Lo que hizo Estados Unidos fuera de sus fronteras ahora se le devuelve

Todo lo que sucede alrededor de Trump es una fiel caricatura de lo que tanto criticaron puertas afuera de su país.

Uno de los síntomas de la decadencia de un Imperio suele verse en su dimensión cuando repite uno a uno los hechos que promueve fuera de sus fronteras.

En el caso estadounidense sobresale aún más esto, justamente porque la administración saliente, la de Obama, sin ningún tipo de disimulo agita los mismos fantasmas que en Venezuela son tildados por ellos mismos como teorías de la conspiración. Una cuchara de su propio galpón de medicinas acaparado.

Los ejemplos que veremos a continuación no son meros hechos simples y comunes a tono con la política doméstica gringa, sino que precisamente atestiguan la demolición (des)contralada de todas las instituciones e ideas que antes ubicaban superficialmente a Estados Unidos como un país modelo. Guía espiritual de la sociedad civil, blanca, bella y estudiada. Estados Unidos entra definitivamente por la gran puerta de zinc de la ranchificada política global.

Trump es un presidente ilegítimo y los parecidos con Capriles

Frecuentemente la Administración Obama ha promovido el desconocimiento de presidentes electos para posibilitar luego un movimiento en su contra. En este caso no es muy distinto a lo que ocurre con los 50 legisladores de su partido, el Demócrata, que se niegan a asistir a la toma de posesión de Trump por "ilegítimo".

Incluso, desde CNN hasta columnistas de la talla del economista Paul Krugman, uno de sus asesores, usan continuamente el término ilegítimo para referirse al presidente electo. Tal es la ridiculez de los obamaliebers que su retiro del poder bastante se asemeja al Capriles de 2013: aquel que estuvo un año llamando ilegìtimo a Maduro, sin que nadie le prestase atención.

¿Los seguidores de Obama o él mismo y su grupo se tomarán tan a pecho el asunto que le preguntarán a Trump dónde está la leche después de su primera gira al exterior, como hizo Henrique Capriles? Habrá que esperar y ver si igual que el actual gobernador de Miranda, Obama y sus seguidores son verdaderos y originales vampiros lácteos.

El hackeo y la manipulación electoral

Para nadie es un secreto que uno de los cinco puntos de intervención de la doctrina de Obama es la guerra cibernética. De Irán a Rusia, pasando por Venezuela y Brasil, las pruebas son contundentes y más todavía si se observa que muchas de ellas provienen del ex analista de la NSA, Edward Snowden.

En este sentido, es bastante demostrativo que el jefe de Inteligencia Nacional, James Clapper, argumente que los resultados electorales hayan estado manipulados por el hackeo ruso. Aún sin ningún tipo de prueba fiable sobre este punto para asombro de muchos analistas que comulgan con las ideas de Estados Unidos, sus servicios de inteligencia siguen manteniendo está hipótesis sobre la base de documentos de dudosa procedencia.

Pero si uno les da el beneficio de la duda, estas denuncias reflejarían la enorme debilidad estadounidense para defenderse de un ataque externo cuando su política militar se ha basado precisamente en defenderse de los ciberataques. Si en cambio aceptamos que es cierto lo que dicen, se demostraría la enorme estupidez y brutalidad de los funcionarios de Obama para encontrar argumentos contra un Trump largamente criticado por todo el mundo.

Forjar documentos públicos y mentir descaradamente para justificar una paranoia como la del "hackeo ruso" es muy de la escuela de Capriles. Sólo falta que alguno de los voceros de esta campaña se saque una foto con una máscara de crema para no quedarse atrás del gobernador del estado Miranda. ¿Obama será el próximo Michael Jackson (QEPD)?

Teoría de la conspiración: Trump es hombre de Putin

Todo este melodrama se basa justamente en que si no fuese por Vladimir Putin, Hillary Clinton sería presidente de Estados Unidos. A partir de ahí es que el senador demócrata John Lewis justificó su decisión de no asistir a la asunción de Trump por "ilegítimo" e inició la campaña que terminó de aglutinar 50 legisladores afines a la idea.

Pero todos saben que el informe que supuestamente demuestra que Trump es el hombre de Putin es un fiasco. Hasta figuras de renombre de Wikileaks, también acusada de ser un instrumento de Putin, han dicho que los correos filtrados del jefe de campaña de Clinton, John Podesta, fueron entregados por un miembro del Partido Demócrata. No por un hacker ruso ni nada que se le parezca, tal como los jefes de inteligencia de Obama han argumentado.

Este tipo de estrategias, además, son las que Estados Unidos ha usado a lo largo de su historia para intervenir en los asuntos internos de los países. A tal punto que la Administración Obama las ha perfeccionado durante su gestión con las sucesivas primaveras, revoluciones de colores y golpes de Estado.

Claro está que cada vez que estos planes quedaron en evidencia acusaron a los países afectados de alentar teorías de la conspiración. Y por supuesto trataron a sus presidentes de dementes, como si inventasen los planes golpistas armados desde Washington durante la era de Obama.

Pero como todo vuelve en esta nueva era política: sólo Rusia tuvo que propagandizar el desastre interno gringo para usarlo en su contra. Ni hackeó, ni manipuló los resultados, sino que se limitó a contar lo que estaba sucediendo a través de sus medios.

Y eso aún duele tanto en el ego estadounidense que hasta el mismo Obama quiere dejar como legado un golpe de Estado contra Donald Trump. Toda una caricatura sobre el peligroso momento al que arriba Estados Unidos en el epílogo de su hegemonía.

Como si gran parte de su establecimiento político fuese afiliado a la MUD, y tuviesen en la asunción de Trump el "deber patriótico" de defender su país de la influencia del castroputinismo mundial con el anuncio de un mecanismo para sacar al presidente en los próximos seis meses.

Ahora Estados Unidos es presa de sus propias paranoias. Quién les manda a sacarle filo al boomerang.

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