainteligencia General de Brigada Florencio O'Leary.  

Si a eso se le suma que hay casos en la justicia estadounidense y venezolana donde se comprueba que hay un comercio ilegal de armas estadounidenses en Venezuela, es válido intuir que la Guerra Global Contra las Drogas tiene su "daño colateral", su efecto premeditado, en la ofensiva contra Venezuela, ya que gran parte de las contrainsurgencias montadas por el complejo de la industria militar se ha centrado en que ésta sea una de sus fuentes de financiamiento y que el mercado veneco también esté lo suficientemente abastecido para dañar la psiquis colectiva, también premeditadamente.

Pero si no se llegara a creer en esto y usted pensara que es pura conspiranoia, sólo basta con ver el mapa del Comando Sur (más abajo) sobre las rutas de narcotráfico para decir que la "Guerra Global contra las Drogas" tiene un gran resultado ultra simbólico post-Uribe para continuar justificando la presencia de las bases: la principal salida de los envíos de coca proviene de Colombia, el país que más han militarizado y controlado en una región donde la IV Flota navega para "luchar" contra el narcotráfico.

Disolver fronteras (México), "encargarse" y "asesorar" a las naciones con poca capacidad para enfrentar el problema del narcotráfico (Centroamérica) y acusar con una conveniencia deslumbrante a los países que han acopiado la mayor cantidad de resultados en la lucha contra el narcotráfico desde que la DEA fue expulsada de su soberanía (Bolivia, Venezuela), para, finalmente, criminalizar a mansalva a quienes les interese como un narcoestado. Justo cuando la coyuntura necesita levantar un expediente criminalizador que forme parte de la agresión de espectro completo.

Notas relacionadas