La generación de los arrimados

Venezuela, unas veces por el rentismo petrolero y otras por las políticas económicas del chavismo, se comporta como una isla socioeconómica. Las grandes catástrofes económicas intercontinentales rara vez se sienten directamente en el bolsillo de la población, pero cuando la parásita clase empresarial unida en coro con operadores internacionales quieren hacer que los venezolanos más pobres pasemos roncha se les da muy fácil la jugada. En el marco de la guerra y su rol táctico ya nos alcanzaron las crisis internacionales y vivimos este tiempo con todo el globo, poco importa si en el resto de la región no hay mayores crisis económicas, si el país no ha caído en impago de sus obligaciones internacionales o si hay cifras inéditas de empleo.

El progreso

Luego de la segunda guerra europea (que todavía se atreven a llamar mundial), en el afán de ganar plata reconstruyendo las ciudades arrasadas por la guerra, se dio un periodo de gran crecimiento económico para EEUU. Como ya saben, la guerra es el negocio más lucrativo que existe: la destrucción se paga y la reconstrucción también.

Debido a dicho crecimiento, la gente empezó a parir como nunca antes; mantener un muchacho no era un problema porque la plata sobraba, el consumismo hervía y las fábricas no paraban de producir. El futuro estaba garantizado para los que estaban y los que venían.

Esa paridera generó un fenómeno que retroalimentó ese crecimiento económico que llamaron años más tarde el "baby boom" (o explosión de natalidad). Por primera vez un país industrializado, como era EEUU en esa época, contaba además con una gran base de personas en edad de trabajar, relativamente pocos ancianos y el dominio de muchas fuentes de materias primas para saquear, como Venezuela. Al tiempo se replicó el fenómeno en la Europa occidental, Australia y Canadá con más o menos coincidencias. Ese eje de países marcó la hora en cuanto a avances de políticas sociales y estado de bienestar.

Esas condiciones ideales crearon una ilusión, la ilusión del desarrollo y la administración eficiente, que luego se regó por el mundo, el crecimiento se convirtió en la ideología dominante y ya no había comunista, anarquista, feminista, negro, mujer o mocho que no creyera en el crecimiento económico como la solución a todos los problemas.

Pero hay una falla de origen, y es que no todos podían progresar porque esa ideología tuvo su colchón estructural en las condiciones demográficas, la industrialización, la posguerra y el colonialismo que caracterizó a aquel EEUU creciente de la época. Ideología es creencia, ideología es fe, ideología no es análisis, ideología no es idea. Ningún otro país podía acceder a ese crecimiento si le faltaba aunque sea uno de esos requisitos materiales, pero todo el mundo quería crecer.

El regreso

Les hablo de esto porque esa explosión demográfica, que en su momento permitió abarrotar las fábricas y oficinas de trabajadores jóvenes, nos muestra ahora lo débil que es la premisa del crecimiento.

En aquel momento por cada pensionado había más de diez trabajadores, no había ningún problema en pagar a los jubilados, se podían robar la plata de los fondos de pensión y todavía iba a quedar muchísima, porque los aportantes eran muchos más que los beneficiarios. La infraestructura de servicios excedía las expectativas de crecimiento de la población, había agua, electricidad y petróleo para todos; el saqueo de materias primas permitía que el costo de un carro o una nevera no incluyera el costo de sus materiales, porque eran extraídos prácticamente gratis de los países mina como el nuestro; la industrialización les daba un margen alto de ganancias porque el valor agregado era gigante debido a la cartelización y el pacto de precios entre fabricantes "competidores".

Los dueños del mundo no creen en nadie

Ese mundo existió por muy poco tiempo y para muy poca gente, y ya de él sólo queda la inercia y la receta, que aunque sea fallida muchos dirigentes políticos siguen rezándole con fe para llevar nuestras vidas en su evangelio. Aquel crecimiento económico que debió entenderse como una situación coyuntural y que debió asumirse como algo pasajero, se convirtió muy rápido en el himno de la especie; canto que nos hermana aspirando tener, pero ya no alcanza para que todos consumamos a ese ritmo.

La guerra

Los pobres nos encontramos pasando por una guerra inaudita, a la que todos asistimos casi sin notarlo, no reconocemos el enemigo y muchas veces ni siquiera los ataques.

Los ingresos de los trabajadores están siendo pulverizados en el ámbito global, bien sea por vías legales, como en los países donde los gobiernos son títeres de los ricos (la Argentina de Macri, por ejemplo), a causa de la crisis creada por la guerra financiera como le sucede a la mayoría de países europeos, o mediante acciones irregulares y sanciones internacionales como es el caso de nuestro país. Lo peor es que los pobres sólo podemos trabajar para vivir y el poder fáctico ejercido por el 1% más rico es cada vez más insolente saltándose de facto las regulaciones estatales y las legislaciones. Los dueños del mundo no creen en nadie.

Antes de la crisis que en 2008 causó la explosión de la burbuja inmobiliaria por el impago de hipotecas, había programas de la televisión europea narrando el drama que significaba vivir ganando mil euros al mes, era gente que vivía alquilada con una o dos familias más en apartamentos muy pequeños en el centro de Barcelona, Valencia o Madrid, ese era el gran lío de la época. Ahora, aparte de la devaluación del euro con respecto al dólar, los pagos de los nuevos trabajos basura oscilan entre 300 y 500 euros al mes; tengan por seguro que no están más cómodos.

Otra cosa a tener en cuenta es que el dólar también se está devaluando a una tasa firme anualmente desde el gobierno de Nixon, cuando se lanzaron de frente con el tratado de Bretton Woods, pero los salarios no se han ajustado tan rápido y el sueldo de un gringo de hoy es un chiste comparado al sueldo de hace cuarenta años.

Además, toda esa gente que nació en el "baby boom" está vieja, después de trabajar con la ilusión de jubilarse algún día, finalmente llegaron a la edad de ser pensionados, la edad de recibir la plata que se recauda de quienes actualmente trabajan, pero ya no existe esa gente con empleos bien remunerados, ya no existe el EEUU ni la Europa industrial sino un puñado de países endeudados con los chinos y temerosos de los rusos que hacen de tripas corazón para mantener conflictos fuera de sus fronteras que les permitan extraer materias primas. La demografía tampoco les ayuda: por cada viejo recibiendo su pensión hay muy pocos trabajadores aportando y esto ha llevado a subir la edad de retiro y a bajar el monto de las pensiones. Por esto desde hace años se estila que ese fondo de retiro lo vaya ahorrando el mismo trabajador, pero con los sueldos actuales la única opción es trabajar hasta morir.

Venezuela

Aquí siempre nos han dicho que tenemos mucha población joven en edad de trabajo, que tenemos al menos treinta años con un crecimiento demográfico gigante y eso para algunos es algo chévere; los economistas le llaman "bono demográfico", antes que un problema lo ven como la posibilidad de extraerle el jugo a una generación completa sabiendo que por un buen tiempo va a haber más gente en la cola para sustituirlos cuando ya no puedan trabajar. También hablan de los ingentes recursos naturales que posee esta tierra, de la belleza de los paisajes y otras bolserías como lo amables que somos y lo buenas que están las mujeres. El mito del país rico que podríamos ser.

Los ricos tienen su plan, ¿y nosotros los pobres?

Si hay diez pensionados pero existen cien trabajadores, todo va bien. Si esos cien se jubilan y quedan luego mil trabajando, sigue estando bien. Si esos mil se jubilan y quedan diez mil trabajando la proporción se mantiene. El problema es que los recursos del planeta no crecen a ese ritmo, la mayoría de los recursos se han explotado hasta llegar al pico, de aquí en adelante no va a ser posible sacarle a la tierra otra vez la cantidad de oro, cobre, aluminio, hierro, bauxita, petróleo o agua mineral que se extrajo en los últimos cien años; sí hay recursos todavía, el problema es que las mejores fuentes ya fueron depredadas vorazmente y en lo sucesivo va a ser cada vez más difícil obtenerlos. En un panorama así no es posible aprovechar ese "bono" que representa la muchachera que está naciendo ni los recursos que tengamos bajo el suelo; de nuevo, las condiciones para el crecimiento económico no se pueden aislar, si a un país le falta aunque sea una de los requisitos se puede ir acostumbrando a ser un "país en vías de desarrollo" por el resto de sus días.

Teniendo en cuenta que hace falta más que gente para satisfacer el credo del crecimiento económico, es evidente que el futuro cada vez será más duro para los aspirantes a una vida de trabajo asalariado.

El gobierno chavista con sus políticas de protección del salario, de seguridad del empleo, de subsidios indirectos y más recientemente subsidios directos, se ha encargado de servir de contención a todo el desastre de la guerra global contra el asalariado. Cuando en 2009 los pobres se empezaron a comer un cable en Grecia, EEUU, España, Inglaterra, aquí fue el Estado quien absorbió el coñazo de la crisis por la explosión de la burbuja inmobiliaria. Ese año, también por los altos precios del petróleo, aquí hubo crecimiento económico, fue cuando varios conocidos y familiares pudieron comprar su primera casa, su primer carro, salieron del país, supieron cómo se veía un dólar de cerca y hasta se lo pudieron gastar.

Eso no es bueno ni es malo, la abundancia en la que se vivió durante los pocos años de petróleo a 100 dólares por barril fue una condición coyuntural y pasajera, como fue el "baby boom" de la posguerra, pero en ambos casos se convirtieron en costumbre e incluso devinieron en la creencia de que el mundo siempre debió ser de esa manera y el futuro sólo podía mejorar, entendiéndose por "mejorar" aumento del consumo, es decir, crecimiento económico.

La revolución

Muchos pobres pensamos en aquel momento de bonanza que la revolución era la mejor forma de administrar el sistema, que una revolución es chévere porque yo antes vivía con once personas en un apartamento de tres habitaciones y un solo baño, y ahora cada quien se compró su casa, algunos hasta el carrito. Nada más lejos de la realidad; esta revolución que vivimos no la convocó Chávez, tampoco los MST de Brasil, ni las FARC, ni Fidel, ni el EZLN, esta revolución planetaria la fraguaron los ricos en la pugna final por ver quién es el más arrecho candidato a convertirse en el único dueño del planeta, comprando empresas a trancazos y adueñándose de todos los mercados, territorios y gentes, en esa pelea a veces descuidan algunos frentes y nos dejan respirar, aunque sea por un ratico.

Hoy no es posible comprar una casa trabajando, no es posible comprar un carro, una motico, quizás ni una lavadora o una nevera, aquí y en la gran mayoría de los países el trabajo está devaluado. Los jóvenes y algunos no tan jóvenes que no aprovechamos la bonanza y la protección del chavismo de hace algunos años para obtener esas cosas, más nunca podremos obtenerlas, somos la generación de los arrimados. Somos una valla gigante en la autopista de la historia anunciando el desastre, aún con todos los títulos universitarios que acumulamos no vamos a poder acceder a una casa que no sea de la GMVV, no vamos a tener más plata que nuestros padres, no vamos a tener lo que nuestros padres no pudieron tener y nuestros hijos mucho menos.

El plan

En ese contexto debemos vivir, sabiendo que no vamos para mejor, que no es por culpa de Maduro ni es culpa de Macri, es más, no es culpa de nadie que esté vivo en la actualidad. Todo lo que conocemos fue diseñado hace más de doscientos años. El libro Los protocolos de los sabios de Zión, aunque pueda parecer sólo un panfleto antijudío y aunque no es la mejor de las fuentes, tiene muchas claves sobre el plan que desde hace dos siglos se ha venido ejecutando casi sin contratiempos. Ese plan incluye el manejo de recursos, territorios, culturas, energía, hábitat, alimentación, gobierno, trabajo, dinero, urbanismo, transporte, sexualidad, etc.

Ese plan es el único que hoy existe para nosotros, no hay otro que abarque tanto la experiencia social de nuestra especie, aparte, en cada fase del mismo la élite que lo ideó ha ganado más fuerza, hoy son indetenibles. Ya no podemos luchar contra ese plan, sólo nos queda aprovechar mientras se pueda para elaborar otro plan que pueda sustituirlo, pensando para los próximos doscientos años. Maduro está trabajando para que tengamos ese tiempo y ese espacio para pensar, en Libia, Irak, Siria, México y Yemen ya no se pueden dar ese lujo.

Entonces, ¿hacemos ese otro plan que nos incluya o seguimos viviendo arrimados en casa de nuestros padres esperando que se mueran rápido para luego matarnos en la pelea por la herencia?

 

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