Los escuálidos esenciales y el silencio de la esclavitud

Los que aspiramos que el gobierno, el alcalde, el presidente, el gobernador, resuelvan las infinitas aspiraciones que tenemos, los que mágicamente buscamos soluciones, los que creemos que la revolución es un milagro o la varita de Harry Potter, no entendemos que la revolución no ocurre para resolverle problemas a nadie en particular. Ella sólo nos muestra lo que sucede, es un huracán que nos enseña con violencia la realidad, pero no asume posición por los bandos, porque no es una persona, no es un partido, un gremio o un gobierno, aunque influye en todo y en todos.

No tiene conocimiento, es un hecho, una consecuencia trágica, es un resultado de las acciones del humanismo que siempre terminan en convulsiones, que afectan a millones en todo el planeta, con más fuerza en unos países que en otros.

Los dueños, que sí tienen planes propios, conciencia de clase, ética, sentido de su existencia, de su continuidad histórica, del porqué hacen lo que hacen, cada asesinato, masacre, robo o saqueo lo argumentan con base al bien mayor, en nombre del progreso, la superioridad racial, la humanidad, la civilización, la moral y las buenas costumbres, por los que millones debemos ser sacrificados y sobre eso justifican su ética del robo y el crimen.

Un sector de los dueños está intentando reacomodar al sistema para seguir ejerciendo el poder, pero en el seno de la burguesía existen fuerzas que se niegan a dar brincos y eso hace que se enfrenten entre ellos y no puedan, al unísono, dar los saltos necesarios para el reacomodo y seguir cumpliendo con su ejercicio del poder.

En medio de esa coñacera estamos nosotros los pobres, sin política, sin planes, sin objetivos, creyentes, esperanzados, ilusionados, enmiseriándonos en la trampa, mendigando el pedazo de arepa, cuando bien pudiéramos decidir desde el conocimiento. Oyendo deslumbrados a charlatanes ofrecedores de mundos felices, en un futuro que no hemos pensado o diseñado, creyendo en mediocres de la política, en profesionales, repetidores de técnicas productivas, que pretenden vendérnoslas como nuevas. Atendiendo a seres que no piensan, que creen y pretenden hacernos creer.

A imitadores que copian la idea ya antigua de que la única forma de salir de esta situación es trayendo asesores y pensadores de otros países para que piensen por nosotros, como si esos países estuvieran boyantes, como si esos pensadores fueran dirigentes de grandes movimientos en sus países de origen.

No estamos desmereciendo a nadie, sólo hacemos el llamado de alerta, porque antes en Venezuela se trajeron alemanes para que limpiaran nuestra sangre y así poder progresar y estar a la altura de la civilización. Se han copiado autopistas, edificios, universidades, escuelas, fábricas, modos, usos, costumbres del afuera, negándonos permanentemente.

Llamamos inventores arrechos a quienes copian aviones, carros, helicópteros. Aplaudimos a quienes juegan igual que el de afuera, a quien canta, toca y pinta como el de afuera, a quienes antes se trajeron artistas para que nos enseñaran a pintar, a escribir poesías, a cantar. Hasta nos han querido enseñar a bailar salsa, y ya, el colmo de los colmos, en una universidad caraqueña una señora alemana enseña a tocar tambor barloventeño.

Estos mediocres están en el gobierno y contra el gobierno

No hay entre esos señores quien no se babee por lo extranjero, sus medidas son lo extranjero, no hay capacidad para medirnos como nosotros, desde el nosotros. El único que lo intentó desde el poder fue el Comandante, y los resultados políticos se pierden de vista, pero la cagazón, la falta de audacia, de ambición histórica de la clase media en el gobierno, en los partidos, en todos los gremios, no les permite mirar más allá de sus miserables y medios intereses.

Se conforman unos con recibir la tajada que los ha mantenido como administradores, otros con decir que son de izquierda sin analizar qué carajo significa decir eso en estos tiempos, sin saber, o dejar en el olvido, que ya en 1970 la izquierda había desaparecido, sus más connotados líderes se habían entregado en cuerpo y alma al disfrute de las mieles del poder, agrupados en la Internacional Socialista o en un bodrio llamado eurocomunismo, y sólo quedaron en el mundo rezagos irresponsables o agentes de gobiernos extranjeros dirigiendo a pequeños grupos, que de vez en cuando los conducían a la masacre, rindiéndole dividendos a los gobiernos de los distintos países que así justificaban los gastos en armas y seguridad a los que los obligaban los dueños de las grandes corporaciones, fabricantes de armas.

En estos diecisiete años lo podemos comprobar en la conducta de los dirigentes de todos los partidos de izquierda, unos más otros menos, pero todos odiando y creyendo que el advenedizo de Chávez no los podía mandar a ellos, que eran los herederos naturales de todas las revoluciones ocurridas en el mundo, pero Bandera Roja, Ismael, Peña, Miquilena, Américo y otro rosario de penas son vivo ejemplo de la realidad, sin contar ahora los anti-Maduro, abierta y ladinamente.

Porque la izquierda ya había sido derrotada en su esencialidad religiosa, ya no tenía motivaciones reales, porque en la realidad jamás las tuvo, sólo fue ideológico su accionar. Jamás tuvieron un plan de país o planeta. Nunca se les ocurrió pensar en la casa socialista o comunista, en la comida, en el trabajo, en el arte, en la salud, en los afectos, en la diversión comunista o socialista, sino que todo lo vieron como una buena continuidad administrativa del humanismo y su aparato de producción el capitalismo, que sólo se debían administrar y repartir equitativamente las riquezas sin darse cuenta de que somos los pobres quienes las producimos.

De nada sirvieron los grandes esfuerzos realizados por los pueblos de la Unión Soviética, China, Vietnam, Cuba, los pueblos de África y del este europeo en su intento de construir un mundo distinto al capitalismo, nadie ha querido analizar esas circunstancias, sino que se fueron por los discursos de la derecha, que condenaba y condena todo intento de ser distinto al pensamiento único del humanismo.

Se fueron por lo baladí: culpar a los líderes por no saber dirigir o por sus ambiciones, o culpar a los pueblos de ignorantes, de faltos de inteligencia, que no supimos comprender la necesidad del comunismo o el socialismo, pero hasta ahora no hay un solo análisis que tome en cuenta la existencia del humanismo y sus motivaciones influyentes en las decisiones y acciones de millones de obreros, campesinos, pescadores y sus líderes, sino que es mejor creer en las tesis socio-psicológicas de que todo nos ocurre por el destino, la herencia y la voluntad, como si nosotros hubiéramos decidido invadir estas tierras hace quinientos años, como si nuestra voluntad fuera seguir siendo esclavos y nuestro destino el perpetuo silencio de la esclavitud.

Nosotros los pobres tenemos que tomar decisiones en el ámbito del pensamiento

Hoy, los pobres vemos repetir la misma conducta en la clase media. Buscar chivos expiatorios, llámese derecha, gobierno, empresarios, presidente, gobernador, alcalde. Tener un culpable que les justifique su incapacidad manifiesta en todas sus acciones, sea desde la derecha o desde la izquierda, por la que dicen morir y nadie los entiende. Los vemos balbucear discursos tecnocráticos, o el ecológico de lo que sea, como una vez se afiliaron a la revolución verde de la Dupont o Monsanto. Son copiadores compulsivos que sólo buscan o les interesa su miserable egoísmo, satisfacer su individualismo exacerbado, porque en el fondo no les interesa ni el país ni el planeta, ni la naturaleza ni el universo, ni el comunismo ni los pobres, sino que les satisfagan sus mediocres condiciones porque son medio cantantes, medio poetas, medio pintores, medio políticos, medio gremialistas, medio socialistas, medio comunistas, medio chavistas. Son mediocres que temen a lo distinto, sin audacia, sin atrevimiento, sin capacidad de pensamiento, sin visión, sin ambición, sin vocación histórica.

Estos mediocres están en el gobierno y contra el gobierno, muchos de ellos ya han pasado por el gobierno y demostrado con creces su mediocridad. muchos de ellos medran en la derecha desde hace siglos, porque se repiten igualitos: el Primero Justicia, Voluntad Popular, Un Nuevo Tiempo y sus seguidores, sin importar las siglas de hoy, son el Copei de los cuarenta, son los mismos adecos seguidores de las corporaciones ante las cuales siempre se han bajado los pantalones.

Estos mediocres, usen discursos radicales o no, el país no les interesa porque son escuálidos esenciales, estén en el bando donde estén. Sólo varía su discurso acomodaticio porque comen en los mismos comederos del este, van a las mismas escuelas y universidades, creen en los mismos santos, practican las mismas consignas políticas, igual dicen "te queremos, Maduro, te queremos" que "te queremos, Pedro, te queremos", igual dicen "fuera, fuera, fuera", "y va a caer y va a caer". Todos añoran la libertad y la igualdad y la fraternidad y la democracia burguesas, porque no hay otra práctica conocida y no la quieren inventar. Todos aman a Greenpeace, todos son ecologistas y antirracistas o cualquier discurso que se ponga de moda.

Nosotros los pobres tenemos que tomar decisiones en el ámbito del pensamiento. La única manera de salir de este atolladero que nos muestra la revolución es no deseando, no pidiendo, no mendingando ni haciéndonos los vivos, no siguiendo, no llorando ni lamentándonos del pasado, ni exigiendo que como fuimos indios, negros, pobres masacrados o latigueados o robados entonces nos merecemos el paraíso. Eso es estúpido, es conducta de mediocres pedigüeños. Nos merecemos aquello que soñemos, diseñemos, que lo hagamos política, plan, estrategia, táctica, construcción física, plantándonos como los seres históricos que somos en medio de una revolución, en la cual debemos empinarnos para trascender sustancialmente en la historia que nos toca crear porque nuestra tarea es crear la otra historia, la otra cultura.

Superar la mediocridad de una élite dirigente a la que les copiamos todas sus basuras ideológicas, su imaginario, sus ambiciones, sus crímenes, sus robos, sus saqueos, que nos envilecieron hasta convertirnos en estos esclavos que, ahora en revolución, debemos tomar la gran decisión histórica de crear juntos la cultura de lo distinto. Que eso no es fácil, que es complicado, que nos matarán, que nos odiarán, pero es que nunca hemos salido de la tragedia: esta revolución es una inmensa rendija, vamos a colearnos juntos, dejemos que el pasado se consuma toda la vulgaridad existente.

Lo otro que nos queda, si no actuamos, es la mediocridad y el silencio perpetuo de la esclavitud en que hemos permanecido.

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