A pesar de la brutalidad, Israel está perdiendo varias batallas a la vez

Cuando la masacre puede convertirse en derrota

La milimétrica ofensiva en Gaza contra cualquier ser vivo o edificación de un pelo de altura arroja una derrota simbólica para Israel en varios frentes.

Con el cuarto mayor ejército del mundo, Israel continúa su política de Estado de limpieza étnica en Gaza con el pretexto movilizador-legitimador de "Hamás es una amenaza contra nuestra seguridad nacional", pero todavía no ha podido terminar con el lanzamiento de cohetes a su territorio ni con los túneles utilizados por las organizaciones palestinas.

En lo humano, el pueblo palestino pone más de 1.400 muertos (hasta ahora). Toda la endeble infraestructura pública y social de la Franja de Gaza y sus organizaciones armadas están al borde de consolidar una exitosa estrategia de defensa y disuasión frente a Israel, que lo llevan a asumir cada vez mayores costos políticos y económicos muy por encima de las ofensivas anteriores en las que su ejército entraba con una mano atada en la espalda y dejaba el pelero, sin sufrir bajas y sin que su economía perdiese dinero.

La guerra simbólica, la guerra a muerte

Con el móvil-legitimador de los tres colonos asesinados (cuyo secuestro la policía de Israel reconoce que no fue ordenado por la cúpula de Hamás), Bibi Netanyahu vendió el clásico argumento de la "guerra justa" para terminar con el incesante lanzamiento de cohetes a Israel (principalmente a la frontera y su capital, Tel Aviv) y con las emboscadas e infiltraciones en suelo propio y ajeno a través de túneles subterráneos, construidos en estos años en los que Hamás y otras organizaciones como la Yihad Islámica fortalecieron su aparato militar pensando en una estrategia de guerra de guerrillas y en un aumento de su capacidad aérea para infringir daños detrás de las líneas enemigas.

Al igual que ocurrió durante la vieja ofensiva conocida como Plomo Fundido, a 28 días de su operativo militar Israel no ha conseguido ninguno de sus objetivos, pero aplica masivamente la doctrina Dahiye, denominada así por el nombre de un barrio de Beirut al que el Ejército sionista volvió escombros en la guerra que perdió contra el Líbano en 2006, y que fue explicada por Gadi Eisenkot, entonces jefe de esta fuerza en el distrito norte del país, de esta manera:

"Ejerceremos un poder desproporcionado contra cada pueblo desde el cual se dispare un solo tiro a Israel, y causaremos un inmenso daño y destrucción. Desde nuestra perspectiva, [esos pueblos] son bases militares [...] No es una sugerencia. Es un plan que ya ha sido autorizado  (05/10/2008, en declaraciones a Yediot Ahronot)".

Por eso es que en las fotos, videos, datos y números fríos vemos que se asesina, como si de tomarse un vaso de agua se tratara, a niños que juegan en una playa, a refugiados que estaban en una escuela de la ONU, a familias que vivían en barrios que ya no existen, como el de Beit Hanún, y a simples personas de a pie que hacían cola en un mercado público en el que seguro que, entre tomates y papas, tiraban cohetes a Israel.

Sin embargo, el frente mediático sionista se ve incapacitado de poner un parche en el ojo a la audiencia mundial para volver verosímil el hecho de que en cada hospital, cada centro de refugiados, cada escuela y cada planta de energía eléctrica haya un enemigo potencial de la seguridad israelí, y la matanza termina siendo tan boleta que el vocero en español del Ejército escribe una docena de tuits de antología como este:

La guerra también es imagen y vaya que ahí está perdiendo Israel.

El frente militar, el frente económico

La estrategia de defensa y disuasión con aumento de capacidad aérea y guerra de guerrillas para infringir daños detrás de las líneas enemigas, fue creada por el padre de Bashar Al Assad, Hafez, después de la victoria de Israel en Líbano contra el Ejército sirio. Reconvertida por Hezbollah, propinó al sionismo su primera derrota frente a un aparato militar árabe, en esa formidable patada en el culo de 2006 que los echó del país libanés.  

En este marco guerrerista es que Hamás y la Yihad Islámica envían 140 cohetes al día, de los cuales cerca de 15 ó 20 son derribados por el sistema anti misiles de Israel, otros no llegan y unos cuantos alcanzan algún tipo de objetivo en Tel Aviv, Jerusalén y Haiffa, por ejemplo. Lo que proporcionalmente es una pérdida económica para Israel por el desigual costo que tiene evitar un cohetazo, que no cuesta nada en comparación con lo que vale derribarlo.

Esto implica, además, que la población israelí esté constantemente atenta a las alarmas para refugiarse bajo tierra, pero también que se haga inviable el turismo por la momentánea paralización de los vuelos comerciales (ya repuestos), que las industrias estén en riesgo por el arribo de un cohetazo y que el día a día comercial-económico se paralice, como describen al unísono los medios propalestinos, y también el incuestionable medio proimperialista y sionista, Infobae, que dice:

"Israel, con la antipatía mundial generalizada, está perdiendo mucho más. El resurgir del BDS —Boicot, Desinversiones y Sanciones— que impulsan decenas de grupos políticos y sociales de todo el planeta va a pegar fuerte, a pesar del paquete de medidas preventivas que está diagramando el gobierno de Netanyahu. En la semana, la FAA —Administración Federal de Aviación de Estados Unidos— prohibió a los aviones de su bandera volar a Israel, una medida a la que luego se sumaron las aerolíneas europeas y que, a pesar de que ya fue levantada, fue el golpe de knock out para el turismo, sobre todo teniendo en cuenta que más del 90% de los visitantes ingresan vía aérea".

Mientras esto sucede, en el terreno militar Hamás y la Yihad Islámica continúan utilizando los túneles para realizar emboscadas, como la que le hicieron a la brigada de elite Golani, y enfrentar al Ejército israelí con métodos de guerrilla urbana, que junto a los cohetes han dejado un saldo de 52 bajas en las fuerzas militares israelíes (que podrían ser más dado el contexto de ocultamiento de datos para resguardar la moral de la población), la mitad de lo que perdieron en el Líbano contra un aparato militar mucho más grande y organizado, como el de Hezbollah.

Otro tuit de antología del vocero del Ejército israelí.

Incluso la prolongación de la ofensiva con el anuncio de un ataque "monstruoso" habla mucho de que los objetivos inmediatos de Netanyahu no se han conseguido y que ya Israel no gana las guerras de una manera contundente sin poner en riesgo su propio país ni llenarse de ilegitimidad en el escenario internacional con la transparente visibilización de la limpieza étnica que aplica contra un pueblo que ha decidido que esas tierras forman parte de su patria, el Estado palestino.

Tregua o bajada de pantalones y las alianzas impensadas

En este escenario es que Hamás, junto a la Yihad Islámica, propone que la tregua se base en aumentar los límites marítimos para pescar en el mar de Gaza y se termine el bloqueo a la Franja, entre otras exigencias. Esto lo hace con el respaldo de Al Fath, que controla la Autoridad Palestina, el Gobierno de Cisjordania y al resto de las agrupaciones palestinas.

El problema es que Israel se niega a este tipo de tregua y Estados Unidos y sus aliados de la UE (interesados en el gas de Gaza para diversificar su consumo energético en tiempos de Guerra Fría con Rusia) quieren reflotar el acuerdo de Plomo Fundido de liberación de presos, mayor entrada de alimentos y ayuda humanitaria, pero Hamás se niega a esto, y sobre todo al desarme de las milicias palestinas, condición que Israel plantea para la tregua.

Sin embargo, en este escenario, Israel tiene un aliado clave que hace prácticamente inviable el desbloqueo a Gaza, que es Egipto, cuyo presidente Al Sissi tiene una guerra a muerte en toda la región con los Hermanos Musulmanes (Hamás forma parte de ésta), respaldada financieramente por Qatar y Turquía (su Presidente, Erdogan, era de esta cofradía, que busca instaurar un califato islámico en Medio Oriente): dos países que participan activamente en las rondas de diálogo para acordar una tregua.

Pero lo más impensado de todas estas alianzas se da en el eje que sostiene la causa palestina, en la que Hamás es respaldada táctica y estrátegicamente por Hezbollah, Irán y Siría, donde los Hermanos Musulmanes comenzaron la revuelta que terminó en la actual guerra y se enfrentaron directamente con todos estos actores, pero evidencia una alianza mayor entre el eje chiita y Turquía y Qatar (interesante si se analiza que éste tiene junto a Irán una de las reservas de gas más grandes del mundo).

Ahí también están Arabia Saudí y las monarquías árabes, países que apoyan a Israel en su limpieza étnica en la Franja y actúan con una sinergia increíble en los atentados en Líbano y en el establecimiento del Estado Islámico en Irak y Siria para disminuir el ascenso como potencia de su archirrival, Irán.  

Todo esto es aprovechado por Israel para evitar un tipo de tregua que lo desfavorezca y cristalice el progresivo corrimiento de su pérdida de hegemonía militar en la región, que le hace perder poder de disuasión para emprender un ataque y no tener importante pérdidas, como lo hacía antes en la que unos cuantos túneles y cohetes no eran ningún tipo de rivalidad.

Y eso también trae al entrompamiento la pérdida de legitimidad de su imaginario de pueblo elegido ante el mundo y abre la interrogante de si al nazismo y al apartheid sudafricano se los especificó como tales, ¿no será hora de encontrar un calificativo original a esta limpieza étnica que Israel aplica a un pueblo que se niega a desaparecer o a emigrar para ser asimilado en la diáspora (otros países) por creer en un Estado palestino, su patria, en una parte del territorio en la que vivía antes de que en 1948 fuera creado Israel?

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