Breve historia de la Cumbre de las Américas

Cuando nació en los 90, George Bush padre y luego Bill Clinton la presentaron como el paso inicial hacia un área de libre mercado en América Latina (Alca) y hoy presenciamos los restos de esta instancia ya simbólica a la que varios presidentes ya no dudan en calificar como vacía.

En este trayecto ascendente y descendente (porque todo lo que sube tiene que bajar), encontramos hechos históricos fundamentales para comprender la dimensión de lo que sucederá en Panamá, paradójicamente un país creado artificialmente por Estados Unidos para debilitar a América Latina y luego posicionar un canal interoceánico dominado por Washington.

Y los primeros pasos hacia la cúspide del dominio imperial los podemos encontrar en 1889 cuando se realiza la Primera Conferencia Panamericana (nombre artístico de la Doctrina Monroe de "América para los americanos") por la "unidad continental", dominada por Estados Unidos, quien ya comenzaba a pregonar el intervencionismo después de la guerra de Cuba contra España, donde prácticamente ocupó La Habana como su “patio trasero” inmediato.

Ocho conferencias después, entre 1889 y 1945, sucedieron la Primera y la Segunda Guerras Mundiales y Estados Unidos comenzó a cobrar los dividendos de su triunfo parcial con la Conferencia de San Francisco, en la que se funda la ONU e impone una "autonomía" para el Sistema Interamericano, que controlaba para preservar la solución de controversias mediante métodos y sistemas "americanos".

Para cristalizar este patiotraserismo en versión institucional, Estados Unidos junto a sus aliados latinoamericanos (y presionando a los que no lo eran) logra sancionar el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (Tiar) en la Conferencia Panamericana de Río de Janeiro en 1947. Este tratado se basa en la defensa mutua en caso de una amenaza militar a alguno de los miembros y sirve de base para que Estados Unidos arrastre al resto del continente a sus intervenciones (incluso cuando no haya acuerdo unánime, como en Granada, República Dominicana, Guatemala y tantos otros). 

Pero en 1948 llegó el turno del nacimiento de la Organización de Estados Americanos (OEA) cuando se reunió la Conferencia Internacional Americana de Bogotá. La OEA nació, además, con un hecho simbólico que no dejó lugar a dudas del papel estadounidense en la región: el asesinato del líder liberal y popular Jorge Eliécer Gaitán en manos de un sicario -luego linchado- y señalado de haber sido contratado por la CIA. Este asesinato produjo el Bogotazo y fue el primer paso hacia la actual guerra que atraviesa Colombia.

Consolidación del Sistema Interamericano

Bajo esta institucionalidad, Estados Unidos debuta con el golpe al presidente Jacobo Arbenz de Guatemala en 1954 y aplica una política de asedio permanente a todo aquel que no respondiera con su "América para los americanos", como sucedió con Getulio Vargas en Brasil y el derrocamiento militar aplicado a Juan Domingo Perón en 1956, previo a un bombardeo en la plaza de Mayo (ubicada al frente de la Casa Rosada, el palacio presidencial argentino).

Todo esto con la OEA mirando para otro lado y validando implícitamente el intervencionismo (aún cuando no hubiese consenso unánime) al punto tal que después de la invasión de Bahía de Cochinos, Estados Unidos impuso la expulsión de Cuba del Sistema Interamericano en la reunión de Punta del Este en 1962, donde, además, se inicio el derrotero de la Alianza para el Progreso con el fin de que Washington prestara mil millones de dólares a la región para evitar la invasión del "comunismo".

Pero había más porque en 1965, los marines estadounidenses desembarcan en República Dominicana para terminar con el gobierno de Juan Bosch y la OEA creó una Fuerza Interamericana de Paz como primera doctrina jurídica de intervención. Con esta lógica, el Sistema Interamericano fue usado por Estados Unidos para validar los golpes militares de las décadas de 1960 y 1970, cuyos puntos más altos residen en el caso argentino, paraguayo, chileno, brasileño, entre otros.

Ya en los ochenta, la OEA también avala implícitamente la guerra irregular contra la Nicaragua sandinista, la intervención militar de Estados Unidos en las guerras de El Salvador y Guatemala, y sólo condena la invasión a Granada en 1983 por considerar que violaba la Carta de Bogotá por no respetar el principio de no intervención, una acción simbólica que no detuvo el golpe militar a Maurice Bishop y el desembarco de marines.

La Cumbre de las Américas

Ya pasada los ochenta y con la caída de la Unión Soviética, Estados Unidos lanza la Cumbre de las Américas en Miami en 1994, el mismo año de la firma del Tratado de Libre de Comercio entre Canada, México y Estados Unidos (conocido como el Nafta), y Bill Clinton es el presidente encargado de vender la idea del área de libre comercio "americano" como la salvación de los países latinoamericanos.

Con todos los Estados latinoamericanos desarmando sus economías bajo el Consenso de Washington, la segunda Cumbre de Santiago de Chile en 1998 se dedicó a revisar cómo el continente se preparaba para el ingreso a esta área de libre comercio, y en la tercera en Quebéc, Canadá (2001), el Comandante Chávez supo lo que era estar "solo" cuando defendió la democracia participativa y protagónica frente a la representativa, contemplada como único sistema político válido con la sanción de otro instrumento de intervención en el continente: la Carta Democrática Interamericana de la OEA, que tanto utiliza Estados Unidos para presionar a Venezuela.

Pasado esto, el 2005 fue el año previsto por Washington para la sanción del Área de Libre Comercio, y como es sabido Lula, Néstor Kirchner y Chávez le dieron una "sorpresa" a George Bush hijo, quien afirmó que en la Cumbre de Mar del Plata, Argentina, "pasó algo que no tenía previsto" cuando en la declaración final apareció una moción a favor del Alca, presentada por Panamá, y una en contra respaldada por el Mercosur y Venezuela. Lo que no tenía previsto era pasar a la historia como el primer presidente estadounidense en no imponer sus designios en décadas.

En el marco del nacimiento de la Unasur, Petrocaribe y la salida de Bush hijo, llegó la Cumbre en Trinidad y Tobago en 2009, donde el Alca pasó a ser un tema del pasado y se dio la primera declaración sin firma unánime cuando los países del Alba se negaron a validarla por no estar de acuerdo. En esa Cumbre, se presentó al continente Barack Obama, y Chávez le ofreció el libro Las venas de América Latina de Eduardo Galeano para que le diera contenido a su supuesta intención de relacionarse con nuestros países con base en la igualdad.

Desmentidas estas intenciones con los golpes en Honduras, Paraguay, y el intento en Ecuador, la Cumbre de Cartagena, Colombia, de 2012 fue un verdadero fracaso para Estados Unidos en todos los frentes: no obtuvo una declaración final, se condenó su "guerra contra las drogas" y, encima, Obama recibió una petición firme y generalizada para que Cuba participara bajo la amenaza de que el próximo encuentro no contaría con varios países si esto no sucedía, como en esa cita hicieron Ecuador y Nicaragua debido a este reclamo.

Aún con Cuba reincorporada con base al acercamiento emprendido por Estados Unidos, estos datos históricos nos hablan de una progresiva y persistente evolución hacia el ocaso del Sistema Interamericano y, por ende, de la Cumbre de las Américas como expresión máxima del domino del Imperio en América Latina.

Las tendencias de hoy que confluyen, sin lugar a dudas, configuran tres continentes: el que sigue bajo la órbita estadounidense, el que está a un paso de quedar entre Beijing y Washington, y el que quiere de dejar de ser la mina para posicionar la nación continental, y bajo esos parámetros implementar una región-mercado.

En esta encrucijada se inserta la Cumbre de las Américas de Panamá, donde aún quedan las marcas del bombardeo estadounidense y la memoria del misterioso accidente aéreo del presidente Omar Torrijos, como símbolos de un futuro Museo de la Intervención.

La historia está por escribirse. 

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