Los dueños y aspirantes prefieren morir que cambiar

La burguesía y sus hijos malcriados de la clase media, mundial y nacional, prefieren morir que cambiar. Porque sus miserias, sus carencias de sueños, sus miedos e ignorancias, son infinitas. Y a costa de la vida misma intentarán mantener el sistema actual.

Por eso se opondrán con todo el armamento acumulado en la historia, con todas sus antiguas y posmodernas sabidurías de guerra y propaganda, con todas sus artimañas, con todas sus tecnologías, sus medios, sus deportes, sus academias, sus educaciones, sus petrificados y acomodaticios pensamientos y artes, sus Oeas, sus Oenegés, sus Onus, sus drogas, sus gobiernos títeres, sus funcionarios, sus partidos, sus derechas y sus izquierdas, sus sindicatos, sus gremios, sus profesionales y fundamentalmente sus fábricas y comercios; se opondrán a la idea constituyente.

Porque les aterra y odian que los pobres podamos decidir el destino, concebir el futuro sin esas miserias, sin esos miedos, sin esas carencias de sueños, sin la alegría de estar vivos.

La clase media chorreada y pirómana se opondrá a la Constituyente con toda su asquerosa y ordinaria molopuputov, porque teme que su ilusión de hacerse rica no se cumpla, porque su miedo de volver a la pobreza de donde partió se le torna pesadilla cotidiana, porque los pobres le recordamos en vivo y en directo el sitio de donde partió corriendo desesperada, hacia la ilusión de ser ricos y ya viejos y frustrados. Desean que algún día sus hijos logren lo que ellos no lograron y en eso llevan 500 años, frustrando hijos, en familias, iglesias, escuelas, liceos, universidades, al menos en Venezuela, repitiéndose al infinito.

Por eso temen y odian, no comprenden que en nosotros los pobres va la vida de ellos, no lo saben y se oponen a vivir. Se oponen a cambiar.

Se oponen los dueños del mundo, porque no perdonan que los pueblos decidamos el destino que soñamos.

Porque los vividores de la guerra, traficantes de humanos, drogas y armas, verán mermadas sus ganancias.

Porque la delincuencia importadora, negadora de la industria nacional, será sustituida por la producción nacional, en la firme convicción de producir la comida, el vestido, la casa, el calzado y la tecnología que nos hará independientes.

Porque los empresarios tendrán que trabajar y dejar de robarse el dinero del Estado, que debe ser invertido para el bienestar de todos.

Porque buscaremos los medios para que los cobradores de comisiones no puedan hacerlo.

Porque los mal llamados productores del campo tendrán que demostrar en qué malbaratan los subsidios.

Porque los escuálidos disfrazados de chavistas no podrán seguir agazapados en los vericuetos del Estado, saboteando todas las gestiones, en nombre de sus ilusorias hambres, miedos e ignorancias.

Porque no bastarán el currículum y los títulos académicos que ocultan la mediocridad de la enseñanza, y habrá que demostrar en la práctica lo aprendido y la capacidad de trabajo.

Porque los gremialistas corrompidos y traidores a su clase ya no podrán vivir a costa de nosotros.

Porque el panfleto, la consigna hueca, los dogmas y el cliché de los gremios, organizaciones y partidos, no los tendremos como bastimento para construir la cultura de lo distinto.

Porque el presupuesto ya no será una torta a repartir, entre las minorías dominantes, sean empresarios o funcionarios.

Porque su racismo, su odio mal disimulado, no lo podrán aplicar a plenitud. En fin, se opondrán porque ése es su deber con lo muerto.

En cambio nosotros los pobres estamos con la Constituyente porque con ella pensaremos, diseñaremos y construiremos la otra cultura; por la alegría, por la vida que somos, donde la comida, la salud, la educación, el arte y el deporte estarán fuera de los negocios.

Nosotros los pobres estudiaremos, trabajaremos, caminaremos, soñaremos por la alegría, por lo vivo, por la otra arquitectura, por el otro conocimiento, por el arte distinto, por los afectos sin compraventa y en esto empeñaremos con devoción la vida.

Porque con la Constituyente vamos juntos a diluir el odio y a crear lo distinto.

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