Los jartos de consumo

No hay diferencia entre un joven que consume anarquismo, socialismo, comunismo, marxismo, gremialismo, con un joven que consume liberalismo, religión, ciencia, academia, reguetón, champeta, música clásica europea, rock, rap, rasta, moda, tarima, micrófono, canción protesta o necesaria, corte de cabello, tatuaje, moda o lo que sea. Todo eso se compra y se vende, sea en el mercado marginal de la izquierda o en el jipismo artesanal del individualismo que vende copias como originalidad, o sea en el gran mercado cotidiano del humanismo. Todo es consumo, sin importar en cuál fila o bando estemos en medio de la revolución.

Los jóvenes consumistas que somos desconocemos que antes de nosotros ya el poder existía con todos sus mecanismos de control y permanencia, desconocemos que ese poder tiene la capacidad aún en su máxima decrepitud, de manejar a su antojo, bien sea por medio del halago, la compra, la exaltación del ego, la presión, el chantaje o la represión, a todo lo que le sea peligroso. La juventud siempre será un peligro para el poder, manifiéstese como se manifieste.

No hablamos del poder expresándose por vía del Estado o el gobierno, como algunos reducen al trapo rojo o chivo expiatorio del poder político, sino que hablamos del poder real, el de las corporaciones, quienes mueven verdaderamente los hilos, quienes deciden guerras, propaganda, producción, vestido, calzado, casa, estudio, drogas y hasta en qué cementerio nos entierran.

Distinto es leer, escribir, cantar, pintar, bailar, hacer música, parrandear, viajar, sembrar, criar, crear, pescar, entendiendo la realidad para cambiarla en medio de la revolución. Que usemos las teorías para fortalecer las interrogantes y conseguir respuestas a los problemas que se presentan en la cotidianidad de la revolución.

La vida joven es el desprendimiento absoluto, es la solidaridad encarnada, es fuerza transformadora, sin esperar nada a cambio. Su accionar lo signa en un segundo plano, y todo está en el asombro. Del hacer de la juventud dependen los versos del futuro. La rutina, la tradición y la costumbre son ataderos, grilletes insoportables que detienen la vida.

El problema es que los jóvenes tenemos que entendernos. Saber que somos jóvenes, que no podemos copiar lo primitivo. Los jóvenes estamos sometidos al bombardeo de programas en televisión, cine, internet, series, videos, películas, para consumir drogas legales e ilegales de la manera más natural, como quien se come un cambúr. Así también nos ponen a consumir violencia, modas, modos de hablar, comidas, bebidas y, sobre todo, conductas y formas de comportarse.

¿Es posible que tengamos un zarcillo igual que un hombre de setenta o sesenta años? Resulta que cuando vemos películas, generalmente gringas, vemos un carajo de hace dos mil años con un zarcillo. ¿Quién le puso esa vaina a ese carajo? ¿Era verdad que usaban zarcillos los hombres? ¿O fue que los que hicieron la película le instalaron un zarcillo para después vendérnoslo? Hollywood es la más grande maquinaria de propaganda de guerra y publicidad que existe en el planeta.

¿Era verdad que los hombres se afeitaban así? ¿O fue que Hollywood nos las inventó y nos creó la moda permanente? Para que andemos como el mercado quiere o le conviene que andemos. ¿Por qué tenemos que usar un pantalón, una franela, tan anchos para enseñar las nalgas o muy pegados para enseñar la raja, si no somos gente de la calle, si nadie nos los ha regalado en la miseria?

El mercado no requiere jóvenes pensantes, ni políticos

Vemos las películas gringas y ahí están los estereotipos: latinos, negros, malandros de todos los tipos, el radiesote, los pantalonsotes, las patinetas, el modismo, el fraseo, el caminar, la agarradera de bolas, la gestualidad, la matadera, el malbarato de las cosas, comida chatarra, diversión, drogas diversas, legales e ilegales, religiosas o deportivas.

El mercado no requiere jóvenes pensantes, ni políticos. Nos quiere jóvenes esclavos y consumidores. Mientras más valores viejos tengamos, más consumistas seremos. Y el mercado nos vende la política, la guerra, el arte, el deporte, la filosofía, pero sólo como medios para seguir consumiendo. Eso el sistema también no los vende como un acto de rebeldía que mantiene la rueda del capitalismo girando hasta el infinito.

No poner ninguna traba en el ámbito del pensamiento, ningún método, ningún mecanismo, porque se supone que es un método que tenemos que crear como generación. Crear una ética, una manera de comportarse, una manera de vivir, que no dependa de lo que vemos en televisión, en el cine, la calle. Que venga del pensar y su ejecución con el cuerpo junto a los otros.

Miles, millones de jóvenes discutiéndonos políticamente. No escuchando güevones hablar paja, sino analizándonos. No siendo un objeto de nadie, sino perteneciéndonos. Tomando decisiones de verdad, no escuchando las viejas consejas de que ya todo está hecho, de que así es que se piensa, de que este siempre ha sido el método, de que esta es la organización donde debemos estar.

En medio de la revolución tomar decisiones de verdad, para los jóvenes pobres, es separarse del humanismo con todo su ego individualista y su consumismo exacerbado para poder andar juntos, creando, diseñando y experimentando la posibilidad de la cultura de lo distinto. Individualmente no forjaremos futuro, no diseñaremos destinos, porque eso ya existe, eso fue lo que hizo posible la instauración de la memoria y el imaginario burgués. Ser joven es sospechar, cuestionar todo lo acostumbrado.

Todo lo tradicional debemos discutirlo y lo que tenga fuerza vital que se sostenga por sí mismo, pero no puede ser una pose. No podemos ser jipis, ser moda, ser ecosocialistas, ni permaculturistas, ecoconuquistas, ecocualquiercosista, recicladores de cuanto desperdicio produzca el humanismo. O seguidores del embuste que esté en boga en los lenguajes universitarios, académicos y científicos que pululan como moscas contaminándolo todo.

No podemos seguir planteándonos el plagio como una opción de vida, eso nos hace irresponsables con la historia, con lo que nos rodea, porque debemos tener opiniones para este tiempo histórico, porque sentir el orgullo de la juventud es ser una generación que se pertenece, que decide, que se reúne, que es conjunta.

Ahorita no hay una generación fresca, no existe la generación de los recientes. Todos somos anticuados, consumidores extremados, que no estamos pensando, porque lo que tenemos en el cerebro son dogmas, panfletos y clichés. Es el pasado en el cerebro y con eso hablamos, imponemos y decidimos cotidianamente.

Tenemos que sabernos existiendo, no dependiendo, con responsabilidad

En este tiempo revolucionario, tenemos que pertenecernos en lo junto, no podemos morir por millones con el cuerpo deteriorado de todas las drogas del consumo, y con el cerebro nuevecito, intacto, sin usar. Tenemos que sabernos existiendo, no dependiendo, con responsabilidad.

Si tenemos que crear novedad, la crearemos, pero no la podemos crear a partir de ver un programa en televisión o un tutorial en internet o para satisfacer al mercado de los jóvenes zombis que somos.

Los jóvenes estamos obligados a crear memoria. ¿Qué dirán de nosotros en el futuro? ¿Qué fuimos generaciones focas que se satisfacían con la sardina del consumismo? ¿Qué sólo fuimos animales de corta memoria, satisfaciendo los más antiguos instintos que motivaron la guerra en la antigüedad y en el ahora, añorando ser los lobos y vampiros de las guarimbas, atapuzados de drogas? ¿O podemos ambicionar la historia creada por nosotros, en diseños y planes definidos, sin que los antiguos cargados de clichés, panfletos y dogmas signen nuestro hacer?

La moda debe ir acorde con los tiempos. Si estamos inmersos en una revolución, la moda debe ser pensar, porque la revolución no va a resolver nada, ella sólo nos muestra en su romper vidrieras, tumbar tarimas y arrancar micrófonos la decrepitud del humanismo.

Los jóvenes no podemos en medio de ella, estar reclamando derechos que ya se han reclamado en demasía. Se torna sospechosa la juventud que reclama y desea la libertad, la igualdad y la fraternidad del amo, que no podemos lograr, porque lo viejo no va a ceder, eso existe, porque nosotros existimos como pobres, no es posible la libertad sin la esclavitud, la igualdad sin la injusticia, la fraternidad sin el enemigo, porque los burgueses nos pensaron como sus servicios, como su mercancía, que les provee el sustento y las condiciones poderosas, porque el diseño del sistema no permite otra cosa que el imaginario, la esperanza, la utopía, la ilusión mágico religiosa, de que algún día, si trabajamos que jode seremos ricos, saldremos de abajo, compartiremos las mieles del poder, y podremos pisotear, así como a nosotros nos pisotearon.

Dejémosle esa gritería fofa y esos encandilamientos estúpidos a los gremios ignorantes y ambiciosos de corta visión en la historia, a los solicitadores de aumentos de sueldo, a los individuos que se creen El Principito o Harry Potter y se construyen su casita bien bonita, con su hijito y maridito, su mujercita, diferenticos todos en su muy pequeñito, burguesito, aporreadito e hipócrita mundito. Lo venden por faceboock, como lo más especial del mundo y no como lo que es en realidad: la vulgar imitación de las apartadas mansiones, de las familias burguesas de verdad.

Nosotros debemos diseñar y no basta con condenar a los empresarios, al sistema, al mercado, al gobierno, a la corrupción, a la guerra, a los músicos que no nos gustan, a los poetas, a los pintores, a los políticos, a los funcionarios, a los partidos, a los gremios, a las religiones que nos ladillan. Debemos crear lo distinto, lo que no sea el hoy, ni el ayer, ni la tradición.

Ser joven es ser colectivamente constructor de ideas

Los jóvenes no podemos repetir a todos esos viejos y carajitos que militan hoy en política, que se mueven con el mismo concepto del uso y usufructo de la política que no les importa un carajo el país, la gente. Sólo les importa su pinta, su iphone, satisfacer su miseria, su egoísmo inmediato, sus miserables carencias, sin ninguna trascendencia. Donde sólo importa la mediocridad discursiva de los Ramos Allups, con la tramposería ramplona que la precede, o querer ser diputado a los veinte y que todo el mundo lo aplauda.

Repetir discursos, tener el derecho a ser alcalde, y gobernador. Sin ideas, sin proyectos de país, de planeta.

Estamos en una revolución. Un hecho inédito e histórico en el mundo. Que requiere arrechamente de símbolos, porque las ideas que sostuvieron al humanismo ya son cadáveres, murieron, se jodieron, ya llegaron a su conclusión, ya fueron. Podemos incorporarle todo el marxismo, el anarquismo, y todo los ismos que nos dé la gana, pero eso se jodió, se murió, se fregó, eso sirvió para quien sirvió, llegó a donde tenía que llegar.

Eso es una idea de lo viejo, ser diputado, ser concejal, ser abogado, ser médico, eso es una idea de lo antiguo, eso no es nada nuevo, es pensamiento anciano de cuando era importante ser médico, ingeniero, abogado, presidente o gobernador, porque daba caché y prestigio.

Los jóvenes no podemos tener pensamiento pasado, copias de lo rancio, no puede ser esa la conducta de un joven. Ya hay millones de médicos, comunicadores sociales, sabemos la cola infinita de mejores abogados, médicos, ingenieros, ¿Qué vamos a inventar en este mundo? ¿Qué arquitectura vamos a diseñar en este mundo? ¿Qué medicina vamos a ingeniar en este mundo que no sea vieja?

¿Tenemos una idea de vivir distinto a todo eso, estamos pensando, estamos imaginando dejar de vivir como el egoísta que somos, y pensar como el junto que pudiéramos ser? Eso es ser joven, pensar un mundo fuera de este mundo. Pensar lo diferente, imaginar la cultura incomparable, pensar disímil a como se piensa lo viejo.

Los jóvenes debemos usar el cerebro para percatarnos de eso. Es una discusión muy importante, o trascendemos o seremos antediluvianos mentales. Ambicionar someter a los otros y vivir de los otros no es vaina de jóvenes, porque el dueño del negocio del tatuaje en el mundo no es un carajito, sino el producto de una ambición vieja, como el dueño de Facebook, el que vende cocaína y marihuana, los que producen las modas. Es un concepto rancio.

¿Cómo es que los jóvenes podemos depender de lo antiguo? ¿Qué jóvenes somos? ¿Qué rebelde podemos ser, si somos una copia de los arcaicos? No calarse más el viejo negocio que se tienen con la vida que somos, esa es la gran tarea de ser nuevos, no tenemos otra, tenemos que ser frescos, porque para entrompar esta mierda, el cerebro tiene que estar despierto, claro.

Debemos crear lo distinto, lo que no sea el hoy, ni el ayer, ni la tradición

Ser joven es no calarnos más la reconstrucción de los valores humanistas y religiosos, porque sobre ellos se sustenta la guerra y la explotación. En esta revolución esos valores se fueron al carajo, reconstruirlos es de retrógrados, los jóvenes debemos crear otros valores, una ética sustentada en el trabajo no esclavo, que debe ser practicada como conciencia en el cuerpo colectivo. En el respeto a lo diferente, una ética del cumplimiento, una ética para la alegría, incluido el llanto, una ética que asuma las mayorías, no para su uso, sino para su desalienación, una ética para lo transparente, una ética que no manipule en nombre de nada ni de nadie, una ética que acepte más allá de la tolerancia, una ética que solucione más allá de las salidas, una ética que no se sustente en "el fin justifica los medios" sino que asuma que fin y medios son parte del devenir.

En fin, una ética que tenga como norte la vida en su constante andar, sin las odiosas separaciones, una ética donde la compra venta no sea intermediación de quienes la practican.

Ser joven es ser colectivamente constructor de ideas, es soñar despierto en medio de la revolución, no es ser ese justiciero criminal del cine y la televisión o ese consumista compulsivo buscando todo el día imitar a personajes enfermos que asesinan y consumen, roban, consumen y maldicen mientras matan riéndose torpemente, buscando tener más que el otro, y la justicia que buscan es una justicia criminal, es acabar con el otro, es asesinarlo, es eliminarlo, es desaparecerlo, es la venganza, el odio, la violencia por la violencia misma.

Ese egoísta absoluto, reflejado en los grafitis -una técnica arrechísima- pero sin contenido, lo único que aparece es la firma de quien lo hizo. Soledad y droga absoluta en ese cuerpo individual al que nadie le para bolas, ni él mismo.

Los jóvenes debemos estar enfebrecidos de ideas en estas calles revolucionarias del nuevo milenio, eso es una vaina joven, a eso tenemos que pararle bolas, de nada sirve andar drogado. La mejor droga que se ha podido producir en este momento histórico, es esta revolución, eso es una vaina para mantenerse despierto día y noche y que esa despiertura nos permita construir, generar un diseño de planeta, un esbozo de país, porque lo que está planteándose no es cómo vamos a vivir aquí, sino como vamos a perfilar al planeta, lo que hagamos aquí implicará al mundo, la importancia que tiene de ser joven en este momento, en este pueblo, es que lo que hagamos aquí repercutirá sustancialmente en el planeta.

Imaginemos que delineamos una idea, y la propongamos al planeta, eso sí sería un acto profundamente joven, eso es un atrevimiento, pero para eso hay que tener una responsabilidad. Porque el problema es que hay una enfermedad terminal y la gente busca drogarse como sea para no sentir el dolor. Ahora, si estamos en medio de una revolución, ¿para qué queremos otra droga que nos mantenga soñando peligrosamente despiertos, con los pies, la piel, vista y vísceras puestas sobre la realidad del territorio, donde debemos crear la cultura de lo otro?

Por revoluciones menos arrechas que está generaciones enteras dieron la vida. Jóvenes pelearon en otras tierras, se diseminaron por todo el planeta, abandonaron familias y entregaron la vida, pero hoy a los jóvenes sólo los llena tener carro y comida,marihuana, y cocaína, y culo, y paloma, y la moda, los tatuajes, los iphones, contribuyendo con esa drogadicción, a mantener el pensamiento de lo viejo.

Donde la vida toda sólo es un negocio, una industria.

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