Y el objetivo Venezuela del uribismo

Atajaperros electoral en Colombia

El primer fusilado mediático de esta pelea de borrachos/campaña presidencial fue JJ Rendón, que desembarcó en el país en 2006 para la reelección de Uribe. En ese entonces, armó el paraguas político del uribismo, el partido de la Unidad Nacional, que mantuvo al narcoparaco en la presidencia luego de sobornar a medio mundo para reformar la constitución y permitir la relección.

Ahora Rendón hacía de estratega de campaña del presidente Juan Manuel Santos, miembro de la familia blanca y bien que maneja El Tiempo desde tiempos pre-históricos, hasta que fue fusilado mediáticamente por el diario El Espectador, del banquero Santodomingo y el santista Semana.

Los dos medios hicieron pública una declaración judicial de Javier Antonio Serrano (uno de los cuadros dirigentes de Los Rastrojos y está preso en Estados Unidos) que lo señala como uno de los receptores de los 12 millones de dólares que dieron para lograr un acuerdo con Santos para desmovilizar su estructura narco, a cambio de bajar las condenas judiciales y evitar la extradición gringa o la muerte segura.

Obviamente Rendón naufraga por su muerte política, habla de una conspiración orquestada desde Venezuela, niega haber comprado inmuebles con plata narco. Como señala Daniel Coronell en Semana al revisar sus movimientos financieros, le tira la culpa a otro asesor santista, Germán Chica, de haberse quedado con el dinero y afirma que no puso dos de esos millones en la campaña presidencial anterior de su ex jefe político, como señala Uribe, que ahora no lo conoce y se niega a presentar las pruebas de esto en el ámbito judicial porque está controlada por el gobierno castrochavista, que no defendería a los empresarios que le dijeron esto.

El turno de Luis Alfonso Hoyos, el falsificador

Luego de que Santos aceptara la renuncia de Rendón a la campaña, el fusilamiento mediático le tocó a Luis Alfonso Hoyos, el estratega-guía espiritual del candidato uribista Oscar Iván Zuluaga, cuando el canal RCN emitió una filmación en la que se le ve entrando al canal con el hacker Andrés Sepulveda, acusado de dirigir una red de interceptaciones ilegales para sabotear los diálogos de paz entre el gobierno y las FARC, según la fiscalía colombiana.

Según el director informativo de RCN, Hoyos ocultó la identidad de Sepulveda por motivos de “seguridad” y éste intentó vender una exclusiva con “elementos contundentes” que
probaban que las FARC están presionando en sus territorios “para que la gente vote por Santos” bajo amenaza de muerte.

Cuando la máscara del hacker se cayó, el país se enteró de que tenía contactos con los espías que dirigían otra sede de espionajes ilegales, conocida como el caso Andromeda, y que participaba en una red de compra y venta de información de inteligencia, que parte de sus allegados están metidos de lleno en la campaña de Zuluaga, y que en otras oportunidades había trabajado con Rendón y otras figuras de la faranduleo político-artístico.

Al candidato uribista no le quedó otra que reconocer lo evidente, aceptar la renuncia de su cónyuge político con el que pasó todo este tiempo escalando peldaños en la parapolítica, y
dejar que el facho mayor saliera a controlar daños con la denuncia de que Rendón puso 2 millones de dólares en la campaña de Santos, que pasó de ser elección cantada a contienda cerrada en la que el presidente ganaría en la segunda vuelta contra el uribismo, quien no para de remontar a costa de operaciones, errores políticos del presidente y una conflictividad social a la que los tratados de libre de comercio no paran de echarle candela.

Como embajador colombiano ante la OEA, Hoyos tiene en su haber aquella denuncia de que las FARC tenían campamentos protegidos en Venezuela, cosa que nunca pudo comprobar.

Choque de aparatos

Los escándalos ponen en evidencia como el fascismo uribista utiliza todo el poder acumulado que le ha quedado en los últimos tiempos: medios crecidos al calor de los falsos positivos, bancos lavadores con perspectiva mundial y sobre todo un aparato militar autónomo del Estado, que no le conviene perder peso sin guerra ni negocios con los narcoparacos para que las trasnacionales puedan tener infraestructura segura y disminuir los costos que pagan por el conflicto.

Este aparataje es el que vende y compra información ilegal de las intercepciones, y arma sedes de inteligencia como la sala Andromeda en Bogotá, a espaldas del mismísimo
presidente; una clásica de los milicos colombianos cuando se habla de una salida negociada al conflicto. Como prueba están los torbellinos de desobediencia castrense a los ex presidentes Belisario Betancur por los acuerdos con las FARC en los 80 y Andrés Pastrana con aquel Caguán táctico, que sirvió de antesala a la modernización de las fuerzas armadas vía el paquetico del Plan Colombia y fue una lluvia de atentados contra las reglas mínimas acordadas en la zona de desmovilización.

Ahora eso mismo le sucede a Santos, cuya representación oligárquica entiende que la locura militar uribista llegó a su techo, que hay que encontrar una salida política para estabilizar el país y abrirlo a los negocios de los tratados de libre comercio, y que de alguna manera hay que conducir políticamente a los narcoparacos sin hacer ascos a las alianzas regionales con los parapolíticos.

La maquinaria sigue en marcha

Ante esto, el misil mediático-militar del uribismo es vender la idea y matriz de que Santos negoció con las FARC la llegada del castrochavismo a Colombia. Es más, el presidente es
castrochavista y por eso le dice desplazados a los “migrantes internos”, intenta restituir víctimas del conflicto con tierras que los narcoparacos compran por nada en la ventanilla de la
extorsión (o directamente vía asesinato selectivo), y apagar los incendios de las desigualdades agudizadas por los TLC con políticas compensatorias, que cada vez ayudan menos a tapar el abismo social de la importación masiva de alimentos que ahoga al campo y las externalidades negativas del extrativismo petrolero, minero y de los biocombustibles.

La apuesta es clara: llegar a una segunda vuelta en la que Santos esté desgastado, sin credibilidad ni por derecha ni por izquierda, y demostrar que las FARC son unos criminales,
que compraron a la oligarquía que los combatió toda la vida. En ese tubo de ensayo y eje polarizador de guerra versus paz, Uribe y su títere, body man para los escribas clásicos, serían los ordenadores, los garantes de la paz encapsulada a costa del sangre y fuego para la masa sobrante, excluida, por las consecuencias sociales del neoliberalismo seguido de muerte.

Allende sus fronteras (las nuestras)

Esta elección claramente no cambiará el rol de Colombia como gendarme regional de Estados Unidos en esta zona en la que juegan sus dos salidas marítimas, su cercanía a la faja del Orinoco, como al rico Amazonas y al Brasil de la cumbre pre sal del Atlántico, rica en crudo. Todas excusas que aumentan las razones para tener bases o cooperaciones militares bañando todo el territorio, que cada tanto aparecen en forma de ayudas de la CIA para asesinar guerrilleros, por dar un ejemplo reciente.

Lo que sí se modifica es su nivel de beligerancia hacia afuera y la estrategia de inserción regional ante la Unasur y la Celac, por solo dar un ejemplo. Y en esto hay que tener claridad: no es lo mismo Santos negociando con los narcoparacos un nuevo orden, como pasó con los aliados de Escobar que no murieron en su guerra contra el mundo, que Uribe dándole rienda suelta a su locura al profundizar la estrategia de trasladar el conflicto colombiano a Venezuela, principalmente a los ejes estratégicos y las zonas ricas en recursos naturales y negocios, como la zona industrial del eje costero, el contrabando fronterizo, la actividad petrolera de la Faja del Orinoco, y la minería ilegal del amazonas.

Por esto, Voluntad Popular, los republicanos de la contra nicaragüense, Maricori y los narcoparacos versión Venezuela toman nota y esperan, tejiendo las tensiones del golpe, las
nuevas noticias, de la puja, del toma tú, dámela a mí, de la democradura colombiana, para ver si la base de agresión, pasa a tener más que unos paracos, mercenarios, e inteligencias gringos e israelíes a su servicio, y consiguen la presea dorada del Estado colombiano, bien formado para lo que quieren, la guerra civil, el caos “global”.

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