Default: ¿qué hay detrás de esta maniobra?

La etiqueta "default" remite al impago de la deuda de un ente público o privado. Esta calificación produce efectos económicos como la cancelación de otorgamiento de créditos entre otros mecanismos de financiación extranjera.

El concepto default está relacionado con el sistema financiero mundial. Hace referencia a una situación económica de deuda impagable donde aquel país que recibió financiamiento extranjero y emitió bonos para aumentar sus ingresos no posee los recursos financieros con los cuales responder (devolverles el dinero con los jugosos intereses) a sus acreedores, tanto prestamistas (como el FMI o el Banco Mundial) como inversores (como George Soros e incluso Alemania).

En jerga venezolana significa: “Tengo montadas las tarjetas hasta los tequeteques”. Si no se tiene para pagar, caerá rápidamente en la acepción castellana del concepto que estamos definiendo: cesación de pagos, es decir, no se tienen los recursos para cumplir con aquellos compromisos adquiridos. En ese preciso momento se activan las alarmas del desprestigio y la infamia: así como durante un largo período de tiempo el ciudadano difamado no volverá a recibir un crédito bancario para comprarse un carro, tampoco el país declarado en default tendrá la posibilidad de atraer créditos e inversiones extranjeras hasta que busque una forma de renegociar lo que debe (con los respectivos intereses de por medio).

Si un Estado-nación es calificado en default, eso repercute directamente en todos los sectores económicos (públicos y privados) del país. Tanto el ente gubernamental como empresas y bancos privados estarían aislados económicamente, es decir, no podrían obtener créditos por parte de grandes prestamistas e inversores y el mercado interno se caotizaría.

Etiqueta e imagen país

La estrategia cardinal radica en proyectar la imagen de un país destartalado y en quiebra, en el cual ningún Estado “decente” (y, por ende, imperial) se atrevería a invertir su dinero. En sentido epidemiológico, la consumación de este objetivo busca colocar a los países declarados en cesación de pagos como promotores de la lepra bancaria y financiera: los recursos allí colocados están en riesgo de contagiarse de impago leporino.

Siguiendo la línea de esta primera arremetida, la huida de las inversiones foráneas y del crédito internacional se traducen en arrinconamiento y asfixia para las economías asediadas: el propósito final de la etiqueta default.

Dicha etiqueta expresa la última etapa de un proceso extendido y ligado a la especulación bancaria, corretaje de bonos y maniobras financieras de alto octanaje, profundamente relacionado a procesos conspirativos (donde los operadores son las calificadoras de riesgo) contra los países emergentes.

Etiquetar primero para justificar el embargo posterior, como veremos más adelante.

Vacuna imperial

Las potencias económicas gringo-europeas están vacunadas contra el default. No porque tengan economías sanas, todo lo contrario, la mayoría de estos países desarrollados tienen deudas superiores a su PIB real. Tampoco poseen un crecimiento económico boyante como los países BRICS. Entonces, ¿por qué son inmunes al default?

Los capitalistas y los Estados-nación dependientes de los emporios transnacionales buscan reciclarse en la especulación bancaria con el objetivo de alcanzar un beneficio marginal

Inicialmente porque figuran como el corazón financiero por donde circula y se condensa la plusvalía que viene de las minas periféricas. Las crecientes tasas de interés (para bonos e inversiones en esos países), la falaz rentabilidad financiera, el “eficaz” corretaje y la monopolización para el resguardo de partes importantes de reservas internacionales (líquidas y en otros instrumentos) de la gran mayoría de los países del planeta corroboran el efecto aspiradora: los capitalistas y los Estados-nación dependientes de los emporios transnacionales buscan reciclarse en la especulación bancaria con el objetivo de alcanzar un beneficio marginal.

Pero, ¿cómo se obtiene este beneficio marginal? Pues las potencias lo que hacen es reorganizar estos recursos para ingresarlos de lleno en su economía, favoreciendo las exportaciones (a las minas periféricas) manteniendo la rentabilidad de los instrumentos financieros ocultando mediante este mecanismo la impagable deuda que poseen. Es decir, oxigenan su economía, aumentan sus exportaciones y gracias a la devaluación imperante que propinan las monedas hegemónicas (euro-dólar) pueden pagar los intereses y palear los compromisos internacionales que siempre van en alza. Es un sistema tan estable como una pared de gomaespuma.

El caso de Grecia en 2012 fue revelador. Sin embargo, la calificadora de riesgo Fitch estimó a Ucrania “peor que Grecia” días antes del golpe de Estado otanista contra el gobierno de Víktor Yanukóvich. No existen las coincidencias.

Caso Venezuela

La embestida de los fondos buitre reposicionó la especulación financiera internacional como mecanismo de presión política. Le quieren aplicar el mismo ácido a Venezuela pero en otras dimensiones, instalando advertencias de mediana intensidad que disloquen y legitimen las atrofiadas movidas del empresariado venezolano.

¿Cuál es el objetivo de colocarnos en riesgo de default? Hay que afirmar que en el momento actual es un amague patrocinado por las calificadoras de riesgo. Pero como amenaza cumple su papel de operación psicológica buscando replegar a los inversores extranjeros, fomentar la neurosis desatada de los tenedores de bonos y proyectar a Venezuela como un país en que no se debe confiar económicamente.

El Gobierno bolivariano, atendiendo a sus responsabilidades financieras, liquidó el día de ayer los intereses a tenedores del bono soberano 2022. El pago consecuente de los compromisos adquiridos por la República sin duda les pone el rabo entre las patas.

La aplicación va dirigida hacia el frente interno, colocándole más leña a la candela económica para que el macroacaparamiento, el contrabando de extracción y la especulación empresarial terminen de tensar la atmósfera con el propósito de forzar, a mediano plazo, el colérico aguacero de la banca transnacional: aislar y arrinconar a Venezuela para terminar de hundirla en el desastre que tiene tiempo propagandeando el aparato mediático global.

País que caiga en default, país al que le congelan sus activos líquidos financieros en bancos, fondos de inversión o sectores económicos de países que invirtieron en él.

Aun cuando a nuestro país lo declaren en default, tenemos como nación el derecho irreductible y soberano de no pagar deudas a emisores imperiales, con todas las consecuencias que ello acarrea.

Notas relacionadas