Son jirones de una bandera en derrota

Ante el llamado del compañero Nicolás Maduro, los terroristas tendrán que declararse en rebelión armada o sumarse al juego democrático, no tienen otra opción, ya no pueden sostener las apariencias, el juego se les acabó.

Supongamos que deciden sumarse al juego democrático, entonces perderían todo el apoyo de las transnacionales que los financian, porque estos, que son los verdaderos dueños, no les conviene que en Venezuela se mantenga el Estado, porque sus planes se verían truncados, el tiempo no les da, porque aunque ganaran las elecciones perderían.

En 1989 los burgueses del mundo se frotaron las manos, porque definitivamente el mundo sería totalmente dominado por ellos y los esclavos seríamos desechos que nos usarían con la más baja inversión, contratándonos sin ninguna seguridad social, reduciendo el uso de la fuerza a edades jóvenes, porque ya ellos no tendrían que pagar pensiones o jubilaciones, porque los obreros tendríamos que pagar la educación y la enfermedad, porque todo sería privatizado y el Estado-nación desaparecería y quienes dictarían las leyes serían los dueños.

Lo que no tomaron en cuenta los dueños fue que en Venezuela los pobres no teníamos ninguna intención de calarnos tamaño descaro, y desde entonces hemos vivido un tiempo histórico que aún no se detiene.

A 18 años de instaurarse el gobierno chavista podemos decir que como pueblo hemos crecido y ganado todas las batallas esenciales.

Hoy en 2017, ante la arremetida de los últimos cuatro años impulsada por las grandes corporaciones del mundo, que utilizan a los Estados títeres, a las ONG, a las instituciones de control mundial sea la ONU o la OEA, a expresidentes, a funcionarios, artistas, deportistas, en fin a todo aquel que por dinero se pueda confabular contra nosotros. Ante eso, nosotros hemos vivido procesos de depuración en el seno de la fuerza que somos.

En 18 años nos hemos desprendido de ideologías que sólo habían servido para remachar la esclavitud, en la que siempre hemos vivido. Los partidos, los sindicatos, las distintas formas organizacionales, o han desaparecido o han tenido que adaptarse a las condiciones de la realidad, ya no pueden hablarnos de lejos. Las definiciones en el campo militar han cohesionado a las fuerzas armadas, colocándolas mayoritariamente en el lado que siempre han pertenecido, al pueblo pobre que somos.

La dirigencia que nos guía se ha depurado hasta lograr una cohesión que, aun cuando tiene como guía al compañero Nicolás Maduro, se comporta como una dirección colectiva, que apunta en una sola dirección, crear lo distinto a la cultura esclavista en que hemos vivido.

La Constituyente es un mecanismo que puede iniciar el proceso de eliminación de la guerra

Hoy somos un pueblo fortalecido, cohesionado, una fuerza que busca convertirse en conocimiento, en planificación, en territorio, posible de sembrar el país que soñamos.

Desde la Constitución de 1999 hasta hoy se han derrumbado las viejas estructuras que sostienen al capitalismo, y con ellas se han demolido las formas orgánicas políticas de la burguesía, quedando sus pedazos en estado de miedo absoluto que los lleva al odio y al terrorismo. Son jirones de una bandera en derrota, que nunca más podrá flamear en estas tierras.

¿Por qué una Constituyente en 2017?

En 2005 se trancó la jugada política cuando los dueños decidieron no participar en las elecciones parlamentarias. Dos años después el Comandante Chávez trató de destrancar la situación y propuso una reforma que fue saboteada por la quinta columna infiltrada en la Asamblea Nacional y distribuida por todos los vericuetos del Estado. Pudo más su miedo, su ambición, su sinsentido histórico, aliado a sus verdugos, que la posibilidad de continuar este maravilloso viaje en la historia.

Desde entonces hemos sufrido consecuencias terribles, porque todo lo que se pudo haber hecho fue retrasado y eso nos ha costado vidas, porque lo que ha de morir se aferra, no quiere partir y trata por todos los medios de arrastrarnos a los insondables cajones históricos, donde va a parar la tragedia de siempre.

Después de muchos intentos de impulsar el diálogo por parte de nuestra dirigencia, después de toda la muestra infinita de paciencia con la que hemos soportado todos los embates de la canalla, esta se ha refugiado en el terrorismo absoluto, desde lo verbal hasta lo físico, no quedando otra alternativa que profundizar el proceso constituyente tal y como muchas veces se lo advirtieron nuestros líderes a los dueños nacionales y extranjeros. "Después no se quejen".

Hoy nos convocamos de nuevo a la construcción de la historia, somos la fuerza, ya nadie nos convertirá en carne de cañón. A partir de ahora la vida para nosotros los pobres comienza a tener sentido histórico, por fin comprenderemos la necesidad de crear pensamiento que nos nombre y con el cual nombremos.

La Constituyente es la gran oportunidad para sembrar los pilares de la cultura comunal, donde no existirán ni dueños ni esclavos. Es la opción de eliminar las viejas leyes que traban burocráticamente los procesos de cambio. Es la ocasión de poder pensar y fortalecer otras formas de producción, de experimentar el otro modelo productivo, de crear los mecanismos para transformarnos como cultura, de establecer procesos legales que permitan la creación de espacios donde se le pueda dar cabida a la generación de otro pensamiento.

La Constituyente es un mecanismo que puede definitivamente iniciar el proceso de eliminación de la guerra.

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