Fake news o la hegemonía de la censura global

Las consecuencias de las elecciones presidenciales del pasado 8 de noviembre aún están por verse. A raíz de la victoria de Donald Trump, el Partido Demócrata ha señalado a medio mundo de la derrota de Hillary Clinton con el ombligo entre ceja y ceja.

Entre villanos y chivos expiatorios, los demócratas estadounidenses han aumentado los ataques contra el perseguido director de Wikileaks Julian Assange, el presidente ruso Vladimir Putin, el director del FBI James Comey, el propio Colegio Electoral, entre otros, junto con la batería de los medios que orbitan Washington (los medios del "Beltway", aludiendo a la circunvalación en el D.C. donde se asientan la Casa Blanca y el Congreso).

Las "falsas noticias" o fake news han sido puestos ante el jurado de los medios corporativos y los políticos del establishment. Dicen que la filtración de diversas páginas web -entre blogs, medios alternativos y periodistas realmente independientes señalados de ser "agentes de Putin"- ha jugado un papel decisivo en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos, sobre todo en las redes sociales como Facebook, Twitter, Instagram, Tumblr, YouTube.

Dicen que la desinformación ha sido juez y parte en las decisiones electorales del pueblo norteamericano, y omiten toda contradicción que los obligue a confesar sus propias errancias y errores.

Incluso han declarado, con voces de "expertos", que la propaganda rusa se diseminó en las redes antes y durante las elecciones del 8 de noviembre en forma de noticias falsas, cambiando el curso de la votación en detrimento de la candidata Clinton.

No paran de apelar a la información que conviene sólo a los que financian a los mismos filtradores de información: los medios corporativos y su soporte político, que sólo reconocen todo razonamiento, hecho y argumentación dentro del campo ideológico y sobre todo político que los rigen.

Lo que no dicen es que ellos mismos han sido los más eficientes y concurrentes creadores y propagadores de falsas noticias.

¿Un gran censor global?

Lo calificado como fake news se simplifica en lo siguiente: todo lo que no sea información, hecho y opinión filtrados por la mediática autorizada, entiéndase los grandes medios corporativos, es "noticia falsa".

Es decir, si no lo publica The New York TimesThe Washington Post o CNN, no puede ser verdad. Esos mismos medios, más las grandes plataformas de redes sociales (Google, Facebook, Twitter), autorizan o desautorizan sin más, debido a que ese conglomerado ahora es juez y parte de la validación informativa.

Google y Facebook anunciaron en tándem el 15 de noviembre que inhabilitarían todos los sitios que proveen "noticias falsas", según la nomenclatura corporativa del momento, para no contribuir sin querer queriendo a la propagación de este chivo expiatorio que tiene como fondo el bloqueo de toda información que compromete los fines de la propaganda occidental y las agendas político-económicas que juegan en sus sombras.

La aprobación por parte del Parlamento Europeo de la resolución antirrusa contra medios como RT y la agencia de noticias Sputnik es un botón de lo que parece ser una gran operación mediática que busca desacreditar y deslegitimar todo esfuerzo por contar y pensar hechos no conformes con lo presentado por los medios corporativos.

Cartelización global de la información, censura corporativa mundial

No es cualquier cosa que un poder político de largo alcance como el Parlamento Europeo, poderosa caricatura del Congreso estadounidense al otro lado del Atlántico, resolviera un balance en contra de Rusia y todo lo que huela, o sea de facto, un aliado de Putin.

Incluso, algunos periodistas han informado que sus cuentas de Facebook y Twitter han sido prohibidas y canceladas por informar desde 2014 sobre lo acontecido en Ucrania y la guerra en el Donbass. ¿Casualidad?

Todo el tema alrededor de los fake news no es tanto el filtro que ya viene siendo impuesto incluso desde la apertura del mundo internet al mundo comercial, lo que le quita a la big web el signo democrático al que se le remite, sino el censor de alcance global que se pretende imponer a raíz del ocaso de la hegemonía estadounidense y la expansión del mundo multipolar.

Un cartel de noticias falsas

Un estudio del Centro de Investigación Pew develó que dos tercios (66%) de los usuarios de Facebook leen noticias a través de esta red social, quizás la más popular a nivel mundial. Es decir, el acceso a noticias, opiniones y cualquier tipo de información tiene un alcance mayor a través de las redes sociales, donde la interacción entre usuarios es continua y la rotación de la información es consensuada por los creadores de estas redes.

La mayoría de la población que usa a diario las redes sociales como Facebook y Twitter consume noticias de todo tipo sin corroborar ningún tipo de información. La presentación de las noticias funciona como un dogma donde las fuentes nunca están claras y la edición editorial prevalece por encima de los hechos.

Lo que sucede en Venezuela en cuanto a la miseria comunicacional y la intoxicación mediática, que buscan formar en el común la idea de un "cambio de régimen" en el país, asimismo está sucediendo a nivel mundial con la trama de las "noticias falsas" de ventana.

La cartelización de la información está aunada a los grandes poderes mediáticos que imponen líneas editoriales a sus infomercenarios, y consigo no trae sino un bombardeo informativo que demoniza a todo lo que pudiera ser asociable a Putin, a Xi Jinping, a los Castro, a Chávez y Maduro, etc.

Si bien las redes sociales son un campo de batalla propicio para ejercer la hegemonía de la censura global, en el que sitios como The Vineyard Of The Saker, Sputnik News y Moon Of Alabama podrían ser víctimas del silencio cartelizado, también existe un contrapeso de alcance mundial con tal vez algo de fuerza para contrarrestar.

La lista que Ron Paul, político estadounidense, lanzó en su sitio web de comprobados informercenarios a la orden de los Clinton y el establishment durante la campaña electoral es una respuesta a la pretensión de los impulsores de las "noticias falsas".

Se trata de una guerra 2.0 -que involucra el plano perceptivo, ideológicamente moldeable- no sólo contra todo aquel que le diga "no" a los Estados Unidos y los poderes que juegan detrás de ese pivote gubernamental, sino contra la población mundial en general. La ignorancia sistemática y sistematizada es punta de lanza.

A nosotros, el común, también nos toca tomar parte en esta guerra de la información. De lo contrario, nos come el lobo de tanto mentir.

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