El caos en Libia como proyecto político occidental

Libia continúa siendo uno de los mayores centros de atención a la hora de analizar la expansión militar gringa de la guerra “infinita” en África y las constantes excusas mediáticas que primero colectivizan sus intereses y luego vuelven indispensables la intervención permanente, como la única pastilla que “cura la enfermedad”.

Después de Gadaffi: caos constructivo, control descontrolado

Desde aquella intervención “humanitaria” de la OTAN bajo la figura jurídica internacional de la "Responsabilidad de Proteger (R2P)" y el falso positivo mediático del bombardeo a la Plaza Verde made in Al Jazeera (Catar) en 2011, Libia es un caos crónico que combina pujas entre milicias armadas del archipiélago de líderes tribales o señores de la guerra, islamofachos "autónomos" o financiados por Arabia Saudí bajo diversos paraguas, fuerzas armadas y políticas de los Hermanos Musulmanes financiados por Catar, y ahora un viejo "conocido": el general desertor de Gaddafi, Jalifa Haftar, el hombre-orden de Estados Unidos.

Seis gobiernos han pasado tras el derrocamiento y linchamiento de Gaddafi y ningún viso de legalidad electoral de origen ni una nueva constitución. El “régimen” parlamentario estilo democracia moderna y occidental ingresó nuevamente a aguas turbulentas este año, cuando el por entonces primer ministro, Alí Zidan, no pudo detener la salida de un buque petrolero norcoreano con aval de una milicia armada de Sirte, y fue destituido por la “mayoría” de los parlamentarios de un mandato que lo llevó a ser secuestrado por un grupo islamista debido al permiso que le dio a los militares estadounidenses de realizar una "detención express" de un miembro de Al Qaeda e “interrogarlo” en alta mar. Además Libia sufre de bloqueos constantes de los puertos petroleros por parte de las milicias regionales que exigen una mayor autonomía y más regalías petroleras.  

Depuesto el liberal Alí Zidan por no controlar la “Nueva Libia”, los parlamentarios nombraron al ministro de Defensa, Abdalah Al Zani, como primer ministro interino hasta nuevas elecciones, pidieron ayuda a los marines y los marines ocuparon el buque norcoreano (cuyo gobierno se desmarcó del hecho) y lo trajeron de vuelta a la convulsa casa de donde se había ido.

Pero Al Zani también duró poco, pues presentó su renuncia al parlamento luego de que un grupo de salafistas intentara asesinarlo junto a su familia, lo que fue la muestra de una nueva violenta pugna interna entre los fundamentalistas pro Arabia Saudí y los Hermanos Musulmanes de Qatar, enfrentados igualmente en Egipto.

Esto aparentemente se saldó, en parte con una alianza entre los Hermanos Musulmanes y Al Qaeda a través del partido Al-Watan, quienes impusieron en una moción parlamentaria al empresario de Misurata, Ahmed Miitig, como primer ministro, lo que los liberales y los milicianos “autónomos” calificaron como un golpe de Estado, que desencadenó un levantamiento frustado del general Jalifa Haftar, un intento de asesinato contra Miitig y un desconocimiento del nuevo gobierno por parte del anterior máximo mandatario, quien pide que la justicia se expida sobre el asunto para “entregar” el poder, mientras Estados Unidos le pide a sus ciudadanos que se vayan del país "por la inestabilidad creciente".  

El hombre-orden

Haftar reaparece en escena después de caer fugazmente en el olvido, luego de ser tirado al terreno libio para dar una mano a los islamistas y compensar la balanza de fuerzas en la invasión al país, entubada, recordemos, como "intervención humanitaria". Esta es la segunda vez que este general, que desertó en los 80 en la guerra entre Libia y Chad y que desde entonces vivió en Estados Unidos (cerca de la CIA), llama a derrocar a un gobierno del país en menos de un año.

La primera vez estaba Alí Zidan y lanzó un vídeo en el que anunciaba la disolución del parlamento y la lucha a muerte contra los fundamentalistas islámicos. Ahora lanzó directamente un ataque simultáneo en Bengasi, cuna de la “revolución” y centro de los recursos petroleros de Cirenaica (ahora declarada independiente por los Hermanos Musulmanes), y en la capital Trípoli contra las sedes de gobierno y el parlamento.

En alianza con un clan del este del país (no se sabe si también con otros líderes tribales y milicias armadas), el general no ha sido apresado, y su paraguas armado, el Ejército Armado Libio, posee helicópteros de ataque y artillería, misiles tierra-tierra Grad, armas antiaéreas, y fondos y datos de inteligencia de varias entidades estadounidenses, según el sitio israelí Debka.

La ofensiva apunta ahora al Magreb, donde la gasífera y estratégica Argelia también está en la mira, luego de su negativa de permitir una base en su región

En esta misma línea de información, Estados Unidos estaría dispuesta a apoyar a Haftar para disminuir el poder de  Al Qaeda y otros, que incluso llegaron a sacarlos como perros de una base militar secreta que ahora es centro de formación para la yihad global, y vaya a saber si para justificar una nueva arremetida con los militares que esperan órdenes de ocupación en la base italiana de Sigonella.

Todo sea por controlar el flujo energético que bajó de 1,5 millones de barrilles diarios a 250 mil con las tomas de los milicianos armados, y dar una cierta estabilidad que le permita a los gringos establecer su comando central de Africom en el Mediterráneo.

La cascada de operaciones psicológicas y la Operación Nueva Normalidad

La primera gran colectivización de intereses occidentales (Estados Unidos, Gran Bretaña, Italia, España, Francia y demás naciones de la órbita OTAN) ocurrió con la invasión y golpe directo a China, que consideraba a Libia como una fuente segura de abastecimiento energético a futuro. El libreto nuevamente fue de manual: levantamiento “popular” en la zona cultivada de yihadistas y mercenarios (Bengasi), la carpeta de violaciones a los derechos humanos, los falsos ataques contra población civil, y la intervención, Consejo de Seguridad mediante, aplicando la doctrina de "Responsabilidad de Proteger".

Luego vino el pica y se extiende Al Qaeda a Siria, Argelia, Kenia, Malí y Nigeria, entre otros, vino una nueva operación psicológica que barnizó el ataque de Al Nasra, filial de Al Qaeda, a la embajada estadounidense en Bengasi, y el asesinato de su representante diplomático como un levantamiento islámico en toda la región debido a la aparición de un film evangélico de propaganda anti-islámica  en el que aparecía Mahoma, considerado una ofensa para los musulmanes tanto en el contenido como en la representación visual: una provocación sospechosa cumpliéndose 11 años de los atentados a las Torres Gemelas, el 11 de septiembre.

Ante la “barbarie musulmana” estilo Hollywood, Obama no tuvo otra opción que disfrazar una cascada de ataques simbólicos, escenificados en quema de banderas y asedios a embajadas con el lanzamiento de la secreta Operación Nueva Normalidad para proteger  a los "ciudadanos y bienes estadounidenses", que no es más que reforzar el envío de militares, contratistas/mercenarios y armamento a los países de África, incluidos Libia y Nigeria por las niñas secuestradas por Boko Haram, y Sudán del Sur por las pujas internas en ese Frankestein andante que crearon para desmembrar el país territorialmente más extenso de África y sacar la parte petrolera de la influencia China.

Con el enemigo demonizado del islamofascismo, Estados Unidos aplicó este plan meticulosamente al punto de que silbando bajito y con poco ruido, actualmente realiza operaciones militares en 14 países de África, ubicados principalmente en el centro del continente. La ofensiva apunta ahora al Magreb, donde la gasífera y estratégica Argelia también está en la mira, luego de su negativa de permitir una base en su región y de haber pasado por unas elecciones en las que se intentó crear otra revolución de color.  

Ahora en Libia parece que un nuevo tubo de ensayo se puede esconder detrás de la invisibilización mediática selectiva de la información por goteo, sin narrativa emocional, que en el terreno anuncia una nueva fase del despliegue que los gringos realizan en el continente negro al estilo turbo-capitalista, que balcaniza y caotiza pero no asegura un control político permanente sin drones, soldados, ni ocupaciones militares.

¿Cuál será la nueva telenovela para "colectivizar" intereses con lógica de piñata? Esa es la pregunta.

Así vemos en proceso los resultados del nuevo modelo de intervención.

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